lunes, 14 de marzo de 2016

Fotos y Biografías (350)


BIOGRAFÍAS DE LOS QUE GRABARON EN PIZARRA Y CILINDROS. 

Estas son las biografías de los cantaores y cantaoras que grabaron entre los años 1898 y 1957, coincidiendo con la aparición del cilindro y la desaparición del disco de pizarra para dar paso al vinilo.


El trabajo que podrán disfrutar es fruto de muchos años de recopilación de fotografías y archivos gráficos obtenidos de las fuentes siguientes:

Coleccionistas: Pepe Claros, Luis Benito, Ramón Soler, Andrés González, Gregorio Valderrama, Carlos Martín, Juan Antonio Santos, Centro de Documentación Musical del Granada, Pedro Riquelme, etc.
Flamencólogos y escritores: Manuel Bohórquez, Manuel Cerrejón, Pepe Guardia, Luis Soler, Ramón Soler, Juan Rondón, Alfredo Arrebola.
Familiares: Niño de Cazalla, Cobitos, Niño de Sierra Elvira, Telesforo o Niño del Campo, Miguelillo el Saetas, Pablo de Écija, Niño de Álora, , etc. 
Libros y coleccionables: Diccionario Enciclopédico Ilustrado de Flamenco (Ediciones Cinterco), Historia del Flamenco (Ediciones Tartesos), Grandes Clásicos del Flamenco (Correo de Andalucía por Manuel Bohórquez).
Internet: Páginas webs y blogs varios.    
CDs, vinilos y cintas: Pasarela, Fonográficas del Sur, Fonotrón, Sonifolk, Dienc, Belter, etc. 

Podrán leer dos fuentes biográficas. En primer lugar el Diccionario Enciclopédico de Flamenco y en segundo lugar el libro de Las siguiriyas y las soleares en el Mundo de Antonio Mairena de Luis y Ramón Soler.  Más adelante iré completando con otras que aporten datos nuevos, así como enlaces a blogs o webs que hablen específicamente de un artista.

(Diccionario Enciclopédico de Flamenco)

Fuente:Vinilo



ABADIA, Emilio. Sevilla, 1903. Cantaor. Sobrino de Fernando el de Triana. Se inició en la compañía de El Cojo de Málaga, en 1929, aunque su trayectoria artística estuvo proyectada en las reuniones de cabales. Realizó diversas grabaciones discográficas y destacó por soleares trianeras.





Fuente:Ediciones Tartessos
AGUILERA, Paca. Ronda (Málaga), siglo XIX ‑ Madrid, siglo XX. Cantaora. Actuaba en los cafés cantantes de Sevilla, Cartagena, Málaga y Madrid. Fernando el de Triana relata con el siguiente comentario su trayectoria y valora su arte: «Esta fue la cantaora que mejor imitó a La Trini, a Paca Aguilera, excelente artista, a quien tuve el gusto de conocer desde niña, cuando cantaba en la plaza Villasís, en Sevilla, acompañada a la guitarra por su hermana María, que fue una buena guitarrista. Fui yo el primero que presentó a Paca en un escenario en Cartagena, hace algo más de cuarenta años (escribía en 1935). Después tomó vuelo, marchó a Málaga y copió el cante de La Trini con tanta exactitud, que en ciertos momentos y detalles de los cantes no le faltaba más que llamarse Trinidad. En estas condiciones llegó a Madrid, en tan buena hora, que dijeron los madrileños: Esta es para nosotros. Y ya no la dejaron salir más de ese bendito pueblo, acaparador de todo lo bueno». En el Teatro Romea de Madrid, Paca Aguilera actuó acompañada a la guitarra por Salvador Ballesteros.


Fuente: Retocada
Vinilo de internet
ALBAICIN, Pepe. Nombre artístico de José Maldonado Maldonado. Granada 1927. Cantaor. Debutó a los catorce años en su ciudad natal, formando parte de una compañía infantil. Perteneció después a la compañía de Juanito Valderrama, acompañado a la guitarra por Miguel El Santo. Gran parte de su vida artística se ha desarrollado en su tierra, participando en fiestas íntimas y festejos populares. De amplio repertorio y discografía, en 1979, encabezó el elenco Aires del Sacromonte actuando en distintas ciudades andaluzas y después en el espectáculo Los últimos de la fiesta. En opinión de Eduardo Molina Fajardo: «Sigue demostrando su temple y pureza de siguiriyero y amante de la soleá siendo hoy, quizá, el mejor granadino gitano que interprete los cantes por derecho. Y sólo él canta el Romance de la luna, luna, como zambra, Antonio Torres Heredia y la Baladilla de los tres ríos por milongas y La casada infiel por tientos, con cierta indignación de los lorquianos y complacencia de la gente sencilla que ama la unión de los romances y la música del pueblo».

ALCALA, Niño de. Nombre artístico de Bienvenido Pardo. Siglo XX. Natural de Alcalá de Henares (Madrid). Cantaor. Casado con La Niña del Patrocinio. En 1926, actuó en Madrid en los teatros Pavón y Monumental Cinema e interpretó saetas junto a La Lavandera, en las proyecciones de la película cinematográfica muda El Niño de las Monjas. Participó en el concurso Copa Monumental Cinema, en 1927, y al año siguiente formó parte de distintos espectáculos en el mismo local y en el Pardiñas. También cantó, en 1929, en el Dos de Mayo, y en 1934, con José Cepero, realizó una gira artística por la geografía española. En los años cuarenta formó parte de un conjunto de variedades incluido en espectáculos circenses, hasta su retirada.


Fuente: Bohórquez



ALCALA, Niño de.  Nombre artístico de Antonio Rivero Basuzaga. Alcalá de Guadaira (Sevilla), 1910‑1932. Cantaor. Vendedor de periódicos a los doce años, le escuchó pregonar Manuel Vallejo, quien le incluyó en su compañía artística. En 1928 y 1929 realizó sus grabaciones discográficas, acompañado a la guitarra por Niño Ricardo, en las que predominaron los fandangos.




Fuente: Diccionario
ALFALFA, Niña de la. Nombre artístico de Rocío Vega Farfán, originado por su vecindad en el barrio sevillano de ese nombre. Santiponce (Sevilla), 1895‑Sevilla, 1975. Cantaora. En su juventud fue cantante de ópera y zarzuela, destacando después como intérprete de algunos estilos flamencos, especialmente en las saetas, por el que compitió con los más sobresalientes intérpretes al paso de las procesiones de la Semana Santa sevillana y de otras ciudades andaluzas, la mayoría de las ocasiones alternando con Manuel Centeno. En 1916, cantó en la Feria de Sevilla para el rey Alfonso Xlll, quien la nombró «reina de las saetas», en la caseta del Círculo de Labradores. Desde aquella fecha hasta sus últimos años, su presencia en los balcones sevillanos durante la Semana de Pasión fue constante. Tomó parte en distintos espectáculos, entre ellos, en 1947, en Pasan las coplas, con Pepe Marchena. Ha grabado en disco y creado escuela saetera. Antes de su muerte, el Ayuntamiento de Sevilla le tributó un homenaje, consistente en la colocación de una placa en la casa donde vivió. Serafín y Joaquín Alvarez Quintero, le escribieron los siguientes versos en su abanico: «Es tu saeta canción, / que hasta el cielo se levanta, / grito de tu corazón, / que al pasar por tu garganta / se convierte en oración».

ALHAMBRA, Niño de la. Nombre artístico de José Sánchez. Granada, siglo XX. Cantaor. Tomó parte en el Certamen Nacional de Cante Flamenco, celebrado en el Circo Price de Madrid, en 1936.


Fuente: Diccionario
ALMADEN, Jacinto. Nombre artístico de Jacinto Antolín Gallego. Almadén (Ciudad Real), 1899 Igualada (Barcelona), 1968. Cantaor. También conocido en sus comienzos como El Niño de Almadén. Se inició artísticamente en Calzada de Calatrava, al realizar una sustitución en el elenco de Niño del Genil, a los dieciséis años. En 1918, debutó en el Kursaal Magdalena de Madrid. Durante los años veinte fue asiduo de los cafés cantantes y colmaos madrileños, alternando con destacadas figuras, entre ellas con Don Antonio Chacón, de quien era un ferviente admirador. En 1928, actuó en el Teatro Pavón, en unión de Angelillo y Guerrita, y al año siguiente, en el mismo escenario madrileño, con Pepe Marchena, con quien meses después intervino en el Teatro Cómico, con la estampa Mira qué bonita era. Otras de sus actuaciones en el Teatro Pavón, junto a Pepe Marchena, las llevó a cabo interpretando comedias líricas, entre ellas Consuelo La Trianera y Cancionera, durante 1936. Terminada la guerra civil, volvió al Teatro Pavón de Madrid, junto a Juanito Valderrama, con el espectáculo Solera del Sacromonte. Después de una gira con el elenco denominado Cock‑tail de Arte, en 1946 forma parte del ballet de Pilar López. Solera de Ases se denominaba el espectáculo que, en 1947, encabezó con Manolo El Malagueño. A lo largo de 1948, actuó con José Cepero y El Culata en el Teatro Fuencarral de Madrid, y en el elenco llamado Fantasía Andaluza. Tras siete años de giras por el extranjero, ofreció un recital en el Teatro de la Comedia de Madrid, en 1960, presentado por Manuel Gallego Morell, profesor de la Universidad de Madrid, con los guitarristas Pepe de Badajoz, Vargas Araceli y Antonio Arenas. Este mismo año, inauguró el tablao madrileño Las Brujas y se presentó en el Teatro Eslava, junto a Soledad Miralles, Carmen Mora y El Gulto, con el espectáculo Sonidos negros. Al año siguiente realizó, en Francia, grabaciones con el Coro de Notre Dame de París. Su actuación más representativa del año 1962, tuvo lugar en la madrileña galería de arte Grifé & Escoda, con motivo de una exposición del pintor Miguel Herrero, acompañado a la guitarra por Justo de Badajoz y presentado por Fernando Quiñones, interpretando farrucas, malagueñas, bulerías por soleá y mineras. En 1963, ofrece un nuevo recital en el Teatro de la Comedia de Madrid, tras haber ofrecido otros en el Aula Magna de la Universidad de la Sorbona y en el Teatro de las Naciones de París. Actuó en el tablao madrileño Las Cuevas de Nemesio, en 1965, año en que se le tributó un homenaje, con intervención de destacados poetas; participó, en París, en un espectáculo basado en la obra lorquiana Bodas de Sangre; ofreció un recital en La Unión (Murcia), y durante el II Concurso Nacional de Cartageneras, en Cartagena (Murcia), actuó como figura invitada en compañía de Pepe Marchena. Trabajó, en 1966, en el Tablao La Escuela, de Madrid, y en 1967, tuvo lugar su tercer recital en el Teatro de la Comedia, con los guitarristas Pepe de Badajoz, Pedro Soler y Fernando Astilleros, con comentarios de Arcadio Larrea y presentado por el poeta Federico Muelas. Sus últimos años estuvieron caracterizados por sus recitales en centros culturales, realizando en este sentido una excelente labor en pro de la difusión del cante, principalmente llevado de su desbordante afición. Su muerte, en accidente de tráfico, aconteció cuando regresaba de Burdeos (Francia) hacia Madrid, donde residía. Intervino en la primera Antología de Cante Flamenco, de Hispavox, en el terreno discográfico, con cierto interés en determinados estilos, especialmente los de Levante. Intervino también en las películas El escándalo, Oro y marfil, El Crimen de la calle de las Bordadoras y El crimen de Pepe Conde. En 1968, el Aula de Cultura Andrés Cegarra Salcedo, de La Unión, le dedicó un homenaje, consistente en la audición de sus discos y la actuación de los cantaores Eleuterio Andreu, Niño Alfonso, Pencho Cros, y del guitarrista, Antonio Fernández dentro del ciclo «Cantes con Cuchara», en el que disertó Manuel Adorna. Sobre su arte escribió Javier Benavente: «Es sin duda el artista de más saliente personalidad. Su buen gusto, su entusiasmo y afición le elevan de la categoría de intérprete a la de creador. Con Jacinto Almadén, el cante cobra nueva vida por ser un verdadero artista».

ALMENDRAS, Niño de Las. NO VIENE

Fuente: Su familia
ALORA, Niño de. Nombre artístico de José González Vergara. Alora (Málaga), 191?. Cantaor. También conocido por El Mijita. Participó en 1927, en la Copa Monumental Cinema, en Madrid. Entre sus actuaciones de los años treinta, sobresale la efectuada en el Salón Ortega de Algeciras, en 1933, alternando con el Carbonerillo. En 1948, ganó uno de los premios del Gran Con curso Nacional de Arte Jondo, celebrado en el Monumental Cinema madrileño. Conocedor de los estilos de su tierra natal, en 1973, la Peña Flamenca de Alora, le ofreció un homenaje, consistente en un festival, en el que intervinieron entre otros intérpretes Fosforito, Juan Habichuela, Curro Malena, El Camarón de la Isla, Ramón de Algeciras y Niño de Vélez.



Fuente: Internet

AMAYA AMAYA, Carmen. Barcelona, 1913‑Bagur (Barcelona), 1963. Bailaora y cantaora. Hija del tocaor El Chino, sobrina de La Faraona, hermana de Paco, Leonor, María, Antonia y Antonio Amaya y casada con Juan Antonio Agüero. También conocida en sus principios como La Capitana. Se inició en su arte desde muy niña, acompañada por su padre, y a los seis años de edad debutaba en el Restaurante Las Siete Puertas de su ciudad natal, para proseguir bailando en la Taberna de El Manquet, en el Chiringuito de La Puerta de la Paz, en el local denominado el Cangrejo Flamenco, en Casa Escano y en otros lugares barceloneses. Debutó en París, en el Teatro Palace, donde actuaba Raquel Meller, junto a La Faraona y Carlos Montoya, para volver después a Barcelona y continuar nuevamente en varios escenarios, entre ellos en La Taurina, donde la descubre el crítico Sebastián Gasch, que escribe de ella un elogioso artículo. En 1923, viaja por primera vez a Madrid, para bailar en un local situado en los bajos del Palacio de la Música. Al año siguiente llevó a cabo una gira por diversas ciudades españolas, formando parte de la compañia de Manuel Vallejo. De nuevo en Barcelona, baila en el Teatro Español, recomendada por José Cepero. En 1929, figura en el Colmao Villa Rosa, que regentaba, en Barcelona, Miguel Borrull, y, en 1930, actúa en la Exposición Internacional. La contrata el empresario Carcellé y recorre varias capitales, entre ellas San Sebastián, en 1935, presentándola en Madrid, Luisita Esteso, durante un espectáculo en el Coliseum. El mismo año trabaja en los teatros madrileños de La Zarzuela, con Conchita Piquer, Miguel de Molina y otros destacados artistas, y en el Fontalba. También rueda la película La hija de Juan Simón, con Angelillo, y toma parte, en Barcelona, en una revista musical. Después de su interpretación en la película María de la 0, emprende una gira por provincias en 1936, sorprendiéndole la guerra civil en Valladolid. Se traslada a Lisboa, debutando en el Café Arcadia, acompañada por el pianista Manuel García Matos, llevando en su elenco entre otros intérpretes a su padre y al Pelao Viejo. Viaja seguidamente a Buenos Aires, donde debuta en compañía de Ramón Montoya y Sabicas, en el Teatro Maravillas, con un enorme éxito, teniendo que intervenir las fuerzas de orden público, incluso los bomberos, en su segundo día de actuación, para mantener el orden en las taquillas. Después de un año consecutivo en el citado teatro, realizó un recorrido por ciudades del interior de Argentina, para retornar a Buenos Aires y al mismo escenario, consumando una temporada de cuatro meses. Desde 1937 a 1940, se suceden sus actuaciones en Uruguay, Brasil, Chile, Colombia, Venezuela, Argentina Cuba y Méjico, en cuya capital, en 1940, simultaneaba sus actuaciones en el Teatro Fábregas con las que realizaba en el Tablao El Patio. Durante esta etapa de su vida artística, en la que une a su grupo artístico a varios miembros de su familia, realizó películas en Buenos Aires junto a Miguel de Molina y fue admirada por los músicos Toscanini y Stokowsky, quienes hicieron de ella públicos elogios. Se presenta en Nueva York, en 1941, concretamente en el Beach Comba, para pasar al poco tiempo al Carnegie Hall en unión de Sabicas y Antonio de Triana. El entonces presidente de los Estados Unidos, Roosevelt, la invita a una fiesta en la Casa Blanca, y le regala una chaqueta bolera con incrustaciones de brillantes. Aparece en la portada de la revista Life y es admirada por los más famosos astros del cine y el arte norteamericanos. Desde 1942 se convierte en una de las principales atracciones de Hollywood, donde interpreta una versión de El amor brujo de Falla, en el Auditorio Bowl, ante veinte mil personas, con la Orquesta Filarmónica. Interviene así mismo en un gran número de películas, entre ellas Sueños de gloria, Piernas de plata, Vea a mi abogado, Carmen Amaya y sus muchachos, Las amarguras de un torero, El sombrero de Paraná y Sigan al chico, realizando igualmente sus primeras grabaciones discográficas. Vuelve a Europa y se presenta en el Teatro de los Campos Elíseos de París, para hacerlo también en Londres y en teatros holandeses, desde donde pasa a Méjico y después otra vez a Nueva York y Londres, para seguir por Sudáfrica y Argentina, retornando a Europa. En 1947, reaparece en España, en el Teatro Madrid, con el espectáculo titulado Embrujo espanol. Obtiene un resonante éxito en el Princes Theater londinense en 1948, y en su siguiente gira por América, recorre Argentina en 1950. Al año siguiente vuelve a bailar en España, presentándose en el Teatro Tívoli de Barcelona, después de varias actuaciones en Roma. Continúa actuando en Madrid, París, Londres, y diversas ciudades de Alemania, Italia y otros países europeos. En Londres, le felicita la reina inglesa, y aparece en la prensa una fotografía con el siguiente texto: «Dos reinas frente a frente». La Europa del norte, Francia, España Estados Unidos, Méjico y América del Sur son los itinerarios que sigue con su elenco en los años siguientes. En 1959, alcanza un gran triunfo en el Westminster Theatre de Londres y en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, inaugurándose en Barcelona la Fuente de Carmen Amaya en medio del homenaje popular; con este motivo celebra una función benéfica en el Palacio de la Música, que registró el mayor lleno de su historia. Su última película fue Los tarantos de Alfredo Mañas. Reclamada por los principales coliseos del mundo, desde 1960 a 1963, año de su muerte por afección renal, vuelve a realizar continuas giras por Europa y América, hasta que su enfermedad se lo impide, estando en Gandía, tras haber bailado por última vez en Málaga. Su fallecimiento constituyó una gran aflicción para todo el mundo flamenco, siéndole otorgada la Medalla del Mérito Turístico de Barcelona, el Lazo de Isabel la Católica y el título de Hija Adoptiva de Bagur. Su entierro convocó a un gran número de gitanos de Cataluña y de distintos puntos de España y Francia. Enterrada en Bagur, donde vivió sus últimos días, sus restos descansan actualmente en Santander, en el panteón de la familia de su marido. A los tres años de su defunción en 1966, se inauguró su monumento en el Parque de Montjuïc de Barcelona, y en Buenos Aires le fue dedicada una calle, mientras que en Madrid, en el Tablao Los Califas, se le tributó un homenaje en el que intervinieron entre otros artistas Lucero Tena, Mariquilla y Félix de Utrera. También en 1970, se le ofreció un homenaje en Llafranch (Gerona). La personalidad de Carmen Amaya, artista que gozó en vida de la admiración general y entusiasta de todos sus compañeros de arte, ha sido glosada por diversos críticos, flamencólogos y escritores, así como exaltada por los poetas, entre ellos Fernando Quiñones, autor del poema Soneto y letras en vivo para Carmen Amaya. De estos comentarios transcribimos una selección: Vicente Marrero: «En Carmen Amaya puede verse la asombrosa convicción con que a veces suele danzar. Gitanilla desgarbada, flaca, menuda, casi incorpórea, morena, con cara de ídolo trágico y remoto, pómulos asiáticos, de ojos largos cargados de presagios, brazos retorcidos, nerviosa, desgreñada como un bicho malo, mimbreña y violenta. Con su repajolera gracia gitana, no es sólo una millonaria más de Norteamérica, sino una de nuestras grandes bailarinas, que ha acertado, pese a algunos efectos no siempre de buen gusto, con el secreto de la danza y su baile no puede explicarse a la luz de ninguna técnica; nació con el baile dentro, un baile hecho de oro añejo. Carmen Amaya, que éste es su nombre, no es una mujer diferente en cada uno de sus bailes, como suele suceder con otras grandes figuras de la danza. Es la misma siempre, y no se ha propuesto otra cosa. La ficción no pertenece a su arte. No es bailarina; es bailaora. Con su arte de ámbito reducido, de valoración personal más que escénica, ha sabido imponerse en todos los países, donde ha conquistado admiradores frenéticos. Caso asombroso si pensamos que con bastante frecuencia el baile flamenco es un baile vedado a los mismos españoles, sobre todo en algunas regiones de la península... En los bailes de Carmen Amaya se ha querido ver con exageración un carácter morboso, truculentamente patético, con correspondencia a una moda mundial que desorbita los sentimientos clásicos. No alcanza ese juicio desacertado el secreto de su éxito y no es del caso refutarlo. Es verdad que Carmen Amaya prodiga el nervio y la velocidad; es más: se ha criticado que no usa ni siente la majestad ni el quietismo tan característicos de las bailaoras en contraste necesario con el vértigo que llega a su tiempo, en el que ella dicen los que la critican con tanto aire y voltaje, evapora la esencia misma del flamenco. Superficial y desconsideradamente ha llegado a considerársele como a la fuerza ciega, en bruto, irreflexiva, inclinada a efectismos, el tipismo de relumbrón que se doblega a fáciles exigencias. Pero Carmen Amaya no es una intuitiva o una seudobailaora sin cánones, que improvisa, con un cuerpo de centavo, sabiduría y salero. Dotada como la más, conserva la arquitectura cañí de sus bailes, y es lo que nunca podrían ser Lola Flores y sus imitadoras una maestra cuando quiere bailar según las reglas del baile flamenco, en el que hay dos suertes bien distintas: el parado y el furioso. La aparición de Carmen Amaya, su éxito extraordinario, surtió su efecto en un momento cuando la danza española parecía adormecerse en un manierismo que estéticamente no iba más allá del buen gusto. Algunos críticos franceses lo han explicado como retorno a la violencia. Su explicación, posiblemente, es más elemental. Se trata de un retorno a la fuerza originariamente tensora del baile. Baile, el suyo, con la virtud que, de un modo particular, escondían los palillos de La Argentina: virtud de hacer cavilar hasta las fronteras mismas de lo misterioso. No importa que la veamos una y otra vez. Siempre sorprende. No se sabe lo que quiere. No se sabe muchas veces adónde va. Y cuando nos damos cuenta de ello, lo notamos como se nota el relámpago en su súbito zigzag, cargado con toda la electricidad de la naturaleza. Podría decirse de su baile todo lo que se quiera; pero los más puritanos del flamenco, tan celosos de las tradiciones, pasando por alto algún que otro paso fuera de lugar o cierto sensacionalismo repajolero, no tendrían que objetar nada a su ciencia infusa, si diese más salida a los brazos, que deslucen en su flamenco al lado de la atención que prodigiosamente concede a los pies, sin que se olvide, claro está, que el flamenco está siempre en evolución, en creación constante». Sebastián Gasch: «De pronto un brinco. Y la gitanilla bailaba. Lo indescriptible. Alma. Alma pura. El sentimiento hecho carne. El tablao vibraba con inaudita brutalidad e increíble precisión. La Capitana era un producto bruto de la Naturaleza. Como todos los gitanos, ya debía haber nacido bailando. Era la antiescuela, la antiacademia. Todo cuanto sabía ya debía saberlo al nacer. Prontamente, sentíase subyugado, trastornado, dominado el espectador por la enérgica convicción del rostro de La Capitana, por sus feroces dislocaciones de caderas, por la bravura de sus piruetas y la fiereza de sus vueltas quebradas, cuyo ardor animal corría pareja con la pasmosa exactitud con que las ejecutaba. Todavía están registrados en nuestra memoria cual placas indelebles la rabiosa batería de sus tacones y el juego inconstante de sus brazos, que ora levantábanse, excitados, ora desplomábanse, rendidos, abandonados, muertos, suavemente movidos por los hombros. Lo que más honda impresión nos causaba al verla bailar era su nervio, que la crispaba en dramáticas contorsiones, su sangre, su violencia, su salvaje impetuosidad de bailaora de casta». Alfredo Mañas: «Ante Carmen, ante su baile, los gitanos guardan un silencio respetuoso que, rápidamente, se convierte en una catarata de alabanzas desorbitadas, sin medida. Y las alabanzas dejan paso al orgullo que justifica y exalta la raza».

Fuente: Internet




AMAYA AMAYA, Leonor. Natural de Barcelona, siglo XX. Cantaora y bailaora. Hija de El Chino y hermana de Carmen, Paco, María, Antonia y Antonio Amaya Amaya. Realizó numerosas giras por diversos países. Grabó en discos el taranto para una antología discográfica realizada en Méjico, donde reside.






Fuente: Retocada
Diccionario
AMERICANO, Paco El. Nombre artístico de Francisco Valls Toribio. Buenos Aires (Argentina), 1907‑Madrid, 1987. Cantaor, cancionista y actor. Hijo de gaditano y madrileña, vivió de niño en Sevilla, donde se inició artísticamente, trasladándose siendo muy joven a Madrid. Alcanzó la popularidad en 1926, actuando en el Monumental Cinema madrileño, tras haber ganado un premio en Valladolid, anunciándose como «incomparable en fandanguillos». Entre 1928 y 1929, despliega una gran actividad en los teatros de Madrid: Avenida, La Latina, Pardiñas, Monumental, Pavón con el espectáculo La copla andaluza Fuencarral con el titulado Amapola , y otra vez La Latina, alternando con las figuras de la época. En 1928, realizó además una gira con Angelillo y obtuvo la Gran Copa Madrid, en reñida competencia. En 1929 viajó a América, debutando en su ciudad natal con el espectáculo La copla andaluza, recorriendo después otros escenarios americanos. De vuelta a España, en 1930, lleva a cabo una gira por la geografía española contratado por Vedrines, alternando en 1932 con Perosanz, y en 1934 nuevamente con Angelillo. Al año siguiente forma parte de un elenco en el que también actuaba La Niña de los Peines. Igualmente, durante estos años participó en numerosas obras folklóricas, entre ellas la titulada Cante Jondo, sobre cuadros de Julio Romero de Torres, que se estrenó en el Teatro Calderón de Madrid; y, como nota curiosa, tras una actuación en la Plaza de Toros de Madrid, en 1932, toreó un becerro, que según sus propias palabras le dio «una paliza fenomenal». A partir de 1940, se sucedieron sus actuaciones con la compañia lírico andaluza Rincones de España. En los años 1941 y 1942, trabajó en un elenco en el que estuvieron El Chaqueta, El Canario de Madrid, María Pantoja y Canalejas de Puerto Real. E igualmente en 1942, lo hizo en un espectáculo en gira junto a El Sevillano y Canalejas de Puerto Real. Joyas de España, es el título del espectáculo que dirigió e interpretó, en 1945, con la cancionista Carmen Morell y la bailaora María Rosa. Alternó con Pepe Marchena, en 1947, en el espectáculo Pasan las coplas; retirándose poco tiempo después. En su repertorio, junto a los fandangos, figuraron los estilos aflamencados de origen hispanoamericano, como refleja su amplia discografía.

Fuente: Recortada
Diccionario

ANDALUCITA, La. Nombre artístico de Rosario Núñez. Siglos XIX‑XX. Cantaora. Se inició artísticamente desde muy niña. Actuó en el Teatro Imperial de Sevilla, y según sus declaraciones a la revista España, viajó cantando por Argentina, Cuba, Venezuela, Suecia, Francia, etc. En 1923 figuró en el espectáculo flamenco del Teatro Romea de Madrid, donde volvió a actuar en 1925, en el Salón Eldorado, anunciada como «reina de las saetas». En 1929, intervino en la obra La copla andaluza, en el madrileño Teatro Pavón, y seguida mente en el Fuencarral, con El alma de la copla.





Fuente: Internet
ANGELILLO. Nombre artístico de Angel Sampedro Montero. Madrid, 1908‑Buenos Aires (Argentina), 1973. Cantaor, cancionista y actor cinematográfico. En 1924, se reveló artísticamente al ganar un concurso de cante flamenco en su barrio de Vallecas, iniciando así su trayectoria profesional. Actuó primeramente en el local La Viña P, de Barcelona y en el Kursaal Imperial madrileño. En 1924, participa en el Concurso Copa Pavón, en el Teatro Pavón de Madrid, que ganó Manuel Vallejo, obteniendo un accésit y alcanzando con tal motivo gran popularidad, siendo contratado para cantar en el mismo escenario junto a El Cojo de Málaga. Seguidamente debutó en el Salón Variedades de Sevilla, donde permaneció durante noventa días. Al año siguiente vuelve a tomar parte en el concurso antes citado y actúa en el Teatro Romea madrileño. A partir de entonces sus actuaciones en Madrid se suceden, destacando entre ellas las siguientes: 1926, Ciro's (cabaret), junto a Pepe Marchena, Teatro Barbieri, Cine Argüelles, Teatro Pavón, Monumental Cinema, y Cinema Bilbao; 1927, Teatro Novedades y Monumental Cinema; 1928, Teatro Pavón, en la obra La copla andaluza, y, a continuación viaja a América tres meses. En 1934, recorre España en espectáculos encabezados por él y organizados por el famoso empresario Vedrines. Estas giras las alterna con numerosas grabaciones discográficas y con la filmación de películas cinematográficas, convirtiéndose en uno de los artistas más famosos de la época en 1934, estrenó la obra La embriaguez de la gloria, y, en 1935, En España manda el sol y La niña de los corales. Viajó a América en 1936, donde permaneció por espacio de dieciocho años. A su regreso a España, en 1954, presentó la película Suspiros de Triana. En 1956 hizo el espectáculo Romance de Juan Clavel con Marisol Reyes y La venta de los toreros en 1957, año en que volvió a América. Reapareció en 1959, con Cuando vuelan mis canciones, actuando de nuevo por la geografía española en los primeros sesenta. En 1962, en un llamado «mano a mano» con Juanito Valderrama. Trabaja otra vez en América, y en 1968 reapareció en el Circo Price de Madrid, con Juanito Valderrama y Dolores Abril, así como en el Teatro Calderón. En 1970, con la compañía Romera, presenta en América España tiene salero, y con Pedrito Rico, estrena en el madrileño Teatro Calderón el espectáculo Cantamos a España. Sus últimas actuaciones fueron en compañías de variedades por plazas de toros, con Rafael Farina, Juan de la Vara, Los Gaditanos y Amina. De nuevo viajó a América, concretamente a Buenos Aires, donde residía habitualmente, falleciendo en 1973, al ser operado de úlcera de estómago. Entre los estilos que interpretaba hay que reseñar los fandangos, cantes de ida y vuelta, soleares, media granaína, saetas, caracoles y tarantas, a la par de canciones tan célebres como La hija de Juan Simón, Tengo una hermanilla chica, Pobre presidiario, Dos cruces y Camino verde. Además de Suspiros de Triana, otras de las películas que interpretó fueron El negro que tenía el alma blanca, Soy un pobre presidiario, Centinela alerta, La hija de Juan Simón y Tremolina. En 1985, la Peña Flamenca Fosforito, de Madrid, le rindió un homenaje, consistente en un festival en el Centro Cívico Alberto Sánchez y el descubrimiento de una placa en la casa donde nació.

ANGELILLO DE VALLADOLID. Valladolid, siglo XX. Cantaor. Debutó, en 1934, en el Teatro Calderón de su ciudad natal, pasando a formar parte de diversos elencos artísticos en giras por la geografía española. En los primeros años cuarenta actuó en los teatros madrileños Fuencarral, Monumental y Europa, con la compañía de Juanito Valderrama. Igualmente actuó en la sala Montecarlo de Madrid. Viajó a Francia donde realizó grabaciones discográficas, y a América. En 1961, llevó a cabo una gira con el grupo de La Greca.

Fuente: Tartessos
ANTEQUERA, Niña de. Nombre artístico de María Barrús Martínez. Antequera (Málaga), 1920 ‑ Sevilla, 1972. Cantaora y cancionista. Se inició a los doce años de edad en Jaén, pero alcanzó la popularidad en los últimos años cuarenta, con el espectáculo Sol andaluz, en el Teatro San Fernando de Sevilla. En 1952, se le concede la Banda del Estrellato, galardón creado por la empresa del Circo Price de Madrid, imponiéndosela Amalia Molina. Con Niño de la Huerta y Niña de la Puebla, encabeza, en 1953, el espectáculo Noche de coplas; figurando durante 1954, en el denominado Así canta Andalucía, en unión de Pepe Pinto, año en el que se le concede, también en el Price madrileño, la Medalla al Mérito Artístico, que recibe de manos de Pepe Marchena. A partir de estos primeros éxitos, su trayectoria artística se desarrolló en continuas giras por toda la geografía española, al frente de numerosos espectáculos, entre ellos los siguientes: 1958, Festival Nacional de Arte Andaluz, con Pepe Marchena, El Sevillano y Manuel Centeno; 1959, Mensaje andaluz y Dueña del cante, con El Sevillano; 1960, Coplas y falsetas, con Niño de la Huerta y El Rerre; 1961, Bajo el sol andaluz; 1962, Trono de coplas, con Enrique Montoya, y Retablo gitano, con Rafael Farina y Porrinas de Badajoz; 1963, Glorias de Andalucía; 1964, Nombres selectos y Así es el cante, con Antonio Molina; 1965, Solera de bronce y La verdad del cante, con Porrinas de Badajoz; 1966, Todos contra mí, con Juanito Valderrama; 1967, Tablao flamenco y Andalucía canta, ambos con El Sevillano; 1969, Gran gala flamenca, con Antonio Molina, y Los mejores del cante, con Porrinas de Badajoz, El Malagueño, Antonio Molina, Niña de la Puebla y Pepe Soto. Al morir en accidente de tráfico, formaba parte del elenco Los mejores, con Juanito Valderrama, Juanito Maravillas y Manolo Alegría. Su discografía es muy amplia, y en su repertorio flamenco hay que anotar los siguientes estilos: fandangos, milongas, tanguillos, granaínas, malagueñas y tarantas, principalmente.

Fuente: Retocada
Internet
ANTEQUERA, Tomás de. Nombre artístico de Juan Antequera López. Valdepeñas (Ciudad Real), 1920. Cantaor y cantante aflamencado. Se inició artísticamente en Madrid, en el Café Europa y en el teatro que existía en la Ribera de Curtidores, en los primeros años cuarenta, para pasar después al Café de San Millán. En sus primeros tiempos interpretó estilos flamencos puros e incluso los grabó en disco, por ello en la antología flamenca de la marca Emi‑Odeón, figura con una serrana. Después, al haber alcanzado una gran popularidad, se dedicó exclusivamente a la canción andaluza o aflamencada, erigiéndose en una de las máximas figuras de este género a nivel internacional, triunfando en toda América y llenando los teatros españoles. Entre sus éxitos más notables y discográficamente más difundidos destacan las canciones Romance de la reina Mercedes, Doce cascabeles y Zambra de mi soledad.



Fuente: Internet
ANTEQUERANA, La. Nombre artístico de Josefa Moreno. Antequera (Málaga), 1889 ‑ Siglo XX. Cantaora y guitarrista. Debutó como profesional en Jerez de la Frontera, cuando tenía catorce años, actuando en el Café Cantante La Primera de Jerez, acompañándose ella misma sus cantes con la guitarra. Al año siguiente, 1904, viajó a Melilla y Tánger, donde igualmente actuó con éxito. Tras una corta estancia en Málaga, donde trabajó en sus cafés cantantes, se trasladó a Madrid, para cantar en los cafés de Naranjeros, del Gato, de la Marina, del Brillante, etc. Seguidamente y siendo todavía muy joven, fue contratada para actuar en Nueva York, desde donde pasó a La Habana, en 1913, permaneciendo en la capital de Cuba durante tres años. Después de cantar en Méjico, volvió de nuevo a tierras cubanas, hasta que, en 1917, cubierta de joyas, regresó a Madrid, donde conoció a don Antonio Chacón, con quien cantó ese mismo año en la plaza de toros de Morón de la Frontera. Igualmente alternó con el guitarrista Ramón Montoya, que la acompañó en algunas ocasiones. También fue muy popular en Sevilla, donde trabajó en Novedades y en el Teatro Imperial. Su vida transcurrió principalmente en Madrid, formando parte de los elencos flamencos de sus teatros y colmaos. En 1961, se le dedicó un reportaje en un rotativo madrileño, firmado por Antonio González, en el que se reseñaba: «El médico le ha dicho a Josefa Moreno que no debe cantar. Hace dos años padeció una bronconeumonía con principios de pleuresía, y está en peligro su vida si lo hace. Mas no le hace caso a su padecimiento. No puede hacerle caso, porque vive del cante y por el cante». En aquella fecha se ganaba la vida cantando con su guitarra por los lugares madrileños de Cuchilleros, Puerta Cerrada y la Plaza de Santa Ana: «Donde ofrece al auditorio que lo solicite apuntaba el citado periodista sus tarantas y siguiriyas, y también zambras de su creación. A cambio pide lo que la buena voluntad de la gente quiera darle». José Blas Vega, en nota a pie de página de su biografía de Chacón, nos describe su imagen y su quehacer en sus últimos años: «...nos cantó varias veces soleares de buen cuño, amén de otros cantes más livianos... Era todo un personaje de la noche madrileña. Menudilla, con ojos brillantes de ratita, muy mal trajeada, con su cigarro en la boca avivando su bronconeumonía, y su guitarra bajo el brazo dentro de un destartalado estuche. Su lengua era de lo más viperino, y lo primero que hacía al entrar en algunos de los bares, era echar una recalada fulminante al personal, y mientras movía la cabeza de abajo a arriba, de sus labios salían en voz baja una sarta de maldiciones. Debió morir al pie del cañón a mediados de los años sesenta».

Fuente: Pepe Claros
ARCHIDONA, Niño de. (Véase Apéndice discográfico.)











Fuente: Pepe Guardia



AVILA, Manuel. Montefrío (Granada), 1912. Cantaor. Su trayectoria artística se limitó siempre a las fiestas íntimas, hasta que, en 1965, actuó en el programa radiofónico Fiesta en el aire, mereciendo diversos galardones, entre ellos el premio Lámpara Minera del XXIII Festival Nacional del Cante de las Minas, de La Unión (Murcia), en 1983. Ha realizado grabaciones discográficas y participado en festivales y en recitales de penas flamencas. Su repertorio es amplio, destacando por los estilos levantinos. En 1985 participó en algunos de los espectáculos titulados Los últimos de la fiesta, junto a otros veteranos artistas.



Fuente: Retocada
Pasarela

AZNALCOLLAR, Pepe. Nombre artístico de José Losada Carballo. Aznalcóllar (Sevilla), 1912‑Madrid, 1973. Cantaor. Con trece años, en 1925, debutó en la Sala Olimpia de Sevilla, después de haber actuado en una fiesta privada ante los reyes de España. En 1927, actúa en el Cine Madrid de la capital española y al año siguiente lo hace en el también madrileño Teatro Pavón. Su trayectoria artística de estos años está ligada a la alternancia con don Antonio Chacón, Manuel Torre, La Niña de los Peines y otras grandes figuras de la época. Su primera grabación discográfica data de 1929, con la guitarra de Niño Ricardo. Participó, en 1936, en el Certamen Nacional de Cante Flamenco celebrado en el madrileño Circo Price. Tras unos arios de menor actividad en giras y espectáculos, reapareció en 1955, formando parte del elenco denominado Herencia de arte, en compañía de La Niña de La Puebla y El Sevillano, anunciado como «coloso de los fandangos». Otro de los espectáculos donde figuró últimamente fue Andalucía flamenca, con Lola Carmona y Pepe Guillena. Igualmente llevó a cabo algunas temporadas en los tablaos madrileños, en competencia con los más destacados especialistas en su estilo predilecto, el fandango. Aunque interpretó una amplia gama de estilos, Pepe Aznalcóllar, dueño de una voz dulce y musicalísima, ha pasado a la historia del cante flamenco como creador de un estilo de fandango sumamente original y personalísimo, donoso y verdaderamente artístico, muy sensitivo y rico en matices, estructurado sin apoyatura en ningún otro cante, sino producto de su intuición y sentido de lo individual. Este fandango creó seguidores y tiene una indudable vigencia en la actualidad, entre algunos nuevos cantaores. Ha dejado una amplia discografía, en la que se refleja su singular personalidad artística

Fuente: Luis Benito



BADAJOZ, Niño de. Nombre artístico de Fidel Santero. Badajoz, siglo XX. Cantaor. En 1936, participó en el Certamen Nacional de Cante Flamenco, celebrado en el Circo Price de Madrid. Perteneció a diversos elencos, y entre sus últimas actuaciones figura su gira junto a Manolo Caracol, El Sevillano y Pepe Pinto, en 1942.





Fuente: Cartel

BARBATE, El Niño de. Nombre artístico de Antonio Castillo Melero, por haber vivido de joven en Barbate (Cádiz). Vejer de la Frontera (Cádiz), 1906‑Huelva, 1976. Cantaor. También conocido por El Muela, debido al nombre de la finca donde nació. Se inició artísticamente en la provincia de Huelva, debutando en el Cine Colón de la ciudad onubense, junto a El Pena (hijo), Manuel Centeno, Antonio Rengel y Paco Isidro, ilustrando entre bastidores la película muda La copla andaluza. A partir de entonces, su trayectoria artística estuvo ligada a los espectáculos flamencos en gira por la geografía española, a lo largo de más de cuarenta años, entre las que son dignas de reseñar las siguientes: 1935, con Manuel Vallejo; 1947, con Pepe Marchena; 1948, con el espectáculo Fantasía andaluza; 1953, con La Niña de Antequera; y en 1969, con Pepe Aznalcóllar. Hay también que reseñar su participación, en 1936, en el Concurso Nacional de Cante Flamenco, celebrado en el Circo Price de Madrid, donde ganó el segundo premio de siguiriyas, formando, el empresario Monserrat, con los ganadores, un nuevo espectáculo de ópera flamenca cuya presentación tuvo lugar en el Price el 10 de junio, para seguir luego a Andalucía donde les sorprendió la guerra. Una de sus últimas actuaciones tuvo lugar en la Peña Flamenca de Huelva, el mismo año de su muerte. Al cabo de su dilatada vida artística, alternó con los más destacados intérpretes, entre ellos don Antonio Chacón, Manuel Torre, Juanito Mojama, La Niña de Los Peines, El Gloria, etc. Realizó grabaciones discográficas. Juan Gómez Hiraldo ha comentado así su personalidad artística: «Tenía El Niño de Barbate un talento innato para la asimilación y el recuerdo de los cantes y los cantaores, y sobre todo, unas dotes extraordinarias para reproducirlos y recrearlos en sus menores detalles, en su mínima variedad. Imitaba sobre todo el cante de cualquiera de los grandes del pasado con cuatro compases; llevaba la voz donde quería. Dominaba algunos palos con una perfección y un conocimiento que los hacía fáciles y asequibles para cualquiera. Tal las soleares, especialmente la soleá apolá con todo su tremendo juego de bajos y altos que él mecía con un inimitable juego de voces y quiebros que llevaba en la masa de la sangre desde siempre. O la galanura de la soleá de Alcalá de Joaquín el de La Paula que colocaba y expandía con los bajos más profundos o con los agudos más brillantes, enlazándolos con la mayor naturalidad y trasportando... En los cantes de Levante, especialmente en las tarantas tenía un queo espeluznante». El cortejo de su entierro salió de la Peña Flamenca de Huelva, a hombros de los socios de la misma.
Fuente: Retocada
Vinilo

BENI DE CADIZ, El. Nombre artístico de Benito Rodríguez Rey. Cádiz, 1929. Cantaor. Hermano de Amós Rodríguez Rey. Se inició como bailaor en diversos elencos y en la compañía de Manolo Caracol y Lola Flores. En 1955, ya como cantaor, forma parte de los espectáculos de Lola Flores, y, en 1957, del cuadro del tablao madrileño El Corral de la Morería, ingresando seguidamente en el ballet de Pilar López, permaneciendo en él hasta 1959. Sufre una grave enfermedad en 1959, tributándosele un homenaje en su ciudad natal, por iniciativa de La Niña de los Peines y Pepe Pinto, en el que participaron ellos, la Paquera de Jerez, Parrilla de Jerez, La Perla de Cádiz, Antonio Mairena, El Sevillano, Manolo Fregenal, Terremoto, El Güito, etc. Reapareció al año siguiente en el Tablao El Duende de Madrid, y en 1961 actúa en la sala de fiestas madrileña Villa Romana, en el elenco de Juanita Reina y en el tablao madrileño Las Brujas, donde canta hasta 1962, para hacerlo a continuación en el denominado Torres Bermejas, actuando en él durante 1963. En 1964, figura en otro tablao madrileño, Las Cuevas de Nerja, volviendo a Las Brujas en 1965. Alterna sus permanencias en los tablaos con sus intervenciones en los festivales, y en 1971, obtiene en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba varios primeros premios y el premio de honor. Tras padecer otra enfermedad, vuelve a los tablaos, actuando en los sevillanos El Arenal, 1976, y La Trocha, 1976 y 1977. La Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera, le otorga, en 1976, el máximo galardón en su género, el Premio Nacional de Cante, retornando a los festivales andaluces como una de sus figuras más relevantes, ofreciendo igualmente recitales en peñas flamencas. Entre sus actuaciones más significativas de los últimos años, después de una breve temporada en el Tablao La Venta del Gato de Madrid, en 1984, destaca su presencia, este mismo año, en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla. Intérprete de un largo repertorio ha realizado una amplia discografía. Fernando Quiñones, ha escrito de él la semblanza artística siguiente: «Un artista de excepción, Manolo Caracol, ha influido en grande, incluso en peligrosa medida sobre el estilo de Beni... Estimamos que tan noble pero marcado ascendiente recorta de momento las enormes posibilidades artísticas de Beni y es una espada de doble filo: uno de ellos positivo, prolonga, como en tantos otros antecedentes ilustres de la historia del cante, el arte de un maestro, y denota, al tiempo, la calidad del discípulo; pero de otro filo, ya más alarmante, amenaza un poco la personalidad propia de éste, que también debería velar más celosamente por la pureza de su repertorio.» José Luis Ortiz Nuevo ha analizado, en el siguiente comentario, la actitud artística de El Beni de Cádiz: «Y lo cierto es que Benito demostró con largueza sus cualidades para ser en la escena, que no sólo hay que cantar y cantar bien, es preciso además contagiar al respetable, mantenerle al sonío del cante y agarrarlo con fuerza para que nadie se escape. En esta tarea, que muy pocos artistas practican, el hermano de Amós es un maestro de maestros: porque sabe estar, sabe moverse, engatusar amablemente al público, distraerlo con sus felices ocurrencias, dominarlo en suma para conseguir las atenciones y el silencio, y permitirse el lujo de cantar sin micro con esa voz afillá que tanto sabe a quiebro, a misterioso rajo, a dolorosa súplica. Que un escenario no es un cuarto. Que un teatro requiere de otras maneras para la presentación del cante, y esto por desgracia no lo saben, o no quieren saberlo, quienes se empeñan estérilmente en adoptar posturas propias de la intimidad de aquellas fiestas que fueron en el tiempo». Goza de una gran popularidad.

Fuente: Internet



BENITO, Emilia. (Véase Satisfecha, La.). Nombre artístico de Emilia Benito Rodríguez. La Unión (Murcia), siglo XIX‑Méjico, primeros años cincuenta. Cancionista y cantaora. Gran intérprete de canciones regionales españolas, grabó en discos cantes flamencos, entre ellos saetas y caleseras, y se ignora si también impresionó un cante que la hizo célebre, la llamada taranta de la Gabriela.





BIZCO, El. Nombre artístico de Andrés Heredia Pacheco. Linares (Jaén), 1900‑Madrid, 1966. Padre de Andrés Heredia y Mariquilla y abuelo de Antonio Heredia López y Antonio Amaya Heredia. Guitarrista y cantaor. Aunque su trayectoria artística estuvo principalmente cifrada en las reuniones privadas, en torno a los colmaos madrileños Villa Rosa y Los Gabrieles, entre sus esporádicas actuaciones en público destaca su participación, en 1925, en el homenaje tributado a La Coquinera, en el Teatro Olympia de Madrid, así como otra en el Teatro Eslava madrileño, acompañando en 1929 a Luisa Requejo, además de una gira con Manuel Vallejo, en 1934. Como cantaor, era seguidor de la escuela chaconiana y grabó en disco varios cantes, entre ellos una versión de la caña, de las pocas que existen por el citado estilo en la discografía antigua.

Fuente: Recortada
Tartessos



BOINA, Paco El. Sevilla, siglo XX. Cantaor. Grabó en discos y frecuentó las reuniones de cabales de los colmaos sevillanos de la Alameda de Hércules. Poseía una voz muy flamenca y buen conocimiento de los estilos. Personaje muy popular.








Fuente: Internet
BORRULL, Mercedes. (Véase Gitana Blanca, La) Nombre artístico de Mercedes Borrull. Barcelona, siglo XX. Bailaora. Nieta de Miguel Borrull Castelló e hija de Miguel Borrull Jiménez. Se inició en los tablaos flamencos de su ciudad natal y más tarde creó su propio espectáculo, recorriendo los teatros de la geografía española. Con el titulado Alma española, alcanzó ciento cincuenta representaciones en los teatros madrileños Cómico y Calderón. También sobrepasó las cien representaciones con el denominado Romancero gitano, siéndole tributado un homenaje con tal motivo, en 1948. En 1953, figuró en el llamado Entre mujeres y flores, en unión de Pepe Marchena. Intervino en películas cinematográficas. Se retiró de su arte al contraer matrimonio con el conde de Moix.



BRENES, Manolo. Nombre artístico de Manuel Delgado Lara. Brenes (Sevilla), 1928. Guitarrista. Sus principios artísticos fueron como cantaor, para pasarse al poco tiempo a la guitarra. Su trayectoria artística iniciada en los locales de la Alameda de Hércules sevillana, continuó en tablaos, sobre todo en El Guajiro de Sevilla a principios de los años sesenta, y festivales, y ha recorrido diversos países con distintos elencos flamencos, residiendo en Caracas varios años. Entre sus actuaciones más sobresalientes, cabe reseñar su presentación en el Teatro Olimpia de París, acompañando al cante a José Menese, con quien ha realizado grabaciones discográficas, e igualmente con Miguel Vargas y Diego Clavel, entre otras figuras. Actualmente acompaña en festivales a El Beni de Cádiz.



BREVA, Juan. Nombre artístico de Antonio Ortega Escalona, y sobrenombre heredado de su abuelo, vendedor de brevas y otros frutos. Vélez‑Málaga (Málaga), 1844‑Málaga, 1918. Cantaor. De niño, como sus antecesores, pregonaba por las calles vendiendo frutos, con la siguiente copla: «¡Brevas de los montes / de Vélez‑Málaga / son las más dulces. / Las doy pa probarlas!», según su biógrafo Miguel Berjillos, quien asegura así mismo que destacó desde muy joven cantando verdiales y bandolás, en las fiestas y reuniones de su pueblo. Se libró de hacer el servicio militar en el sorteo, por lo que no participó en la larga guerra de Marruecos; iniciando su dedicación profesional al cante, en el Café del Sevillano, sito en la calle Siete Revueltas de Málaga, con un sueldo de veinte pesetas diarias, que superaba en el doble al normal de un cantaor por aquellos años. Solía acompañarse él mismo con su guitarra y su éxito aumentaba noche tras noche, ante un público entre el que abundaban la gente de su pueblo natal, dado que el café servía de estación de diligencias. De Málaga se desplazó a otros puntos de su provincia, entre ellos Alora, Coín y Ronda, e igualmente ciudades y localidades de Cádiz y Córdoba. Sus actuaciones se sucedían como primera figura en los cafés cantantes malagueños de El Turco, España, Chinitas etc. El año 1883 realizó una gira por Andalucía, Extremadura y gran parte de Levante. Seguidamente llegó a Madrid, actuando en los cafés cantantes de El Imparcial y La Bolsa y cantando para el rey Alfonso XII, en el Palacio Real, favoreciéndole el monarca con su amistad. Continuó sus giras por toda España. En 1906, después de recorrer en varias ocasiones el país entero, vuelve a Málaga, avecindándose en el barrio de Capuchinos y frecuentando la denominada Taberna de Plácido y la tienda de bebidas que, en su pueblo de Vélez, regentaba su hermana Dolores; locales donde solía cantar en reuniones íntimas. Durante una visita a la capital malagueña del rey Alfonso XIII, Juan Breva canta en su presencia y tiene ocasión de hablar con él, comunicándole que le ha sido anulada una pensión vitalicia que le había concedido su padre, siendo su petición atendida por el joven rey. Vive una temporada en Almería, donde se establece como comerciante, instalando una freiduría, para volver de nuevo a Málaga, refugiándose en la Caleta, tras la muerte de su esposa. Su última actuación en público, estando ya muy mermado de visión, tuvo lugar en el teatro de Vélez‑Málaga, el año 1918, cuando contaba setenta y cuatro años. Posteriormente se retiró a su casa de la calle malagueña de Canasteros, donde vivía con su hijo, hasta su muerte. Para sufragar los gastos de su entierro, se realizó una colecta y se vendió el alfiler de corbata de oro que le quedaba de los varios que le regaló el rey Alfonso XII. Fue enterrado en el cementerio de San Miguel de Málaga, con la inscripción siguiente en la lápida: «Juan Breva, célebre cantaor de malagueñas. Falleció el 8 de junio de 1918. Recuerdo de su hijo y admirado res». Asistieron a su entierro entre otros amigos y compañeros su paisano Fidelio García Pareja, Joselito el de la Venta, los cantaores El Perote, Juan Padilla, Antonio Vargas, Tomás Morilla, El Jerezano, Niño de las Moras y los tocaores Carlos Sánchez y El Caldero. Dado que desde 1929, nadie se ocupó de su sepultura, sus restos desaparecieron el 15 de mayo de 1933, al no haber sido pagados los derechos correspondientes. Al decir de Miguel Berjillos, «seguramente hubiesen perdurado hasta nuestros días de no existir diferencia entre el nombre de la lápida y el de su inscripción mortuoria», ya que en la lápida constaba el de Juan Breva y en el registro el de Antonio Ortega Escalona. Tuvieron que pasar muchos años, para que su memoria fuera reivindicada, principalmente a través del poema que le dedicara Federico García Lorca, tan descriptivo de su persona como exaltativo de su arte: «Juan Breva tenía / cuerpo de gigante / y voz de niña. / Nada como su trino. / Era la misma / pena cantando / detrás de una sonrisa. / Evoca los limonares / de Málaga dormida, / y hay en su llanto dejos / de sal marina. / Como Homero cantó / ciego. Su voz tenía / algo de mar sin luz / y naranja exprimida». La creación de una peña flamenca en Málaga con su nombre y la dedicación de una calle en la barriada de Ciudad Jardín, así como denominar con él, a partir de 1976, el festival flamenco anual de Vélez‑Málaga, constituyeron los primeros homenajes a su personalidad artística en la etapa de revalorización del flamenco destacando entre ellos la Exposición de Pintura Pro Monumento a Juan Breva, organizada por la Pena Flamenca de Vélez‑Málaga, en 1969, con cuadros de Juan Acosta Díaz, Bárbara Babanuska, Juan Berraquero, Miguel Berjillos, José Bonilla, Pepe Bornoy, Francisco Clavero, Eugenio Chicano, Agustín Domínguez, Juan Fernández, Beli García, Fernando Gil, Evaristo Guerra, Francisco Hernández, Antonio Hidalgo, Hurtado, Joaquín Lobato, Claudio López, Cipriano Maldonado, Paco Merenno José Reina Delgado, José Reina Miguel, Manuel Ruiz, Antonio Valdés, Antonio Vélez, Pío Verdú y Rodrigo Vivar. El monumento a su vida y cante, costeado por suscripción popular y original de Jaime Pimentel, que lo representa sentado en una silla de anea y tocando su guitarra, está instalado en una plazuela castiza de Vélez‑Málaga, y fue inaugurado el 30 de mayo de 1970; celebrándose con tal motivo un solemne acto en el que intervinieron José Méndez Hoyos, presidente de la Pena Flamenca de Vélez‑Málaga; José Luque Navajas, presidente de la Pena Flamenca Juan Breva; Antonio García RodríguezAcosta, director general del Instituto Español de Emigración, y el poeta Federico Muelas. Autor de sus propias coplas y creador de un estilo de malagueñas, algunas de las cuales impresionó en discos, así como otros estilos, el arte de Juan Breva ha sido glosado por cronistas, escritores, flamencólogos y poetas ampliamente, como corresponde a su personalidad flamenca que indudablemente creó una escuela de cante, mereciendo opiniones como las siguientes: G. NúÑez de Prado: «Nadie, absolutamente nadie, sin exclusión de estilos, géneros ni personalidades, ha gozado de más popularidad, ni sumado más simpatías, ni recibido más homenajes, ni escuchado más aplausos, ni obtenido más éxitos que este artista; nadie tampoco ha aprovechado menos el fruto material de esos éxitos, ni ha sido más generoso, ni más enamorado del arte, ni más desgraciado en el descenso de su vida, ni ha podido burlarse con más justicia que él de las veleidades de la fortuna y la inseguridad de los triunfos artísticos. No hay desde los Pirineos al Estrecho de Gibraltar, comarca donde se ignore que existe, mejor dicho que existió, puesto que ya ha muerto para el arte  escribe en 1904 , un cantaor de malagueñas que se llamó Juan Breva, que llenó a España con los gritos de su corazón, corazón inmenso de un artista gigante, que subyugó a todos los públicos con las inimitables melodías de su alma, que ensordeció todas las regiones con el eco de sus victorias... Fue siempre tan personal, tan suyo, que no satisfecho con la creación de su estilo, cantó generalmente en ese estilo coplas cuyas letras componía él mismo, como si le repugnara vestir a su sentimiento con el ropaje de otros, engalanar sus alegrías con adornos prestados, amortajar sus ilusiones con sudarios que no le pertenecieran... Hoy se puede ver transitar por las pintorescas barriadas de la capital malagueña a un anciano de aspecto venerable y humilde, que viste con excesiva modestia, que vive pobremente, que llora hace años la pérdida de la vista con unos ojos sin pupila y sin luz, que inclina la cabeza como si le agobiara el peso de un mundo, de un mundo de recuerdos, de ilusiones rotas, de glorias esfumadas y deshechas en la oscuridad de la noche del pasado... Cantando en Sevilla en el Café de Silverio, ese otro gigante del cante jondo, quizá el primero de todos en el primero de los géneros, la siguiriya gitana, que fue el que cultivó con preferencia, El Breva lograba conmover hasta el gran cantaor argentino labor verdaderamente difícil, y éste apreciaba en todo su valor el indiscutible mérito del artista de Málaga, con tanta sinceridad, que el primer puesto del tablado de Franconetti, lo tuvo siempre que quiso a su disposición El Breva. Este es el mejor elogio, tratándose como se trata del primer juez en el arte». Fernando el de Triana: «Rey del cante clásico malagueño, y como tal, fue el único cantaor que mereció el alto honor de cantar en el propio Palacio Real de Madrid y en presencia de SS. MM. don Alfonso XII y doña María Cristina; pues aunque otros cantaores también les cantaron a los reyes, siempre lo hicieron en el palacio cual o en palacio tal, que no es lo mismo; y para dar una idea de la clase de artista que sería Juan Breva, basta decir que en el año 1884 cantaba en Madrid en tres espectáculos, o sea: en el Teatro Príncipe Alfonso, en el Café de Barquillo y el Café Imparcial. Ganaba en cada uno de los dos primeros locales cinco duros; en el Imparcial esa cantidad más casa para su familia, con la nota curiosa en los contratos que había que pagarle en oro... Después, pasó lo que tenía que pasar, pues los dineros del sacristán, cantando se vienen, cantando se van... Era el más puro malagueñero conocido hasta hoy...». Rubén Darío: «He oído a Juan Breva, el cantaor de más renombre, el que acompañó en sus juergas al rey alegre don Alfonso XII. Juan Breva aúlla o se queja, lobo o pájaro de amor, dejando entrever todo el pasado de estas regiones asoleadas, toda la morería, toda la inmensa tristeza que hay en la tierra andaluza; tristeza del suelo fatigado de las llamas solares, tristeza de las melancólicas hembras de grandes ojos, tristeza especial de los mismos cantos...». Ricardo Molina: «El cante de Juan Breva se caracteriza por su sentimiento, su dulzura nostálgica, su poderosa musicalidad. Es triste y bello como una elegía. El sentimiento está literaria y musicalmente expresado con dignidad, sin concesiones al sentimentalismo ramplón que poco después había de invadir Andalucía». Sebastián Souvirón: «Hay una modalidad de lo jondo donde El Breva tuvo jerarquía, irrebasable; el cante por verdiales. Todavía esto es una pura incógnita, según parece. Todavía, dentro de ese mito que fue Juan Breva, está danzando el mito de ese reino suyo en el que nadie, nadie, le igualó. Y ese reino es el cante por verdiales, cante genuino sin precedentes folklóricos, sin relaciones de ninguna clase. Aquí fue rey natural Juan Breva y nadie se lo discute. Este es uno de los signos de su mito, de su portento, de su latente y colosal vivencia. Juan Breva hizo de la malagueña algo personal, porque su estilo fue eso, personalidad y ternura. Pero de la malagueña por verdiales hizo algo más. Y ese algo más fue elevar a reino aquel mundo lírico y sugerente que se derramaba cantando por las montañas de Verdiales. Y después él se coronó con el monarcado de aquella forma, de aquel estilo, Juan Breva, hoy, es el mito de lo auténtico, de lo sugerente, de lo genial. Porque a la grandeza de su voz unía aquella rara facultad de acompañarse a sí mismo con la guitarra». José Luque Navajas: «Hubo un hombre con una gran voz cuyo nombre era Juan. Este Juan predicó por verdiales y bandolás. Fue a Madrid a dar testimonio de su arte. No era él la luz, murió casi ciego. Como otro Juan, tuvo un histórico encuentro con un rey. Mas en su caso no perdió él la cabeza, sino el rey, hechizado por su arte. Inscrito Antonio Ortega Escalona, su vocación fue más de Juan que de Antonio. El pueblo, una vez, acertó llamándole Juan. Juan Breva recreó las bandolás de Vélez‑Málaga, su tierra simplemente con cantarlas él. Sin proponérselo, sólo dándose cuenta, hizo de ellas un cante nuevo, el más difícil de todos. A partir de entonces dejaron de llamarse bandolás para ser conocidas por cante de Juan Breva. Ni siquiera se las llama bandolás de Juan Breva. Tal fue la personalidad del genial veleño. A veces he oído decir: malagueñas de Juan Breva. Error; no es de buen aficionado llamar malagueñas al cante de Juan Breva. La malagueña, en su sentido flamenco estricto, es un cante lento, triste, de gran flexibilidad en su estructura melódica, así como en el acompaña miento de guitarra, que es libérrimo. No puede bailarse. En cambio en los cantes de Juan Breva los tercios son duros y se cantan con viveza, sujetos a medida. La guitarra toca aquí con un compás ternario y a un aire o movimiento ligero, casi de verdiales (compás abandolao); y, aunque no suele hacerse, se puede bailar sin necesidad de introducir modificación alguna. Partiendo pues la diferencia entre malagueña y bandolá, que en buena técnica debe mantenerse, no ofrece dudas que los cantes de Juan Breva no son malagueñas. Analizando un poco, veremos que representan un eslabón intermedio en la cadena evolutiva que, arrancando de nuestros fandangos, termina en la malagueña tal como hoy la conocemos. Juan Breva utilizó en su cante, junto a dos tipos de bandolás que le sirvieron de base, unos verdiales de Vélez que él cantó ya abandolaos y que por su pujanza y bravura hacían las veces de coda brillantísima. De entre las muchas letras que empleó citemos, a guisa de ejemplo, las siguientes: (Bandolá corta): «Ni el canario más sonoro, / ni la fuente más risueña, / ni la tórtola en la breña / cantarán como yo lloro / gotas de sangre por ella». (Bandolá larga): «Tienes tan malas entrañas / que gozas en mi agonía, / pero el día llegará / que llorando noche y día / me has de venir a buscar». (Verdial de Vélez): «En la Cala hay una fiesta / mi mare me va a llevar / y como iré tan compuesta / me sacarán a bailar / con mi par de castañetas». Conocemos por tradición que este último cante lo aprendió Juan Breva de su madre. Refería él que cuando la oía de pequeño yendo con ella en el burro en medio de la paz del campo, se sobrecogía. Quizá por esta razón sentimental lo cantara sin adaptarle la letra a su sexo masculino. Todo lo demás que haya que decir del cante de Juan Breva está ya dicho en las bandolás de las que es el estilo más acabado y bello, cualidades que cobraban su mayor grado en la garganta de su creador, que daba a su cante un arte y una grandeza estremecedores. Siempre se mantuvo Juan Breva fiel a su especialidad. Con gran intuición sabía que no le hacía falta más. Nunca intentó cantar ni crear malagueñas; y bien que pudo haberlo hecho, pues cuando la malagueña afloró (comienzos de la segunda mitad del siglo diecinueve) tenía nuestro artista diez años escasos. Mas la malagueña seguía otro camino, semejante a su bandolá sí, pero con otro principio y otro fin; caminos paralelos y que, por lo mismo, no se han de encontrar». José Blas Vega: «En honor a la verdad, el primer artífice que logra llevar el cante al teatro de una forma popular y consecuente, es Juan Breva. Su voz cantarina, brillante, de ruiseñor, y el acierto de sus célebres malagueñas, le hicieron romper los límites de los cafés cantantes. Su fama y su arte pasan triunfantes a los escenarios teatrales. Es el primer cantaor que consigue una distinción y reconocimiento fuera de los medios habituales». Nada menos que «...la empresa del Teatro Real le ha hecho ventajosas proposiciones al aplaudido "tenor" Juan Breva», decía el Madrid Cómico del 28 de diciembre de 1880. Sus actuaciones se pusieron tan de moda que constantemente era contratado para animar los entreactos teatrales. «En el Teatro de la Zarzuela, pocas horas antes de oírse la voz autorizada de Juan Breva, cuyas lucubraciones escuchan todos los días miles de honrados madrileños; sonaba ayer la palabra elocuente y majestuosa del Sr. Romero Ortiz, y sonaba como la voz que clama en el desierto», escribía Clarín en un artículo fechado en 1881. «En su biografía puede leerse el detallado programa del concierto extraordinario, que acompañado por el guitarrista Niño de Lucena dio en el Teatro Principal de Lucena el 4 de enero de 1883, todo un acontecimiento de gran personaje, aunque haga lamentarse a Alejandro Sawa, que la cantante más celebrada sea la Parrala... y el artista más admirado Juan Breva. La realidad de esta popularidad en la España flamenca del último cuarto de siglo, era algo palpable».

Fuente: Película
BRILLANTE, Niño del. Nombre artístico de Francisco Muriana. Utiel (Valencia), 190?‑Méjico, 197?. Cantaor. Se reveló en su ciudad natal al obtener un premio en un concurso cuando era todavía niño. Actuó en diversos espectáculos y cafés cantantes de su época y realizó grabaciones discográficas interpretando estilos levantinos y tangos. Viajó a Méjico, donde continuó su trayectoria artística, hasta que enfermo de parálisis a mediados de los años sesenta. Domingo Samperio valoró así su arte: «Magnífico cantaor de todos los buenos estilos flamencos... Continuador de la tradición familiar, destacó por la flexibilidad de su estilo y por su fidelidad a los auténticos valores de los cantes jondos, grandes y chicos».

CABALLERO, Pepita. Carmona (Sevilla), 1915. Cantaora. Se reveló artísticamente en 1932. En el Circo Price de Madrid hizo su presentación alcanzando un gran éxito. Dos años más tarde realizó sus primeras grabaciones discográficas. Llevó a cabo numerosas giras por toda España y actuó en Francia, principalmente en París y Lyon; en Lisboa y otros puntos de Portugal, así como en Marruecos, en teatros de Orán y Casablanca. Fandangos, bulerías, tarantas, peteneras y granaínas, eran sus estilos más habituales. Con Pepe Marchena y Jesús Perosanz realizó recorridos artísticos en 1934 y 1936, y este mismo año participó en el Certamen Nacional de Cante Flamenco celebrado en el Circo Price madrileño. También frecuentó las reuniones de cante del Colmao Villa Rosa de Madrid.

Fuente: Retocada
Diccionario
CABELLO, Lola. Málaga, 1905‑Castellón de la Plana, 1942. Cantaora y cancionista. Hermana de La Trinitaria. Debutó en Barcelona, en 1920, acompañada por el guitarrista El Rejón, actuando en teatros y cines, siendo seguidamente contratada por Radio Barcelona para sus programas de variedades, alcanzando rápidamente gran popularidad como cantaora flamenca. Se presentó en Madrid con la obra andaluza La torre de la cristiana, de Quintero‑Guillén, a las que siguieron otras, así como giras por toda España, en espectáculos en los que participó junto a La Niña de los Peines Niña de Linares, Niña de la Cruz, Lolita Benavente, Carmen Romero y otros artistas de distintos géneros. Alternó después con Pepe Marchena en La copla andaluza y otros espectáculos, en teatros de Madrid como el Pavón, el Cómico, de la Comedia, y en el Circo Price. En sus últimos años se dedicó exclusivamente a la canción española, grabando numerosos discos.

CABEZAS, Niño de las. Nombre artístico de Miguel Gálvez Carrasco. Las Cabezas de San Juan (Sevilla), 1917‑América, 198?. Cantaor. Hermano del matador de toros Juan Gálvez y padre de la cantaora Antonia Gálvez. Su revelación artística tuvo lugar formando parte de distintos elencos flamencos, en continuas giras por la geografía española, alternando en ellos con Pepe Palanca, Manolo El Malagueño, Pepe Pinto, Manuel Vallejo, José Cepero, Luquitas de Marchena, Fregenal, Niña de la Puebla y otros destacados intérpretes. En 1961, estuvo en el tablao madrileño Torres Bermejas, pasando después a El Arco de Cuchilleros. En 1962 se trasladó a América, actuando durante tres meses en Puerto Rico, y a continuación a Venezuela, desde donde viajó a los Estados Unidos, país en el que primeramente actuó con Sabicas y Mario Escudero. Tras recorrer distintas ciudades norteamericanas y de actuar en Canadá, se avecindó en Las Vegas, figurando en numerosos espectáculos, entre ellos en el ballet de Luisa Triana. Acompañado del tocaor Juan El Africano, grabó en España en la década de los cincuenta, un disco de larga duración titulado Café de Silverio, con un amplio repertorio de estilos, que ponen de manifiesto sus conocimientos de los cantes y sus excelentes cualidades interpretativas.

CABRA, Niño de. Nombre artístico de Cayetano Muriel Reyes. Cabra (Córdoba), 1870‑Benamejí (Córdoba), 1947. Cantaor. Abandonó su oficio de molinero a los veinte años, para dedicarse al cante. Debutó en el Café del Burrero de Sevilla, alternando con don Antonio Chacón, el año 1890. Se cuenta que cuando Chacón le escuchó cantar, exclamó: «¡Vaya niño cabreño de leche!». Recorrió toda Andalucía y gran parte de España, cantando en cafés cantantes y en espectáculos flamencos, y no quiso viajar a América cuando intentaron contratarle, diciendo: «No paso el charco, aunque me hagan un puente». En 1923, en la publicación Sevilla en broma, se insertó una entrevista firmada por Galerín y realizada en la Venta Eritaña, en la que Cayetano Muriel contó diversas anécdotas de su vida artística y de la que transcribimos el siguiente párrafo: « ¿Usted qué canta? De tó. Pero al que sepa esuchá. ¿Escoge usted acaso las reuniones? Yo no. Pero Cayetano Muriel Reyes, El Niño de Cabra, es una autoridad en el cante. Ya lo dijo en un diario de Madrid, en El Weraldo de Hoy, otro como usté, que escribía más ligero que un loco.  iQué tiempo lleva usted en el arte? Lo menos cuarenta años. Yo vine a Sevilla a vender un vagón de ajos, y canté en El Burrero. Allí me pusieron El Niño de Cabra. ;Porque como yo soy de allí, velasté! ¿Le han querido contratar para los teatros y salones? Sí, señor; pa un teatro; pero yo le temo al público un disparate. Me ajogué una vez en Barcelona, cantando guajiras, y desde entonces no canto más que en reuniones. Yo le eché la culpa de aquello al guitarrero pero fui yo. ¡Qué mieo pasé! Va pa trece años... Vivo en Benamejí, donde tengo una finquita, un cortijito. ¿Ganado con el cante? Po no va sé de aviadó. Cantando siempre por toa España. En Madrid inauguré yo el café de la calle Jardines (La Marina), que antes estuvo en la calle Hortaleza. Lo inauguramos Fosforito y Magán». Considerado el mejor intérprete de los fandangos de Lucena y seguidor de los cantes de Chacón, Cayetano Muriel realizó una gran cantidad de grabaciones, que según José Arias fueron las siguientes: Fandangos, incluidos los de Lucena, 23; malagueñas, incluidas las de Chacón, El Mellizo y El Canario, 15; soleares, 13; cartageneras, 12; guajiras, 9; tangos y tientos, 7; siguiriyas, 6; granaínas, 3; medias granaínas, 2; tarantas, 1; caña, 1. Parte de estas grabaciones, están recogidas en cassettes modernos y editadas, en 1980, por la peña que lleva su nombre. Fernando el de Triana escribió de él: «excelente cantaor de gran voz y fino estilo, el mejor imitador de Antonio Chacón... Voz clara, abundante y de fácil modulación, es muy fino de sentido y copió los cantes del difunto emperador del cante andaluz con exquisita exactitud... Aunque su aspecto acusa algo de brusquedad; no le agrada cantar a los públicos». Con relación a estas opiniones, Arcadio Larrea afirma: «Cayetano creó sus propios cantes. Y si interpretó algunos en el estilo de Chacón, en otros mantuvo el suyo personal. Me ha parecido descubrirlo, especialmente, en los tientos, las soleares, y las siguiriyas, acaso también en las cartageneras». Ricardo Molina analizó así el arte del Niño de Cabra: «Mi conocimiento se limita a lo que nos han conservado los discos. Pero no hay que ser un lince para darse cuenta que Cayetano Muriel fue el más fiel y brillante discípulo de don Antonio Chacón. Creo que por tal le tienen los buenos aficionados. Desde muy joven se apegó Cayetano al gran maestro de Jerez, pero también se interesó por aprender del famoso y viejo Juan Breva. Fue por lo tanto prototipo de cantaor andaluz, sin influencia gitana. El que quiera saber en qué se diferencia el cante gachó del gitano que oiga un disco de Cayetano por malagueñas y lo compare con otro por soleares de Tomás Pavón. No quiere esto decir que Cayetano cantase soleares, ni Tomás Pavón malagueñas. Las soleares de Cayetano carecen de interés, como seguramente ocurrió a las malagueñas de Tomás, si es que éste le dedicó atención. Cayetano fio siempre en su voz y prefirió los cantes largos y sin medida que le dieran ocasión de lucirla. Hizo bien; cada cual debe orientar sus facultades por donde mejor vayan... Donde Cayetano pisaba fuerte era en los fandangos de Lucena. El los cantó mejor que nadie y los engrandeció. Luego, está el gran malagueñero que dominó las del Canario, desde las de Breva hasta las de La Trini y Chacón». A partir de 1965, se celebra en Cabra un certamen flamenco denominado con su nombre, que también le da título a uno de los premios del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba. El día 7 de agosto de 1970, se conmemoró el centenario de su nacimiento, en el Círculo de la Amistad de su ciudad natal, con una conferencia de Arcadio Larrea, titulada «Semblanza de Cayetano Muriel».

CAGANCHO, Manuel. Nombre artístico de Manuel Rodríguez García. Sevilla, 1846‑siglo XX. Cantaor. Hijo de Antonio Cagancho, padre de Joaquín Cagancho y El Rubio Cagancho y abuelo de Cagancho. Su vida artística estuvo limitada a la reunión de cabales, en su barrio de Triana. Fernando el de Triana, describió entusiásticamente sus cualidades cantaoras: «Cuando salía cantando con aquella voz machuna de temple brusco y de gran potencia, esforzando las notas más y más hasta coronar los cantes, daba una sensación de tragedia por el gesto realizado; y para qué decir que presencié muchas veces que al terminar los cantes de este gitano de pura raza, los otros gitanos que le acompañaban y muchos gachés que por fuera le escuchaban, pagaban su arrebatador delirio con romperse la ropa y echar por alto todos los cacharros que tenían por delante. Esto era toda la compensación de aquella obra magna e inimitable. Cuando más solía ocurrir el destrozarse la ropa de entusiasmo, era al cantar el gran Manuel esta siguiriya: "Ar señó de la ensinia / le ayuno los viernes / porque me ponga al pare e mi arma / aonde yo le viere". Esto no había quien fuera capaz de escucharlo sin estremecerse y experimentar una sacudida de nervios que sólo con el vino se aplacaba». Ricardo Molina y Antonio Mairena, en su obra Mundo y formas del cante flamenco, incluyen a Manuel Cagancho entre los creadores de cantes por siguiriyas: «Los dos que conocemos del Sr. Manuel son de factura arcaica y de grandeza sobrecogedora. Una absoluta ausencia de adorno, un dificilísimo ligado, una sutileza melismática extraordinaria, una sobriedad primitiva y una seriedad impresionante: tales son las características más salientes. Conservamos dos siguiriyas. La primera suele interpretarse con esta letra: "Reniego de mi sino / como reniego de la horita, madre, / que t'he conocío". Su aire recuerda a las tonás. El primer verso se repite dos veces; sigue brevísima pausa y los versos 2 y 3 se cantan de un tirón, sin descanso hasta el final. La segunda siguiriya vincúlase tradicionalmente a la letra siguiente: "Y Dios mandó el remedio / y pa este mal mío y de mi compañera / que yo lo busco y no lo encuentro". La arquitectura típica de la copla ha sido rota, pues el tercer verso debía tener seis o siete sílabas y tiene nueve. Su estilo es de siguiriya de cambio, por lo que compone un todo unitario con la anterior y ofrece valiosísimo testimonio completo de cómo se cantaba en Triana a mediados del siglo pasado». Con relación a lo anteriormente transcrito, hay que añadir que también se conoce otra siguiriya pura de Triana, cantada por Pepe de La Matrona: «No pierdas la esperanza / que aunque el pocito era jondo / la soguita alcanza», proveniente de los de Cagancho. José Blas Vega asegura que cantó con Chacón, en el Café de La Marina sevillano, en una noche de gran juerga, sus siguiriyas Dios mandó el remedio y No pierdas la esperanza, añadiendo que en el citado local Manuel Cagancho «grabó en un primitivo cilindro de cera las siguiriyas Por tu causa me veo y Qué remedio habrá». Puntualizando al respecto: «Grabación de lo más decepcionante que uno puede escuchar atendiendo a la leyenda cantaora de esta familia».

CAGANCHO, Manuel. Natural de Sevilla. Siglo XX. Cantaor. También conocido por El Moli. Hijo de Carmen la del Titi, sobrino de El Titi y casado con La Toná. Forma parte del grupo de su mujer y actúa en festivales y tablaos.

CALATRAVA, NIÑO DE. NO VIENE

CALZA, Niño de La. Nombre artístico de Antonio Tovar Ríos, originado por la zona de su nacimiento. Sevilla, 1913‑1981. Cantaor. Se inició en 1927, y obtuvo, según sus propias declaraciones, «un concurso en Variedades, consiste en una moneda de oro». Componían el jurado El Gloria y Manuel Torre; y seguidamente se presentó en Madrid, en el Teatro Pavón. A partir de entonces actúa en teatros y elencos flamencos continuamente, así como en reuniones privadas de cabales. En 1936, en un espectáculo flamenco encabezado por La Niña de los Peines, se le anuncia como «la máxima novedad creadora de Mi jaca por bulerías». Fue una de sus últimas giras más significativas, la realizada en 1947, con el espectáculo Solera andaluza, en el que figuraban también Manuel Vallejo, Juan Varea y El Cojo de Huelva. Grabó en discos y su fandango ha quedado como sumamente original entre las creaciones personales de este estilo, y en opinión de José Blas Vega «significa el engrandecimiento de lo personal, nada menos que con base rítmico‑melódica de la soleá y de la siguiriya».

CAMPANILLEROS DE BORMUJO. NO VIENE

CAMPO, Niño del (Véase Apéndice discográfico.)
Fuente: Familia
CAMPO, Telesforo del. (Véase Apéndice discográfico.) SON LA MISMA PERSONA.













Fuente: Retocada
CD Dienc

CANALEJAS DE PUERTO REAL. Nombre artístico de Juan Pérez Sánchez, originado según sus propias palabras por capricho de su padre cuando era pequeño. Puerto Real (Cádiz), 1905‑Jaén, 1966. Cantaor. Sus primeras actuaciones fueron en locales de Cádiz y San Fernando. Se trasladó a Barcelona, como polizón en un barco, y en esta ciudad empieza a ganar popularidad, en 1932, pasando seguidamente a Valencia, y luego a Madrid, debutando en el Salón Olimpia, con Angelillo y El Pena hijo. En 1934, se presenta en el Circo Price madrileño, junto a José Cepero y Mazaco, haciendo a continuación una primera gira por toda la geografía española, en unión de Pepe Marchena y La Niña de los Peines, anunciado como «la novedad del año con su creación Rocío». Al año siguiente, también con La Niña de los Peines, emprende su segunda vuelta a España, y realiza sus primeras cinco grabaciones discográficas. A partir de esta fecha, no cesan sus giras artísticas, principalmente con La Niña de los Peines y El Sevillano, siendo en Sevilla, en 1936, su última actuación ya iniciada la guerra civil, avecindándose en Jaén durante su transcurso. Terminada la contienda, retorna a los espectáculos flamencos, actuando en Cádiz, en 1939, en la plaza de toros, con La Niña de los Peines y El Sevillano nuevamente, prosiguiendo sus actuaciones y recorridos con Pepe Marchena y otros intérpretes del momento, hasta 1960, año en el que debuta en el Tablao Las Brujas de Madrid, para pasar seguidamente al denominado Torres Bermejas. Los últimos años de su vida los dedicó a los concursos, obteniendo premios en los estilos de Levante en el Concurso Nacional de Córdoba, y en 1964 y 1965, en el Festival Nacional del Cante de las Minas de La Unión. Este último año antes de su muerte actuó en el II Concurso Nacional de Cante por Cartageneras de Cartagena. En opinión de Juan Antonio IbáÑez: «Fue su momento, época de cante con diferentes versiones y muy diversa aceptación. Canalejas de Puerto Real, guardó siempre el equilibrio de un hondo sentido profesional, junto al amplio conocimiento de un arte que dominaba». Anselmo González Climent ha escrito lo siguiente de sus populares bulerías: «Sus bulerías tuvieron un largo pasaje de popularidad y de imitación». «Muy personal en sus interpretaciones festeras, muy bien acompasadas, saetero brillante que compitió con El Gloria, La Niña de los Peines y Manuel Vallejo, estilista de los aires de Levante y del fandango y, a ratos, intérprete de palos en desuso en su época de más esplendor ha escrito de él Manuel Ríos Ruiz , Canalejas de Puerto Real, como Manuel Vallejo y Pepe Pinto, es un cantaor a revisar, porque entre la maraña de sus cuplés por bulerías y otras tendencias cancioneras, existió en él un sedimento flamenco digno de atención». En su discografía, muy amplia, fue acompañado a la guitarra por Manolo Bulerías, Pepe Hurtado, Manolo de Huelva, Esteban de Sanlúcar, Niño Ricardo, Manolo de Badajoz y Vicente El Granaíno.

Fuente: Bohórquez
CANARIO CHICO, El. Nombre artístico de Manuel Reina. Provincia de Sevilla, siglo XIX‑Sevilla, siglo XX. Cantaor y guitarrista. Imitador de su homónimo, actuó en los cafés cantantes, según testimonio de Fernando el de Triana, quien nos dice de él que «cantaba muy bien y en poco tiempo se hizo de muchos partidarios». Y en opinión de Gaspar NúÑez de Prado: «La guajira en la garganta de Canario Chico, vibraba como una entraña que se extirpa. Encerraba en ella todo su temperamento y toda su historia». Recorrió numerosas ciudades actuando en teatros y locales diversos, anunciado como el «tenor Sr. Reina más conocido por El Canario Chico distinguido profesor de guitarra y canto». Así reza en programas correspondientes a 1897, de varias de sus actuaciones en Cádiz, acompañándose él mismo a la guitarra, en el Teatro Circo Gaditano y en el Circo Ecuestre, donde realizó di versos y auténticos recitales con una gran variedad en su repertorio, en el que destacaban los estilos siguientes: malagueñas originales del mismo, de su antecesor y de Chacón; guajiras nuevas; malagueñas de Juan Breva, murcianas y cartageneras, y tangos. Grabó en discos y según la tradición oral y G. Núñez de Prado, murió a consecuencia de un tiro de pistola por la espalda, cuando «tenía poco más de treinta años de edad».

Fuente: Internet
CANARIO DE COLMENAR, El. Nombre artístico de Manuel Blanco Játiva. Colmenar (Madrid), 1899‑1951. Cantaor. Según Manuel Yerga Lancharro, murió a los cincuenta y cuatro años. Su trayectoria artística se desarrolló en los años veinte, destacando por su voz y facultades. Entre sus actuaciones más sobresalientes en Madrid, cabe destacar: 1924, en el Turo Park, con Luis Yance a la guitarra; 1925, en el Teatro Novedades, con Habichuela, y en el Teatro Pavón, con Ramón Montoya; 1926, en el Teatro Fuencarral, y en el Monumental Cinema; 1927, en el mismo escenario tomando parte del concurso convocado por este local; 1927, en el Cine Pardiñas, Teatro Avenida, Monumental Cinema y Teatro Pavón; y 1929, en este último. A las que hay que añadir su participación en la Copa de Córdoba, en 1925, y la gira realizada con un espectáculo del empresario Vedrines, en 1926, así como otra por Hispanoamérica, junto a Paco El Americano. En 1928, actuó durante unos meses en el Café cantante El Tronío, de Sevilla, anunciado en los programas de mano como «el papa del cante jondo».

CANARIO, JUAN RÍOS EL. Niño Ríos. Nombre artístico de Juan Ríos. Siglos XIX‑XX. Se le atribuye un cante por malagueñas, estilo en el que fue especialista desde sus comienzos en los cafés cantantes, en los años ochenta del siglo pasado. En 1902, figuraba en el Café Filarmónico de Sevilla y este mismo año cantó, junto a don Antonio Chacón, en el Circo Teatro Gaditano. Grabó discos con el nombre artístico de Canario.

Fuente: Catálogo



CAÑETE, Niño de. Nombre artístico de Rafael Cruces. Sevilla, siglos XIX‑XX. Cantaor. En sus primeros tiempos artísticos actuó en Sevilla, en 1909, en el Café Nevería La Alegría, interpretando malagueñas, tarantas, tangos y tientos. Tomó parte en Madrid, en 1927, en el concurso Copa Monumental Cinema.







ABEL DEL CAÑO. NO VIENE

Fuente: Papeles flamencos
CARACOL, Manolo. Nombre artístico de Manuel Ortega Juárez, heredado de su padre. Sevilla, 1909‑Madrid, 1973. Cantaor. Conocido en sus principios como Niño de Caracol. Tataranieto de El Planeta por parte materna, biznieto de Enrique El Gordo Viejo y Curro Durse, nieto de El Aguila, sobrino nieto de Paquiro, Enrique El Gordo, Rita Ortega Feria, Manuel Ortega Feria, Chano Ortega Feria, Gabriela Ortega Feria, Carlota Ortega Fernández, Rita Ortega Fernández y del torero El Cuco, tío de Gabriela Ortega Gómez, primo de El Almendro, Carlota Ortega Monje, Rafael Ortega Monje y Rafael Ortega Morales, hijo de Caracol, padre de Lola Ortega Gómez, Enrique Caracol, Manuela Ortega Gómez y Luisa Ortega Gómez, y suegro de Arturo Pavón y Maruja Baena. Se inició desde muy niño en su arte, obteniendo en 1922, compartido en El Tenazas, el primer premio del célebre Concurso de Cante Jondo de Granada, organizado por Federico García Lorca y Manuel de Falla, en el que don Antonio Chacón fue presidente del jurado, cuando contaba doce años de edad. Seguidamente se presenta en su ciudad natal, alternando con el mismo El Tenazas, en el Teatro Reina Victoria. Volviendo a este mismo teatro un mes más tarde, después de otras actuaciones en varias ciudades españolas, para cantar junto a don Antonio Chacón. Este mismo año debuta en Madrid, en el Teatro Centro. Al año siguiente realiza una gira por toda la geografía española, alternando con don Antonio Chacón, Manuel Torre, El Gloria, Manuel Centeno y otras primeras figuras de la época. En 1925, continúa su recorrido por toda España y canta en Madrid, en el Teatro Pavón, en compañía de La Niña de los Peines, Pepe Marchena, El Cojo de Málaga y otros destacados intérpretes, en un concurso de cante. En este mismo escenario volvió a cantar en 1926. Continuaron sus giras en diversos elencos, entre ellos el encabezado por él y Manuel Torre, en 1929. Formó el espectáculo Luces de España, en 1930, con La Niña de los Peines, Custodia Romero, Rafael Ortega Monje y Pastora Imperio. Después de unos años, a partir de los primeros treinta dedicado a las reuniones y fiestas íntimas, terminada la guerra civil, toma parte en el espectáculo Cuatro faraones, en unión de El Sevillano, Juanito Valderrama y Pepe Pinto, que alterna una temporada con el elenco de Concha Piquer. Formó pareja, en 1943, con Lola Flores, presentando el espectáculo Zambra, de Quintero, León y Quiroga, con el que, partiendo de Madrid, viaja por toda España durante varios años, hasta 1951, en loor de multitudes, convirtiéndose en el artista flamenco más popular, especialmente por sus zambras y otros cantes a orquesta y la difusión de sus grabaciones, creando auténtica escuela. Después de una gira por América con Pilar López, en 1951, estrena el espectáculo La copla nueva, para presentar al público a su hija Luisa como cancionista y cantaora, después de una gran velada en la Parrilla del Hotel Cristina de Sevilla, en la que participaron un gran numero de primeras figuras del flamenco. Color moreno, Arte Español y Torres de España, son los títulos de los espectáculos en los que participa con su hija hasta 1957. 1958, es un año importante en su trayectoria artística, por la salida de su antología discográfica Una historia del Cante, con comentarios del profesor Manuel García Matos, y su gira por toda América hispana, que se prolonga tres años. A su vuelta es recibido en el aeropuerto de Barajas por un numeroso grupo de artistas y aficionados portando pancartas de admiración. En 1961, actúa en el Teatro Calderón de Madrid, cantándole a Pilar López, en una función especial, y se estrena el espectáculo La copla ha vuelto, con Luisa Ortega y Arturo Pavón. Al año siguiente, canta en el tablao madrileño Torres Bermejas en compañía de sus hijos. Inaugura, en 1963, el día 1 de marzo, su tablao Los Canasteros, en Madrid, con un elenco artístico de primera categoría flamenca, en el que figuraban entre otros los siguientes artistas: Carmen Casarrubios, Curra Jiménez, La Polaca, su hija La Caracola, María Vargas, Trini España, La Perla de Cádiz, Gaspar de Utrera, Melchor de Marchena, Orillo, Paco Cepero y Terremoto. Desde esta fecha, su trayectoria artística se desarrolló en su tablao con actuaciones especiales junto a los miembros de su familia en acontecimientos flamencos y algunos festivales y galas benéficas. En 1965, se le concede la Medalla de Oro de la II Semana de Estudios Flamencos de Málaga, tributándosele un homenaje, en el que participaron un gran número de escritores y artistas, entre ellos Pastora Imperio y Pilar López. Un año después, en el Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera, la Junta Oficial de la XIX Fiesta de la Vendimia, le ofreció un homenaje, haciéndole entrega de una placa conmemorativa de manos del cantaor y flamencólogo Amós Rodríguez Rey, quien glosó el arte y la personalidad del homenajeado. En esta misma ciudad, en 1969, se le impuso la insignia de la Orden del Tío Pepe de Oro, y en Madrid, durante una cena homenaje, con asistencia de personalidades de las letras y las artes, le es otorgada la Orden de Isabel la Católica. En 1970, es nombrado Popular del diario Pueblo, recibe un homenaje en Sevilla, donde actúa con gran éxito, y se le dedica el Festival de Bornos. Grabó su último disco en 1972, al cumplirse el cincuentenario de su vida artística y en el que incluyó su fandango de despedida. En Chiclana de la Frontera, en 1973, se le tributa un nuevo homenaje, dedicándosele la fiesta El Pescado a la Teja, estando el ofrecimiento a cargo del escritor Jesús de las Cuevas. Falleció en accidente de automóvil, el 24 de febrero de 1973. Su entierro constituyó una gran manifestación de duelo, con asistencia de autoridades, artistas y aficionados tanto de Madrid, como de diversos lugares de España. Este mismo año, fueron dedicados a su memoria los festivales flamencos de distintas ciudades andaluzas, entre ellos los de Utrera y Granada y los Cursos Internacionales de la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera y su Fiesta de la Bulería, y en Mijas (Málaga), se rotuló una calle con su nombre. Cantaor largo, como se demuestra en su amplia discografía, tenía a orgullo haber dignificado el arte flamenco con su versión teatral del mismo. Participó en las películas cinematográficas Un caballero famoso y Jack El Negro y protagonizó con Lola Flores las tituladas Embrujo y La Niña de la Venta. Los poetas le dedicaron numerosas composiciones, destacando entre ellas los poemas escritos en su honor por Antonio Murciano, Rafael de León, Félix Grande, Antonio Hernández, Manuel Ríos Ruiz y Manuel Benítez Carrasco. Entre las amplias opiniones que se han expuesto y escrito sobre su personalidad artística, seleccionamos las siguientes: Anselmo González Climent: «Manolo Caracol está casi desligado de toda externidad amable. Va directamente al rajo angustioso y denso del jipío. Nada de flatus vocis al uso operista. Parece cante de aljamía. Sin embargo, hasta sus locuras conservan un hálito afiligranado de gracia plástica. Con el sólo ejemplo de Manuel Caracol se puede hablar de lo que buenamente puede entenderse por perfección flamenca. Siendo historia, y de la mejor, Manolo Caracol es ante todo vida fluyente, devoradora... Sus jipíos  enteros, viriles, verosímiles son negras bocanadas de jondura que atraen e incluso anonadan. Caracol infunde a la totalidad expresiva un sostenido impulso de jondura y de desgarro vital». Gregorio Corrochano: «¡Dichosos los que saben rezar cantando, como Manolo Caracol!». Antonio Murciano: «El cante de Manolo Caracol está hecho mitad de sombra y mitad de luz y su eco, único y gitanísimo, deja en los aires el llanto de la noche de los tiempos y el recuerdo del grito del primer día del mundo. Su voz me escalofría, me hace llorar, reír, morir y vivir. Me honro con su amistad y, flamencamente, me considero caracolero hasta los tuétanos». Don E. Pohren: «Para nosotros es en la reunión, en la fiesta, en el esplendor de la juerga, es donde mejor se aprecia el eco aguardentoso y el rajo de la garganta de Caracol en sus gitanas entregas por siguiriyas, soleares, bulerías, tangos y martinetes, hasta que él y sus amigos quedan transportados por la emoción. Es durante estas sesiones donde Caracol permite recorrer en libertad a su genio en una demostración sin precio de lo que es real y verdaderamente el cante gitano». Carlos Murciano: «Ha pasado medio siglo. Sigue en pie el hombre. Sigue en pie de pena, de embrujo la voz. Manolo Caracol canta. Es un niño de once años. Es un hombre muy viejo, sin edad. Es una voz tan sólo. Una voz muy antigua, ensolerada, con duende, con esos sonidos negros con que Manuel Torre deslumbraba a Federico, el poeta... Manolo Caracol canta y el duende le asoma por la reja de los dedos o por el balcón de un tercio que se ,fila de pronto o por la azotea de un grito que se troncha al nacer estremecedoramente. Llora la voz madura del gitano, que ayer se adelantaba niña en intuiciones y hoy se tensa y se carga de nostalgias, de entrañables ausencias». Julio Mariscal: «La voz de Manolo Caracol es como un gran sauce de luces y sombras, de alegrías y de penas; una voz ancestral, única, distinta; una voz para el recuerdo». Juan de la Plata: «Y canta. Y cantó con esa voz suya, con ese eco tan suyo, tan antiguo, tan flamenco, tan gitano, tan único. Eco de Caracol, de caracola marina, sonando a maravilla por siguiriyas, por fandangos, por malagueñas, por bulerías». Manuel García Matos: «En la interpretación del auténtico y serio cante flamenco, Manolo Ortega, resitúa las hondas expresiones de este arte excepcional en el cimero y difícil punto a que las llevaron los más conspicuos maestros de la edad áurea de dicho arte... Pedidle sólo que os entone un simple y breve ¡ay! flamenco; veréis fluir de su garganta la onda llameante y estremecida de un sollozo que os penetra y conmueve, aunque no queráis. Sensible en grado máximo para el flamenco cante, casi no sabe emitir palabra del mismo sin poner en ella calor vital de emoción muy sentida. De esta forma, sus interpretaciones de lo flamenco son siempre vividas y crepitantes, al par que de una expresividad sobrecogedora... Respetando sabiamente las líneas melódicas de los cantes, lo que en ellas debe ser considerado como fundamental e intangible, las amplía y hermosea con agregaciones de motivos, adornos y rasgos de estilo personal, que en algunos casos imprimen a los cantes una fisonomía de apariencia nueva. Estos añadidos siempre resultan recreadores, inspirados y cargados de sentido. De continuo traducen latidos del sentimiento o bien refuerzan la expresión, haciéndola más intensa e incisiva. Efectos semejantes únicamente pueden y saben producirlos los intérpretes superdotados. En este terreno, Manolo Caracol no ha sido jamás superado por nadie». Manuel Díaz Crespo: «El cante de Caracol es un cante de inspiración. Como lo fue el de Manuel Torre, aquel jerezano sabio que tenía tanto de faraón. Hasta tal extremo esto de la inspiración es cierto, que Manolo Caracol espera al duende, como el torero espera al toro. Sale el cantaor al tablao como el matador sale al ruedo, sin saber cómo va a embestirle el toro. En este sentido, Caracol espera al duende. ¿Por dónde me va a salir?, se pregunta... Caracol improvisa sobre la marcha. Lo cita, acude y le da sus lances al compás de los tercios de cada cante. Hasta tal extremo que Caracol improvisa hasta la letra». Julio Coll: «¿Han oído alguna vez a Manolo Caracol cantando fandangos? Si no lo ha oído, hágalo enseguida. Escuchen atentamente su entrada y descubrirán que no hace falta mucha erudición para especular sobre el origen moruno de los cantes grandes del país de la Macarena. Su forma de respirar y de decir, cuando dice conteniendo la respiración, la forma de soltar las palabras en medio del ahogo de sus ayes, que son una delicia dramática de bueno y sofocante cantaor. Hay mucho sol de patio andaluz en su cante. Ese sol oblicuo que recorta la sombra como un gran trazo negro... Manolo Caracol es un gran tipo como artista... ¿Y su malagueña? Cuando Manolo adelgaza la voz y le da como una curva descendente a su cante, para pronto reconciliarse con la guitarra en un alto empujón en forma de espiral  esa es la sensación , sus malagueñas son una delicia. Y cuando entra por tientos, con el fino tiento de su gran clase como cantaor, Manolo Caracol pone la piel de gallina. Cañas, soleares y bulerías, acompañadas por la guitarra de Melchor de Marchena, cuyo son tiene la calidad de un bajorrelieve, Manolo Caracol deja el vivo recuerdo de su gran valía... Desgarrada, fosca, quebrada y refulgente que todos los adjetivos son aplicables a ese genio del cante , la marca de Caracol es indeleble. Su voz personalísima, su deje inconfundible y su forma de agarrar el aire para entrar en el cante de la marca que sea, hacen de él una pieza única y muy destacada. El famoso Iiiiu, iu, iiiu, iu, iiiiu... / Iiiiiiiiiuuuuu... de su famosa caña es algo que se recuerda con admiración. Gran improvisador, Manolo Caracol tiene siempre a punto la inspiración para redondear los giros, para remachar con los clavos de su instinto de cantaor las más amplias acometidas de su fuelle para sostener la voz en el aire sin caída, en un volatín casi circense, amparándose siempre en sus fabulosas facultades tanto físicas como sentimentales. Porque Caracol no es frío, ni académico, ni clasicista. Es el gladiador del cante que entra en él como en un circo romano dispuesto siempre a la lucha con los duros leones de los duros de oído o flacos de sensibilidad... Manolo Caracol es la figura indiscutible de ese arte que se rompe y rasga en cuanto uno lo acomete sin autenticidad, hecho de aire, de ronquera, de desgarro, y que tan bien le sienta al hondo ahogo de esa voz que pasará a la historia». Tico Medina: «Bastaba que abriera la voz ronca aquel hombre ancho no del todo bien conocido por todos , espléndido en la noche, amador de la vida y la amistad, para que, aunque fuera como un silbo vulnerado, como un alarido o como un suspiro, la carne iluminada del cante diera su fruto y su forma. Sabía romper el molde de todas las coplas. Cantó el folklore popular andaluz como nadie. Su Sarvaora una mano levantada; la del anillo; la otra, en la pierna, a la altura militar de la raya del pantalón , está en las antologías de la copla del pueblo, la que no se agota, ni se acaba». Agustín Gómez: «Caracol, al contrario que Mairena, no fue un luchador; buscó siempre la pendiente para dar curso a su caudaloso río. Prefirió el escenario del teatro al cuarto de cabales porque en su compleja personalidad artística había un actor que no podía callarse, un actor potenciado por su genio flamenco... Lo de Caracol para unos pocos, que pueden no ser los más entendidos pero sí los de más poder adquisitivo en cuanto a sensibilidad flamenca, los sibaritas de la buena mesa, los que prefieren el bocado exquisito dejándose en el plato la lechuguinada que, en mesa de gran lujo, acostumbra a acompañarle». Manuel Ríos Ruiz: «Es posible que Manolo Caracol sea la culminación de la dinastía cantaora más importante de la historia del flamenco, la que deviene de El Planeta y se engendra con el cruce de los descendientes de Curro Durse y El Gordo Viejo. Una sangre más destilada en lo flamenco no la hubo nunca y difícilmente será posible la repetición del fenómeno. Caracol, por lo tanto, llevaba el cante más en la sangre que en la cabeza. Su naturaleza espiritual y física no conocía otra fisiología que lo flamenco. De ahí que fuera su prototipo. Cantaba flamenco porque vivía en lo flamenco. Nunca tuvo que pensar en el cante, porque se creía el cante mismo. Todo lo había aprendido sin darse cuenta, sin saberlo, por ello lo asumió de forma tan natural que lo había olvidado y por tal causa lo improvisaba a cada tercio. De todo el cante de su ralea hizo el suyo sin esforzarse lo más mínimo. Lo que pasa es que lo sentía tanto en su corazón que al plasmarlo tomaba el cante su figura. Por otra parte, su voz era la idílica para el cante. O sea, la voz que la imaginación popular había creado, la voz cantaora por excelencia. Y él la acompañaba con su porte. Ninguna otra presencia le ha prestado a una voz mejor espejo y sostén. Fue un intérprete que sin perder nunca de vista las lindes de su arte, supo traspasarlas y seguir siendo jondo, genuino y puro por los atributos de su genialidad. Su prematura retirada oficial, su pereza para competir y su inclinación por no complicarse la vida, privó a los aficionados de un posible contraste de sus maneras personales, pero legítimas, con la ortodoxia a ultranza, lo cual hubiera sido muy beneficioso para sacar conclusiones acerca de cuales son de verdad los intrínsecos valores del cante, si el academicismo o la inspiración; pues Manolo Caracol, aun en sus facetas de artista flamenco popular con sus zambras orquestadas, que tanto mal hicieron al cante, no por él, sino por la cantidad de malos imitadores que le salieron, dejó siempre en sus interpretaciones el matiz de la indudable jondura con el embrujo de su voz afillá. Junto a su frivolidad profesional cuyos motivos tal vez puedan justificarse , tuvo el gran mérito de ser personalísimo a la hora de cantar un repertorio sumamente amplio, hasta situarse fuera de discusión por tan discutido intencionadamente. A la hora de situar a Manolo Caracol en los anales del flamenco, habría que ponerlo junto a Silverio, don Antonio Chacón, Manuel Torre y Pepe Marchena, entre los maestros y los genios. Ya escribí en un poema que "el cante era él y era una bomba". Y la bomba estallará, porque conforme pase el tiempo más glorioso será su cante. Un cante tan heredado como original y eso es un caso que muy pocas veces se ha dado desde Tío Luis el de La Juliana hasta la fecha, pues para consumarlo hay que ser un genio. Caracol lo era».

Fuente: Pedro Riquelme



CARAVACA, Niño de. Caravaca (Murcia), siglo XX. Cantaor. Destacó por los estilos de Levante y grabó fandangos de Almería, acompañado a la guitarra por Niño Ricardo.









Fuente: Tartessos
CARBONERILLO, El. Nombre artístico de Manuel Vega García. Sevilla, 1906‑1937. Cantaor. Su trayectoria artística se inició a los ocho años de edad, participando en espectáculos por toda la geografía española, alcanzando una gran popularidad con su personalísimo fandango, creando escuela por este estilo. Con la guitarra de Niño Ricardo realizó, en 1930, sus primeras grabaciones discográficas, y más tarde otras con el acompañamiento de Miguel Borrull. En 1932, actuó en el Teatro Fuencarral de Madrid, y al año siguiente estuvo una temporada en el Salón Ortega de Algeciras. Sus últimos años fueron para él nefastos por motivos vitales íntimos. Su prematura muerte le sobrevino por tuberculosis pulmonar. Aunque fue en el fandango donde alcanzó una auténtica maestría, su repertorio era muy amplio, especialmente por tarantas, siguiriyas, soleares y tangos. Manuel Bohórquez ha comentado así su genialidad: «El Carbonero sólo vivió treinta y un años, lo suficiente para dejar una huella imborrable en el sendero del cante: su fandango; o mejor dicho, sus fandangos, pues al hablar de este insigne artista sevillano es inevitable destacar su diversidad de matices por este estilo. Nunca repetía una letra casi todas de su propia cosecha , ni hacía un fandango igual que otro, pues el cante de este hombre nacía de lo más profundo de su alma; allí donde se funden los ecos del sentimiento y la poesía, donde se alían el mensaje y la música, donde el dolor golpea las entretelas para buscar una salida al sufrimiento».

Fuente: Retocada
Vinilo de internet
CARBONERILLO DE JEREZ. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1930. Cantaor. Se inició en su tierra natal, actuando en fiestas íntimas y en espectáculos locales. En 1947, formó parte del espectáculo Sol de Andalucía, en unión de Fina de Granada y Pacita Tomás. En los años cincuenta, en compañía de su esposa, la bailaora Paquita Durán, actuó en distintos locales y teatros de Barcelona, pasando más tarde a París, donde actuó en los tablaos Puerta del Sol, la Guitarra y El Catalán. Seguidamente se instaló en Bruselas, actuando en salas de fiestas belgas y de otras partes de Europa. Ha grabado discos y destaca por fandangos artísticos. En 1952, Máximo Díaz de Quijano, dejó escrita la siguiente opinión sobre su personalidad artística: «De la última hornada Carbonerillo de Jerez tiene verdadero sabor flamenco, campero. Su manera está sin pulir, con todo el pelo de la dehesa; pero nos congratula esa condición para desengrase de los amaneramientos y cursilerías en que tanto incurren. Carbonerillo canta con emoción y desgarro».

Fuente: Su familia
CARTAGENA, NIÑO DE. NO VIENE










Fuente: Internet
CASTRO, Niña de. Nombre artístico de María Cordobés Quintana. Castro del Río (Córdoba), 1912. Cantaora. Casada con Pepe Azuaga y madre de Rafaela de Córdoba. En 1932, actuó en el Teatro Fuencarral de Madrid, y en 1935, en el sevillano Kursaal Olimpia. Con La Niña de los Peines, realizó una gira en 1936. Otra de sus actuaciones más significativas, tuvo lugar en el Teatro Fuencarral madrileño, en 1944. Seguidamente participó en numerosos espectáculos de Pepe Marchena, realizando continuas giras por España.


Fuente: Su familia
CAZALLA, NIÑO DE. NO VIENE










Fuente: Bohórquez
CENTENO, Manuel. Nombre artístico de Manuel Jiménez Centeno. Sevilla, 1885‑Cartagena (Murcia), 1961. Cantaor, matador de novillos, actor y tenor de zarzuela. De 1907 a 1912 estuvo dedicado al toreo, afición que sintió por influencia familiar, a través de su tío José Centeno Laboise, matador de toros. Abandonó la profesión taurina tras recibir dos cornadas, una de ellas en Sevilla, dedicándose, según él por necesidad perentoria de ganarse la vida de alguna manera, al cante flamenco, interviniendo en fiestas y reuniones de cabales. Al destacar por saetas, a partir de 1922, año que alternó con Niño Medina, se convirtió en el saetero más solicitado de su ciudad natal, para cantar en los balcones durante los desfiles procesionales de la Semana Santa. Entre sus actuaciones de 1923, destaca su participación en las plazas de toros de Huelva y Málaga, alternando en la primera con don Antonio Chacón cantaor cuya escuela seguía , Manuel Torre y El Gloria, y en la segunda con Manolo Caracol. Al año siguiente, en Madrid, forma parte del elenco que representa la obra Los Chatos, de Muñoz Seca, en el Teatro Princesa, interpretando saetas; actuaciones que continúa en 1925, compaginándolas con su presencia en el Teatro Romea, donde compite con Manuel Vallejo durante ocho funciones. En 1926, realiza una gira con uno de los espectáculos organizados por el empresario Vedrines, recorriendo la geografía española y finalizando en Barcelona. Al regresar a Madrid, en septiembre, concursa en la Copa Pavón, del teatro del mismo nombre, y se alza ganador del citado trofeo, en competencia con Manuel Vallejo y otras figuras destacadas de su tiempo. Este mismo año, todavía canta en los madrileños escenarios del Teatro Romea, Monumental Cinema y Teatro Fuencarral, en este último reponiendo la obra Los Chatos. Con otra obra de Muñoz Seca, La mala uva, se presenta, en 1927, en el Teatro Alcázar de Madrid. Lleva a cabo una larga temporada en 1929, en el Teatro Pavón, con la popular obra La copla andaluza. Su trayectoria artística sigue su curso en giras con distintos elencos, compañías de comedias, incluso de zarzuela, grabando discos y siendo cada primavera el intérprete de saetas más cotizado en Sevilla. Vuelve, en 1948, a los espectáculos flamencos con Fantasía andaluza, siendo destacable de esta etapa de su vida artística su participación en los denominados Toros y Cante, 1951; Así canta Andalucía, con Pepe Pinto y La Niña de Antequera, en 1954; Herencia de Arte, con la Niña de La Puebla y El Sevillano, en 1955, y Festival Nacional de Arte Andaluz, con Pepe Marchena, en 1958. Estando actuando, en 1961, en el Cine Mery de La Unión, el día 12 de agosto, se sintió indispuesto, siendo trasladado a un hospital de Cartagena, donde falleció. José Blas Vega y Fernando Quiñones, en su trabajo Toros y Flamenco, resumen así su personalidad artística: «Centeno, cuyo renombre de cantaor llega hasta nuestros días, ya cantaba desde sus tiempos toreros. Se sentía orgulloso de ambas dedicaciones y contó en su tiempo como uno de los estilistas flamencos más valorados y requeridos, llegando a llamársele el emperador de la saeta, aunque dominó muchos otros estilos, según lo atestigua su extensa discografía».

Fuente: Tartessos
CEPERO, José. Nombre artístico de José López‑Cepero. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1888‑Madrid, 1960. Cantaor. Tío abuelo de Paco Cepero. Se inició siendo todavía un niño en su comarca natal, pasando muy joven a los cafés cantantes sevillanos, donde se desarrolló la primera etapa de su trayectoria artística. En 1918, según sus propias declaraciones a Juan de la Plata, encabezó un espectáculo flamenco. Tomó parte, en 1919, al decir de José Blas Vega, en su libro Los cafés cantantes de Sevilla, en el homenaje a El Portugués, en el Salón Variedades sevillano, junto a El Cojo de Málaga, Fernando El Herrero, El Colorao, Manuel Vallejo, La Pompi, La Sorda, El Gloria, Antonio Moreno, Currito el de La Geroma, Niño Ricardo, Frasquillo y otros destacados intérpretes de la época. Se traslada a Madrid, apadrinado por el torero Valencia II, y en 1924 actúa en el Teatro Barbieri y participa en un concurso celebrado en el Teatro Novedades, al lado de Bernardo el de Los Lobitos y El Mochuelo. Acompañado del guitarrista Antonio Molina, en 1925, canta en el Teatro Novedades de Madrid, y este mismo año figuró en el homenaje tributado a La Coquinera, que tuvo lugar en el Teatro Olimpia madrileño. El Pelikan Kursaal y el Teatro Pavón son dos de los escenarios madrileños en los que actúa en 1926, y al año siguiente, con Bernardo el de Los Lobitos, en el Teatro Chueca. En 1928, tras cantar en diversos locales de Madrid: Monumental Cinema, Cine Pardiñas y Teatro Pavón, con motivo de un homenaje a Manuel Escacena, realiza, con don Antonio Chacón, una gira por la geografía española organizada por el empresario Vedrines, con el hito de su éxito en el Teatro de la Zarzuela, donde se le concede la Copa Chacón. Entre sus actuaciones de 1929, cabe destacar su intervención en las obras Amapola y La copla andaluza, en los teatros Fuencarral y Pavón, respectivamente, su actuación en el Monumental Cinema y un recorrido por distintas provincias. Desde 1930 hasta 1936, se suceden sus giras por España, al lado de importantes figuras, entre ellas La Niña de los Peines; sobresaliendo también, una actuación en el Circo Price de Madrid, en 1934, con El Pena hijo y Mazaco. Terminada la guerra civil, frecuenta los colmaos madrileños y participa en los nuevos espectáculos flamencos, entre los que cabe significar Pasan las coplas, con Pepe Marchena, en 1947. En 1948, con El Culata y Jacinto Almadén, canta en el Teatro Fuencarral de Madrid, y forma parte del elenco Fantasía andaluza. El sentir de la copla, es el título del espectáculo al que se integra en 1950, en unión de Manuel Vallejo. Su última salida con una compañía en gira la llevó a cabo en 1955. Su repertorio, sumamente amplio, dio lugar a una extensa discografía, acompañado por las guitarras de Luis Yance, Manolo de Badajoz, Miguel Borrull, Ramón Montoya, Niño Ricardo y Luis Maravilla. Famoso por sus fandangos personales, igualmente interpretó otros estilos con originalidad, entre ellos la granaína. Por su cualidad de compositor de letras, le llamaron el poeta del cante. Destacó también en las soleares y las siguiriyas, siguiendo los matices de su tierra natal en estos cantes, sobre todo a la manera de El Marruro, y en las bulerías. Anselmo González Climent, ha comentado así su personalidad y actitud artística: «José Cepero fue un cantaor que rondó lo que había de jerarquía y maestrazgo en la llamada por él época de oro del cante. Su largo testimonio del flamenquismo, su no despreciable contribución a algunas de las nuevas exigencias estilísticas (particularmente el fandango), y también, por qué no decirlo, expectabilidad humana, casi le permitieron el rango de maestro... Condicionado por un pasado al que no supo progresar, y vacilante frente a una nueva época de experiencias y riesgos, Cepero se movió dentro de los límites de un sobrio eclecticismo... Por lo mismo, cantaor sin influencia, Cepero no pudo acaudillar discípulos, por ser un curioso ejemplar de artista abstracto. Profundo, pero sin raíces individuales, cumplió decididamente su vocación de neoclásico. Su estilo objetivo, privado del juego de un yo claro, no suscitó antagonías ni excesivas admiraciones. Cernido en gris neutralidad flamenca, Cepero fue un respetable solitario». En contraposición, en cierto sentido, con la visión antes expuesta, Manuel Ríos Ruiz, ha escrito lo siguiente de José Cepero: «El caso de José Cepero, es un ejemplo claro de artista de transición. Situado entre dos épocas y concepciones distintas del cante de espectáculo, la del café cantante y la de la llamada ópera flamenca casi siempre expresada en espacios abiertos, que es muy importante la condición del recinto donde se canta, además de la clase de público a quien se dirige el cante , y sin olvidar que también cantó en los cuartos, José Cepero mantuvo una postura verdaderamente meritoria, porque creo que intentó siempre defender lo más genuino de cuanto había heredado, mirándose en dos espejos distintos pero complementarios: Chacón y El Torre, y teniendo que alternar con una pléyade de revolucionarios enormemente aplaudidos, principalmente Pepe Marchena y sus seguidores. Si hizo alguna concesión a la galería fue mínima, si la comparamos con las de otros de sus coetáneos. Se le ha achacado falta de individualismo. Y no es del todo justo hacerlo. Aparte de su aportación coplera, que fue excelente las coplas de Cepero tienen belleza y personalidad, salvan siempre lo malo que tenga el tópico , su engrandecimiento del fandango, ese aire hermosamente campero que supo prestarle, ya es de por sí un valor personal a tener en cuenta. Pero no quedó ahí todo, en sus soleares hay un regusto muy artístico que los nuevos intérpretes están descubriendo al cabo de los años, como igualmente se están enamorando de su granaína malagueña, indiscutiblemente singular. O sea que los discípulos están apareciendo, tardíos pero ciertos. Por todo ello, el papel de José Cepero en el contexto general de la evolución del cante, en definitiva, en su historia, es más interesante de lo que a simple vista parece». Adolfo Real Torregrosa, ha dejado escrito el siguiente testimonio sobre Cepero: «Cuando llegué a Sevilla, en 1917, el cantaor de moda era mi paisano José Cepero... Se notaba enseguida que era el artista más cotizado en todas las juergas, el que más cobraba. Lo llamaban todos los aficionados de categoría, ganando el dinero como muy pocos... Cepero dominaba todos los cantes, antiguos y modernos... Fue uno de los cantaores que mejor vocalizó el cante». Felipe Sassone, opinaba así sobre Cepero, en 1930: «El jerezano José Cepero le ha dado una originalidad nueva al fandanguillo, que no es, en suma, otra cosa que el metiíllo que Juan Breva ponía como remate de la malagueña. Ha retardado su ritmo sin perderlo, y le pone dentro todo el amor atormentado de la soleá y la unción mística y la solemnidad del canto llano de la siguiriya, e inventa sus coplas, poeta del cante, nieto de los antiguos versolaris y abuelo mozo, sin saberlo, de los payadores argentinos». Juan de la Plata, ha glosado con las siguientes palabras su personalidad artística: «José Cepero, aristocracia, fino señorío, era el decano de los cantaores flamencos en activo. Su cante era viejo y puro... Conocía toda la extensa y maravillosa gama de cantes. Desde el más grande, la siguiriya, al más chico de las fiestas. Y más que cantar hablaba por tarantas, por soleares, por granaínas... Con sentimiento, con emocionada melodía, con voz grave y solemne de viejo sin par cantaor de Jerez».

Fuente: Retocada
Diccionario
CEPERO DE TRIANA. Sevilla, siglo XX. Cantaor. Actuaba durante los años 1929 y 1932, imitando los cantes de José Cepero.















CLAVEL, ISIDRO. NO VIENE

CLAVELLINA, María La. (Véase Apéndice discográfico.)

Fuente: Su familia. 1922
COBITOS. Nombre artístico de Manuel Celestino Cobos. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1896‑Granada, 1986. Cantaor. Vivió en Sevilla desde que tenía un año de edad. Empezó su vida artística muy joven, recorriendo con elencos flamencos pueblos de las provincias de Sevilla, Granada, Córdoba y Huelva. Estando en Tarifa, se trasladó a Tánger, en un barco propiedad de su amigo el aficionado Diego Piñero, donde estaba actuando el Niño Genil, con quien canta en un típico kiosco, haciéndolo después también con El Cojo de Málaga. En 1921, llegó a Granada, para cantar en la tienda La Montillana, propiedad del guitarrista Pepe Cuéllar, y alterna con Manuel Torre. En la ciudad de la Alhambra, donde ha vivido hasta su muerte, actuó en distintos locales y en la Cueva de María La Canastera. Participó en numerosos festivales y actos en pro del arte flamenco. Desde que, en 1917, obtuvo un segundo premio por saetas, tomó parte en numerosos concursos, especialmente en el Festival Nacional del Cante de las Minas de La Unión, donde en varias oportunidades ha obtenido premios por distintos estilos. Son varias sus grabaciones discográficas y muy extenso su repertorio, destacando por los cantes de Frasquito Yerbagüena, de quien fue amigo, y otros un tanto en desuso, como las soleares personales de El Portugués, además de por su dominio de los cantes levantinos.

COJA, La. (Véase Apéndice discográfico.)

Fuente: Tartessos
COJO DE HUELVA, El. Nombre artístico de Manuel González Lora. Huelva, 1900‑Sevilla, 1955. Cantaor. Se presentó por vez primera en Madrid, en 1947, acompañado por Ramón Montoya a la guitarra, en un espectáculo del Circo Price; saliendo a continuación en gira por la geografía española, formando parte del elenco titulado Solera andaluza, junto a Manuel Vallejo, Juan Varea y El Niño de La Calzá. Al año siguiente perteneció al conjunto del espectáculo Fantasía andaluza. En 1950, intervino en el espectáculo El sentir de la copla, recorriendo España en unión de Manuel Vallejo y José Cepero. También formó parte del denominado Así canta Andalucía, con Pepe Pinto y La Niña de Antequera, y en 1953, pasó a la agrupación artística de Concha Piquer. Su muerte acaeció en accidente de tráfico, cuando viajaba hacia Sevilla, con Pepe Aználcollar y el guitarrista Gutiérrez, después de cantar en una fiesta de Alcalá de Guadaira. Grabó en discos y destacó por fandangos.

Fuente: Retocada
Diccionario
COJO DE MADRID, El. Nombre artístico de Julio Salas Sánchez. Madrid, 1905‑1964. Cantaor. En 1927, obtuvo el premio de un concurso que se celebró en el Fortín‑Club madrileño, siendo miembro del jurado La Niña de los Peines, quien le contrata para actuar en su compañía durante dos años, en gira por la geografía española. Pasó después a los elencos de Manuel Vallejo, José Cepero y Angelillo. Ganó en 1933 la Gran Copa del Circo Price de Madrid, realizando numerosas grabaciones discográficas, algunas de ellas acompañado a la guitarra por Ramón Montoya. Su trayectoria artística estuvo ligada a los espectáculos y su repertorio fue muy amplio. Frecuentó las reuniones de cabales del colmao madrileño Villa Rosa y en sus últimos años las fiestas íntimas de las ventas, muriendo en accidente de tráfico al salir de una de ellas.


Fuente: Catálogo
COJO DE MALAGA, El. Nombre artístico de Joaquín Vargas Soto. Málaga, 1880‑Barcelona, 1940. Cantaor. Casado con Carmen Núñez Porras. Conocido en sus principios como El Cojo de las Marianas. Se inició artísticamente en Linares, donde asimiló el estilo de tarantas y otros de Levante. Después vivió en La Línea de la Concepción, ciudad en la que hubo de ser ingresado en un hospital al contraer una grave enfermedad, organizándose un festival a su beneficio. Con el acompañamiento a la guitarra de Habichuela, se presentó en el café cantante Novedades de Sevilla, actuando junto a don Antonio Chacón y Manuel Torre, permaneciendo en él durante cinco años. En 1929, actuó en un festival organizado en el Parque de la Merced de Málaga a beneficio de la Hermandad de los Gitanos, en unión de Manuel Torre y los guitarristas El Calderero y Carlitos Sánchez. Después de recorrer en diversas ocasiones la geografía española formando parte de distintos espectáculos, alternando con Chacón, Escacena, Vallejo y La Niña de los Peines, a partir de 1931, residió en Barcelona, donde terminó su trayectoria artística un tanto olvidado, debiendo costear su entierro el cómico Alady y otros amigos. Su discografía es amplia y en ella se recogen los cantes de Juan Breva, malagueñas de La Trini, fandangos granadinos y onubenses y los estilos de Levante. Fernando el de Triana emitió sobre su personalidad artística el juicio siguiente: «Este fue un excelente cantaor de tarantas, mientras que no se salió de los cantes mineros. Después se dedicó a renovar sus creaciones, no teniendo suerte, pues arregló lo nuevo y original con cantes ya conocidos y poco a propósito para su voz, por lo cual dejó de interesar al público y a los aficionados. Si El Cojo de Málaga no hubiera abandonado sus cantes primitivos (a pesar de ser puramente mangurrinos), como les imprimía una expresión sencilla, pero sentimental, a la vez que dulce, por su bien timbrada voz, no se hubiera disipado tan pronto la popularidad que disfrutó cuando cantaba estas dos letras de tarantas mineras: "Yo cariño te tomé / porque me diste caló / me quieres aborrecé / tú no tienes corazón, / ni sabes lo que es queré... Deja que cobre en la mina, / y te compraré un refajo / y una enagua blanca y fina, / que te asome por debajo, / dos cuartas de morsalina."».

Fuente: Tartessos


COJO LUQUE, El. Sevilla, 190?. Cantaor. En 1929, hace una gira por la geografía española en unión de Manolo Caracol. Después de actuar en distintos elencos, canta en el Colmao La Macarena de Barcelona, durante los años cincuenta, así como en Villa Rosa, La Pañoleta y El Patio Andaluz de la ciudad condal. Excelente y personal fandanguero y buen intérprete de los cantes de Levante.






Fuente: Tartessos
COJO POMARES, El. Sevilla, siglo XX. Cantaor. Destacó en los años veinte y treinta, como intérprete por soleares.












CONSTANTINA, Niño de. (Véase Apéndice discográfico Niño de Constantina .)

CORDOBA, Dolores de. Nombre artístico de Ana Salazar Hernández. Alicante, 1932. Cantaora. Casada con Miguel Fernández Molina. Se inició artísticamente en Barcelona, durante los años cincuenta, actuando en los locales flamencos La Macarena, Villa Rosa, Venta Eritaña, Las Cuevas y La Buena Sombra. En 1958, debutó en Madrid, al ser inaugurado el Tablao El Corral de la Morería, permaneciendo en él varias temporadas. Después pasó a los denominados El Duende, Las Brujas y Los Canasteros. Actualmente lo hace en el nuevo Zambra madrileño. Ha realizado grabaciones discográficas y destaca por fandangos, bulerías, tangos y tientos. Sobre esta temperamental y excelente profesional de su arte recogemos los siguientes comentarios: Augusto Butler: «En la voz cálida y bien timbrada de Dolores de Córdoba se desgrana la copla por fandango con delicados y graciosos giros y matices personales, que avaloran los originales y briosos tercios de remate en los que la artista hace gala de su fuerza expresiva. Las bulerías, en las cuales pone de relieve un sentido poco común de buen y disciplinado ritmo, están llenas de gracia sutil». L. Genil: «Dolores de Córdoba domina con técnica el fandango y de él nos ofrece un variado muestrario». Juan de la Plata: «Dolores de Córdoba es una gitana que cruje los huesos cantando por fandangos. Su voz tiene esa valiente sonoridad que se necesita para decir este cante, tan fácil y tan difícil a la vez. Hay gallardía, lo mismo en su gesto de buena moza que en los tercios airosos y bravíos de cada copla que interpreta. Araña, duele, pellizca las entrañas con su forma cortante de lanzar el cante. Desgarro con nombre de mujer: Dolores. Su fandango es de ley. Y tiene duende».


Fuente: Retocada. Internet
CORDOBA, Pepe de. Nombre artístico de José Calderón. Natural de La Granja de Torrehermosa (Badajoz). Cantaor. Desde 1947 estuvo ligado a espectáculos flamencos en giras por la geografía española, entre ellos los de Juanita Reina, Niña de Antequera y Pepe Marchena. Más tarde se afincó en París, donde planifica sus actuaciones en Francia y otros países europeos, actuando con su propio grupo en casas de cultura, teatros y salas de fiestas, realizando unos montajes flamencos en los que mezcla la canción y los cantes básicos, la mayoría de las veces sobre poemas de Federico García Lorca. En 1984, desarrolló una temporada en el Teatro Daunoe parisino. Ha grabado en disco.



CORDOBESA, Rosario La. (Véase Apéndice discográfico.)

CORO DE CAMPANILLEROS. NO VIENE

Fuente: Juan Rondón
CORRUCO DE ALGECIRAS, El. Nombre artístico de José Ruiz Arroyo. La Línea de la Concepción (Cádiz), 1910‑Teruel, 1937. Cantaor. Se presentó en Madrid, en 1932, en el Teatro Fuencarral, junto a El Carbonerillo y La Niña de los Peines, anunciándosele como «revolucionario del fandanguillo». Este mismo año emprendió sus giras por la geografía española, con La Niña de los Peines, en uno de los espectáculos organizados por el empresario Vedrines. Víctima de la guerra civil, murió en el frente de Teruel y fue enterrado en Balaguer (Lérida), su trayectoria artística fue corta pero rutilante, grabando discos y alcanzando gran popularidad con su personalísimo estilo de fandangos. Anselmo González Climent ha glosado y analizado su personalidad y características: «Su prematura desaparición, su escasa discografía, su vago y desperdigado trasiego profesional han hecho del Corruco de Algeciras un cantaor nebulosamente retenido por la memoria de los aficionados comunes. Pero quienes hayan tenido la fortuna de oírle o de poseer un testimonio de su cante, certificarán unánimemente la valiosa calidad flamenca del artista algecireño. De haber vivido y cuajado más su rica personalidad, a buen seguro tendríamos hoy que considerarlo como una de las figuras centrales de su promoción. Corruco de Algeciras es el caso un tanto extraño de cantaor que logra introducirse en la intimidad del vanguardismo flamenco con recursos notoriamente ortodoxos. Pocos cantaores pudieron prestar al fandango un tirón de jondura tan apreciable y, por momentos, tan excesivamente inmerecido para la hechura vulgarizadora de este típico género modernista... ¿Qué es lo sustantivo en El Corruco? Sin duda, se nos ocurre sea su sabor musical, enteramente flamenco, que tiende un inmediato lazo de simpatía entre su temple y el auditor. Sin cursilería: su voz es cariñosa, virilmente cariñosa. Creo que esto se produce por un feliz encuentro de veraz sentimentalismo y desgarrante rebelión. Su jipío pareciera surgir de un fresco e inédito padecer... No raja sino quiebra. Es sobrio sin perder jondura. Pero a la hora de culminar sus impulsos llega a topes de real valía sensitiva... En contraste, sabe cultivar las caídas, o sea, el arte de los tercios mediativos donde afinca cierto regoce flamenco... Con la sana agresividad de su cante, sin enredo poético o formalista, dando hasta lo demasiado, Corruco gastó toda su pujanza y llegó a poblar silencios porque sufrió la extenuación del grito».

Fuente: Luis Benito



CUACUA, Juan El. Nombre artístico de Juan Jiménez Reyes. Marchena (Sevilla), siglo XX. Cantaor. Según el veterano aficionado Curro Torres, hijo de La Gilica de Marchena y cantaor redondo. Realizó grabaciones discográficas por varios estilos.








Fuente: Internet
CULATA, Pepe El. Nombre artístico de José Bermúdez Vega, de origen familiar. Sevilla, 1911‑Madrid, 1978. Cantaor. Descendiente de Curro Puya y hermano de Enrique El Culata. Se inició en su tierra natal, donde alternó en reuniones de ventas y colmaos con los principales intérpretes de la época, especialmente con Manuel Torre. En 1936, obtuvo el primer premio por fandangos en el Certamen Nacional de Cante Flamenco, celebrado en el Circo Price de Madrid, participando a continuación en el espectáculo que el empresario Montserrat organizó con los ganadores, y en el que figuraron también Enrique Orozco, Manuel Fregenal Niño de Almería, Chiquito de Triana, Niño de Arahal, Niño de Barbate, Pericón de Cádiz y El Niño de la Huerta, saliendo seguidamente de gira hasta el inicio de la guerra civil, que les sorprendió en Jaén. Durante los primeros años cuarenta, fue uno de los cantaores más solicitados en las fiestas privadas de los locales de la Alameda de Hércules sevillana. En 1946, intervino en el Teatro San Fernando de Sevilla, en el festival homenaje a La Macarrona, y en 1948, reapareció en los teatros madrileños, concretamente en el Fuencarral, en unión de José Cepero y Jacinto Almadén. A partir de 1957 y hasta 1975, formó parte del elenco del Tablao Zambra de Madrid, en el que alternó con Maruja Baena, Rosa Durán, Pericón de Cádiz, Rafael Romero, Juan Varea, Enrique Morente, José Menese, Miguel Vargas, Perico el del Lunar y otros destacados artistas, con el intermedio de una temporada en el denominado Torres Bermejas. Tomó parte, en 1967, acompañado del guitarrista Andrés Heredia, de la IV Semana de Estudios Flamencos de Málaga. Dominador de una gran gama de estilos y conocedor de sus secretos y matices, su importancia artística está reflejada en su discografía, donde ha dejado constancia de sus martinetes y siguiriyas del mejor cuño trianero, las soleares de La Roezna y la soleá bulería de La Moreno, por ejemplo, cantes estos últimos que asumió por su vivencia directa con sus creadores, y que supo transmitir en toda su fidelidad y pureza. José Antonio Blázquez ha glosado con las siguientes palabras su arte: «Su voz gitanísima, buscando sonidos gratos, melodiosos, se hizo breve, pequeña; se quebrantó mimosa en un eco dulcísimo; encontró en los registros chaconianos su mejor cauce para ser la imperiosa llamada de la sangre un estilete, artista de bronce, veleta orientadora de mil caminos. Pepe El Culata fue un fabuloso cantaor». Por su parte, el crítico Angel Alvarez Caballero, ha escrito de su voz: «Dotado de una voz enormemente musical, cantaora por excelencia, de la que sin embargo no está ausente el quejío, el resultado es siempre de una gran belleza». Manuel Ríos Ruiz, reivindica su figura artística en el comentario que transcribimos: «Con el paso del tiempo se pondrá de relieve la importancia cantaora de Pepe El Culata. Cantaor por propia naturaleza, todo lo que expresaba lo había atesorado por auténtica vivencia. Era un cantaor a la antigua usanza, que ni aun cuando trabajaba en el tablao había que verlo allí cantando por derecho para bailar sentado en una silla , no dejó nunca de frecuentar las reuniones de cabales, tal vez porque necesitaba su ambiente para vivir, para respirar, para darle sentido a la existencia. Su siguiriya manueltorrera, con sus caías jondas, sus fandangos cortos pero intensos de jondura, sus soleares anejas, todos los estilos que decía, cobraban en su eco entidad de cante legítimo».

CURRITO DE SAN JULIAN. (Véase Apéndice discográfico.)

Fuente: Diccionario
CHACON GARCIA, (Don) Antonio (I). Jerez de la Frontera (Cádiz), 1869‑Madrid, 1929. La partida de bautismo de Antonio Chacón, localizada por su biógrafo José Blas Vega, dice literalmente: «En miércoles veinte y seis de mayo de mil ochocientos sesenta y nueve años; yo Cristóbal Gómez Navarro, Cura Teniente de la Iglesia Parroquial de San Miguel de esta ciudad de Jerez de la Frontera, bauticé en ella a Antonio, que nació a las once de la noche del día diez y seis de este mes, hijo de padres no conocidos; fueron sus padrinos Cristóbal Ramírez natural de San Fernando y su esposa María Armario, que lo es de Bornos, y vecinos de esta colación a los que advertí el parentesco espiritual y demás obligaciones y lo firmé». Los citados padrinos en la transcrita partida de bautismo, entregaron al recién nacido al zapatero Antonio Chacón Rodríguez y a su esposa María García Sánchez, vecinos de la calle Sol, 60, que le reconocieron como hijo y le dieron sus apellidos. Desde muy joven Chacón ayudó a su padre en los trabajos de la zapatería, aficionándose enseguida al cante, según declaró en una entrevista periodística: «Yo creo que canto desde antes de empezar a hablar claramente, cuando, yo niño, Jerez era la meca del arte flamenco. Se aprendía a cantar y bailar al mismo tiempo de ir a la escuela, y no se hablaba más que de Silverio, Curro Dulce y El Loco Mateo. [ . . . ] Desde muy pequeño en los bautizos me gustaba lanzar jipíos. Mi padre que era zapatero, se indignaba conmigo, y alguna vez probé su tirapié en pago de mi afición a las coplas». Hizo amistad con el tocaor Javier Molina, quien en sus memorias refiere las primeras andanzas cantaoras de Chacón, señalando que trabajó sin éxito en el café cantante de Juan Junquera y narra las peripecias de una singular gira por diversos pueblos de las provincias de Cádiz, Sevilla, Huelva y localidades de Extremadura. 1886 es un año clave en la vida de Chacón, dado que el día 26 de julio, celebró su triunfo en la corrida de toros del día anterior en Jerez, el diestro Manuel Hermosilla, en la tienda La Rondeña, con una fiesta que duró toda la noche y en la que cantaron El Mellizo y Joaquín La Serna, causando el joven cantaor la admiración de todos. El Mellizo recomendó a Chacón para actuar en Cádiz, en la Velada de los Angeles, donde obtuvo un gran triunfo, recordado así por él mismo: «Iba a cantar siguiriyas y cuando me había sentado al lado del gran Patiño, vi entrar a Enrique El Mellizo y a su hermano Mangoli con varios aficionados inteligentes y con Enrique Ortega El Gordo, los mejores que había en aquella época. Ya ve cómo cantarían que yo a! verlos en el café cantante dije a mi tocaor: Yo no canto por seguiriyas, me da vergüenza. ¿Y entonces que quieres cantar arma mía?... Tóqueme usted por malagueñas. Y canté una con letra y música mía: Dando en el reloj la una / de aquella campana triste, / hasta las dos estoy pensando / el querer que me fingiste / y me dan las tres llorando. Y canté por ese cante, que no sabía bien, y me aplaudieron mucho. Desde aquella noche quedé enamorado de las malagueñas. Tanto gustaban que quedó en el café una competencia entre El Mellizo y yo. Salíamos al tablao Enrique El Mellizo, que ganaba ocho pesetas por noche, con su tocaor El maestro Tapia, y yo con el maestro Patiño. Las discusiones duraban un rato y volvía él de nuevo y otra vez el niño como me decían». A Cádiz se desplazó Junquera para contratarle para su café de Utrera, desde donde Chacón va a Sevilla y canta en el Café Filarmónico a petición de unos aficionados, contratándole el dueño, que le adelantó cinco onzas, pero tuvo que volver a Utrera para finalizar su contrato. Nuevamente actuó en Cádiz. En el otoño de 1886, Silverio le contrata para actuar en su café cantante sevillano cobrando veinte pesetas de sueldo, algo que ningún cantaor había cobrado en Sevilla, según Fernando el de Triana, quien relató así el éxito de Chacón: «Todos los notabilísimos artistas de la época de Chacón prescindieron de sus derechos de antigüedad y acordaron cantar por delante del fenómeno; así serían escuchados e indiscutiblemente aplaudidos, pues al terminar Chacón la primera sesión quedaba el salón totalmente desalquilado de personal hasta que de nuevo comenzaba el público a concurrir para la sesión de madrugada; ésta terminaba a las cuatro de la mañana, que allí parecían las diez de la noche, y nadie se movía de su asiento hasta que Chacón terminaba, o mejor dicho, cerraba el espectáculo. Mientras esto ocurría, el salón convertíase en nave de iglesia; con un silencio sepulcral, sólo interrumpido en algún tercio de cante, por la voz del gran Silverio, que nervioso y conmovido, solía, en voz baja, murmurar a la vez que lloraba emocionado: ¡Qué bárbaro! ¡Qué bárbaro! Chacón tenía delante a unos cuantos cientos de personas, y todos chicos y grandes, frescos y borrachos, estaban cautivados por su incomparable arte, y a malas penas respiraban, por no perder un detalle ni una nota de su estilo sublime y sentimental, a la vez que raro y desconocido». Ocho meses consecutivos actuó Chacón en el Café de Silverio, junto a los más destacados cantaores de la época. Después de cantar durante un mes en Málaga, vuelve a Sevilla para hacerlo en el Café del Burrero durante sesenta días, con tal éxito que Silverio tiene que cantar en su café, pese a estar retirado, para salvar la clientela. A partir de entones actuó por toda Andalucía, en reñida competencia con todas las grandes figuras, transformando incluso, gracias a su fama, la forma de vestir de los artistas flamencos, prestándole señorío y elegancia. En 1889, se dan tres acontecimientos importantes en la vida de Chacón: consigue librarse de quintas, muere su maestro Silverio y realiza una gran gira triunfal por toda España, volviendo a Jerez para cantar tres noches con la guitarra de Javier Molina en el Teatro Eslava. Su debut en Madrid tuvo lugar en el Café del Puerto, sito en la calle Arlabán, cantando también varias veladas en el Café de Fornos, donde le conoció el famoso tenor Julián Gayarre, que quedó entusiasmado con el cante de Chacón y terminó la fiesta cantando flamenco él mismo con la guitarra de Luis El Jorobao. Durante sus nuevas actuaciones en Málaga, en el célebre Café de Chinitas, conoce a una aristócrata con quien vive una pasión amorosa que duró cuatro años, espacio de tiempo durante el que Chacón cantó muy poco en público, pero que aprovechó para instruirse culturalmente y refinar su sensibilidad artística, estudiando los orígenes y matices melódicos de muchos estilos, al decir de José Blas Vega, y viajando y conociendo a viejos cantaores. Volvió a Sevilla para cantar en el Café del Burrero y se le empieza a llamar por parte de los aficionados «Don Antonio», pese a su juventud, como reflejo de la admiración y el respeto que despertaba en los ambientes flamencos. En 1894, promueve un Festival en el Teatro Eslava de Cádiz, para reunir el dinero necesario para librar al hijo de su amigo y maestro Enrique El Mellizo de ir al servicio militar en las colonias, recaudándose 6.000 reales. Durante varios años se suceden las actuaciones de Chacón por la geografía española, escribiendo de él NúÑez de Prado: «El estilo de Chacón se ha enseñoreado de tal modo del alma popular, mejor aún, ha llegado a interpretar hasta tal punto esa alma, que es raro el rincón de Andalucía donde se llega a escuchar hoy otro malagueño que el suyo. Si el pueblo ha acogido con preferencia a los otros ese estilo, a pesar de sus dificultades, es innegable que lo hace porque en él, mejor que en ningún otro, alcanza a expresar todos los sentimientos de su alma». La presencia de Chacón en las grandes fiestas y en los teatros y cafés cantantes era continua existiendo de ello numerosos testimonios de sus clamorosos éxitos en todos los acontecimientos flamencos de finales del siglo XIX. En 1912, Chacón se traslada a Madrid, centrando sus actuaciones en Los Gabrieles y en Fornos, imponiendo su personalidad, su cotización y su cante tanto en público como en las fiestas íntimas. Desde Madrid viaja para actuar también en Andalucía y otras regiones, desde donde solicitaban con asiduidad su presencia en fiestas y teatros. En 1914 embarcó para América, con sus amigos de la compañía teatral de María Guerrero, donde al parecer realizó unas treinta actuaciones, siendo la principal en el Teatro San Martín de Buenos Aires, anunciado como rey del cante andaluz, obteniendo un éxito rotundo y celebrándose una reunión de cante para despedirlo. También actuó en Montevideo, en el Teatro 18 de julio. Al regreso a Madrid, Chacón ofreció una comida a sus amigos para festejar su gira americana. El éxito de Chacón durante sus primeros años en Madrid, convirtió al colmao Los Gabrieles en el lugar de moda, con asistencia de la aristocracia, que acudía a escucharle en sus reservados, y junto a Chacón y como protegidos por su maestría, actúan los principales intérpretes de su tiempo, como años más tarde sucede en Villa Rosa, pues es el artista solicitado para todo acontecimiento social o nacional: homenajes, inauguraciones, celebraciones especiales, audiciones en Palacio, recepciones a reyes, etc. En 1922, preside el célebre Concurso de Cante Jondo de Granada y al año siguiente es el artista invitado del concurso que se celebra en Huelva, donde cobra la fabulosa cifra en aquel tiempo de 2.600 pesetas. Alterna sus actuaciones en público con las fiestas privadas, que cuentan con sus preferencias, teniendo el gran honor de participar en los dos recitales que se celebraron con motivo de la visita a España de los reyes de Italia, alternando con Marchena, Pastora Imperio, Escacena, Manolo Pavón, Montoya y Habichuela. En 1925, inauguró el Patio Flamenco del Hotel Alfonso XIII, de Sevilla, y como de costumbre cantó en el Palacio de las Dueñas, de los duques de Alba, ante los reyes y personajes de la aristocracia europea. Después se presenta en el Teatro Novedades de Madrid y, el 24 de agosto, entregó la Copa Pavón, premio de un concurso convocado por el teatro del mismo nombre, a Manuel Vallejo. En 1928, Chacón encabezó uno de los espectáculos organizados por el empresario Vedrines, con la inclusión de los mejores artistas de la época, actuando en teatros y plazas de toros de toda España. Seguidamente enferma y muere el 21 de enero de 1929, en su domicilio, a consecuencia de una arterioesclerosis, como figura en el certificado médico reflejado en la partida de defunción. Según José Blas Vega: «El entierro se verificó al día siguiente a las dos de la tarde. Desde mucho antes, numeroso público de todas las clases sociales acudió a la casa mortuoria. El cadáver fue encerrado en un lujoso féretro negro con herrajes de plata y depositado en una carroza a la federica, tirada por seis caballos...». El cortejo fue presidido por el duque de Medinaceli y se detuvo en la puerta del Teatro Pavón, donde algunos compañeros cantaron en su homenaje, siendo enterrado seguidamente en el cementerio de la Almudena.

Fuente: Cartel
CHACONCITO. Nombre artístico de Martín García. Siglos XIX‑XX. Cantaor. Con ocho años, en 1897, cantaba en el cuadro flamenco del Café Naranjeros de Madrid. No conociéndose más datos de su vida artística.

CHACONCITO       Nombre artístico de José Cabello Luque. Aguilar de la Frontera (Córdoba), 1915. Cantaor. (Los datos transcritos son los facilitados por su hermano Vicente y existen programas en los que figura como Antonio García Chacón). Se cuenta que con unos diez años mendigaba por el barrio madrileño de Vallecas, proahijándolo el tocaor Marcelo Molina y contratándolo el empresario Vedrines para sus espectáculos. Durante los años 1926 a 1932 actuó asiduamente en los teatros y cines madrileños Fuencarral, Monumental, Cinema, La Latina, Comedia, Palacio de la Prensa, Maravillas, Madrid, Pardinas y en el Circo Price. Era un gran imitador de todas las figuras de la época, con las que alternaba, y poseía excelentes facultades. Durante la guerra civil combatió en el lado republicano y cantaba coplas contra el ejército llamado nacional. Al final de la contienda se encontraba en Barcelona, donde se dice que alguien le vio con una herida en la cabeza, pasando después a Francia; sin que se hayan vuelto a tener noticias de su existencia. NOTA. ESTE NO ES EL QUE GRABÓ CON MONTOYA.

Fuente: Tartessos
CHAQUETA, Antonio El. Nombre artístico de Antonio Fernández de los Santos. La Línea de la Concepción (Cádiz), 1918‑Madrid. 1980. Hijo de El Mono y hermano de Tomás El Chaqueta, Adela La Chaqueta, El Chaleco, Salvador Pantalón e Imperio de Granada. Su vida artística transcurrió en Madrid, donde en los años cuarenta y cincuenta era asiduo del colmao Villa Rosa, y en Málaga, a partir de los sesenta. Actuó en tablaos y sobre todo en ventas y reuniones íntimas, destacando por su gran conocimiento de los viejos estilos, por lo que era muy respetado por los mismos intérpretes y admirado por los mejores aficionados. De su indiscutible magisterio, aprendieron muchos cantaores jóvenes cantes y matices sumamente interesantes, que él conservaba y divulgaba con precisión y calidad flamenca. Para la primera antología discográfica de Hispavox, grabó cabales y romeras, poniendo de manifiesto su excelente compás y su fidelidad al cante más añejo y puro. En 1977, las peñas flamencas malagueñas El Sombrero y Juan Breva, le dedicaron un homenaje, consistente en un festival, en el que intervinieron Fosforito, Manuel Cómitre, Carrete, Carmen Losada, Mami, El Chocolate de Granada, Joaquín, Pacorro, Juan El Africano, Andrés Paquiro, El Duende, Remache, Hermanos Tiriri, Pepe de Campillos, Angel de Alora, María La Faraona, Gitanillo de Vélez, Antonio Canillas, María Soto, María y Enrique Naranjo, Luisa Romero, El Niño de Bonela, Juan Villodres y Carlos Alba.

Fuente: Luis Benito
CHATA DE VICALVARO, El. Nombre artístico de Eduardo García Ruiz. Vicálvaro (Madrid), 1893‑197?. Cantaor. Obtuvo varios premios en concursos de Madrid y alternó con El Chato de Las Ventas, Fosforito y José Cepero en diversos espectáculos. Grabó cinco discos y destacó por jaberas. De excelentes facultades y buen gusto artístico, por su holgada posición económica no se profesionalizó definitivamente. Entre sus actuaciones más significativas anotamos las siguientes: su triunfo en la Copa del Teatro Reina Victoria, en 1925, y su actuación, en el mismo año, en el Teatro Romea; sus actuaciones, en 1926, en el Kursaal Magdalena y Teatro Pavón; su participación en el concurso del Monumental Cinema, en 1927; nuevas actuaciones, en 1927, en los teatros madrileños Pavón, Avenida, La Latina; en 1928, en el Cine Pardiñas; y su intervención, en 1929, en el Teatro Pavón, interpretando La copla andaluza. Se despidió de la afición madrileña, en 1955, en el Circo Price, formando parte del espectáculo de Pepe Marchena Pasan las coplas.



Fuente: Internet



CHATO DE JEREZ, El. Jerez de la Frontera (Cádiz), siglo XX. Cantaor. En 1929, intervino en la obra La copla andaluza, puesta en escena en el Teatro Pavón de Madrid. El mismo año actuó en el Teatro Fuencarral, y en 1931 en el Salón Olimpia, también madrileño.






Fuente: Manuel Cerrejón
CHATO DE LAS VENTAS, El. Nombre artístico de Pedro Martín. Madrid, primeros años del siglo‑Cáceres, años treinta. Cantaor. Se inició artísticamente muy joven, participando en concursos y obteniendo algunos premios. Se le considera creador de una malagueña basada en la de La Trini, en opinión de Alfredo Arrebola, y otros teóricos, y en la de Paca Aguilera, según M. Yerga Lancharro. De su repertorio destacan las milongas, fandangos y malagueñas. Gran parte de su discografía, que es amplia, contiene letras jocosas posiblemente compuestas por él mismo. Su malagueña la han recordado en discos Antonio de Canillas y Alfredo Arrebola. De sus actuaciones en los años veinte, se han localizado las siguientes referencias: 1926: en los escenarios madrileños de los Teatros Pavón y Fuencarral y Monumental Cinema; 1927: Monumental Cinema y Circo Price, con Ceperito; 1928: Cine Pardiñas, y teatros Avenida, La Latina y Pavón, realizando en el verano una gira con don Antonio Chacón; 1929: en los teatros La Latina y Avenida, en este último con La Ciega de Jerez, y 1931: en el Teatro Olimpia. M. Yerga Lancharro, ha relatado así sus últimos días: «El Chato y varios compañeros más organizaron una compañía, con la que recorrieron varias renglones. Ya de regreso a Madrid, dispusieron pasar una temporada en Cáceres y de mutuo acuerdo así lo hicieron. ¡Maldito acuerdo, dirán desde arriba! ¿Por qué? Pues porque de sopetón vino la guerra civil de 1936‑39 y quedaron atrapados en la capital extremeña», añadiendo que murió en la cárcel de infarto de miocardio ante el anuncio de su fusilamiento.

Fuente: Diccionario
CHATO MÉNDEZ. Nombre artístico de José Méndez Bau. La Línea de la Concepción (Cádiz), 1914‑1964. Cantaor. Su trayectoria artística se desarrolló en su comarca natal principalmente y en algunos espectáculos, alternando con Jarrito y Flores El Gaditano. En opinión de. F. Ruiz de Lara: «Fue uno de los mejores fandanguilleros de este campo; de voz rota pero dulce y de rajos arábigos. Su fandango favorito que cantaba con frecuencia y que dicen que él compuso era: Que hasta el vino de la copa se le caía I mira si estaba borracha / que hasta el vino de la copa se le cala I no maltratarla por Dios / porque yo tengo una hermanita en vía / y eso son cosas que manda el Señor. El último verso no es muy ortodoxo, pero él le dio esa lógica ilógica, sobre Dios».



CHATO DE VALENCIA, El. Valencia, siglo XIX Buenos Aires (Argentina), siglo XX. Cantaor. Se presentó en Madrid, en 1928, actuando en el Circo Price. En 1932, viajó a América con el espectáculo de Estrellita Castro Tapices españoles, junto a Niño del Museo, que dándose a residir en Buenos Aires. Su repertorio estaba basado en los estilos de Levante.

Fuente: Cartel



CHICLANA, Niña de. Chiclana de la Frontera (Cádiz), siglo XX. Cantaora. Durante los años 1928 y 1929, actuó en varios teatros madrileños, entre ellos Pardiñas, Avenida, La Latina, Pavón  interviniendo en la obra La copla andaluza y Fuencarral.






CHIQUET DE PEDRALBA. NO VIENE

Fuente: Tartessos
CHIQUETETE, El. Nombre artístico de Juan Pantoja Cortés, de origen familiar. Algeciras (Cádiz), 1922‑Sevilla, 1974. Cantaor. Padre de la cancionista Isabel Pantoja. Después de una primera etapa cantando en solitario en tablaos y espectáculos folklóricos, formó parte del trío Los Gaditanos, con el cantaor Flores El Gaditano y el guitarrista Manuel Molina, desde 1949 hasta 1972, año en que cayó enfermo. Con sus compañeros realizó grabaciones discográficas y formó parte de los espectáculos de Pepe Pinto, Pepe Marchena, Lola Flores, Angelillo y Juanito Valderrama. Su última actuación fue en Málaga, junto a Angelillo, Rafael Farina, Juan de la Vara, Los Rivero, Amina y Gloria Romero, en un espectáculo titulado Duende flamenco.

Fuente: Internet
CHIQUITO DE TRIANA. Nombre artístico de Luis Algaba. Sevilla, 1921‑Méjico, 1987. Cantaor. Casado con Antonia Amaya y padre de La Chuni y La Wini. Debutó siendo un niño en el Circo Price de Madrid, en 1936, con motivo del Certamen Nacional de Cante Flamenco que se celebró en su escenario, obteniendo el premio de honor. Una de las letras que cantó en el citado con curso y que hacía las delicias del público, era la siguiente: «Yo soy huérfano de pare, / de madre también lo soy; / yo no tengo más calor / que la que tú quieras darme. / No me abandones, agüelita, por Dios». Seguidamente emprendió una gira con los demás ganadores del citado certamen, que se interrumpió por causa de la guerra civil. Con la compañía de Carmen Amaya en América, recorrió todo el continente y diversos países europeos, fijando su residencia en Méjico. Según Camilo Salinas, fue «creador de un bello estilo de fandango».

CHIQUITO DE TRIANA. Nombre artístico de Luis Algaba. Sevilla, principios de siglo‑Méjico, 1987. Casado con Antonia Amaya. Debutó siendo un niño en el Circo Price de Madrid, en 1936, con motivo del Certamen Nacional de Cante Flamenco que se celebró en su escenario, obteniendo el premio de honor. Seguidamente emprendió una gira con el resto de los ganadores del certamen, que se interrumpió a causa de la guerra civil. Una de las letras que cantó en el citado concurso y que hacía las delicias del público, era la siguiente, por fandangos: «Yo soy huérfano de pare, / de padre también lo soy; / yo no tengo más calor / que la que tu quieras darme. / No m'abandones, agüelita, por Dios». Viajó a América, trabajando en la compañía de su cuñada Carmen Amaya. Permanece en Méjico, donde desarrolla su arte entre los aficionados de aquel país hasta su muerte. OJOOOO A QUÉ PASA ALGO MUY RARO.

CHOZA, Alfonso El. Nombre artístico de Alfonso Choza Alonso. Madrid, 191?. Cantaor. También conocido de joven por Alfonso de Madrid. Participó en el Certamen Nacional de Cante Flamenco, celebrado en el Circo Price de Madrid, en 1936. Tras la guerra civil, formaba parte de diversos elencos artísticos en giras por la geografía española, alternando con José Cepero, Jacinto Almadén, Manuel Vallejo, Pepe Marchena, La Niña de los Peines y El Pena hijo, entre otros destacados artistas. En 1948, actuó con José Cepero y Jacinto Almadén, en el madrileño Teatro Fuencarral. Durante los años sesenta y setenta frecuentó las fiestas íntimas en las ventas de su ciudad natal, alternadas con actuaciones esporádicas en público, entre ellas, en 1961, en el Circo Price con Estrellita Castro, y una gira con María Angélica en los últimos años sesenta. Sigue los estilos de Pepe Marchena y su repertorio es amplio.

Fuente: Luis Benito
CHULITO, Luis El. (Véase Apéndice discográfico.)









CHUNGOS, LOS. NO VIENEN


DIANA, El. Nombre artístico de Antonio Cordero. Sevilla, siglo XIX‑Madrid, siglo XX. Cantaor. En 1900 figuraba en el elenco del Café Novedades de su ciudad natal. Debutó en Madrid en el Café Naranjeros y fue asiduo intérprete en las reuniones de los colmaos madrileños Fornos y Los Gabrieles. Grabó en discos fandangos de Juan Breva, garrotín y marianas.

Fuente: Manuel Cerrejón



ECIJA, Niña de. Ecija (Sevilla), siglo XX. Cantaora. Casada con Julio Alonso. En 1928, actuó en el Monumental Cinema madrileño, y al año siguiente en el Circo Price y en el Teatro Pavón; con el espectáculo La copla andaluza, también lo hizo en Valladolid. En 1930, cantaba en el Teatro de la Comedia de Madrid. OJOOO. COMPROBAD QUE ESTA FOTO PERTENECE A LA NIÑA DE ÉCIJA. SE PRESUME QUE SEA ESTRELLITA CASTRO. 




Fuente: Familiar. Internet
ECIJA, PABLO DE. NO VIENE











ERA, NIÑO DE LA. NO VIENE. OJOOOO PUEDE QUE VENGA CON H. HERA, Niño de la. (Véase Apéndice discográfico.)
Fuente: Manuel Bohórquez
ESCACENA, Manolo. Sevilla, 1886‑Madrid, 1928. Cantaor. Se inició en su tierra natal, a principios de siglo. Actuaba en el Café Filarmónico de Sevilla en 1903, anunciado como cantaor de tangos, junto a Habichuela, El Niño Elena, Enriqueta La Macaca, etc. También cantó en el café sevillano La Bombilla y en la Venta Taurina de La Laguna de los Patos, en 1905. En el Ideal Concert, lo hizo en 1915. En 1919, figuraba entre los primeros artistas del nuevo Kursaal Internacional. En Madrid, cantó en las fiestas de los colmaos Los Gabrieles y Villa Rosa, y junto a don Antonio Chacón, y la Niña de los Peines, en 1924, en la fiesta celebrada en la Embajada de Italia, ante los reyes de España e Italia. Al año siguiente participó en el concurso Copa Pavón del teatro del mismo nombre, al lado de Angelillo, Manuel Vallejo, El Cojo de Málaga, Niño de Madrid, El Macareno, El Mochuelo y Pepe Marchena. Este mismo año tomó parte del homenaje rendido a La Coquinera, en el Teatro Olimpia madrileño. Volvió a cantar en el Teatro Pavón en 1926, y en 1927 en el Teatro Novedades y en el Monumental Cinema. Se le tributó un homenaje benéfico, en el anteriormente citado Teatro Pavón, en 1928, con la intervención entre otros artistas de José Cepero y Ramón Montoya. Además de dominar los cantes básicos, destacó por los estilos de ida y vuelta, siendo el primer divulgador de la canción aflamencada Juan Simón, el enterrador, basada en una mejicana que aprendió de toreros llegados de Méjico. No obstante, el cante que mejor interpretaba era la taranta, asimilada directamente del hijo de El Rojo El Alpargatero, Antonio Grau, y de Basilio, haciendo de este estilo una auténtica filigrana artística, difícilmente superada hasta la fecha.

Fuente: Internet
ESCUDERO, Emilia. Barcelona, 193?. Bailaora, cantaora y cancionista. Se inició en los últimos años cuarenta. En 1952, encabezó el espectáculo Embrujo gitano, con La Niña de La Puebla, Luquitas de Marchena y otros destacados intérpretes de la época, y en 1957, figuraba en el elenco Arte español, con Manolo Caracol. También realizó giras con Rafael Farina. Máximo Díaz de Quijano, emitió sobre su personalidad artística este juicio: «una de las más auténticas flamencas actuales, con estampa antigua y raíz gitana, con arquitectura y rasgos calés, no podría, por su escasa voz, considerársela cantaora, pero sí bailaora magnífica condiciones le sobran , si en lugar de seguir a Lola Flores, hubiera seguido a La Macarrona».


Fuente: Retocada. Mujeresflamencas
ESPAÑA, Teresita. Sevilla, siglos XIX‑XX. Cantaora, guitarrista, bailaora, bailarina y cancionista. Discípula de Juana La Macarrona, quien la elogió en una entrevista, diciendo: «Pero la única que ha salío tan bailaora, y que yo enseñé, fue Teresita España. ¡Vaya salero!». Su trayectoria artística se proyectó en base a los recitales, acompañándose ella misma con la guitarra, en grandes teatros, interpretando amplios repertorios de sus diferentes facetas; y entre sus actuaciones más significativas hay que reseñar su presentación en el Teatro Maravillas de Madrid, en 1921, escenario al que volvió en 1922, año en el que también actuó en el Teatro La Latina, apareciendo en la prensa el siguiente comentario: «no hay quien la supere con la guitarra, con los palillos, cantando saetas». En 1926, viajó a América, donde llevó a cabo una intensa actividad, reapareciendo en Madrid, en 1929, ofreciendo un recital en el Teatro La Latina, acompañada por el guitarrista Carlos Verdeal.

SCOTTA, Sebastián. (Véase Apéndice discográfico Sebastián Scotta.). ETCOSTA, SEBASTIÁN. NO VIENE.

Fuente: Retocada. Carlos Martín



FANEGAS. Nombre artístico de Juan Baños. Cartagena (Murcia), siglo XX. Cantaor. Destacó por tarantas y otros estilos de Levante, formó parte de diversos espectáculos flamencos en giras por la geografía española y grabó en disco. En 1928, cantó en el Circo Price de Madrid, y también en Madrid, en 1929, perteneció al elenco de La copla andaluza, en el Teatro Pavón.




Fuente: Diccionario
FARINA, Rafael. Nombre artístico de Rafael Antonio Salazar Motos, y apodo que lleva desde niño. Martín Amor (Salamanca), 1923. Cantaor y cancionero. Hermano de Calderas de Salamanca. Vivió desde muy niño en la capital salmantina, donde cantaba en bares y fiestas desde muy pequeño, a cambio de la voluntad de los reunidos. Su revelación artística tuvo lugar en Madrid, actuando en el Colmao Los Gabrieles, y principalmente por su intervención, en 1949, en el homenaje tributado a Juanito Mojama, en el Cine Alcalá, donde destacó entre intérpretes consagrados, proporcionándole su éxito su paso a la compañía de Conchita Piquer, recorriendo durante un año los teatros españoles y después diversos países americanos. A continuación protagonizó, concretamente en 1952, la reposición en el Teatro Pavón de Madrid de la obra La copla andaluza, junto a Alvaro de la Isla, Niño de Linares, Manolita de Jerez, Miguel Maya y El Gallo. Su popularidad fue en crecimiento y, en 1956, estrena el espectáculo El cante ya tiene rey y en 1968 Arte español, con Lola Flores, siguiendo la serie que seguida mente se relaciona, y con los que ha pasado por los principales teatros españoles, plazas de toros y otros auditorios, a lo largo de su trayectoria artística: Copla y canción, 1959; Luces de feria, Solera del cante y Clarines del cante, en 1963; participando en este último Porrinas de Badajoz, Antonio El Sevillano y Jesús Perosanz; Retablo gitano, con Porrinas de Badajoz y La Niña de Antequera, y Dos banderas, con Pepe Blanco, Carmen Moreno y El Beni de Cádiz, entre otras figuras, en 1962; Sol de coplas, en 1963; Guitarra y cancela, en 1964; Embrujo y tronío y Bronce y solera, con La Paquera, en 1965; Solera 1966, con El Príncipe Gitano, en 1966; Cante y toros y Pregón gitano, con Flor de Córdoba, Carmen Jara, Bambino, Paco de Lucía y otros destacados artistas, en 1967; Arte y canción, en 1970; Romance flamenco, con Adelfa Soto, Amina, Juanito Maravillas, Florentino, La Niña de La Puebla y otros destacados profesionales, en 1971; Festival flamenco, con Sabicas y María Vargas, en 1974; Gran festival flamenco, con Enrique Montoya, María Vargas y La Paquera, en 1978; Cantares, con Juanito Valderrama, Adelfa Soto, María Vargas y Manolo Alegrías, en 1979; Cancionero, con Lola Sevilla, Faíco, Carmen Jara y Araceli Vargas, en 1982; Los Mejores, con Juanito Valderrama y Dolores Abril, en 1985. Entre sus actuaciones en el extranjero, destacan sus éxitos en la Sala Wagran, de París, en 1963; y en las ciudades alemanas de Colonia y Dusseldorf, en 1964. En su pueblo natal le fue dedicada una calle el año 1968 y, en 1970, recibió un disco de oro, por su alta cifra de discos vendidos. En el terreno cinematográfico ha participado en las películas Café de Chinitas Puente de coplas y La copla andaluza. Muchas de sus canciones aflamencadas se han hecho popularísimas, y en el estricto ámbito del cante su mayor mérito reside en el fandango, estilo por el que ha creado uno sumamente personal. Entre los apelativos propagandísticos que se le han aplicado, siempre muy pomposamente, el más utilizado en carteles y programas ha sido el de «rey Gitano». El entusiasmo que Rafael Farina ha despertado entre sus seguidores, se ha puesto de manifiesto a lo largo de su proyección artística, con el hecho de ser sacado a hombros del teatro en más de una ocasión, siendo la más significativa la que tuvo lugar en el Circo Price de Madrid, en 1967.

FARINA, RAMÓN. NO VIENE.

FEO, Genaro El. (Véase Apéndice discográfico.)

FERNANDEZ, Candelaria. Siglo XIX‑XX. Cantaora. Formaba parte del elenco del café cantante El Suizo de Sevilla en 1898, donde la anunciaban como «la Non Plus Ultra del género andaluz». Grabó en cilindros.

FERNANDEZ, Manuel. NO VIENE (Véase Gordo, El.) OJOOO NO SÉ SI ES EL QUE GRABÓ.

FERNANDEZ, SRTA. NO VIENE

FIGARO, EL. NO VIENE

FINITO, La. Nombre artístico de Encarnación Fernández Sol. Sevilla, 1895‑siglo XX. Cantaora. Hija de La Rubia Guapa y hermana del banderillero Finito de Triana. Actuó en los locales sevillanos Novedades, Imperial y El Duque, entre otros. Intérprete de malagueñas y sevillanas, su especialidad fue la saeta, estilo en el que destacaba alternando con Manuel Vallejo, La Niña de la Alfalfa, El Gloria, Manuel Torre, El Pena, Pepa Marchena, Manuel Centeno, La Niña de los Peines, etc., tanto en Sevilla como en Granada en 1924 cantó en el Palacio de Carlos V, junto a La Niña de los Peines y Las Gazpachas , Jaén, Almería y otras ciudades andaluzas, Barcelona y Valencia, al paso de las procesiones de Semana Santa, a lo largo de los años veinte. Intervino cantando por el estilo citado en las películas cinematográficas Rosario La Cortijera, El Niño de las Monjas, Currito de la Cruz y Malvaloca. Ramón Cué, en su trabajo ¡Viva la Esperanza de Triana!, cuenta que en la calle Pureza La Finito, le cantó una jota a la imagen sevillana.

Fuente: Papeles flamencos
FLOR, Niño de la. Nombre artístico de Emilio Caserio. Madrid, 1895‑Salamanca, 1966. Cantaor. Casado con La Niña de Chiclana. Alternó en las reuniones de los colmaos madrileños especialmente en el denominado Villa Rosa, y en los teatros, con don Antonio Chacón y los más destacados cantaores de su época. Realizó giras por la geografía española junto a La Niña de los Peines y también con Pepe Marchena, con quien impresionó en discos cantes a dúo por colombianas y fandangos, a parte de su discografía personal. Desde 1926 a 1929, llevó a cabo numerosas actuaciones en los teatros y cines madrileños Fuencarral, Monumental Cinema, Apolo, Pardiñas y La Latina. Al producirse la guerra civil se encontraba actuando en Cáceres, con su mujer y El Chato de Las Ventas. Finalizada la contienda se avecindó en Salamanca, donde se dedicó a cantar en las fiestas íntimas. OJOOO CONFIRMAR QUE ESTA FOTO PERTENEZCA AL NIÑO LA FLOR.

Fuente: Internet
FLORIDO, Carmen. (Véase Apéndice discográfico.)












FLORES, Lola. Nombre artístico de Dolores Flores Ruiz. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1923. Bailaora, cancionista y actriz cinematográfica. También conocida en sus comienzos como Imperio de Jerez. Se inició muy joven en fiestas de su tierra natal, donde en 1939, se presentó en el Teatro Villamarta, formando parte del espectáculo Luces de España, encabezado por la pareja de baile formada por Rafael Ortega y Custodia Romero, con el guitarrista Melchor de Marchena. Seguidamente intervino en la película Martingala, junto a Pepe Marchena. Vuelve a su ciudad natal y recorre parte de Andalucía, con un elenco en el que figuraban el tocaor Javier Molina, el bailaor El Batato y el cantaor El Troncho. De nuevo en Madrid, es contratada para realizar una gira por el norte, actuando durante seis meses en el Café Arrieta de Gijón, donde empieza a popularizar su canción y baile El lerele, que interpretó en su primera experiencia cinematográfica. Después de otras giras por provincias españolas, trabaja de nuevo en el cine y debuta en el Teatro Fontalba de Madrid, con el espectáculo Cabalgata, triunfando clamorosamente, como igualmente en Barcelona y otras ciudades españolas. Graba su primer disco y forma pareja con Manolo Caracol, en 1945, estrenando el espectáculo Zambra, colaboración que se prolongó hasta 1952, con gran acogida por parte del público de España y América, y la realización de películas como La Niña de la Venta. Desde 1953, actúa con su propia compañía, de la que ha formado parte el guitarrista El Pescaílla, con quien contrajo matrimonio. La fama de Lola Flores es universal y su arte se caracteriza por su gran temperamento y la garra de su baile y de su canción. Su personalidad artística, al margen de su heterodoxia flamenca, ha sido elogiada por críticos, artistas y poetas, llamándola José María Pemán «torbellino de colores», para expresar con una metáfora su genio interpretativo.

Fuente: Luis Soler
FLORES EL GADITANO. Nombre artístico de Florencio Domingo Ruiz Lara. Algeciras (Cádiz), 1921. Cantaor. También conocido por Florentino. Es autor de numerosas coplas y canciones, entre ellas la célebre milonga Qué bonita está mi niña, narraciones, artículos y un libro de poesía publicado. En sus comienzos alternó el cante con su afición a los toros. Después de una etapa dedicado a actuar en fiestas y reuniones, formó un dúo con Jarrito, interpretando fandangos de Huelva y cuplés aflamencados; más tarde lo hizo con El Niño del Clavel, para volver a cantar en solitario, hasta que, en 1949, formó trío con El Chiquetete y el guitarrista Manuel Molina, debutando en Madrid, en la Sala de Fiestas Casablanca, bajo el nombre genérico de Los Gaditanos, en 1951; grabando seguidamente un primer disco. El trío se unió a la compañía de Pepe Pinto durante dos años y después a la de Lola Flores, para continuar más tarde, y a lo largo de más de siete años, en distintos espectáculos gozando de una gran popularidad. Deshecho el trío, actúa con el nombre de Florentino, en su doble faceta de cantaor y humorista y en 1972 de nuevo se une a sus compañeros de conjunto. En 1974, con motivo de la muerte de El Chiquetete, quedó muy afectado y no volvió a cantar en cuatro años. Desde 1978, participa, otra vez en solitario, en galas, espectáculos y festivales. Ha actuado en Méjico, Francia y otros países europeos, sus grabaciones son numerosísimas y sus versiones de los fandangos de Palanca, Marchena, Macandé y El Corruco de Algeciras, destacan entre ellas. Su repertorio es muy amplio en estilos y en 1970, se le otorgó en su ciudad natal el primer premio del Certamen Campo de Gibraltar. «En el caso de Flores El Gaditano, nos encontramos con uno de los mayores ejemplos de cantaor dúctil, con una capacidad verdaderamente insólita para adaptarse a los más variados estilos personales, algo que hace con fidelidad y, lo que es más importante escribe Manuel Ríos Ruiz , con una gran dignidad. Tiene además un sentido claro de lo que es artístico en el cante flamenco y una intuición musical cierta, que le facilita aplicar donosura y gracia a los compases y ritmos flamencos. Su labor de compositor y de intérprete ha ido siempre emparejada a la de recreación, con una inquietud plausible de artista auténtico»

Fuente: Manuel Bohórquez
FONS, ELENA. NO VIENE








Fuente: Internet
FORTUNY, GLORIA. NO VIENE












Fuente: Cartel. Cerrejón


FREGENAL, Niño de. Nombre artístico de Manuel Infantes Martínez. Fregenal de la Sierra (Badajoz), 1911‑Sevilla, 1986. Cantaor. También conocido en sus principios como Niño de la Sierra. En su pueblo natal siendo un niño actuó en una especie de concurso y le escuchó Estrellita Castro, quien le animó para que se dedicara al cante. Con doce años se trasladó andando a Sevilla, donde ganó un concurso, siendo contratado seguidamente para actuar en el Teatro Pavón de Madrid, en el que debutó el día 19 de junio de 1926, anunciado así: «se presenta el maravilloso cantaor sevillano ganador de la medalla de oro del concurso de Sevilla». Este mismo año actuó también en el Teatro Fuencarral y en el Monumental Cinema madrileños. Don Antonio Chacón lo contrata para actuar en Valencia, desde donde retorna a Sevilla, desarrollando en la capital andaluza gran parte de su trayectoria artística, con salidas a otras provincias. En 1936, obtiene en un certamen organizado en el Circo Price de Madrid, el primer premio de media granaína, y a continuación emprende una gira por Andalucía, con un elenco formado por el empresario Montserrat con los galardonados en el citado concurso, sorprendiéndole la guerra civil en el transcurso de la misma, aunque en el mismo año también hace otra gira con Manuel Vallejo. En 1940, canta en el Teatro Miguel de Cervantes de Málaga, dentro de sus acostumbradas giras, que continúan sucediéndose a partir de esta fecha, siendo destacables las realizadas con El Sevillano y El Peluso, en 1943; con el espectáculo Pasan las coplas, de Pepe Marchena, en 1947; con el denominado El sentir de la copla, en compañía de Manuel Vallejo y José Cepero, en 1950. Obtuvo el premio de tarantas, en 1963, en el Certamen Nacional del Cante de las Minas de La Unión, y de nuevo emprendió recorridos por distintas localidades, en 1965, en unión de El Rerre de los Palacios, o en 1969, con el espectáculo llamado Andalucía flamenca, en el que participaba Pepe Aznalcóllar. Con la participación de sobresalientes artistas, en 1974, se le rindió un homenaje en Sevilla, organizado por la Peña Cultural Flamenca del Cerro del Aguila. La Federación de Entidades Flamencas de Extremadura, le dedicó en 1984, en Zafra, un homenaje compartido con los también cantaores extremeños Pepe Nieto Orellana, Manzanito de Castuera y Pepe El Molinero, y este mismo año actuó en diversas ciudades y poblaciones andaluzas, alternando con Joselero de Morón y Manolo Carmona y participó en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla. Al año siguiente, el anterior al de su muerte, la Peña Flamenca Duende y Pureza del Cante, de Campanario (Badajoz), le ofreció un homenaje. Largo de repertorio, impresionó los estilos que cultivaba en una abundante discografía, e intervino en películas cinematográficas con Imperio Argentina y Boby Deglané. Fue un intérprete que a lo largo de su dilatada vida artística, supo adaptarse a todas las modalidades por las que atravesó el género: café cantante, teatro y festival, alternándolas con las fiestas privadas de cabales. Francisco Zambrano Vázquez ha escrito de él la siguiente semblanza: «Manolo Fregenal fue un consumado profesional y como El Molinero un cantaor de espectáculos, es decir, que su vida artística estuvo sobre todo ligada al espectáculo teatral, pero a diferencia de éste, Fregenal bebió de la fiesta en el cuarto, en la Alameda de Hércules y posteriormente en la época actual, en los festivales. Conocedor de todos los cantes, dominador del compás, fue sobre todo un excepcional intérprete del fandango y nos legó una extensa grabación de todos los estilos en quince discos... y la creación de tres fandangos personales, dos naturales y uno de transición, entre el fandango natural y el de Huelva, recordando tanto al aire choquero, que equivocadamente muchos aficionados atribuyeron su creación al cantaor alosnero Pepe Toronjo, porque éste lo grabó en uno de sus discos. Manolo Fregenal, padecía de tiempo atrás un grave proceso asmático que le hacía arrinconarse en Sevilla con los fríos y salir con el sol de primavera cantando como los jilgueros, como era su voz y su menudo cuerpo de jilguero, voz de caramelo, con un falsete y unos melismas tan finos, que sonaban al compás de la bulería, de alegrías o bien en cantes libres o en el fandango personal, de una forma delicada y cristalina que parecía iba a romperse. Fregenal también daba su carta de presentación recordando a su tierra y lo hacía en el cante en el que era un consumado maestro, por fandangos: "Porque tengo sello propio / mi fandango es el mejor / donde yo vaya a cantar / que no me tomen por otro / que soy el de Fregenal"». Manuel Herrera que mantuvo con Niño de Fregenal una larga y jugosa entrevista, ha escrito para definirle: «Voz que es música y música que es recuerdo. La granaína florece en la vieja garganta reverdecida de Fregenal: "Enferma en la cama está / y no me la dejan ver, / y a mí me ajoga la pena / porque de seguro sé / que al verme se pone buena"».

Fuente: Cartel. Cerrejón
FUENTE, Niño de la. (Véase Apéndice discográfico.)











Fuente: Retocada. Diccionario
FUENTES DE ANDALUCIA, Niño. (Véase Apéndice discográfico.)












GABARRÓN, MARIO. NO VIENE

Fuente: Internet
GADITANOS, Los. Conjunto flamenco formado por los cantaores Flores El Gaditano y El Chiquetete, y el guitarrista Manuel Molina Molina. Su formación tuvo lugar en 1949, y su trayectoria llegó hasta 1972, actuando en tablaos, salas de fiesta y teatros, y formando parte de los espectáculos folklóricos encabezados por Marchena, Pepe Pinto, Lola Flores, Angelillo y Valderrama. Este trío gozó de una gran popularidad y fue el primero de su género, realizando numerosas grabaciones discográficas, que hicieron famosas muchas de sus interpretaciones, entre ellas la milonga «Qué bonita está mi niña». (Véase Chiquete te, El; Flores El Gaditano y Molina Molina, Manuel.)

Fuente: Internet


GAFAS, El. Nombre artístico de Manuel López. San Fernando (Cádiz), 189?. Sevilla, 196?. Cantaor. En 1936, tomó parte en el Certamen Nacional de Cante Flamenco, celebrado en el Circo Price de Madrid. Su trayectoria artística se proyectó principalmente en las reuniones de cabales sevillanas y fue íntimo amigo de Tomás Pavón. Grabó en disco unas peculiares alegrías, acompañado a la guitarra por Luis Maravilla, en 1942.






GALLARDO, ENCARNACIÓN. NO VIENE

GALLARDO, Paco. (Véase Apéndice discográfico .)

Fuente: Internet. Todocolección



GARCIA, Rosarito. Granada, principios de siglo. Cantaora. Después de actuar en su tierra natal, lo hizo en distintas ciudades españolas alcanzando una gran popularidad muy rápidamente y destacando por fandangos y granaínas. Grabó en disco acompañada por el guitarrista Manolo de Badajoz.




GARCIA, Señora. (Véase Apéndice discográfico .)

Foto: Recordada. Niño de Cabra
GARRIDO, El. Nombre artístico de Manuel Fernández Sánchez, de origen familiar. Jerez de la Frontera, siglos XIX‑XX. Se profesionalizó un tanto tardíamente, pero con gran éxito en los cafés cantantes de su tiempo e impresionando varios discos muy valiosos. Antes de finalizar el siglo pasado, cantaba siendo ya famoso, en un café cantante de La Línea de la Concepción. En 1901, actuaba en la Nevería‑Café del Buen Retiro de Sevilla, anunciado como «notable cantaor de malagueñas», y al año siguiente alternó con don Antonio Chacón, en el Teatro Circo Gaditano, interpretando un repertorio compuesto por tangos, guajiras y farrucas. Realizó giras artísticas y participó en las reuniones privadas de los colmaos sevillanos. Manuel Ríos Ruiz ha evocado así su personalidad artística: «Este cantaor, al que conocemos por su discografía, tenía buen donaire de voz y gozó de merecida fama, aunque luego haya caído en el olvido más extraño. Especialista en tangos pese a que dominaba muchos estilos , con el compás lentísimo al comienzo y al final, hizo popular esta letra: "Cada vé que paso y miro / los umbrales de tu puerta / me arroíllo y los venero / como si estuvieras muerta". Por su claridad cantaora, esa que se denomina cante hablao, su justeza de compás y su transmisión de los estilos jerezanos, merece el calificativo de maestro. Sobre todo cuando se le escucha en la vieja placa decir: "Debajito del puente / sonaba el agua / y eran las lavanderas / las puñeteras / cómo lavaban", con una gracia festera tan comedida como cabal y musicalísima».

GENIL, Niño del. Puente Genil (Córdoba), siglo XIX‑Barcelona, siglo XX. Cantaor. Padre de Antonio El Malagueñito. De amplio repertorio, fue uno de los divulgadores del garrotín. Acompañado por su hijo realizó grabaciones discográficas.

GITANA MORENA, LA. NO VIENE. OJOOOO ES ESTA LA RUBIA SANTISTEBAN?

GITANILLOS DE CADIZ, Los. (Véase Aranda, Conchita, Bendito, El y Cascarilla.). OJOOOOOOOO

Fuente: Internet
GITANO DE BRONCE, El. (Véase Apéndice discográfico.)










Fuente: Internet. Youtube
GLORIA, El. Nombre artístico de Rafael Ramos Antúnez, originado por su interpretación en compás por bulerías de un villancico popular en el que se repite la palabra gloria. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1893 ‑ Sevilla, 1954. Cantaor. Sobrino de Cabeza y hermano de La Pompi y de La Sorda. También conocido por Niño Gloria. Se inició en su tierra natal, donde alternaba las reuniones de cabales con su trabajo en los cortijos, pasando seguidamente a Sevilla, para actuar en los cafés cantantes de su tiempo, alternando con las más destacadas figuras. Igualmente participó en numerosos elencos flamencos en giras por la geografía española, junto a don Antonio Chacón, Manuel Torre, Manuel Centeno, Niño Medina, Pepe Marchena, La Niña de los Peines, Manolo Caracol, etc. En Madrid actuó en el Kursaal Imperial, en 1924, y en el Monumental Cinema, en 1927. Formó parte del espectáculo Las calles de Cádiz, de La Argentinita, durante los años 1933 y 1934, junto a Pilar López, La Macarrona, Rafael Ortega, El Lilló, Espeleta y otros significativos intérpretes. Al margen de esta larga gira, en los años treinta y cuarenta fue uno de los principales protagonistas de las reuniones de cabales en los locales de la Alameda de Hércules sevillana, donde gozaba de gran prestigio, y fue cantaor fijo en los balcones de Sevilla, como artífice de la saeta durante los desfiles procesionales de la Semana Santa. De amplio repertorio y de una singular personalidad artística su discografía, también amplia, ha quedado como ejemplo del mejor compás de los estilos de su tierra natal. Creó un estilo personalísimo de fandango y realizó una brillante recreación del fandango de Lucena, y su forma y ritmo de ejecutar las bulerías han quedado como muestra imperecedera de perfecta interpretación de las bulerías jerezanas. Algo similar puede decirse de sus saetas, estilo por el que verdaderamente creó escuela, y del que han escrito Luis Melgar Reina y Angel Marín Rújula: «Otro de los más firmes puntales de la saeta flamenca fue Rafael Ramos Antúnez, El Niño Gloria, quien las hacía con una gran originalidad, aunque permaneciera dentro de la normativa tradicional. El Gloria fue un verdadero creador saetero, sin necesidad de recurrir a modos distintos, ya que supo aunar tradición canora con expresión personal, lo que dio lugar al nacimiento de una saeta vigorosa, fuerte, deslumbrante y de especiales valores flamencos, que ha quedado como norma y modelo». En torno a la creación saetera de El Gloria, escribió lo siguiente el poeta sevillano Joaquín Romero Murube: «Recuerdo ya mayor, aquella saeta sideral del Niño Gloria. Rebosaba su vasta humanidad por encima del herraje de los balcones. Se congestionaba en el esfuerzo titánico por llegar a la altura de su sentimiento. Había tal entrega y sollozo, que se advertía claro como cada copla le rompía las cuerdas del grito. Lograba ese tono de cristales arañados, que es el duende supremo de los auténticos cantaores. La multitud se hacía un mar de silencio. Un silencio tan absoluto que se podía oír el rumor lejano de otras calles y de otros barrios ajenos al rito sublime que allí se verificaba. A todos nos invadía un escalofrío del otro mundo. Un hombre rudo y basto, a través de una saeta de verdad, hablaba con Dios, y Dios le escuchaba en su agonía». No por lírico el comentario transcrito deja de ser puntualmente revelador de la grandeza de la saeta de El Gloria y su cualidad de fundacional con respecto a la categoría flamenca del estilo. Juan de la Plata ha valorado así las creaciones flamencas de El Gloria: «Uno de los cantaores con escuela propia, que más prestigio ha dado a Jerez... El Gloria hacía un cante recio, valiente y poderoso, del que buena muestra nos ha dejado en la gran cantidad de discos que impresionó, a lo largo de su vida artística. Su voz era brillantísima, aguda y limpia; apta para ejecutar todos los cantes; ya fueran soleares, martinetes, bulerías, fandangos  singularmente los de Lucena y, en modo especial, las flamenquísimas coplas de la Nochebuena de Jerez, que el Niño Gloria supo hacer famosas en toda España... Su recuerdo estará presente, durante mucho tiempo, en la memoria de los buenos aficionados que le escucharon». Manuel Ríos Ruiz, ha considerado, en el comentario que insertamos seguidamente, los aspectos más significativos de la personalidad artística de El Gloria, revalorizando su importancia en el panorama general del cante flamenco: «Sus grabaciones son valiosísimas y marcan hoy en día la pauta, en varios estilos, a muchos cantaores, los que se atreven a seguir su escuela. Los cantes de El Gloria estaban llenos de luz, es decir, de una brillantez sorpresiva que tenía la insólita capacidad de levantar desde lo más profundo la jondura más verídica. Procedían estos cantes de los espacios abiertos, eran los cantes de la besana, los cantes del cigarro, de ese cigarro que se fumaba el gañán al pie del cántaro, sobre el barbecho, encima de la tierra removida, al lado de la yunta, pero nada de decirlos al libre albedrío, sino sujeto a un compás prodigioso, legítimo. Por eso tiraba el cante con una gracia personalísima y lo sabía recoger, recortar a tiempo, con una justeza admirable en cada tercio, en el ritmo nunca quebrado, con una fuerza fabulosa sometida al compás. Fue largo cantando en todos los estilos básicos. En la soleá suena nuevo y clásico a la vez. Creó el villancico flamenco sobre una forma puramente folklórica, y ahí está su invento para siempre y actualmente en crecimiento de matices. Su saeta es lo que se llama un culmen, la fijó con su poderío y la claridad de su voz flamenquísima. Sus bulerías, partiendo de la más fiel tradición jerezana, vinieron a constituir una de las aportaciones más logradas en tan difícil estilo, imprimiéndole musicalidad personal, ligazón, esplendor, vivacidad, gracia, donosura, alegría inusitada, todos los ingredientes precisos para abrir con ellos el cante que hoy es, el más dúctil y abierto a la improvisación y al acento propio de cada artífice. Por ello, resulta inexplicable, que un teórico de la categoría de Anselmo González Climent no se ocupe de El Gloria y sus bulerías en su tratado Bulerías. Es inconcebible pero cierto. No se ocupa de él ni para discutirle. Lo ignora olímpicamente. Lo cual nos deja perplejos. Máxime cuando cita a La Paquera, el ejemplo más preclaro de su escuela buleaera. Omisiones así hacen mucho daño a la trascendencia de una figura de la talla de El Gloria, que tampoco fue tenido en cuenta por Fernando el de Triana, en su libro Arte y artistas flamencos en el que falta asimismo Cepero , y a quien Antonio Mairena y Ricardo Molina, en Mundo y formas del cante flamenco, apenas le prestan atención. Tamaño menosprecio de su personalidad cantaora es descabellado, la figura de El Gloria es una de las más ciertas, no solamente de su época, sino en el total contenido del devenir del cante flamenco, porque junto a sus cualidades cantaoras, que las tuvo sobradamente, hay que reconocerle un indiscutible y demostrado, palpable individualismo».

GOMEZ, L. NO VIENE

GOMEZ, ROSARIO. NO VIENE

Fuente: Diccionario



GORITO DE TRIANA, El. Nombre artístico de José Gómez Martínez. Sevilla siglos XIX‑XX. Cantaor. Fue un especialista en saetas, estilo por el que alternó durante las procesiones de la Semana Santa sevillana, con La Finito, Manuel Centeno, El Gloria y otros destacados intérpretes de su época. Grabó en discos.





Fuente: Internet
GRANADA, Niño de. Nombre artístico de Antonio Márquez. Granada, siglo XX. Cantaor. Su trayectoria artística se desarrolló durante los años veinte. En 1923, ganó el primer premio en un concurso celebrado en el barrio de Las Margaritas de Córdoba, obteniendo el segundo Pepe Marchena. Este mismo año se presentó en el Teatro Pavón de Madrid. Al año siguiente actuó en el Café Lyon D'Or de Granada, acompañado a la guitarra por Eduardo Salmerón. Cantó saetas en la Semana Santa de Sevilla, en 1925, y formó parte del elenco del Salón Olimpia de la capital hispalense. Junto a Custodia Romero, intervino en un espectáculo en el Teatro Maravillas de Madrid, en 1926, trabajando también el mismo año en los teatros madrileños Centro y La Latina. Poseía grandes facultades y su especialidad fueron las tarantas.


Fuente: Su familia. Internet
GRANADA, MIGUEL EL NIÑO DE. NO VIENE











Fuente: Diccionario
GRAU DAUSET, Antonio. Málaga, 1885‑Madrid, 1968. Cantaor. Hijo de El Rojo El Alpargatero. Crecido en el ambiente de los cafés cantantes que su padre regentaba en La Unión (Murcia) y Cartagena, en 1905 se desplazó a Madrid para cursar estudios, haciéndose íntimo amigo de Escacena y viviendo intensamente el ambiente flamenco. Durante una fiesta en el Café Fornos, le propusieron grabar un disco en París, en 1907, volviendo a hacerlo en los años veinte, acompañado a la guitarra por Ramón Montoya. En la capital de Francia se inició en el arte del transformismo con el famoso Frégoli, a quien llegó a superar en rapidez. Creó el dúo Los Mignon, recorriendo toda Europa con sus transformaciones, bailes y cantes españoles. Alcanzó un éxito clamoroso en la Rusia zariana, donde gozó de la admiración de Rasputín, huyendo al producirse la Revolución a Siberia, de donde pasó a China, Japón, Filipinas y Estados Unidos. A su vuelta a España, se dedicó a la composición de música ligera y a la enseñanza como director del Colegio Santo Domingo de Guzmán. En 1952, conoció en Cartagena al cantaor Antonio Piñana, que se convirtió en su discípulo y continuador de la es cuela creada por su padre. Presidió los primeros Festivales Nacionales de Cante de las Minas de La Unión. Según José Blas Vega, su biógrafo, «Antonio Grau Dauset, representa, en la pureza tradicional del cante minero, la conservación, engrandecimiento y la transmisión del mismo. Criado en el ambiente de los negocios paternos, tuvo ocasión a edad temprana de conocer y escuchar a todos los artistas que por allí pasaban, tanto de la región, como los que llegaban de fuera contratados por su padre, tomando posesión de los secretos de integridad del cante, los cuales siempre tendría presente, pues el cante lo fue todo para él, aunque estuviese mucho tiempo alejado del mismo y nunca fuera profesional, mas su vida si fue un rebosar de arte y de música. Sus excelentes o especiales cualidades innatas le llevarían por prurito de su propio orgullo a superar, engrandecer y dificultar la escuela de su progenitor, matizando todavía muchísimo más el caudal de los tonos y medios tonos característicos. ;Cuántos secretos encerraba y qué cosas hacía a los cantes! Yo que he tenido la suerte de escucharle tantas noches, lamento su irreparable ausencia por lo mucho de riqueza expresiva que bien sé que con él se ha perdido».

Fuente: Internet
GUERRITA. Nombre artístico de Manuel González. Cartagena (Murcia), 1905‑Barcelona, 197?. Cantaor. Se inició a los doce años en su tierra natal cantando en verbenas y tabernas, para pasar al Café El Tranvía. Formó su propio elenco a los diecisiete años, y a los veintiuno, en 1926, procedente de Barcelona debutó en Madrid, concretamente en el Teatro Fuencarral. En este mismo año actuó también en los teatros madrileños Pavón y Circo Price, alternando con Manuel Vallejo. Al año siguiente cantó en el Novedades y Monumental Cinema  participando en la Copa patrocinada por este local . Continuó en Madrid en 1928, trabajando en el Pardiñas y en el Avenida, con Luis Yance a la guitarra, y en el Monumental Cinema, realizando igualmente una gira por provincias en un espectáculo del empresario Vedrines, junto a don Antonio Chacón. En 1929, continúa con el citado empresario y también interviene en el Circo Price, Monumental Cinema y en el Teatro Pavón, con el elenco de La copla andaluza. Con La Niña de los Peines llevó a cabo una gira en 1932, y otras con Angelillo en 1934 y con La Niña de los Peines en 1935. Viajó a América para cantar en Argentina y Chile. Con el espectáculo Pasan las coplas, de Pepe Marchena, recorrió de nuevo la geografía española en 1947, y en 1950 lo hizo en compañía de Manuel Vallejo y José Cepero, con el titulado El sentir de la copla. Sus estilos habituales fueron principalmente los fandangos, milongas, tarantas y cartageneras. Grabó ampliamente en discos y participó en varias películas cinematográficas.

GUILLÉN, CONSUELITO. NO VIENE

GUILLOT, José. (Véase Apéndice discográfico .)

HÉRCULES, CONJUNTO DE. NO VIENE

HERRERITO. (Véase Apéndice discográfico .)

Fuente: Tartessos
HERRERO, Fernando El. Nombre artístico de Fernando Sánchez Moreno, debido al oficio que ejerció en su juventud. Las Cabezas de San Juan (Sevilla), 1877 ‑ Madrid, 1941. Cantaor. En los años de 1903 a 1905, según testimonio de Pepe de La Matrona, frecuentó el colmao sevillano El Pasaje del Duque, donde por aquel tiempo se celebraban numerosas reuniones flamencas, en unión de don Antonio Chacón, Ramón el de Triana, Pepe Villalba, Medina El Viejo, Paco El Sanluqueño y Salvaorillo entre otros artistas de la época, como los tocaores Cocoroco y Habichucla. Participó en el homenaje a su maestro El Portugués, en el Salón Variedades de Sevilla, en 1919. Una de sus actuaciones más significativas en Sevilla, fue la que tuvo lugar el 15 de abril de 1925, en el Hotel Alfonso Xlll, actuando con Baldomero Ojeda, Niño Ricardo, María La Macarrona, Luisa Requejo, Niño de Marchena, Concepción Aguilar, El Cuqui de Triana, Juan García Campos, Juana La Macarrona y Celia, además de algunos intérpretes no profesionales. Se trasladó a Madrid, donde desarrolló su trayectoria artística en las reuniones de cabales, destacando siempre por la pureza de sus interpretaciones de los estilos levantinos, las soleares y los polos. Fernando el de Triana, nos ha dejado de él la siguiente semblanza: «Es notable cantaor de la antigua cepa, fue discípulo del famoso Antonio Silva El Portugués, el cual le apreciaba mucho por su aplicación y afición a los cantes grandes, hasta el extremo que tal vez sea el único que hoy, entre los que actúan, conserva y canta los cantes por soleares de buena marca, la caña, el polo, serranas y otros cantes de esta categoría, más la admirable colección de malagueñas de aquellas que se cantaban cuando se sabía cantar».

Fuente: Internet
HERRERO, MIGUEL. NO VIENE











Fuente: Tartessos
HIERRO, Niño. Nombre artístico de Juan García Ruiz. Puente Genil (Córdoba), 1899. Cantaor. Conocido en sus principios como Niño Hierro. Sus comienzos profesionales datan del año 1924, mientras hacía el servicio militar en Alcalá de Henares (Madrid), animado por Mazaco. Seguidamente obtuvo en su ciudad natal un premio por saetas y, en 1927, actúa en Lucena con un elenco en el que figuraban Pepe Marchena, Niño de Aznalcóllar, Rafael Cañete y El Cojo de La Macarena, con la guitarra de Luis Yance. Posteriormente forma parte de la compañía familiar de Niño Genil, recorriendo toda Andalucía, pasando después al Olimpia de Sevilla, formando cuadro con La Malena, La Macarrona y Javier Molina, entre otros destacados artistas del momento. Más tarde participa en el concurso celebrado en el Teatro Monumental de Madrid, junto a El Gloria, Rengel, Paco Isidro y El Canario de Colmenar, quedando finalista. Este éxito le proporciona un contrato para cantar en Barcelona, junto al guitarrista Juanito Dorado, haciéndolo después en cafés cantantes de Málaga y Sevilla. Durante la Exposición de Barcelona, alterna con Manuel Vallejo, Miguel Borrull y otros grandes artistas en el Pueblo Español, durante veinte días consecutivos. En la ciudad condal realiza grabaciones discográficas. Continúa en el espectáculo de Manuel Vallejo, junto a El Pena (hijo), Carmen Amaya, Currito de la Jeroma y Ramón Montoya, en gira por la geografía española. Al finalizarla, es contratado por la Compañía Termo, para participar en la representación de La copla andaluza, en competencia con Centeno alcanzando una gran popularidad, sobre todo en Marruecos, Andalucía y Extremadura, según su biógrafo Pepe Debla. Su trayectoria artística prosigue en el cuadro llamado Los cuatros ases modernos, organizado por Vedrines, y compuesto por él, Manuel Guerrita, El Canario y El Sevillano, con los guitarristas Manuel Márquez y Baldomero Ojeda. Encabeza a continuación otro espectáculo, promovido por el empresario Alberto Montserrat, recorriendo todo el levante español, con el tocaor José Castelló, y los cantaores Fanegas y Niño de La Carolina. En 1929, retorna a Málaga, para actuar en El Café de Chinitas con Cayetano Muriel, desde donde vuelve a Barcelona, para cantar en diversos locales, finalizando su periplo cara al público en el Olimpia sevillano en 1930. A partir de entonces, sólo intervino en fiestas y reuniones íntimas en Puente Genil, donde el Ayuntamiento organizó, en 1964, un concurso de cante en su homenaje, recibiendo otro en 1972. De amplio repertorio, destacó por tarantas y saetas. En opinión de Ricardo Molina, es «prototipo de cantaor brillante, superdotado y en posesión de una maravillosa voz toda limpidez y musicalidad».

HOYOS, BENITO. NO VIENE

HUELVA, Niño de. (Véase Apéndice discográfico.)

Fuente: Málaga cantaora
HUERTA, Niño de la. Nombre artístico de Francisco Montoya Egea, por su trabajo en la huerta siendo muy joven. Lora del Río (Sevilla), 1907‑1964. A los dieciséis años, en 1925, ganó un concurso de cante en Córdoba. Participando, en 1927, en la Copa del Monumental Cinema madrileño. Al año siguiente volvió a cantar en Madrid, en el Teatro Avenida. Inmediatamente forma parte de los espectáculos flamencos en gira por toda España. De estas giras sobresalen, antes de la guerra civil, las realizadas con Angelillo, en 1934, y otra, en 1936, con los ganadores del Certamen Nacional de Cante Flamenco que tuvo lugar en el Circo Price de Madrid. En los años cuarenta continuó sus tournées: 1940, con El Sevillano y Pepe Pinto, repitiéndose al año siguiente; 1944, con Canalejas de Puerto Real; 1948, con el elenco Fantasía andaluza. Otras de sus giras fueron, en 1950, con José Cepero y Manuel Vallejo, en el espectáculo El sentir de la copla; con otro titulado Toros y cante, en 1951; y en unión de La Niña de Antequera, en 1953, en el anunciado como Noche de coplas. En sus principios artísticos siguió la escuela de don Antonio Chacón, para prontamente dedicarse a interpretar los estilos de Pepe Marchena. Su milonga titulada La romería loreña, se convirtió en un cante popularísimo desde que lo grabó en discos. Anselmo González Climent, que se ha ocupado con detenimiento de su personalidad artística, ha escrito: «No siendo trascendente, la singularidad del Niño de la Huerta resulta, al menos, tan clara como honesta, tan apreciable como mantenida... Tránsito el suyo sin altibajos, casi invariable. Y por ello hay que decirlo todo con un cierto toque de monotonía... El estilo que lo configura casi por entero ha sido y sigue siendo el fandango».

Fuente: Internet
IMPERIO, Pastora. Nombre artístico de Pastora Rojas Monje. Sevilla, 1889‑Madrid, 1979. Bailaora. Hija de La Mejorana, hermana de Víctor Rojas y abuela de Pastora Vega. Durante un año estuvo casada con el matador de toros Rafael El Gallo. Estudió en la academia de Isabel Santos, ya que, como ella misma declaró, su madre no le quiso enseñar. Aparece por primera vez en un escenario a los diez años, en una compañía infantil. A los doce ya se le conocía por Pastora Monje, luego Pastora Rojas y definitivamente Pastora Imperio. Este último nombre artístico, tiene relación con su debut a los trece años en el Salón Japonés de Madrid, donde actuó junto a otra niña llamada Mariquita La Roteña, a las que el fundador del salón les puso el nombre de Las Hermanas Imperio. Permaneció algún tiempo en el Salón Japonés, y de allí pasó al Actualidades. Su actuación era múltiple, recitaba, cantaba y bailaba desde jotas hasta el vito, donde era muy aplaudida. En el Actualidades interpretaba una farruca y un garrotín creación de La Malagueñita. A lo largo de su carrera este garrotín y unas soleares, fueron los bailes que más interpretó. Su nombre empieza a ser conocido entre el público. En 1912, actuó en el Teatro Romea, teatro donde se le volvería a ver en años posteriores, 1920, 1925 y 1926. La ciudad donde más tiempo actúa es Madrid, pasando por distintos locales. A los ya mencionados, sólo en la década de los años veinte se añaden los siguientes: Madrid Cinema, Teatro Maravillas, donde aparece junto a La Argentinita; Teatro de La Latina, dentro de un cuadro flamenco de una obra teatral llamada Gitanos, en la que interpretaba unas alegrías. Después de Madrid, el lugar donde más actúa es Sevilla, en el Salón Imperial. Recorre todas las capitales españolas en giras. La prensa no deja de publicar fotografías, dibujos y comentarios siempre ensalzándola. En Barcelona actúa entre otros sitios en Eldorado, Sala Imperio, Circo Barcelonés, La Rosaleda, etc. En Córdoba cantaba una coplilla especialmente dedicada a los toreros nativos de la provincia. En 1914, viaja por primera vez a París, y a continuación embarca para América: Cuba, Argentina, Méjico... El 15 de abril de 1915, reaparece en Madrid en el Teatro Lara, donde estrena El amor brujo, que Falla había compuesto para ella. Más tarde, en 1934, haría una segunda versión, en el Teatro Español, junto a La Argentina, Vicente Escudero y Miguel de Molina, esta vez haciendo el papel de Lucía. El 14 de febrero de 1917, baila ante sus majestades dentro de una fiesta a beneficio de la Cruz Roja Española. Eran sus brazos lo que más gustaba, altos, al estilo de su madre, con giros suaves de las manos y forma redondeada, quedaron como modelo del buen braceo flamenco. Una costumbre suya, que consigue generalizar, es bailar flamenco con bata de cola. Adopta una forma de vestuario muy popular. En 1928, Pastora Imperio se retira de la vida artística hasta 1934, en que reaparece dando unos recitales de canciones y danzas gitanas en el Palacio de la Música de Madrid. Por estos años trabaja también en el Coliseum. De 1942 a 1954, estuvo al frente y trabajando en la venta La Capitana, propiedad de su yerno, el torero Gitanillo de Triana, muy concurrida por artistas. En un intervalo, en 1946, baila con la compañía de Pilar López. En 1958 se despide del público de Madrid, en el espectáculo Te espero en Eslava, en el teatro del mismo nombre, y en 1959 lo hace en Barcelona. A raíz de su retirada, y otra vez acompañada por su yerno, monta en Madrid el tablao flamenco El Duende y, en 1964, dirige otro llamado Los Monteros, en Marbella. Pasa la vejez retirada por completo del mundo del espectáculo rodeada de su familia, hasta los noventa años que muere de un paro cardíaco. Intervino en varias películas distanciadas entre sí por los años: La danza fatal, en 1914; La reina de una raza, 1917; María de la 0, 1936; La Marquesona, 1940; ¡Canelita en rama!, 1943; El amor brujo, 1949, y Duelo en la Cañada, 1959. Se hallaba en posesión del Lazo de Dama de la Orden de Isabel la Católica; la primera Medalla de Oro de la II Semana de Estudios Flamencos, celebrada en Málaga en 1964, y la Medalla de Oro de Santa María de la Victoria Patrona de Málaga. Sobre Pastora se ha escrito mucho por los autores más relevantes de la época. Todos sentían esa atracción característica de su personalidad. Jacinto Benavente: «Ve uno a Pastora Imperio y la vida se intensifica». Tomás Borrás: «Pastora Imperio es la pasión de una raza». Ramón Díaz Mirete, como tantos otros le dedica unos versos: «... Pastora / melodía, palillos, ritmo, gracia, serenidad; Pastora / bravura, sangre, fuego; / Pastora / ¡Andalucía!». Ramón Pérez de Ayala, escribe sobre una actuación suya: «...Y salió Pastora Imperio. Era entonces mocita, casi una niña, cenceña y nerviosa. Salía vestida de rojo; traje, pantaloncillos, medias y zapatos. En el pelo flores rojas. Una llamarada. Rompió a bailar. Todo era furor y vértigo; pero al propio tiempo, todo era acompasado y medido. Y había en el centro de aquella vorágine de movimiento un a modo de eje estático, apoyado en dos puntos de fascinación, en dos piedras preciosas, en dos enormes y encendidas esmeraldas: los ojos de la bailarina». Existen numerosos poemas donde se pone de manifiesto la belleza de la bailaora, especialmente sobre sus ojos verdes, pero hay algunos que tienen un trasfondo que muestra su forma de bailar, los hermanos Serafín y Joaquín Alvarez Quintero lo consiguen en los siguientes versos: «Tras las alegres vueltas de un paseo / ostentación del garbo y la majeza / la bella danza a dibujar se empieza / con valiente y armónico braceo. / Fingen las manos mágico aleteo / muévese altiva la gentil cabeza, / y recorre un impulso de fiereza / el cuerpo aquel que modeló el deseo. / ...y del postrer desplante al recio empuje, / ruedan los peinecillos y las flores / por el tablado, que a sus plantas cruje» .

Fuente: Fernando de Triana
ISABELITA DE JEREZ. Nombre artístico de Isabel Ramos Moreno. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1895‑Zamora, 1935. Cantaora. Casada con El Tordo y madre adoptiva de Rosa Durán. Se inició en un elenco organizado por el guitarrista Crévola, junto a La Titi y La Piñonera, para pasar después a los cafés cantantes de Sevilla, entre ellos el Novedades y el Kursaal, donde le acompañaba a la guitarra Javier Molina y alternaba con las principales figuras de su tiempo. Tras un año consecutivo en un local de Valdepeñas, donde coincidió con don Antonio Chacón y Manuel Torre, llevó a cabo una serie de actuaciones en Asturias y realizó sus grabaciones discográficas con el toque de Manolo de Badajoz, registrando fandangos, bulerías, soleares, peteneras, alegrías bulerías por soleá y saetas, cantes de los que era una excelente intérprete. Avecindada en Madrid, participó en numerosas fiestas privadas y elencos artísticos. Gozó de una gran popularidad y siguió la escuela de los cantes jerezanos. La última vez que cantó en su tierra natal, fue el mismo año de su muerte, 1935, el día tres de enero, en el Teatro Eslava, en compañía de El Sernita, Niño Flores, La Jerezanita y otros artistas, volviéndola a acompañar Javier Molina. Juan de la Plata, la ha calificado como «una gran emperadora de los cantes de Jerez».

Fuente: Manuel Bohórquez
ISIDRO, Paco. Nombre artístico de Francisco Barrera García, de origen familiar. Huelva, 1896‑1960. Cantaor. Su biógrafo Juan Gómez Hiraldo, ha glosado así su figura y su cante: «Empezó a cantar a los trece o catorce años... Principalmente cantó y explayó su arte en fiestas y en reuniones. Le llamaban continuamente de Sevilla, Jerez, El Puerto de Santa María, prácticamente de toda Andalucía. A la Feria de Sevilla iba contratado todos los años y al Rocío no faltó un solo año en toda su vida de artista. Sentía una gran devoción por la Virgen del Rocío por lo que le dedicó muchas creaciones originales de fandangos rocieros y seguidillas rocieras... Actuó por muchos festivales por toda Andalucía y en la famosa sala de fiestas El Guajiro de Sevilla estuvo contratado con mucha frecuencia. En su juventud hizo La copla andaluza en el Teatro Pavón de Madrid, en unión de otros artistas famosos de la época... Su creación artística fue de un gusto depurado y popular porque tenía una voz de gran timbre, con unos quiebros inimitables que abarcaban una gama de fandangos de mucha variedad a los que Paco Isidro imprimía el sello de su gran personalidad. Hizo fandangos, con peculiar estilo, cortos, valientes, rocieros, alosneros, serranos... Otra faceta del arte largo de Paco Isidro eran las saetas que cantaba con un arte, una fuerza y un gusto extraordinarios... También cantaba muy bien los verdiales y las malagueñas... Tenía verdadera pasión por las letras de fandangos; podía cantar más de doscientas sin repetir ninguna». Su discografía es muy amplia.

Fuente: Internet
ISLA, Alvaro de la. Nombre artístico de Alvaro Alvarez AÑino. San Fernando (Cádiz), ¿1929?‑Madrid, 1969. Cantaor. Su trayectoria artística estuvo ligada al ballet de Rosario, desde 1953 a 1955, para pasar después al de Mariemma, en 1958. Al año siguiente debutó en el tablao El Corral de la Morería de Madrid. Durante los años 1960, 1961 y 1962, figuró en el elenco del denominado Torres Bermejas. En 1963 actuó en el espectáculo de Antonio y en el tablao madrileño Los Canasteros, haciéndolo al siguiente en El Arco de Cuchilleros. En sus últimos años alternó sus actuaciones en los tablaos con giras por el extranjero con distintos grupos flamencos. Se le consideraba un excelente cantaor para acompañar el baile y efectuó grabaciones discográficas.

Fuente: Retocada. Bohórquez
ISLA, Niño de la. Nombre artístico de José López Domínguez. San Fernando (Cádiz), siglos XIX‑XX. Cantaor. Muy popular en los primeros años del siglo. La primera referencia que de él se conoce data de 1900, año en que toma parte, después de la actuación de una compañía cómico‑lírica, en una función celebrada en día 27 de noviembre, en el Teatro Principal de Cádiz, anunciado como «el célebre y conocido cantaor José López Niño de la Isla, acompañado por el popular tocaor de guitarra Juanillo El Panadero». Se sabe que diez años más tarde, el 29 de noviembre de 1910, también tras la actuación de una compañía cómico‑lírica, cantó en el gaditano Teatro Cómico, «por malagueñas, tangos y cartageneras», y con la misma guitarra, junto a La Niña del Columpio y Rosario Feria La Bonita. En Sevilla participó en los cuadros de varios cafés cantantes, entre ellos en El Novedades, donde en uno de sus programas de los primeros años de su existencia puede leerse: «y reaparición del cantador de tangos José López Niño de la Isla». Lo cual contradice la versión muy difundida de que era solamente un cantaor de reuniones privadas. Realizó grabaciones discográficas, entre ellas una interpretación de la malagueña de El Mellizo, y hay quien opina que creó una malagueña personal y que fue un buen conocedor de las tarantas primitivas.

JARANA, ANTONIO. NO VIENE

Fuente: Internet
JARRITO. Nombre artístico de Roque Montoya Heredia, de origen familiar. San Roque (Cádiz), 1925. Cantaor. Hermano de Jarrito y tío de Pedrito Montoya. Residió desde niño en Algeciras, donde se inició artísticamente, primero como bailaor y después definitivamente como cantaor. Se trasladó a Madrid, en los primeros años cincuenta, debutando en la sala de fiestas Villa Rosa de la Ciudad Lineal y, en 1953, ingresa en la compañía de Pacita Tomás, con quien viaja a Suecia. Al año siguiente le contrata Pilar López para su ballet, actuando en Portugal, Venezuela y finalmente en el Teatro de La Comedia de Madrid. Graba, en unión de Pepe de La Matrona, Rafael Romero, Pericón de Cádiz, Perico el del Lunar, Bernardo el de los Lobitos y otros destacados intérpretes, diversos estilos para la Antología del cante flamenco editada por Hispavox, en 1955, y entra a formar parte del cuadro del tablao madrileño Zambra, en 1956, pasando al año siguiente al llamado El Corral de la Morería. Organiza compañía propia re corriendo con ella la geografía española, presentándose junto a Fosforito en el Circo Price de Madrid. Emprende, en 1959, una gira con La Chunga y debuta en Nueva York, donde le canta a Carmen Amaya. Actúa seguidamente en el Teatro de los Campos Elíseos de París. Vuelve al tablao El Corral de la More ría en 1960, para pasar al siguiente año al denominado Torres Bermejas, donde permanece hasta 1963. En 1962 obtiene el primer premio en el Concurso Internacional de Arte Flamenco de Jerez de la Frontera, realiza una antología discográfica e impresiona La vida de don Antonio Chacón, con guión de Antonio Quintero. Es nominado Popular del diario Pueblo, en 1963, y, en Zaragoza, ilustra una conferencia de Martínez Beltrán, en el Círculo Medina, imponiéndosele La Cancela de Oro. Canta una temporada en el tablao madrileño Soleá y seguidamente en Las Cuevas de Nerja, de donde pasa, en 1965, a Villa Rosa y La Escuela, hasta 1966. Durante el año 1967, realiza una gira por Francia y, en 1968, otra por Japón. A su regreso inaugura un tablao de su propiedad en Marbella (Málaga), con el nombre de La Pagoda Gitana. En su ciudad natal, en 1971, se rotuló una calle con su nombre. Viajó a Méjico en los primeros años ochenta, permaneciendo en aquel país varios años, hasta 1985, reapareciendo en Madrid, con el elenco de Torres Bermejas. Actualmente ofrece recitales y conferencias, con el guitarrista Justo de Badajoz, como la celebrada en el Centro Cultural de la Villa madrileño, en 1986. Ha intervenido en las películas: De espaldas a la puerta, El padre Pitillo, A las cinco de la tarde, Recital en el Museo del Prado y Venganza. Está considerado un excelente profesional, preocupado por la ortodoxia del cante y su repertorio abarca una gran gama de estilos.

Fuente: Internet
JEREZ, Manolita de. Nombre artístico de Manuela Cauqui Benítez. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1935. Cantaora y cancionera. Se inició artísticamente en los primeros años cincuenta, formando par te de diversos elencos artísticos. En 1953, se presentó en el Teatro Calderón de Madrid. A partir de 1956, su trayectoria artística ha estado ligada al ballet de José Greco, con el que ha viajado por todos los continentes y actuado especialmente en los Estados Unidos. En sus interpretaciones flamencas ha seguido los estilos de don Antonio Chacón, destacando en malagueñas, alegrías y fandangos. Ha grabado en discos, algunos de ellos acompañada a la guitarra por Triguito. Desde hace varios años reside en su tierra natal, retirada de su arte. Se le considera una destacada profesional de su arte.





JEREZ, Niña de. Nombre artístico de Salud Salam. Jerez de la Frontera (Cádiz), siglo XX. Cantaora. Entre sus actuaciones en Madrid, en 1928, registramos su participación en un espectáculo celebrado en el Cine Pardiñas, y en 1929, en los teatros Fuencarral y La Latina. Grabó en disco.

Fuente: Homenaje. Retocada



JEREZ, Rafael de. Nombre artístico de Rafael Herrera Arana. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1920. Cantaor. Destaca por fandangos camperos y bulerías. Ha grabado en disco. Perteneció a diversos elencos artísticos, entre ellos al espectáculo La copla andaluza, junto a Rafael Farina y Alvaro de la Isla, en 1952. Parte de su vida artística se ha desarrollado en Barcelona.



Fuente: Cartel



JEREZANA, Ana María La. Nombre artístico de Ana María Domínguez. Natural de Jerez de la Frontera (Cádiz). Cantaora. Hija de El Batato. Siendo todavía una niña obtuvo en su tierra natal un premio por saetas, y en 1955, en Sevilla, un primer premio para profesionales por el mismo estilo, consagrándose como una gran saetera y grabando en disco.






Fuente: Mujeres flamencas
JOSELITO, La. Nombre artístico de Carmen Gómez, al parecer porque cuando tenía siete años el torero Joselito El Gallo le dio su nombre, bautizándola con vino de Jerez. Cartagena (Murcia), 1906. Bailaora. Casada con el guitarrista Juan Relámpago. Discípula de La Macarrona y de Antonio el de Bilbao. Crecida en Barcelona, frecuentó desde muy niña los cafés cantantes de la ciudad, donde se inició artísticamente, sobre todo actuando en el denominado Villa Rosa, hasta los dieciocho años. Durante siete meses lo hizo en el Kursaal Imperial de Madrid, en 1924. Con su marido debutó en el Teatro Romea, en 1925, año que también actúa en el vallecano Teatro Goya, junto al Niño de Tetuán. Con el elenco de La Argentina, se presenta en el Femina de París, y después en la Opera Cómica, en 1929, en compañía de Frasquillo, Juan Martínez y Viruta. Se instala en la capital de Francia, donde alterna su dedicación a la enseñanza de su arte con sus recitales e intervenciones en distintas obras, entre ellas la titulada Frasquita, en 1933, en la citada Opera Cómica. En 1936 realiza varios recitales en la Sala Pleyel parisina con Ramón Montoya, así como en Bélgica y en Gran Bretaña. Realiza giras por Europa, América y Australia. En 1940, toma parte con sus bailes en la versión coreográfica de la obra cervantina La ilustre fregona, en la Opera de París, y en 1942 vuelve a la Sala Pleyel, junto a José Torres. Ha grabado en discos con la guitarra de Pedro Soler y ha intervenido en la grabación discográfica Riches heures du flamenco, con Pepe de La Matrona y Jacinto Almadén, así como en las películas cinematográficas Maison de danses y La bandera. Sus estilos preferidos son farrucas, alegrías, soleares, siguiriyas, tientos, tarantos y zapateado. De sus últimas actuaciones en público destacan sus recitales, ilustrando conferencias en unión de Pepe de La Matrona, en la Sala Sarah Bernhardt de París y otros centros culturales franceses. Está considerada una excelente estilista del flamenco más clásico.

JOSELITO DE CADIZ (Véase Apéndice discográfico.)

JUANA MARÍA. NO VIENE

Fuente: Manuel Cerrejón
LAVAO DE PARADAS, L. (Véase Apéndice discográfico.)










Fuente: Internet


LEIVA, Manolo. Málaga, hacia 1925. Cantaor. Su proyección artística se ha desarrollado principalmente en el extranjero con diferentes elencos artísticos. Se trasladó a América con Roberto Ximénez y Manolo Vargas, avecindándose en los Estados Unidos, primero en Nueva York y después en Washington, donde actualmente alterna su dedicación a su arte con la de constructor de guitarras. OJOOOOO NO SÉ SI ES PIZARRA.





Fuente: Tartessos
LEON, Niño. Nombre artístico de Francisco José Rosado. Bollullos del Condado (Huelva), 191?‑Madrid, 1968. Cantaor. Se inició artísticamente en Sevilla, donde actuaba, en 1934, en el Kursaal Olimpia, y ese mismo año cantó en Fuente de Cantos (Badajoz), con Manuel Vallejo, dentro de una gira por distintas provincias. Participó, en 1936, en el Concurso Nacional de Cante Flamenco celebrado en el Circo Price de Madrid. Terminada la guerra civil, actuó en Cádiz, en 1939, con Canalejas de Puerto Real y La Niña de los Peines, y reapareció en Madrid, en el Teatro Fontalba, con la compañía de Mary Paz en 1942. También perteneció a la compañia de Juanita Reina, alcanzando gran popularidad en los años cuarenta y cincuenta, formando parte del espectáculo Pandereta, con el que recorrió España. Igualmente realizó giras por América del Sur. Popularizó un fandango personal, que algunos le atribuyen a su creación y otros consideran que pertenece a Juan Varea. Su muerte acaeció en accidente de tráfico a los pocos meses de regresar de América. Al decir de Juan Gómez Hiraldo: «En una reunión de artistas lo dejaban siempre para el final porque destemplaba la garganta más templada. No había quien pudiera cantar por su aire: Si lo vendes por dinero / ponle precio a tu querer. / Que si vale el mundo entero / pa comprarlo robaré / y que Dios me ampare luego. Realizó grabaciones discográficas.

Fuente: Pedro Riquelme
LEVANTE, Niño de. Nombre artístico de Pedro Garrido. Natural de Cartagena (Murcia). Nació en el primer cuarto de siglo. Padre de Pepa y Maruja Garrido. Cantaor. Participó en la película María de la O, cantándole a Carmen Amaya. Ha grabado en disco, acompañado por la guitarra de Sabicas, bulerías y fandangos.



Fuente: Internet y Luis Benito
LIMPIO, El. (Véase Azuaga, Pepe.)











Fuente: Retocada. Diccionario
LINARES, Niña de. Linares (Jaén), 1911. Cantaora. Hija de La Lavandera. Debutó a los doce años de edad, en 1925, en Madrid, en el restaurante Casa Juan, alternando con su madre, El Canario de Colmenar, Manuel Vallejo, Pepe Marchena y otras figuras de la época. A partir de su presentación, se sucedieron sus actuaciones en Madrid: 1926, teatros Eldorado, Fuencarral y Monumental Cinema; 1927, Monumental Cinema, Maravillas y Gran Cinema; 1928, La Latina, Monumental Cinema, Cine Pardiñas y Pavón; 1929, Fuencarral, y ese mismo año llevó a cabo una tournée con Manolo Caracol. Cantó en diversos espectáculos en giras por toda la geografía española, y en 1935 forma su propia compañia, presentándose en el Teatro Victoria de Madrid, con el titulo de Arte gitano, representando la comedia andaluza La zambra de Chorro Jumo. De Madrid pasó al Teatro Poliorama de Barcelona, y seguidamente a diversas capitales del norte y de Andalucía, hasta llegar a Sevilla, actuando en el Teatro Cervantes. En este espectáculo alternó con Niño de Talavera. Grabó numerosos discos y terminada la guerra civil, dirigía, en colaboración con Manolo Bulerías, el local andaluz La Feria, de Barcelona, donde prolongó su vida artística.

Fuente: Catálogo
LLASER, PEPITA. NO VIENE










Fuente: Internet

LOBITOS, Bernardo el de los. Nombre artístico de Bernardo Alvarez Pérez. También conocido en sus comienzos como Niño de Alcalá. Alcalá de Guadaira (Sevilla), 1887 Madrid, 1969. Cantaor. Desde los cinco años de edad vivió en Sevilla y se inició profesional mente en el Café Novedades, junto a las grandes figuras de la época, actuando consecutivamente durante diez meses. Pasó después a los cafés cantantes madrileños, figurando durante seis años en el elenco del Café Magdalena, empezándosele a llamar Bernardo el de los Lobitos, por interpretar unas bulerías con una letra que había oído a un montañés: Anoche sonaba yo / que los lobitos me comían / y eran tus ojitos negros / que miraban y me decían: / por Dios no me desampares / que yo he perdido la calor / de mi pare y de mi mare. Según José Blas Vega, su biógrafo, fue uno de los primeros que empezaron a cantar en Madrid por bulerías, siguiendo una nueva línea, la que impondrían La Niña de los Peines, Niño Medina y Manuel Vallejo. Durante la década de los diez a los veinte, fue figura imprescindible en los cuadros flamencos y en las fiestas madrileñas. Más tarde formó parte de los espectáculos llamados Opera Flamenca, recorriendo durante su mejor época toda España, junto a don Antonio Chacón, La Niña de los Peines, Manuel Vallejo, José Cepero, Ramón Montoya, etc. También formó parte de las compañías de Angelillo, Pepe Marchena y Manuel Vallejo. En los años de posguerra continuó actuando en este tipo de espectáculos y en el colmao madrileño Villa Rosa, paso obligado de todos los artistas y aficionados. En 1954 interviene en la grabación Antología del cante flamenco, editada por Hispavox, de tanta repercusión e importancia en el renacer del arte flamenco, interpretando sevillanas corraleras, verdiales nanas, el cante de la trilla y la mariana. «Todo el equilibrio emocional y musical  se ha escrito al respecto , de cordura y expresión, que albergaba la vida y la experiencia de Bernardo, supo plasmarlo en esta antología, con una aportación práctica, positiva, que ha dejado huella sutil en los cantaores de generaciones posteriores.» Igualmente participó en otra antología grabada en Méjico, en 1957, grabando siete números en plenitud de facultades y en la línea de reencuentro con el pasado flamenco: tangos de Cádiz, fandangos de Lucena, garrotín, farruca, granaína y media granaína de Chacón, marianas y la trilla. A partir de 1963, tras el cierre de Villa Rosa, intervino en recitales e ilustró conferencias y actuó esporádicamente en el tablao Zambra. El 12 de junio de 1965, ganó el premio del II Concurso Nacional de Cante por Cartageneras. Y en 1967, después de largos años de ausencia, volvió a cantar en su tierra natal, Alcalá de Guadaira, en 17 de agosto, en el homenaje a Joaquín el de La Paula, junto a Juan Talega, Antonio Mairena, Menese, María Vargas, El Perrate y El Platero. Murió el 30 de noviembre de 1969. José Blas Vega ha enjuiciado así su cante: «Era un cantaor larguísimo, todo un archivo de cantes, estilos y coplas inacabables, según la admiración que le causaba al propio Chacón. Lo dominaba no sólo por lógica vivencia, sino por inquietud personal y curiosa, pues siempre estuvo en la vanguardia de las nuevas tendencias, como lo reflejan sus más antiguos discos por bulerías, saetas, fandangos alosneros y el hecho de ser uno de los primeros cultivadores de los cantes hispanoamericanos: milongas, guajiras y hasta rumbas, y seguramente la rumba por él grabada (Gramófono AG163), sea la primera grabación flamenca de este cante que se conoce [...] El enciclopedismo de Bernardo no sólo consistía en conocer exhaustivamente todos los cantes; los de compás, los libres, los folklóricos, los menos populares..., sino que respondiendo a la calidad, era hacerlo a la perfección, con una técnica y un formalismo histórico, sin deformación, con autenticidad propia, con sentimiento, y expresión personal, y en esto estriba la diferencia en ser o no ser un verdadero maestro». Manuel Ríos Ruiz, opina de Bernardo el de los Lobitos: «Era la ternura del cante, el Azorín de la copla flamenca. Cantaba con la delicadeza de un pájaro y con el sentimiento de un alma en pena. Ni más ni menos: un maestro». Escrita por José Blas Vega, el Ministerio de Cultura editó, en 1986, una biografía de este cantaor, que fue presentada en las actividades paralelas de los festivales denominados Cumbre Flamenca.

Fuente: Juan Rondón



LOJA, Ramón de. Loja (Granada). Cantaor. Se inició en Málaga y en su comarca natal. Desde 1948 a 1954, figuraba en el ballet de Pilar López, marchando posteriormente a América y centrando sus actividades artísticas en Venezuela, donde reside.






LOPEZ, ADELA. NO VIENE

LOPEZ, LUISA. NO VIENE

Fuente: Pepe Claros


LUCENA, Niño. Lucena (Córdoba), siglo XX. Cantaor. En 1927 actuó en Madrid, en el Circo Parish, con Manuel Vallejo y Niño de Utrera, y también en el Teatro Fuencarral. Pasando después al Kursaal sevillano, donde se le anunciaba como intérprete de medias granaínas, fandanguillos y cartageneras. 







LUQUITAS de Marchena. Nombre artístico de Lucas Soto Martín, por deseo de Pepe Marchena. Linares (Jaén), 1913‑Málaga, 1965. Cantaor. Casado con La Niña de La Puebla y padre de Pepe y Adelfa Soto. En 1929, se presentó en Madrid, en el Monumental Cinema, junto a Pepe Marchena. Anunciado como «extraordinario en tarantas», realizó una gira por la geografía española, en el espectáculo encabezado por Angelillo, en 1931. A partir del año siguiente, su trayectoria artística está ligada a la de su mujer. Fueron sus últimas actuaciones las llevadas a cabo con el espectáculo Guitarra y canela, en 1964. (Véase Puebla, La Niña de La.)
 
Fuente: Fernando de Triana
MACACA. Nombre artístico de Miguel Cruz. Cádiz, siglos XIX‑XX. Cantaor. Casado con Enriqueta La Macaca. Su trayectoria artística se desarrollaría en los cafés cantantes de Sevilla, primero en el Café Silverio y después, en 1903 en el Café Filarmónico. Según Pepe el de La Matrona, tras la separación de su mujer, y ya en sus últimos años solía cantar la siguiriya que dice: Que desgracia la mía / donde vine a dar I con una hija de una mala mare / jarta de roar. Fernando el de Triana, glosó con énfasis su arte: «Cantó para bailar, pero no cantó nadie mejor, aquellos cantes conocidos por romera, mirabrás, la contrabandista, la tía pretola y los caracoles, en el más castizo compás para bailar por alegrías... Miguel Macaca fue el que alternó años y años con colosos de aquel cante que se llamaron Paco El Sevillano, José Barea, Romero El Artillero, El Quiqui y otros muchos. Fue un cantaor de extraordinarias facultades, completísimo en todos los cantes grandes por soleares y siguiriyas, las diferentes canas y polos y serranas. Y para qué decir más: fue un verdadero maestro del cante, al que el gran Silverio contrataba por años consecutivos».

Fuente: Fernando de Triana
MACACA, Enriqueta La. Nombre artístico de Enriqueta Díaz. Cádiz, siglos XIX‑XX. Bailaora y cantaora. Casada con Macaca. Su trayectoria artística se desarrolló junto a su marido, en el Café de Silverio sevillano y después en el Filarmónico, en 1903. En 1905, actuaba en el Novedades. Fernando el de Triana, escribió sobre ella la siguiente semblanza: «Bailaora de extraordinaria valía personal, como lo está diciendo su retrato, expresión de gracia y flamenquismo puro, aunque no es gitana. Además de su buen arte de bailaora, daba con su hermosura mucho relieve al magnífico cuadro flamenco que actuaba en el famoso Café de Silverio, donde actuó muchos años, por contar con muchas simpatías por parte del público. Esta excelente bailaora tenía, además, otro valor artístico: era una buena cantaora y gran entusiasta de los cantes grandes, que ajustaba con facilidad y sumo gusto».

Fuente: Cartel



MACARENA, Milagros La. Madrid, siglo XX. Cantaora. Conocida en sus principios por La Guerrita, hasta que Pepe Marchena le cambió el nombre artístico. Hermana de La Serranita. Realizó con Pepe Marchena, en 1934, una gira por la geografía española. Imitaba el fandango de Palanca y grabó en disco, acompañada a la guitarra por Sabicas.



Fuente: Manuel Bohórquez

MACARENO, Antonio El. Sevilla, siglo XIX‑Madrid, siglo XX. Cantaor. Actuó en los cafés cantantes de su tiempo. En Madrid, donde vivió junto a Pepa de Oro, frecuentó las reuniones de los colmaos, alternando con los más destacados artistas de su tiempo. En 1912, participó en el homenaje celebrado en honor de José Ortega, en el Teatro Barbieri, en unión de don Antonio Chacón, Manuel Torre, Rita Ortega, Salud Rodríguez y Patricio El Feo, entre otros intérpretes. Grabó en disco. BOHÓRQUEZ PRESUME QUE ES EL MACARENO.



Fuente: Retocada. Cartel

MADRID, Eusebio de. Nombre artístico de Eusebio García. Valladolid 191?‑Madrid, 198?. Cantaor. También conocido en sus principios como Niño de Madrid, donde vivió desde muy joven. Su trayectoria artística se desarrolló primordialmente durante los años treinta. En 1930, actuó en el local madrileño Rosaleda y realizó una gira por la geografía española con José Cepero. También recorrió España, en los años 1932 y 1933, con los elencos de La Niña de los Peines, Pepe Marchena y Angelillo. En sus últimos años de vida artística frecuentó el Colmado Los Gabrieles de Madrid, participando en fiestas íntimas.




Fuente: Retocada. Diccionario
MADRID, Niño de. Nombre artístico de Juan Sanz Vega. Madrid, 1899‑1970. Cantaor. Se inició a los dieciséis años de edad en distintos locales madrileños, entre ellos el Kursaal Imperial, donde, en 1925, actuaba junto a Luisa Requejo, El Gloria, El Cojo de Málaga, La Macarrona, La Malena, La Pompi, Niño de Medina, Manolo Pavón, Villarrubia, Ramón Montoya y don Antonio Chacón. Este mismo año participó en el concurso Copa Pavón del teatro del mismo nombre, y al año siguiente trabajó en el Cinema Pavón, con Carmen Vargas y Pepe de Badajoz, así como en el Teatro Centro y en el Monumental Cinema. Durante 1928, alternó giras con sus actuaciones en el Cine Pardiñas de Madrid. Volvió al Teatro Centro, con Pepe de Badajoz, en 1929, pasando seguidamente al Cine San Carlos, en compañía de Angelillo. En 1930, estuvo en el Chueca, realizó su primera grabación discográfica y recorrió con Angelillo, Ramón Montoya y Antonio Molina, Zaragoza, Valencia y Barcelona. Estaba considerado un excelente malagueñero y poseyó una buena voz cantaora, por lo que fue muy popular.

MADROÑO, JOSÉ. NO VIENE

Fuente: Diccionario
MAERA, Manuel. Nombre artístico de Manuel Vega Vargas, de origen familiar. Sevilla, 1922‑1986. Cantaor. Hijo del matador de toros Maera y sobrino de Gitanillo de Triana. Novillero en su primera juventud, alternó después su dedicación al arte flamenco con el oficio de mozo de estoque de varias figuras del toreo. Después de una etapa en la que su trayectoria artística transcurrió en los colmaos y locales de la Alameda de Hércules sevillana, pasó a la venta madrileña La Capitana y también al Tablao El Duende. Seguidamente viajó a América, donde participó en espectáculos junto a grandes figuras. Entre sus actuaciones en el extranjero, destaca su paso por el Liceo de París. Recorrió toda España con la compañía de Lola Flores y realizó grabaciones discográficas. Sus últimas intervenciones como artista flamenco, tuvieron lugar en 1985, formando parte del espectáculo Los últimos de la fiesta, con otros artistas veteranos. El novelista Rafael Ríos Mozo, lo sitúa con su propio nombre en su novela Que Dios reparta suerte, como mozo de estoque. Dominaba un amplio repertorio de estilos, destacando por bulerías, fandangos y soleares de su barrio de Triana.

Fuente: Juan Rondón
MAIRENA, Antonio. Nombre artístico de Antonio Cruz García. También conocido en sus comienzos como El Niño de Rafael y Niño de Mairena. Mairena del Alcor (Sevilla), 1909‑Sevilla, 1983. Cantaor. Hermano de Curro y Manuel Mairena. Hijo de fragüero se inició en la profesión de su padre y creció en el ambiente flamenco de su familia gitana, en una de cuyas fiestas cantó por vez primera, hacia el año 20, con motivo de la estancia en su pueblo natal del bailaor Faíco, interpretando un tango de Pastora Imperio, de moda por aquellos días. En 1924 obtuvo el premio del concurso celebrado en Alcalá de Guadaira (Sevilla), otorgado por un jurado en el que figuraba Joaquín el de La Paula. Debutó en el Kursaal Internacional de Sevilla, en 1930, acompañado a la guitarra por Javier Molina. Después de hacer el servicio militar en plazas africanas, se instala en Sevilla, participando en reuniones y fiestas íntimas en los colmaos de la Alameda de Hércules y en el Pasaje del Duque. Durante la Semana Santa de 1933, cantó saetas desde la Tertulia Sevillana, entidad enclavada en la calle Sierpes, alcanzando un gran éxito, por lo que fue paseado a hombros por los aficionados. El mismo año conoce a Carmen Amaya, en una fiesta en La Venta de Antequera, quien le contrata para grabar en Barcelona la canción de su película María de la O. Continuó participando en reuniones y en 1936, actuó con la guitarra de Melchor de Marchena, en Mairena, en una función benéfica. Al día siguiente estalló la guerra civil, durante la cual siguió viviendo y cantando en Sevilla. A través del guitarrista Esteban de Sanlúcar, realizó su primera grabación en 1941. Seguidamente figuró en la compañía de Juanita Reina y en el ballet de Pilar López, durante los años 1943 y 1944. Pastora Imperio le contrató, en 1945, para actuar en su venta La Capitana, de Madrid, alternando con Juanito Mojama, Niño de la Calzada, José Cepero y otros artistas. A continuación pasó al colmao Villa Rosa y al cabaret Samba. A finales de los años cuarenta, participó en el espectáculo de Carmen Amaya, en el Teatro Fuencarral. En 1950, es contratado para hacer una gira por Europa con el ballet de Teresa y Luisillo, recorriendo Bélgica, Alemania y Gran Bretaña, y más tarde parte de Africa, realizando en Tánger una grabación discográfica. Al llegar la época de los tablaos, actuó en El Duende, de Madrid, para pasar después al ballet de Antonio, en el que permaneció varios años recorriendo Europa, América, Africa y Asia. Abandonó el cante para bailar a finales de los años cincuenta, y en 1962, en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, se le otorgó la Llave de Oro del Cante, que recibió de manos de Antonio, en el Alcázar de los Reyes Cristianos. Con tal motivo recibió el primer homenaje de su vida, organizado por la Cátedra de Flamencología, en Jerez, en un festival con la participación de destacados artistas y de los poetas Ricardo Molina, Antonio Murciano y Manuel Ríos Ruiz. Desde entonces se empeñó en revalorizar el cante y llevó a cabo una serie de grabaciones antológicas. Participó en los festivales andaluces como primerísima figura y publicó, en colaboración con Ricardo Molina, el libro Mundo y formas del cante flamenco. La Cátedra de Flamencología, que le había nombrado presidente honorario en 1959, le concedió el Premio Nacional de Cante, en 1971 y del Disco en 1966. En su pueblo natal se fundó la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena y numerosas peñas flamencas, algunas extranjeras, llevan su nombre. Fueron muchos los homenajes y las distinciones que recibió durante los años sesenta y setenta, culminados con la imposición de la Medalla del Trabajo y la Medalla de Oro de las Bellas Artes. En 1976, la Universidad de Sevilla, publicó su libro Las confesiones de Antonio Mairena, en edición preparada por Alberto García Ulecia, e igualmente publicó artículos en prensa y revistas especializadas. Poco antes de su muerte, realizó su última grabación en disco, a beneficio de los artistas flamencos de la tercera edad. Hijo adoptivo de Sevilla, murió en esta ciudad el día 5 de septiembre de 1983, a consecuencia de un ataque cardíaco, siendo trasladado su cadáver a Mairena de Alcor, donde fue instalada la capilla ardiente y donde tuvo lugar su entierro, al día siguiente, con la presencia de los presidentes de la Junta de Andalucía y del Parlamento Andaluz, de legado del gobierno en Andalucía, numerosas autoridades, artistas flamencos y aficionados, que formaron un cortejo de varios miles de personas. El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía le concedió póstumamente el título de Hijo Predilecto de Andalucía, «por su trabajo, que ha marcado un hito funda mental en la historia de la cultura andaluza». Tras su muerte, lo mismo que en los últimos años de su vida, Antonio Mairena, fue objeto de numerosos ho menajes, destacando entre ellos, el que tuvo lugar en el Teatro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, el día 16 de enero de 1984, organizado por la citada entidad y la Dirección General de Música del Ministerio de Cultura, con asistencia de su titular y la participación de los siguientes artistas: Pepa Montes, Curro de Triana, Chano Lobato, El Chaquetón, Fernanda de Utrera, Fosforito, Manolo Heras, José Mercé, El Lebrijano, Manolo Mairena, La Perrata, José Menese, Juan Carmona (hijo), Enrique de Melchor, Juan y Pepe Habichuela, Ricardo Miño, Oscar Luis, Pedro Peña, Perico del Lunar, Juana la del Revuelo y Paco Valdepeñas. Los ingresos de este espectáculo fueron destinados a beneficio de los artistas flamencos de la tercera edad. A continuación insertamos un serie de opiniones y comentarios sobre la personalidad artística de Antonio Mairena. Félix Grande: «Nos hemos preguntado muchas veces si los cantes que Mairena atribuye a los viejos maestros que ardieron en las épocas anteriores a la aparición del fonógrafo son verdaderamente los cantes de aquellos rumorosos antepasados o si, en mayor o menor medida, son elaboraciones que Mairena, con pudor y tal vez con astucia, arrimaba a los nombres de aquellos clásicos del arte del desconsuelo y del consuelo. Con pudor, porque, de haber sido Mairena el creador, o el recreador siquiera, de tan impresionante abanico de formas expresivas, proclamar una paternidad tan caudalosa hubiera parecido presunción. Con astucia, porque, al encargar a los antepasados la paternidad de esa nómina dilatada de formas exactas y majestuosas, zanjaba cualquier posible discusión e instalaba esos cantes, directa, definitivamente, en la riqueza de la herencia flamenca, ya que en el mundo del flamenco lo antepasado es ley, la cana es un motivo de respeto y la raíz es el origen de la germinación... Pero aun cuando esos cantes que él atribuye a los creadores legendarios sean, efectivamente, creaciones del siglo XIX, ello no debe aminorar ni la gratitud ni el asombro que le debemos a Mairena. Ese asombro, esa gratitud, se los ganó Mairena paso a paso, parsimoniosa, inexorablemente, en una doble dimensión de su arte. Por un lado, cantando como el viejo lo hacía: de esa manera en donde la bravura y la serenidad, el rigor y el arrojo, la virulencia y la mesura, la pasión y el conocimiento formaban siempre un trabado caudal de homogénea fortuna; por otro lado, rescatando o reelaborando cantes casi olvidados, o casi no existidos, y en una proporción tan vasta y con una belleza tan solemne y un ímpetu tan puntual que, finalmente, la aportación de don Antonio a la historia del cante ha sido ya algo más que la aportación de un artista, de un estilo e incluso de una escuela: es una aportación tan gigantesca que se diría que con Mairena se nos ha muerto, junto a un hombre, una universidad». Angel Alvarez Caballero: «Los cánones fueron casi una obsesión para Antonio Mairena. Le preocupaba que los artistas que vinieran detrás de él, y los aficionados, le reprocharan que hubiera hecho algo en el cante que no estaba dentro de los cánones. Fue éste quizá el talón de Aquiles de Mairena, pero también fueron sus poderes. Porque su extensa discografía es casi toda ella una lección espléndida, magistral... del mejor cante flamenco de todos los tiempos. No hay, ni ha habido, ni seguramente lo habrá en muchos años un cantaor capaz de realizar una obra tan vasta y completa, y con el marchamo de perfección con que la ha llevado a cabo Mairena. Hay grabaciones suyas fundamentalmente La gran historia del cante gitano‑andaluz que están sirviendo y servirán por mucho tiempo de referencia para fijar la manera más ortodoxa de interpretación de determinados estilos, con la seguridad además de que en muchos de ellos Mairena engrandeció considerablemente el modelo original. En consecuencia, reprocharle ser un simple copista de cantaores anteriores parece, por lo menos, no ajustado a la verdad». Antonio Burgos: «No niego, ni mucho menos, todo lo que el Niño de Mairena hizo por el cante. En primer lugar, pasar de ser el Niño de Mairena a ser llamado, en las universidades, don Antonio Mairena. Se está escribiendo ahora mucho que Mairena dignificó el cante. Pero hemos de considerar que mayormente Mairena se dignificó a sí mismo. Para mí, que sus cronistas aúlicos hasta le inventaron una biografía. Entre líneas, muy entre líneas, hay que saber que se ganó la vida durante muchos años con una droguería, o que sus verdaderos comienzos artísticos fueron formando parte del cuadro de Antonio El Bailarín, cantando con un peluquín puesto. Lo cual, quizá, le honra más todavía. Podemos negarle a Mairena muchas cosas, pero no la inteligencia. Supo como Belmonte rodearse de intelectuales. Los mismos intelectuales que despreciaban la gran verdad del cante de tranvía del Bizco Amate o de lo auténticamente popular de la época (que era el Niño Marchena, que era Caracol, que era Valderrama), se autocomplacían porque en Mairena creían encontrar al pueblo. A lo cual don Antonio añadía aquello que le salía tan bien del pueblo gitano‑andaluz, áteme esa mosca por el rabo, ¿qué tiene que ver el pueblo andaluz con las senas de identidad de una minoría étnica internacional y trashumante? ...Mairena ha muerto en olor de honores. Lo ha tenido todo en vida, homenajes, calles, medallas, títulos de hijo adoptivo y predilecto. Repito que no sé si dignificó el cante. Pero, haciendo de Enciclopedia Británica de la siguiriya, de Larousse de la soleá, bien que supo dignificarse a sí mismo. Don Antonio Chacón le puso al cante el esmoquín y la corbata de lazo. Don Antonio Mairena a punto estuvo de colocarle la toga, el birrete y la muceta... Y dicen que sacó el flamenco de los cuartos de los señoritos borrachos. Quizá lo sacó porque los señoritos están ya todos arruinados y el tiempo que gastaban en los cuartos lo emplean ahora con los directores de banco. Pero si Mairena sacó el cante de los cuartos, lo metió en los ayuntamientos, en las delegaciones de cultura. Es decir, quizá Mairena no dignificó, como se dice, el cante, sino que lo puso a la altura de los tiempos. Fue más inteligente que todos sus contemporáneos, y supo dónde estaban los nuevos señoritos. Dejó el cuarto del Novedades, pero entró en el cuarto de la Consejería de Cultura de la Junta, que no sé qué será peor». Joaquín Herrera Carranza: «Dentro del mundo del cante flamenco la presencia de Antonio Mairena no es la de un gran cantaor, ni con mucho la de un genial maestro, sino que viene a representar la primera división de su historia: "Antes y después de Antonio Mairena", se dirá cuando los cronistas y narradores del porvenir sigan ocupándose de su cosmos... La obra de Antonio Mairena pertenece, aunque él mismo no lo reconozca así, a la creación. Representa la creación personal que, partiendo de profundos conocimientos vivos, llega a la forma nueva de su huella, que transforma en la misma estructura del cante». Francisco Almazán: «Antonio Mairena es el eslabón que enlaza los grandes cantaores del pasado con los que forman nuestro espléndido presente; el maestro que guarda la llave de oro de las viejas glorias». Francisco Amores: «Sobresale su increíble capacidad de recreación de cantes antiguos, su fina sensibilidad que le hace no ya reemplazar a cada creador de estilos que reproduce, sino mejorarlo y darle unos ecos y unos melismas que han constituido una forma de cantar, la que hoy se llama mairenismo, ávidamente seguido por multitud de cantaores jóvenes que ven en él el faro que guía la continuidad de un arte telúrico, genuino, raíz de un pueblo el andaluz y de una raza la gitana , que tiene en Mairena la expresión y símbolo exactos». Francisco de la Brecha: «El magisterio de Antonio Mairena en el cante está fuera de toda discusión y por encima de cualquier clase de particularismos y partidismos. Sólo una ignorancia manifiesta o una bandería inconsecuente con el propio conocimiento del cante, parcialistas o malintencionados pueden desconocer que la aportación de Mairena no ha tenido paraigual en toda la historia del flamenco, sin que en esto sean permisibles limitaciones ni condicionamientos de ninguna clase». José Manuel Caballero Bonald: «No hace falta insistir en que Antonio Mairena el mejor cantaor contemporáneo y una de las grandes figuras de toda la historia del flamenco aparece vinculado desde siempre a las más puras determinantes humanas y artísticas del cante gitano‑andaluz». Danielle Dumas: «Este renacer de la afición por el cante flamenco es en realidad un sobresalto suscitado y traído por el maestro Antonio Mairena. El es el artesano de este renacer; desde hace quince años ha impuesto al público las formas puras del cante, ha sido él quien ha desviado la inclinación por los cantes fáciles y las voces dulzonas para conducirlos poco a poco por los caminos del cante jondo». Aquilino Duque: «Gracias a él hemos sabido en estos años de viva voz en qué consiste la pureza del cante y hasta qué punto en la tradición y en el rescate creador de los cantes matrices, la invención se funde y se confunde con el recuerdo. Ni una sola vez he oído a Mairena repetirse; siempre ha sacado letras distintas, siempre modos distintos de expresión. Los cantes, sin dejar de ser antiguos, eran nuevos en él. Para él la tradición no ha sido la conservación de unas formas antiguas, sino el conocimiento de las leyes que rigen una continua renovación». Alberto García Ulecia: «Está dotado de un noble talento natural y de una extraordinaria intuición musical, quizá sólo comparable a las de Enrique El Mellizo, Joaquín el de La Paula, Manuel Torre, Antonio Chacón, Tomás y Pastora Pavón o Pepe Marchena. Estas facultades convierten a Antonio Mairena en un autodidacta dotado de una especial clarividencia para el cante». Luis Melgar: «Mairena es mucho más que un excelente cantaor. Es, no se asusten los timoratos ni se rasguen las vestiduras los puritanos, un místico flamenco; misticismo que le ha llevado siempre, desde sus primeros pasos, cuando aún no estaba cimentado ni su arte ni su nombre eran tiempos en que se le conocía como Niño de Rafael , a buscar con frenesí obsesivo la pura verdad flamenca para ofrecerla como contrapartida a tanto desvarío, a tanto sucedáneo, a tanta mentira y a tanta falsedad como recubrían el cante». Ricardo Molina: «Mairena es un cantaor nato y además ha seguido lealmente su vocación. De ahí su impresionante autenticidad. Pero en el cante no basta con lo personal. Más que para ningún artista vale para el flamenco la mirada de Goethe: "Desgraciado el artista que no recibe la antorcha y no la transmita a su vez"». Francisco Moreno Galván: «El cante de Antonio Mairena representa una lección fundamental para las nuevas generaciones de intérpretes y un ejemplo que perdurará en las venideras por su conocimiento y su sentido de la integridad flamenca». Fernando Quiñones: «En el plano de los cantaores, Mairena es, pues, la columna vertebral con que hoy cuenta la andante flamencología y se le debe el acarreo de no menos de veinte modalidades perdidas y recuperadas por él. Sin embargo, no lleguemos a formarnos de él la imagen de un frío estudioso con buenas facultades; hablamos de un artista y no de un sabihondo dueño de una voz que le permite volcar sus sabidurías. Incluso sospechamos que es el último creador con que contamos». Juan Teba de Montes: «Musa de los ortodoxos del cante, ídolo de cantaores puristas, con salvoconducto para adentrarse en los cenáculos de intelectuales que hablan y escriben del cante, pieza admirable y sorprendente de una España artística sospechosamente mediocre, gitano errante en la investigación de los amaneceres del cante de su raza, ídolo también». Manuel Ríos Ruiz: «Desde la más remota de las tonás a las más bullangueras y rítmicas variantes buleaeras  ahí está ese tesoro que nos ha legado: su amplia y magna discografía ha recorrido con su decir enamorado todo el árbol frondoso del cante, sintiendo y teniendo en cuenta algo claramente vital, que el cante es una manifestación racial y artística, donde se revela la idiosincrasia de un pueblo, la expresión mágica de la fuerza matriz de una tierra y de una gente, para reflejar de modo explícito una manera de ser transportada a una forma de estar. Y eso no lo saben todos los que cantan. Mairena, sí lo sabía. Por eso ha dejado con su muerte un poco huérfano el cante jondo, porque lo representaba tan unánimemente, de una manera tan total, que por mucho que miremos alrededor de su mundo no encontramos, por ahora, otro patriarca». José Luis Ortiz Nuevo: «Antonio Mairena no ha sido el mejor cantaor del siglo XX. ¿Quién pudo decirlo, si con él fueron Pastora y Tomás Pavón y Manuel Torre y Chacón y Caracol y Aurelio? Fue, eso sí, uno entre los elegidos que han de recordar los siglos, Antonio Mairena ha sido un creador de formas más que un recopilador de viejos estilos. La historia de los cantes de Charamusco, o la toná de los pajaritos, o los romances y corridos, por ejemplo: no es sino la muestra de esa voluntad que Antonio tenía de buscar padres ignotos a sus criaturas». Y finalmente, Agustín Gómez: «Antonio Mairena, técnica, escuela en la que se aprende y escuela en la que se enseña, pero en la que siendo él elegido no habrá otro elegido, escuela de muchos alumnos, escuela que hará prosélitos, pero la lección tan bien explicada no admite otras derivaciones, otras ampliaciones o interpretaciones, ha cerrado Mairena toda posible evolución de su propia escuela. El mairenismo empieza y termina en Mairena. Afortunadamente es sólo una escuela en el ancho mundo del flamenco y mirando en otras posibilidades artísticas es por lo que pensamos que éstas seguirán viviendo porque seguirán evolucionando».


Fuente: Su familia.
MÁLAGA, NIÑA DE. NO VIENE







MALAGUEÑA, ANTONIA LA. NO VIENE

Fuente: Internet
MALAGUEÑO, Manolo El. Nombre artístico de Manuel Pendón Rodríguez. Málaga, 191?‑Sevilla, 1975. Cantaor y cancionero. Se inició en Andújar, en 1930, actuando también en Córdoba durante largo tiempo. Terminada la guerra civil, se traslada a Madrid en los primeros años cuarenta, contratado para el espectáculo La encontré en la serranía, por su primera figura Pepe Marchena, debutando en el Teatro Fontalba y realizando una gira por la geografía española, en 1944. Otros de los numerosos espectáculos en los que ha intervenido son los siguientes: 1947, Pasan las coplas, con Pepe Marchena, y Solera de ases, con Jacinto Almadén; 1948, Fantasía andaluza; 1950, El sentir de la copla, con Manuel Vallejo y José Cepero; 1956, Así canta Andalucía, con Pepe Marchena; 1958, Festival Nacional de Cante Andaluz, con Pepe Marchena; 1961, La rosa y el cante, con Juanito Valderrama; 1965, Así canta Andalucía, con Pepe Marchena; 1969, Los mejores del cante, con Porrinas de Badajoz, La Niña de Antequera, Antonio Molina, La Niña de La Puebla y Pepe Soto; y Gran gala flamenca, con Antonio Molina y La Niña de Antequera; 1970, Tablao flamenco, con El Sevilla no; 1971, Los mejores, con Pepe Marchena y Juanito Valderrama, y 1973 Los grandes del cante, con Juanito Valderrama y El Sevillano. Una de sus actuaciones más significativas, al margen de los espectáculos enunciados, fue su participación como artista invitado, en el II Concurso Nacional de Cartageneras, celebrado en Cartagena, en 1965. Su discografía es muy extensa, basada, en lo concerniente a estilos flamencos, en los cantes de Levante, los de ida y vuelta y los fandangos. En 1972, tres años antes de su muerte se organizó un festival taurino, en Torremolinos, auspiciado por el torero El Cordobés y Pepe Marchena, para recaudar fondos en su beneficio, con la participación de los diestros Juan de Dios Pareja Obregón, El Litri, Chamaco, Miguelín, Rafael de Paula, Manolo Cortés y José Ortega.

MANCHA, Niño de La. Nombre artístico de Alfonso de la Serna. Natural de Mestanza (Ciudad Real), 192?. Cantaor. Se inició en un programa de Radio Madrid, en los primeros años cuarenta, pasando a actuar en los teatros madrileños, formando parte de diversos espectáculos, entre ellos los de Pastora Quintero y el de Rosario y Antonio. Desde 1951 a 1953, actuó en Buenos Aires, para volver a España y continuar formando parte de distintos elencos artísticos.

MANCHA, Niño de La. Nombre artístico de José Casas Cimarro. Natural de Casasimarro (Cuenca), 192?. Cantaor. Se inició en Sevilla, donde vivió desde muy joven, y ha formado parte de diversos elencos artísticos. Desde los últimos años sesenta está dedicado a la organización de espectáculos flamencos.

MADRID, MANOLITO DE. NO VIENE

Fuente: Internet y Diccionario
MANZANILLA, Manolo. Nombre artístico de Manuel Terrón. Manzanilla (Huelva), siglo XX. Cantaor. A mediados de los años treinta obtuvo un premio en un concurso celebrado en el Salón Variedades de Madrid, pero hasta los años cuarenta no se reveló artísticamente. En 1947, formó parte del elenco de Pilar López, actuando en España y en el extranjero. Después de una temporada en el tablao madrileño Villa Rosa, pasó a la compañía de Rosario y Antonio, en 1951. Volvió a Madrid, en 1953, para actuar en el Jardín Villa Rosa, junto a Rosa Durán, Paco Aguilera y Luis Heredia. Desde mediados de los años cincuenta regentó la venta de su nombre, en Madrid, que se convirtió durante largos años en uno de los lugares de reuniones de cabales, con la participación de destacadas figuras del cante, el baile y el toque. Falleció hacia el final de los años setenta. Tiene varias grabaciones.

MANZANITO DE CASTUERA. Castuera (Badajoz), 1923. Cantaor. Figuró en numerosos elencos flamencos, sobresaliendo por soleares. Una de sus actuaciones más notables fue en 1947, en el madrileño Circo Price, con El Cojo de Huelva y La Niña de La Puebla.

MARAVILLA, Niño. Nombre artístico de Diego Cano. Cádiz, siglo XX. Su trayectoria artística estuvo proyectada en las reuniones de cabales y fiestas íntimas. En 1953, participó en el Concurso Nacional de Alegrías celebrado en su ciudad natal.

Fuente: Luis Rondón
MARAVILLAS, Juanito. Nombre artístico de Juan García Alcaide. Villaviciosa (Córdoba), 1921. Cantaor. Ha formado parte de diversos elencos artísticos en gira por la geografía española, entre los que cabe reseñar los siguientes: 1947, Solera de ases, con Manolo El Malagueño y Jacinto Almadén; 1966, Yo contra todos, con Juanito Valderrama; 1967, Festival flamenco, también con Valderrama; 1971, Romance flamenco, con Rafael Farina y La Niña de La Puebla; 1972, Los mejores, con Juanito Valderrama y La Niña de Antequera; 1976 Primer festival de ópera flamenca, con Juanito Valderrama y Porrinas de Badajoz; y 1979, Caras conocidas, con El Príncipe Gitano y Antonio Molina. Aunque cultiva diversos estilos, entre ellos milongas, alegrías, vidalitas, etc., su especialidad es el fandango artístico, con un estilo brillante influenciado por los de Pepe Marchena y Pepe Aznácollar. Tiene abundante discografía y, en 1978, en Campillos (Málaga) le fue tributado un homenaje por la peña flamenca de aquella localidad, consistente en un festival flamenco, en el que actuaron intérpretes de la comarca y él mismo, acompañado a la guitarra por Manolo Carmona.

Fuente: Fonográficas del Sur
MARCHENA, Luquitas de. Nombre artístico de Lucas Soto Martín, por deseo de Pepe Marchena. Linares (Jaén), 1913‑Málaga, 1965. Cantaor. Casado con La Niña de La Puebla y padre de Pepe y Adelfa Soto. En 1929, se presentó en Madrid, en el Monumental Cinema, junto a Pepe Marchena. Anunciado como «extraordinario en tarantas», realizó una gira por la geografía española, en el espectáculo encabezado por Angelillo, en 1931. A partir del año siguiente, su trayectoria artística está ligada a la de su mujer. Fueron sus últimas actuaciones las llevadas a cabo con el espectáculo Guitarra y canela, en 1964. (Véase Puebla, La Niña (le La.)




Fuente: Fernando de Triana
MARCHENA, Niña de. Nombre artístico de Josefa Ramos Martín. Marchena (Sevilla), 1915 Caracas (Venezuela), 1980. Cantaora. Obtuvo, en 1935, el premio de saetas de la Semana Santa de Sevilla, y ese mismo año realizó una gira por la geografía española, alternando con La Niña de los Peines. Por aquellas fechas, Fernando el de Triana, escribió sobre sus cualidades artísticas: «De esta flamante cantaora, sólo diré que posee una preciosa voz, clara y potente; y que a pesar de su juventud, tiene una afición sin límites a los cantes viejos. De mi escuela canta la jabera y la rondeña, y donde quiera que ha cantado estos cantes se los ha premiado el público con halagüeñas ovaciones». Cantó en varios locales flamencos de Caracas.


Fuente: CD del Niño de M.
MARCHENA, Niño de. Nombre artístico de José Tejada Martín. Marchena (Sevilla), 1903‑Sevilla, 1976. Cantaor. Durante la primera parte de su trayectoria artística, se anunciaba como Niño de Marchena. En su infancia fue zagal borriquero, aprendiz de herrero y tabernero, trabajos que alternaba con su dedicación a cantar por las noches en los bares y ventas, pasando al final la bandeja. Su debut profesional tuvo lugar en Fuentes de Andalucía, donde ganó un concurso de aficionados, pasando a actuar en La Puebla de Cazalla, Morón de la Frontera y Osuna, siendo seguidamente contratado, cobrando cinco duros diarios, en el Café Novedades de Sevilla. Su primera salida de la provincia sevillana, tuvo como destino Córdoba, donde alternó con Luisa Esteso y Amalia de Isaura, en el Cine Ramírez. El cantaor Rafael Pareja le recomienda para debutar en Madrid, haciéndolo en 1921, en el merendero Casa Juan, sito en La Bombilla, junto a El Canario de Colmenar y La Lavandera. Obtienen un gran éxito, y al año siguiente el empresario Carcellé lo lleva al Teatro La Latina, con un sueldo de doscientas pesetas diarias. Graba su primer disco, toma parte en la comedia lírica Málaga, ciudad bravía, en el Teatro Martín, con Ramón Montoya. En junio del mismo año, con motivo de la visita oficial de los reyes de Italia, canta ante ellos en el Palacio de Liria, en unión de Chacón, Pastora Imperio, La Niña de los Peines y Escacena. Seguidamente canta durante varios días en el Teatro Novedades de Madrid. Otra actuación histórica de Pepe Marchena, se produjo en Sevilla, en 1925, durante la inauguración del Hotel Alfonso XIII, en presencia de los infantes don Carlos y doña Luisa, en compañía de Chacón, Ramón Monto ya, Currito de La Jeroma, Luisa Requejo y otros destacados artistas de la época. En el mismo año, en un concurso celebrado en el Teatro Pavón de Madrid, gana el tercer premio. En 1926 forma parte de un elenco flamenco en el que figuraban Chacón, Escacena, Manolo Pavón, El Chato de Las Ventas, Centeno y Perico el del Lunar, recorriendo diversas capitales y ciudades españolas durante el verano, y en septiembre vuelve a cantar con Chacón en el Teatro Fuencarral de Madrid, en un espectáculo organizado por Vedrines, en el que también actuaban Guerrita, El Canario, La Gabriela, y El Estampío. Con este espectáculo realiza una gira por la costa mediterránea, debutando así en Valencia y Barcelona. Desde estas fechas hasta la guerra civil, alterna sus participaciones en los espectáculos llamados ópera flamenca, con otros teatrales de flamenco escenificado, entre ellos La copla andaluza, en el Teatro Pavón de Madrid, en 1929, y en El valle de la pena, en el Teatro Maravillas madrileño, por lo que se convierte en el primer cantaor actor de la historia. También son actuaciones significativas de Pepe Marchena, alternadas con sus giras por toda la geografía española, su participación en un concierto de motivos andaluces celebrado en el Cine Capitol de Madrid, en 1934, acompañado de Ramón Montoya, actuando en la función la bailarina Goyita Herrero, cerrando el acto el escritor Felipe Sassone; y el estreno de Consuelo La Trianera, sainete del Pastor Poeta, en el Teatro Cervantes, con Ramón Montoya, Jacinto Almadén y la actriz María Fernanda Gascón como compañeros, en 1935, año que interpreta la película Paloma de mis amo res. Meses antes de iniciarse la guerra, en 1936, monta la obra Cancionera de los hermanos Alvarez Quintero. Pasada la guerra, se estrenan dos películas suyas La Dolores y Martingala y se reincorpora a los teatros en 1943, con la obra La encontré en la serranía y con una comedia flamenca de Quintero y Guillén, en 1944, La copla andaluza, en el Teatro Fontalba de Madrid, seguida de El alma de la copla. Durante 1945, encabeza la compañía del empresario Juan Arana, con Vallejo, Canalejas de Puerto Real, Pepe Aználcollar, Ramón Montoya y Niño Ricardo, y en noviembre del mismo año se presenta en el Teatro Avenida de Buenos Aires, con el espectáculo Feria de Sevilla, de Guillén y Ribas, en unión de Carmen Ama ya, permaneciendo tres meses consecutivos, alternados con actuaciones en Radio Belgrano, y finalizando su gira en Montevideo y Río de Janeiro. A su regreso a España, en 1946, protagoniza en el Teatro de La Comedia madrileño el romance escenificado Siguiriya, de Ramón Perelló, con la colaboración de Juan Varea y Ramón Montoya. En 1947, presenta Pasan las coplas, escrita por él y José Pérez Ortiz, en Granada y Almería, con un elenco en el que figuraban Ramón Montoya, José Cepero y Rosa Durán. Curro Lucena, titula su espectáculo de 1948, estrenado en Barcelona. Florecen las madroñeras, de Andrés Molina Moles, es la comedia que estrena, en 1950, en el Teatro Cervantes de Sevilla, y al año siguiente emprende una gira por Marruecos y Argelia, debutando en el Teatro Tabarín de Casablanca, para seguir por Rabat, Fez, Marraquesh. Tlemcen, Montangenet, Orán y Argel, desde donde se traslada a París, para trabajar en la Sala Pleyel. Se le tributa un homenaje en su ciudad na tal, rotulándose una calle con su nombre, en 1952, y en el otoño dicta conferencias sobre el arte flamenco en diferentes puntos de España, y en 1954, hace una demostración de todos los estilos de cante en el programa radiofónico Cabalgata fin de semana, con lo que aumentó si cabe su popularidad. Reestrena su espectáculo Pasan las coplas, en 1955, recorriendo todo el país y llevando en la compañía entre otros artistas a Juanito Maravillas y Pepe Azuaga. Así canta Andalucía, es el título de su espectáculo, en 1956 y siguientes, con un elenco integrado por La Niña de Antequera, Manolo El Malagueño, Canalejas de Puerto Real y los hermanos Valderrama. Entre los muchos homenajes que se le tributan en estos años, destaca la concesión del Laurel de Oro, en 1961, año que lo contratan los Circuitos Saavedra como primera figura del II Festival de la Canción Flamenca, celebrado en el Circo Price madrileño, con Canalejas de Puerto Real, Gracia de Triana y La Niña de Antequera, tres artistas que también le acompañan en Yo soy el cante, espectáculo celebrado en el Teatro Pradera de Valladolid y en el Fuencarral de Madrid. Al finalizar este año, viaja a Karachi (Pakistán), para ilustrar cuatro conferencias del tratadista Aziz Balouch. Continúa con el empresario Saavedra, presentando en 1962, el espectáculo Pasan las estrellas, con La Paquera, Estrellita Castro, Gracia de Triana y Melchor de Marchena, entre otros artistas, y en el mes de noviembre participa como artista invitado en el Festival Mundial de Arte Popular Español, celebrado en Israel. Vivir el arte y Ronda de coplas, son los elencos que lleva por toda la geografía española en 1963, junto a Gordito de Fernán NúÑez, Manolo El Malagueño y La Galleguita, y aparece su grabación Memorias antológicas del cante flamenco, compuesta por cuatro discos de larga duración, que consigue el disco de oro. Alarde flamenco, un espectáculo organizado por Carcellé, en el Circo Price, tiene a Pepe Marchena como cabecera de cartel durante todo el año 1964, recorriendo diversas capitales y ciudades españolas, en unión de Gracia de Triana, Porrinas de Badajoz, Fernanda Romero, Antonio El Sevillano, Enrique Orozco, Pedro Montoya, Los Gaditanos y otros artistas populares. Con Jacinto Almadén y Manolo El Malagueño, canta fuera de competición en el Concurso de Cartageneras de 1965, en Cartagena. En ese año, nuevamente bajo el título de Así canta Andalucía, presenta su espectáculo en el Circo Price, en el Teatro Poliorama de Barcelona, Trianón de León, Ráfaga de Avilés, Cervantes de Tánger, Avenida de Larache, Monumental de Tetuán, y ya en 1966, lo hace en varios teatros de Francia, para volver a Madrid, concretamente al Calderón y después otra vez al Circo Price, con un éxito clamoroso y un elenco formado por Manolo El Malagueño, La Niña de La Puebla, Adelfa Soto, Pepe Soto y Emilio El Moro. En los años finales de los sesenta, Pepe Marchena, restringe en bastante medida sus actuaciones, y, en 1970, participa en el I Festival de Cante Flamenco de Sevilla, organizado por el empresario Saavedra, junto a El Lebrijano, Naranjito de Triana, Fernanda y Bernarda de Utrera, Miguel El Funi, Carmen Mora, Pedro Peña, Manolo Brenes y otros nuevos artistas. Con motivo de sus bodas de oro con el cante, en 1974, se celebró en Marchena un festival en su homenaje, con la actuación especial de Juanito Valderrama y Perlita de Huelva. En noviembre de 1976, ya gravemente enfermo de cáncer, se le concede la Medalla de Oro de su ciudad natal, y Juanito Valderrama organiza en Madrid un festival en su beneficio, que se celebra el día 28 del mismo mes, en el Teatro Alcalá‑Palace, festival en el que intervienen un gran plantel de figuras del arte flamenco y de la canción andaluza. Pepe Marchena hizo pública la siguiente despedida: «A los artistas que cariñosamente han intervenido en este acto y a todos los públicos de España. Si he consentido que se celebre este acto es porque siento ya mi hora final, y antes de rendir cuenta a Dios he querido despedirme de todos los públicos de España, y ante la imposibilidad de hacerlo pueblo a pueblo, como hubiera querido, acepté que, desde Madrid, me despidieran para siempre de toda España Pido perdón a quienes se hayan sentido ofendidos por algo que dije o hice durante los sesenta años que he sido cantaor flamenco pues nunca tuve la intención de molestar a nadie. Fue mi norma de conducta llevar el cante andaluz con el máximo de dignidad con la pretensión de alcanzar sus más grandes cotas. Gracias a todos y adiós para siempre». Al agravarse su estado de salud, fue trasladado a Sevilla, donde falleció el día 4 de diciembre. En 1986, se le erigió un monumento en su tierra, obra de Rafael Armenta. Resulta difícil la valorización artística de Pepe Marchena, que ha sido posiblemente el cantaor flamenco más discutido del siglo XX, por haber despertado grandes admiraciones y creado escuela, el marchenismo, a la par que rechazos exacerbados y apasionadísimos, pero su personalidad ha suscitado abundantes comentarios, entre los que seleccionamos los que siguen: Eugenio Cobo: «Cincuenta años llenando los teatros de toda España dicen por sí mismo hasta qué punto llegó a calar Marchena en el alma popular. Por una parte renueva el repertorio de letras, buscando siempre una intención más lírica que trágica, acorde con la sensibilidad de la mayoría del público. Por otra parte, deja de lado el puro grito, cambiándolo por pura y exquisita melodía. A esto une la personalización de todo lo que canta. Como diría González Climent, redimensiona todo lo que toca. No adopta maestros ni modelos, sino que singulariza su forma de decir la copla, que sería irrepetible a pesar de que contó con muchos imitadores, a través de los cuales, con evidente injusticia, se le ha querido, en ocasiones, juzgar. Pero la irrelevancia de sus discípulos no puede, en modo alguno, serle imputable. Su enorme afición le llevó a conocer, como pocos, el cante. A partir de ese dominio hace su creación personal de cada estilo, con especial fortuna en los cantes levantinos que, como la taranta, cobran con él una nueva personalidad. También pone de moda toda la gama de cantes hispanoamericanos, en el caso de la colombiana, incluso puede decirse que su invención es propia. Por fin, sus recitados introductorios a la copla y sus romances, tan hermosos cuanto vituperados, limaron aún más las aristas del cante, haciendo que brotara de forma natural, como si la copla y el soliloquio y la propia vida del artista fueran una sola y misma cosa. Todo ello basado en una profunda conciencia profesional, realizando constantemente ejercicios para conseguir un pleno rendimiento a sus facultades. El gran respeto al público, a sus compañeros, el culto a la amistad, su generosidad para con todos, que supieron que el pretendido divismo de Pepe no era tal, terminaron por redondear su inmensa popularidad». Manuel de Falla: «En el Niño de Marchena, con pureza cristalina de manantial serrano, se encuentra el encanto inagotable del verdadero cante andaluz sin las trabas que lo empequeñece al encerrarlo en cancioncillas,>. Stokowsky: «Tiene el arte del Niño de Marchena la emoción del canto llano expresado por un intérprete genial. Si sus prodigiosas florituras se pudieran llevar al pentagrama, deslumbraría al mundo». Eduardo. M. del Portillo: «Es el único profesional que apasiona, que lleva a la gente a los teatros, sugestionada, impelida, con el ardor de una fe, como iba la multitud a los toros en las tardes de competencia entre Joselito y Belmonte». Miguel Acal: «Fue un hombre extravagante, caprichoso, solemne, quizá hasta soberbio. Pero nunca fue radical ni tendencioso. Siempre fue artista. Hasta andando». Antonio Murciano: «El cante de Marchena es pura poesía para el oído. No es posible encasillarlo en la pura ortodoxia. Pero su estilo es peculiar y, desde luego, genial». Fernando el de Triana: «Los fandangos de Marchena son los más clásicos y difíciles». Ricardo Molina: «Marchena no me gusta nada, porque sus cantes, sean los que fueren, a mí me suenan a cuplé y nada más». Manuel Barrios: «Marchena, el arte hecho melodía». Pedro Camacho Galindo: «Marchena intuye que el cante no debe salir de su cauce natural: el puramente musical. Por eso, las formas expresivas que elige y prefiere para la comunicación de su mensaje son las que más se acomodan al sentir estético‑emocional de la comunidad en que vive. Su esteticismo no es, pues, arbitrario ni descaminado... Marchena mismo es un moderno juglar. Mejor dicho: un superviviente trovador que utiliza formas flamencas como fondo musical de su lírica popular». Anselmo González Climent: «El continuado cambio de frente practicado por Marchena dentro de su misma concepción estética  hace quimérica la perspectiva histórica que pretenda juzgarlo con objetividad. Es imposible cortar amarras con él, abstraerlo y ofertar su ficha definitiva sin fatigar nuevas discusiones. Su alcance va más de antimarchenistas o promarchenistas. Lo contrario haría suponer en uno u otro bando la posesión absoluta de la verdad flamenca. Marchena, precisamente, desarma la holgazanería de aceptar cualquier verdad... El cante no entra en crisis con Marchena, sino en una espléndida desordenación. Desordenación de la que él mismo no ha podido sustraerse, en especial cuando ensayó desmesurar la importancia de los cantes mestizos... No reinventa el cante, pero canta invenciones. Y si no apechuga con toda su significación vital el contenido de los estilos rancios, esto le ha significado la ventaja y la posibilidad de instituir a lo largo de su vida una voluntad estilística que, sin ser totalmente disidente o destemperamentada, nace y vive por mor de su individualidad... Carente de absolutos ha entendido conferir al cante una descarga de sus formas más porfiadas y de sus contenidos más torturantes, en busca de una trascendentalización motívica y estilística. Hay que guardarse muy de bien de llamar a esto menosvalía o fractura vital. Marchena pretendió solamente ofrecer un universo, el suyo, desasistido de inhibiciones escolásticas, respondiendo a su irreprimible instinto de individuación y también, quizá, a una demanda subterránea del medio ambiente que tan a punto se le rindiera... Marchena nunca se va del cante aunque parezca lo contrario. Entre los verdaderamente muy grandes del flamenco, tiene el tono perfecto, lo que no podríamos encontrar en todos aquellos que le son contrapuestos como representantes de lo canónico».

Fuente: Cerrejón
MARIANAS, Niño de las. Nombre artístico de Luis López Benítez, originado por cultivar el cante del mismo nombre. Sevilla, 1889‑Madrid, 1963. Cantaor. Padre de Luis Maravilla. Se inició en su ciudad natal siendo muy joven, cantando saetas y sevillanas, y en los llamados puestos de agua, que se instalaban en lugares de paseo durante el verano. Seguidamente pasó a los cafés cantantes de la época, entre ellos La Primera de Jerez y El Café de Chinitas de Málaga. Durante más de ocho años estuvo de cantaor del cuadro flamenco de El Maestro Otero. En 1910, se trasladó a Madrid, para realizar una serie de grabaciones discográficas, con el acompañamiento a la guitarra de Ramón Montoya. Alternó con las principales figuras de su tiempo, entre ellas Bernardo el de los Lobitos, Niño Medina, La Niña de los Peines, Manuel Escasena, El Gloria, Manuel Vallejo, José Cepero y don Antonio Chacón. Actuó en el Café de La Marina madrileño y frecuentó las reuniones de cabales de los colmaos Los Gabrieles y Villa Rosa. En 1928, cantó en el Cine Pardiñas de Madrid, y en 1930, en el Teatro Eslava, con el espectáculo Málaga tiene la fama. Realizó una gira en 1930, con un elenco del empresario Vedrines. Viajó a Argentina, Uruguay y Brasil, con el espectáculo Tapices españoles, en 1932. Terminada la guerra civil, fue un habitual de las fiestas íntimas del Jardín Villa Rosa, hasta su retirada en los años cincuenta. Entre su repertorio, variado y amplio, destacó el cante por marianas que le proporcionó popularidad en sus comienzos. Anselmo González Climent, que ha estudiado ampliamente las características de este cantaor, opina de él lo siguiente: «Integración más que análisis puede ser su justa talla dentro del cante. El no tener vocación para mejorar lo heredado pero sí para sostener su vigencia le impidió soltar amarras y resolver su ímpetu individual, por otra parte frenado de modo prematuro ante el advenimiento arrollador del marchenismo, operismo, etc. Fue un clásico de relevo. Desplegando su capacidad expresiva en la mayoría de los cantes grandes y chicos, abrevó también en el repertorio levantino tal como lo imponía la moda. Las malagueñas del Canario, El Fósforo, La Trini, Enrique El Mellizo, Juan Breva, don Antonio Chacón y otros, fueron reinterpretadas por él con facilidad documental. Tarantas y cartageneras, granadinas y murcianas, le permitieron desplegar su tendencia melismática, chaconiana. No hay dudas que con más favorable azar y adecuado ámbito, El Niño de las Marianas pudo haber sido de los primeros y más rigurosos antólogos de la nueva era discográfica».

MARINERO, EL. NO VIENE

MARTÍN, MERCEDES. NO VIENE

MARTINEZ, Antonia. (Véase Laventa.)

MARTÍNEZ, CONCHITA. NO VIENE

MARTÍNEZ, PURA. NO VIENE

Fuente: Bohórquez
MATRONA, Pepe el de La. Nombre artístico de José NúÑez Meléndez, originado por la profesión de su madre. Natural de Sevilla, 1887‑Madrid, 1980. Cantaor. También conocido en su comienzos como Niño de La Matrona. Influido por el ambiente de su barrio natal, Triana se inició en el arte flamenco desde muy niño, cantando en fiestas y reuniones íntimas. Sus primeras actuaciones en público tuvieron lugar en una taberna de Burguillos, el año 1899, cuando tenía doce años. En 1901, unido a un grupo de torerillos, viaja a Villamartín (Cádiz), con motivo de su feria y actúa en un café cantante, junto a Juan Feria Cristóbal Cocoroco, El Garrido, Félix El Mulato, Antonio El Enano y Monterito. El mismo año recorrió la comarca de Almería, formando parte de un elenco flamenco encabezado por Juan Breva. Seguidamente se relaciona con don Antonio Chacón y participa con él en diversas fiestas flamencas, en el Pasaje del Duque y otros establecimientos sevillanos. Durante seis meses, en 1906, canta en un café cantante de Córdoba, trasladándose a Madrid al año siguiente, para debutar en el nuevo Café del Gato, de donde pasa al Café de Naranjeros, y después al Café de Fornos, para iniciar una larga etapa, en la que solamente actuaba en reuniones de cabales. En 1914, decide repentinamente embarcarse para La Habana, permaneciendo en Cuba nueve meses. Viaje que repite en 1917, con extensión a Méjico, donde le sorprende la revolución. De vuelta a España, realiza una serie de actuaciones en Barcelona, a lo largo del año 1918. Otra vez en Madrid, en el Colmao Los Gabrieles, mantuvo su costumbre de cantar solamente en los cuartos. Participó en la película La hermana San Sulpicio; y en 1936, asesoró, en unión de Fernando el de Triana, al jurado del Certamen Nacional de Cante Flamenco celebrado en el Circo Price. La guerra civil la pasó entre Madrid y Barcelona, y al terminar retornó a Madrid, tras una breve estancia en Sevilla. De 1939 a 1955, sus actuaciones se centraron en el Colmao Villa Rosa y cantó para documentales cinematográficos sobre Andalucía, así como en la primera antología discográfica de Hispavox, interpretando serranas y soleares. A raíz de estas grabaciones, viajó a Francia, Bélgica y Holanda, con un elenco formado por Vicente Escudero, Rosa Durán, Rafael Romero, Juan Varea, Pericón de Cádiz, Perico del Lunar, Andrés Heredia y otros artistas. Seguidamente, en unión de Vicente Escudero y María Márquez, actuó en diez estados de los Estados Unidos y en localidades de Canadá. Su tercera gira internacional la hizo con la pareja de baile Susana y José, recorriendo varias veces casi toda Europa. En París realizó grabaciones para dos importantes firmas y actuó en la capital francesa con los componentes del Tablao Zambra, elenco con el que igualmente trabajó en Argel y Túnez, así como en las televisiones francesa y española. En 1960, participó en el Magno Festival de Cante Grande y Puro, organizado por Vicente Escudero, en el Teatro de La Comedia de Madrid, a beneficio del Hospital Provincial, en compañía de Jacinto Almadén, Jarrito, El Pili, Juan Varea, Pericón de Cádiz, Rafael Romero, Manolo Vargas, Pepe de Badajoz, Vargas Araceli y Andrés Heredia. En 1961, ofreció un recital de cante, con Jacinto Almadén y el guitarrista Antonio Arenas, con motivo de la exposición, en Madrid, del pintor Miguel Herrero. En 1962, dio un recital en la Universidad de París, concretamente en el aula magna de La Sorbona, con el guitarrista Pedro Soler; recital que se repite en 1963, con Jacinto Almadén y la bailaora La Joselito, alcanzando una amplia repercusión, por lo que se le tributó un homenaje, consistente en un almuerzo, cuya convocatoria firmaron entre otros admiradores y amigos los escritores Antonio Amado, Anselmo González Climent, conde de Colombí, Emilio González de Hervás, César Jalón «Clarito», M. Jiménez Quesada, Antonio de Olano, Jorge OrdóÑez Sierra, Manuel Sánchez Camargo, los pintores Chumy Chumez, Miguel Herrero, A. Martínez de León, los musicólogos Manuel García Matos y Mauricio Ohana, numerosos artistas flamencos y las entidades Sociedad Amigos del Cante Flamenco y la Peña Flamenca Charlot. Con motivo de los festivales, en 1964, actuó en Córdoba; y, en el mismo año ilustró, acompañado a la guitarra por Rafael Nogales, una conferencia sobre su cante, pronunciada por José Blas Vega, en el Colegio Mayor Hispanoamericano Nuestra Señora de Guadalupe de Madrid. A partir de esta fecha y después de una estancia en el Hospital del Rey, por enfermedad, prosigue con sus intervenciones en reuniones y fiestas privadas, y preparando y grabando su antología Tesoros del flamenco antiguo, que apareció acompañada de la monografía Conversaciones entre cante y cante, original de José Blas Vega, productor de la obra, que obtuvo el Premio Nacional del Disco de la Cátedra de Flamencología en 1970. Este mismo año, actúa en el Theatre de la Cite Internacionale de París, durante tres días dentro de los llamados Reencuentros Internacionales, en compañía de La Joselito y Pedro Soler. Al año siguiente se le dedicó una sesión del programa de televisión Estudio abierto, y en 1972, preside el concurso del cante organizado en Granada, para conmemorar el célebre de 1922, y asiste, como invitado y asesor del jurado, al Festival del Cante de las Minas de La Unión (Murcia). Con motivo del décimo aniversario del Theatre 347, de París, ofrece un recital, en el citado recinto, con el tocaor Pedro Soler, en 1973; y en 1974, otro, con clamoroso éxito, en el Wigmore Hall de Londres, recibiendo a continuación un homenaje de la Peña Flamenca de Jaén, que le impuso su insignia de oro, en un acto en el que intervinieron los flamencólogos Fernando Quiñones y José Blas Vega; homenaje que se repite en Cádiz, dentro del ciclo cultural Alcances. En ambos actos, Pepe de La Matrona, con la guitarra de El Sevillano, ejecutó una serie de viejos estilos. Al siguiente año, se le tributa un nuevo homenaje, ahora en Córdoba, donde se le dedica el III Festival Rincón del Cante, con participación de los artistas Fosforito, Menese, Luis de Córdoba, El Lebrijano, Pansequito, El Chaparro, Manuela Carrasco, Ricardo El Veneno, Manolo Sanlúcar, Paco Cepero y Pepe Sacristán. 1975, es también el año de su recital en la Casa de Velázquez de Madrid, y el de la publicación de sus memorias, recogidas por José Luis Ortiz Nuevo, en el libro Recuerdos de un cantaor sevillano, que agrupa junto a las múltiples anécdotas de su vida, su ideario artístico y su trayectoria cantaora. En el Teatro Monumental, el 3 de marzo de 1976, se le rinde un nuevo homenaje, consistente en un gran festival, convocado por los escritores, músicos y artistas siguientes: Francisco Almazán, Moncho Alpuente, José Blas Vega, José Manuel Caballero Bonald, Pericón de Cádiz, Pablo Corbalán, Grupo La Cuadra, Agustín Gómez, José Antonio Gómez Marín, Félix Grande, José Heredia Maya, Rocío Llosent, Víctor Márquez Reviriego, Antonio Martínez Menchén, José Menese, Serranito, José Monleón, Francisco Moreno Galván, Enrique Morente, Jesús Munárriz, José Luis Ortiz Nuevo, Juan Pedro Quiñonero, Fernando Quiñones, José Romero, Manuel Ríos Ruiz, Manolo Sanlúcar, Pepe El Culata, Perico del Lunar, Rafael Romero, Juan Varea, Miguel Vargas, María Vargas, Germán Cobo, Arcadio Larrea, Carmen Linares, El Lebrijano, El Sordera, la revista Mundo Pop, y las entidades Peña Flamenca Juan Breva de Málaga, Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos de Jerez y Tertulia Flamenca de Ceuta. En este festival actuaron Menese, Morente, María Vargas, El Sordera, Carmen Linares, Serranito, Paco Cepero, Enrique de Melchor, Pepe Habichuela, Rafael Romero, Juan Varea, Miguel Vargas, Pepe El Culata, Perico del Lunar, Mario Maya, Concha Vargas, Gómez de Jerez y El Piki. Los últimos cuatro años de su vida siguió manteniendo la práctica de su arte entre cabales y amigos, hasta que una afección bronquial aguda le produ jo la muerte, el día 8 de agosto de 1980, a los noventa y tres años largos de edad, en la Ciudad Sanitaria de Madrid. En 1981, la revista Candil, de la Peña Flamenca de Jaén, le dedicó un número monográfico, en el que colaboraron numerosos estudiosos del arte flamenco. El cante de Pepe el de La Matrona, su personalidad humana y artística ha sido comentada por gran cantidad de críticos y flamencólogos: Fernando Quiñones: «Cantaor, Pepe de La Matrona, de reuniones y no de teatros, salvo muy contadas ocasiones, su personalidad artística y humana lo configuran para muy largo como un andaluz y persona de primerísima, del que serán muy pocos, entre los que lo conocieron y lo escucharon, los que van a olvidarlo». Antonio Escribano: «¿Saben que Pepe de La Matrona grabó toda esta diversidad de estilos?: alegrías, caracoles, romeras, rosas, cantiñas, bulerías, tangos de Triana, tangos de Cádiz, soleá petenera, soleares primitivas, soleares de Triana, soleares de Alcalá, soleares de Utrera, soleares de Cádiz, soleares de Paquirri, caña y macho, caña de José El Granaíno, polo y soleá apolá, polo de Tobalo con macho primitivo, petenera, siguiriya primitiva de Triana, siguiriya de Frasco El Colorao, siguiriya de Cagancho, siguiriya de Manuel Molina, siguiriya de Silverio, siguiriya de Curro Dulce, siguiriya del Loco Mateo, siguiriya de Tomás El Nitri, siguiriya de los Puertos, malagueña del Canario, malagueña de Gayarrito, malagueña del Perote, malagueña de Chacón, murciana, taranta, taranto de Pedro El Morato, liviana primitiva, serrana con el macho y siguiriya de María Borrico, rumbas, milonga de Pepa de Oro, canciones cubanas, fandangos camperos, toná del Cristo, toná chica y toná grande y debla... No fue continuador de ninguna escuela. Tampoco siguió tradición familiar ni local; y sin ser un Pavón, un Caracol o un Talegas, fue de los hombres de su generación cantaores y hasta el día de su fallecimiento, el que más erudición flamenca poseyó». Claude Couffón: «Ultimo superviviente de la edad de oro del flamenco, Pepe de La Matrona, interpreta, sentado, a sus setenta y cinco años, la soleá y la siguiriya con una solemnidad casi religiosa. Artista espontáneo, se deja envolver por lo que él canta, e insensiblemente sumerge a su público, que siente sobre él una alucinación extraña». Mauricio Ohana: «La presencia de José NúÑez como figura central del acto celebrado recientemente en el aula magna de La Sorbona, es un acontecimiento del que todos los defensores y amantes del can te popular andaluz guardaremos un recuerdo inolvidable. Sabido es cuanto peligra desde muchos años la continuación de este tesoro de arte vivo que se mantiene como una fuente amenazada por desastrosas influencias, y que ha llegado a veces a punto de extinguirse. Figuras como la de nuestro admirado Pepe el de La Matrona han servido en defensa e ilustración de este tesoro artístico, durante una vida entera. Gracias a ellos, y son poquísimos los grandes maestros del flamenco, el cante popular andaluz es hoy uno de los terrenos en que músicos y aficionados del mundo entero se encuentran en una comunión rara vez lograda por el arte. Este fue el sentido esencial y capital que cundía por La Sorbona al sonar las clamorosas ovaciones que saludaban al gran cantaor. Con él, aquella noche, el cante flamenco ha conquistado definitivamente su rango entre las fuentes más nobles y verdaderas de la cultura humana. Y es justo que así sea. Y para nosotros que, junto al amor al cante y al estudio de la música clásica, podemos contemplar los dos perfiles, el genial y el sabio, de este arte, no cabe la menor duda: si La Sorbona representa un templo de toda sabiduría, fue sin embargo la ilustre Universidad que recibió una nueva consagración al saludar con un triunfo al genio vivo, en perpetuo estado de recreación, quiero decir a Pepe el de La Matrona». José Blas Vega: «Matrona es el único cantaor que se pasea por el puente de los ciento sesenta años de cante conocido, con auténtica vivencia, por lo que es hoy por hoy la fuente de estudios de nuestro pasado musical flamenco, desde sus técnicas, rituales, giros, formas y ex presiones que reflejan el carácter y el sentir de los pioneros y forjadores del cante. Si queréis, un mundo difícil de penetrar y comulgar, ya que la misma evolución y estética en el tiempo lleva obligadas transformaciones ajenas a la sensibilidad del agente receptor, valedera siempre en cualquier momento y época a un mundo flamenco, que no es momento de analizar, con matices distintos, o por llamarlo de alguna manera, con una serie de condiciones y cualidades que rompen algunas de las características del cante actual, en parte momificado, rutinario, e impersonal, y que también captara el crítico Agustín Gómez al ver en el cante de Pepe esa diferencia entre cante aprendido y cante vivido... En el cante de Pepe observamos y palpamos la esencia y la pureza de sus expresiones que por sus circunstancias personales ha sabido mantener con las condiciones necesarias, siempre fiel y recto en la religiosidad a su arte, escaso ejemplo junto a un Chacón, un Aurelio Sellé o un Tomás Pavón de un mundo que pese a quien pese es de y para una minoría». Félix Grande: «Debajo de la tierra están ahora los huesos de Matrona. Durante noventa y tres años, esos huesos caminaron sobre la tierra, escucharon las canas de los cantes y cantaron con canas, porque el viejo aprendió con los huesos, y con ellos y las canas cantaba. Y hoy todas esas canas (oh, la cabeza blanca de Matrona, su cabellera de enhebrado siglo) se nos enredan en el cuello porque no las veremos más, porque no las oiremos más. Y misteriosamente es sólo ahora cuando de pronto vemos las canas de Matrona de un modo tan urgente como un susto y tan grande como una lágrima. Precisamente ahora, que se nos ha marchado con los suyos, nos saltan sus canas y sus huesos, la vejez y la fuerza de su cante la edad y la energía de su memoria y de su dignidad (ha muerto conversando con la pobreza y viviendo de su trabajo hasta tres décadas más tarde de la edad de la jubilación), precisamente ahora y sólo ahora vemos de modo mágico y brutal que las canas y los huesos del cante no son de nadie y son de todos, y que en ellos el pasado y el hoy y la vida y la muerte están juntos y prietos como un grito. El grito del desconsuelo que nos consuela al escuchar el cante. Y ese grito que no acaba de salir de nosotros ante el hueco de don José, el grito de esta deuda que ya está abierta para siempre que no nos deja decirle adiós. Pepe el de La Matrona fue nuestro privilegio y ahora tenemos que pagarlo, así, con esta pena incomparable, esta alegría rabiosa de no saber cómo decir adiós a lo que ya no muere nunca mientras se nos va para siempre». Ricardo Molina: «Por la vastedad de sus conocimientos, por su personalísimo arte de cantar en todos los estilos con pureza tradicional, por su dedicación plena al arte flamenco, a Pepe el de La Matrona lo estiman todos los buenos aficionados como una de las raras fuentes donde se puede uno ilustrar sobre los cantes auténticos sin mixtificaciones ni impurezas». Agustín Gómez: «El gran mérito de Pepe el de La Matrona es que toda su persona, su vida, su cante, es un documento vivo que atestigua la diversidad del cante... Tiene Pepe una firma, un sello, un carácter, demasiado fuerte para cantar por éste o aquel, esto o aquello sin que sobre todo no pueda definitivamente su personalidad, su vida, su propia materia. Vuelvo de nuevo a repetir que no aprendió, sino que vivió». José Luis Ortiz Nuevo: «Y era, en verdad, de puro escalofrío contemplar la batalla que el viejo sostuvo contra todos sus años... Y era en verdad terrible y hermosa la pelea, y era la arrogancia de todo su coraje desplegado, y era la sabiduría, y era la experiencia cabalgando por los tercios, alzando la voz hasta arriba cuando se hacía precisa y conveniente su presencia, y era también la maestría recogiendo los gritos, apagándolos en función del bien decir el cante completo y minucioso hasta el último tono necesario, incluso ya sin voz, incluso ya perdido el eco, pero presente en el gesto y en la voluntad de llegar al fondo, en la sobrecogedora expresión de una boca que deja rastros de pureza, y una cara y rictus de profundidad insondables, y unas manos que señalaban los compases y el camino». Manuel Gallego Morell: «Y camino del siglo, alegre, juvenil y seguro, marcha este maestro del cante flamenco, que anoche volvimos a oír. Al filo de la madrugada le dejamos caminando, solo, lleno de pureza, de años y de historia, con su cruz al hombro, que es su cante, dispuesto a levantarla en cualquier otro lugar, abriéndose de nuevo en su cuerpo las cinco llagas del cante jondo». Manuel Ríos Ruiz: «Pepe de La Matrona, es además del decano del cante jondo, su maestro indiscutible». Juan de la Plata: «Un cantaor con mucho oficio, con una larga experiencia, que ha rodado mucho por el mundo, siempre cantando, como un ruiseñor. Fiel a su arte, a su tierra sevillana, a su noble ejecutoria flamenca. El hombre que lleva en su corazón como un fichero de vivencias, todos los cantes y todas las coplas que han sido y que son».

MAYA, CONCHITA. NO VIENE

Fuente: Bohórquez
MAZACO, Paco. Sevilla, siglo XX. Cantaor. Se inició muy joven en los cafés cantantes de su tierra natal, alternando con las figuras de su tiempo. En 1930 actuó en Madrid, concretamente en el Teatro Pavón. Contratado por el empresario Vedrines, en 1932, realizó tres giras en distintos espectáculos, encabezados por La Niña de los Peines, Pepe Marchena y José Cepero, respectivamente. Ese mismo año cantó, junto a José Cepero, en el Price madrileño. Realizó un buen número de grabaciones discográficas, con las guitarras de Manolo de Badajoz y Niño Ricardo, interpretando fandangos, siguiriyas, saetas medias granaínas y martinetes. También fue un excelente conocedor de las soleares.

MEDINA, Niña. (Véase Apéndice discográfico: Niña Medina.)

Fuente: Bohórquez
MEDINA, Niño. Nombre artístico de José Rodríguez de la Rosa, heredado de su padre. Jerez de la Frontera (Cádiz), siglo XIX‑Sevilla, 1939. Cantaor. Hijo de Medina El Viejo. Destacó desde muy joven interpretando los estilos paternos, primordialmente la petenera. En la primera década del presente siglo actuó en los cafés cantantes sevillanos, especialmente en el Novedades. Durante los años veinte, desarrolló una gran actividad teatral, de la que cabe reseñar las siguientes actuaciones: 1922, gira con Manuel Centeno y otras figuras; 1924, participa en una tournée junto a Pepe Marchena, El Gloria y Manuel Torre, y lleva a cabo una temporada en el Kursaal Imperial de Madrid; y 1927, canta en el Cine Madrid. Acompañado a la guitarra por Ramón Montoya, realizó grabaciones discográficas por siguiriyas, guajiras, garrotín, malagueñas, bulerías, tarantas, soleares, tangos, peteneras, etc., lo que demuestra su amplitud de repertorio, aunque los estudiosos se han centrado principalmente en comentar su seguimiento de la petenera, cante divulgado por su progenitor, y en sus bulerías, que para Anselmo González Climent contienen «equilibradamente la esencia y la razón del ser del género».

MEDINA, RAFAEL. NO VIENE

MENDEZ, LOLITA. NO VIENE

Fuente: Retocada. Cartel



MERINO, Antonio El. Siglo XX. Cantaor. Su trayectoria artística se desarrolló principalmente en los últimos años veinte, sobresaliendo entre sus actuaciones las llevadas a cabo, en 1929, junto a Manolo Caracol, formando parte de un espectáculo en gira por España.




MEZQUITA, Niño de la. Nombre artístico de Antonio Garrido. Baena (Córdoba), 1936. Cantaor. Se dio a conocer en el primer Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, en 1956, donde interpretó dieciséis estilos y le fue con cedida una mención. Seguidamente se dedicó profesionalmente al cante, actuando en un espectáculo folklórico en el Teatro La Latina madrileño. Habitualmente interpreta granaínas, tarantas, malagueñas y cañas.

Fuente: Tartessos


MINERITA, La. Siglos XIX‑XX. Cantaora. Actuó en los cafés cantantes de su época y, en 1921, formó parte del cuadro flamenco formado por Diaghilev para actuar en La Gaieté Lirique de París, durante doce días y en el Price de Londres, a lo largo de un mes, junto a Manuel Martell, La Rubia de Jerez, María Albaicín, El Mate Sin Pies, El Rojas y El Estampío. ¿ES ESTA LA MINERITA DEL DIBUJO?




Fuente: Bohórquez
MOCHUELO, El. Nombre artístico de Antonio Pozo, originado por la broma de un aficionado que quiso así contraponerlo a los varios cantaores que en su época se hacían llamar El Canario, según declaración de él mismo. Sevilla, 1868‑San Rafael (Segovia), 1937. Cantaor. Se inició muy joven actuando por los pueblos andaluces e ingresó en el Café de Silverio, después de haberle cantado por alegrías a Enriqueta La Macaca. Realizó una gira por Málaga y Córdoba con Silverio, y después pasó al Café del Burrero, para más tarde trasladarse a Madrid, en 1890, y actuó en el de La Marina, del Barquillo y Romero. Su gran versatilidad estilística le deparó rápidamente gran popularidad, comenzando muy pronto a grabar sus cantes primero en los antiguos cilindros encerados y enseguida en los clásicos discos de pizarra, siendo un auténtico adelantado en este aspecto. La citada popularidad y su conocimiento de otros folklores españoles, cuyas canciones alternaba con los estilos propiamente flamencos, le proporcionaron contratos en toda la geografía española y en los más variados locales, llevando y divulgando el cante a comarcas alejadas de su natural entorno, como por ejemplo Asturias, donde, en 1902, permaneció actuando en el Café Madrid de Oviedo, desde el 11 de julio al 14 de agosto, junto al guitarrista Manuel López y una bailarina hija de éste. Viajó a América, actuando en distintos países, su fama había llegado hasta allí a través de su extensísima discografía, en la que mezclaba los más diversos estilos. De 1922 a 1929, mantuvo su presencia en los principales elencos artísticos que actuaban en Madrid y seguidamente recorrían España: en 1922, formó parte en el Ideal Rosales del espectáculo Ases del arte flamenco; al ario siguiente cantó en el Circo Price; y en 1924, en el Teatro Novedades, participando en los clásicos concursos, con El Niño de Triana y Bernardo el de los Lobitos, entre otros. 1925, fue un año de gran actividad para El Mochuelo en Madrid, tomando parte en la Copa Pavón y en el homenaje a La Coquinera en el Teatro Olimpia: e igualmente participa en Córdoba en otro concurso. Canta saetas en la obra Currito de la Cruz en 1926, en Cine Madrid, y también actúa en el Triana Bar. Se despide del público, en 1927, en el Monumental Cinema, y reaparece en el Kursaal Magdalena y en el Teatro de La Latina, en 1928. En 1929, canta en el Teatro Fuencarral. Poco más tarde declinan sus facultades y trabaja de camarero en cafés madrileños, aunque todavía ejerce su arte en algunas fiestas íntimas y, en 1932, canta en la Sociedad Española de Arte, con motivo de la puesta en escena de la comedia Los Chatos interpretando saetas. Máximo Andaluz, ha relatado su encuentro con El Mochuelo, durante la guerra civil en Madrid, dedicado a cantar por los bares y cafés en 1936; y según Antonio Escribano, quien conoció a su viuda, fue evacuado a Torrente (Valencia), de donde pasó a la provincia de Segovia, para trabajar de guarda en una finca. Julián Cañedo lo retrata en su novela La barba roja, en la que aparece cantando una malagueña de La Trini, con la guitarra de Habichuela, y es presentado al protagonista como «el mejor cantaor de flamenco»: «Era por entonces El Mochuelo un hombre joven aún. Más bien bajo de estatura; gordete y corto de cuello. Su faz sanguínea, parecía siempre en trance de hacer una copiosa digestión. Fumaba puro con boquilla de ámbar y un cerco de oro. Su mano izquierda, gordezuela, como toda su persona, se adornaba con varias tumbagas, una de ellas de un grueso brillante. Sobre su vientre, ya en progresión, lucía una gruesa leontina de oro. Peinaba con raya un cabello rizado, medio rubio. No usaba tufos y era un tanto picado de viruelas». Desde las marianas a las malagueñas, pasando por las farrucas su repertorio era sumamente amplio y presumía de haber sido el primer cantaor «que se presentó al público bien vestido y sin vara». Su figura es una de las más controvertidas de toda la historia del cante flamenco, pero hay que reconocer en su favor cuanto contribuyó a su difusión .

Fuente: Diccionario
MOJAMA, Juanito. Nombre artístico de Juan Valencia Carpio, debido a una ocurrencia del tocaor Miguel Borrull, que le llamó así dada su delgadez y morenez. Jerez de la Frontera (Cádiz), 189?‑Madrid, 1957. Cantaor y bailaor. Después de destacar en su ciudad natal, su trayectoria artística se desarrolló desde muy joven en los colmados de Madrid, primero en el Café de Fornos y seguidamente en los Gabrieles y Villa Rosa, donde alternó en las reuniones de cabales con las más destacadas figuras de la época. Sus grabaciones discográficas son excelentes y en 1949, se le tributó un homenaje en el madrileño Teatro Alcalá, con la participación de numerosos artistas. Dominó un amplio repertorio de estilos y sobresalió por siguiriyas, soleares, tangos y bulerías. Manuel Ríos Ruiz, que también lo ha evocado en su romance Cante en el tabanco, ha escrito sobre Juanito Mojama la siguiente semblanza de su personalidad artística: «La trascendencia cantaora de Juan Mojama será cada día más importante a través de su discografía, medio por los que los nuevos cantaores y aficionados le están tardíamente descubriendo, pues ha estado relegado incomprensiblemente al olvido, y extrañamente ausente en la mayoría de los tratados flamencológicos, tanto su persona como su cante. Su dedicación casi exclusiva a las reuniones de cabales, su lejanía de Andalucía durante la mayor parte de su vida artística, le privó de popularidad fuera de los ambientes genuinamente flamencos y su cante no tuvo la difusión precisa para influir y ser valorado por las generaciones inmediatas. Situado entre la poderosa creatividad de don Antonio Chacón y la jondura genial de Manuel Torre, Juan Mojama es posiblemente el intérprete que en su tiempo mantuvo con idóneo equilibrio, salvado de influencias del momento, con conocimiento y capacidad de privilegiado, las características más esenciales del cante jerezano, el cante que dimana de la escuela cantaora de Paco La Luz, que es en definitiva la más clásica de Jerez. Fue por ello un cantaor básico en la historia del flamenco. Aparte de su dominio, su forma de bien decir todos los estilos, su concepción del cante era decididamente pura, de ahí quizá su actitud de refugiarse en ventas, tabernas y colmaos para practicar su expresión, en una etapa marcadamente teatral del flamenco, en la que los cantes de repertorio y su modo interpretativo apenas si tenían lugar de cara a un público masivo en grandes recintos y plazas de toros, y donde tal vez no tenía encaje un intérprete de su línea. Hay que destacar entre todos sus cantes, su soleá al golpe, en la que la tradición cantaora de su tierra se revela con la mayor fidelidad que se conoce. Es un cante ejemplar, la muestra clara y patente de un gran artista, por una parte, y por otra, como antes hemos señalado, un retrato fidedigno del más legítimo cante de su barrio de Santiago. La voz, flamenquísima y rica en matices musicales, le significa además a Juan Mojama, como uno de los cantaores más conmovedores y provistos de duende de su tiempo. Indiscutiblemente, el paso de los años va engrandeciendo justamente su figura y su arte».

Fuente: Internet


 MOLINA, Amalia. Sevilla, siglos XIX‑Barcelona, 1956. Cancionista, bailaora bolera y bailaora. Antes de alcanzar fama internacional como intérprete de la canción andaluza, trabajó en los cafés cantantes sevillanos, pasando seguidamente a Madrid, a principios de siglo, interpretando canciones y bailes andaluces y revelándose como una gran artífice del toque de castañuelas.






Fuente: Retocada. Internet.
MOLINA, Antonio. Nombre artístico de Antonio Molina de Hoces Castillo Hidalgo. Málaga, 1930. Cantaor y cancionero. Se reveló al ganar un concurso organizado por Radio España de Madrid, a los catorce años de edad, realizando seguidamente sus primeras grabaciones discográficas. En 1956, estrena, con el título de Garbo, su primer espectáculo flamenco en el Teatro Calderón de Madrid. Desde entonces hasta 1967, recorrió España y América con sus propios elencos, bajo los siguientes enunciados: Cuna de coplas, Festival cante flamenco, Cante y toros, La copla y el cante, Llegan los ídolos, Coplas al viento, Vendo alegría y Pregones de coplas, alternando las canciones con los estilos flamencos, gozando de una gran popularidad. Después de unos años retirado de su profesión, en 1986 reapareció en el Teatro Progreso de Madrid. Su cante es muy personal, destacando por fandangos. Ha protagonizado varias películas, entre ellas El pescador de coplas, Esa voz es una mina, La hija de Juan Simón, El Café de Chinitas y Puente de coplas.

MOLINA, MERCEDES. NO VIENE

Fuente: Pepe Claros


MOLINERO, Pepe El. Nombre artístico de José Gallardo Ponce. Campanario (Badajoz), 1895‑1985. Cantaor. Actuó en el desaparecido Circo Price de Madrid y, durante los años 1933‑34, realizó cinco grabaciones discográficas. Terminada la contienda civil, llevó a cabo varias giras artísticas. Según Francisco Zambrano Vázquez, «fue un especialista, con voz fina, limpia y dulce de los cantes de ida y vuelta y un sobresaliente cantaor de los cantes de Levante».



MONTES, Carmela. Málaga, siglo XX. Cantaora. Se reveló siendo muy niña y fue una de las primeras figuras del programa Cabalgata, recorriendo seguidamente la geografía española. Grabó sus primeros discos en 1944. En un pie de fotografía, insertada en la segunda edición del libro Arte y artistas flamencos, de Fernando el de Triana, se la califica de «vibrante y saladísima cantaora sevillana». Su trayectoria artística fue corta, según se desprende del siguiente comentario de Máximo Díaz de Quijano, aparecido en 1952: «de fugaz y brillante carrera artística, retirada en la casi adolescencia en Méjico, para contraer matrimonio. Era y es un prodigio en las saetas, en los pregones, en los fandangos y los tanguillos».

MONTES, Gracia. Nombre artístico de Gracia Cabrera Gómez. Lora del Río (Sevilla), 1942. Cantaora y tonadillera. En sus principios artísticos interpretó con asiduidad algunos estilos flamencos, como varios tipos de fandangos, entre ellos los de Huelva, bulerías y saetas, destacando en los populares espectáculos titulados Calas juveniles, en el sevillano Teatro Cervantes, siendo muy joven, así como en el programa radiofónico Cabalgata fin de semana. Después de formar parte del elenco de Pepe Pinto y otros de variedades, se proyectó con más intensidad hacia la canción con el espectáculo La rosa de Andalucía, primero de los muchos que ha protagonizado y con los que ha recorrido en numerosas giras todos los teatros de España .

MONTILLA, Paco el de. Montilla (Córdoba), siglo XIX. Fue el primer cantaor que grabó en cilindros de cera el cante por serranas, hacia finales del siglo pasado.

MONTOYA, Antonio. (Véase Faraón, El .)

Fuente: Internet
MONTOYA FERNANDEZ, Enrique. Utrera (Sevilla), 1928. Cantaor, guitarrista y cantante melódico. Se inició artísticamente en el espectáculo de El Niño de Utrera, realizando una gira por Extremadura, en los primeros años cuarenta. En 1945, entró a formar parte de la Compañía de Ases Juveniles del Teatro Cervantes de Sevilla, para pasar después al Tablao El Guajiro, en el que actuó una corta temporada. Seguidamente lo hizo con el espectáculo Solera de España, encabezado por Concha Piquer, recorriendo toda España. Intervino en el programa radiofónico Cabalgata Fin de Semana, y alcanzó una gran popularidad con la grabación de una canción mejicana a ritmo de bulerías. Viajó a América contratado por la televisión cubana. Se trasladó a Puerto Rico y Nueva York, donde le cantó en algunas ocasiones a Carmen Amaya. Igualmente actuó en Buenos Aires, formando parte del espectáculo Romería. A su vuelta a España, participó con un elenco flamenco en el Circo Price, haciendo famoso el cha‑cha‑chá aflamencado titulado Esperanza, del que se vendieron más de cuarenta mil copias discográficas. A partir de tan rotundo éxito, recorrió diversos países europeos, africanos y asiáticos, llevando su propia compañía. Actualmente ofrece recitales y galas con su repertorio festero e interpretando poemas de García Lorca, Alberti, Villalón, Benítez Carrasco y otros poetas andaluces, con acento flamenco y acompañándose él mismo a la guitarra.

MORAN, Paquita. (Véase Apéndice discográfico. Paquita Morán.)

MORENA LA GITANA. (Véase Apéndice discográfico.)

Fuente: Internet
MORENO, ANTOÑITA. NO VIENE












Fuente: Tartessos
MORENO, Rafael El. Nombre artístico de Rafael Rico Gregoria, de origen familiar. Jerez de la Frontera (Cádiz), segunda mitad del siglo XIX‑Málaga, 1923. Cantaor. Excelente intérprete de soleares, estilo que interpretó con gran personalidad, dejando de él escuela en Málaga, ciudad donde pasó gran parte de su vida y en la que actuó, principalmente en las ventas de La Caleta, durante los años 1915 a 1920. Según el crítico Gonzalo Rojo: «Fue Rafael Rico Gregoria un formidable soleaero, con estilo personal, recreó una modalidad de soleá que también cantó Antonio El Portugués, y que pasaron a la posteridad conocidas como soleares de El Moreno».




Fuente: Tartessos
MUSEO, Niño del. Nombre artístico de Francisco Rojas Cortés, originado porque durante su servicio militar en Sevilla, vivió en el Museo de Bellas Artes, y cantaba en una taberna cercana llamada del Museo. Adamuz (Córdoba), 1905‑1947. Casado con la bailaora Gloria Moreno. Cantaor. En 1929, obtuvo un premio en un concurso celebrado en Málaga, en el que tomaron parte Vallejo y El Cojo de Málaga. Ese mismo año actúa en Madrid, formando parte del elenco del espectáculo La copla andaluza. Perteneció a diversos grupos artísticos en continuas giras por España, junto a Pepe Marchena y otros destacados intérpretes de su época. En 1933, realizó una por América, con la compañía de Estrellita Castro, volviendo al continente americano en numerosas ocasiones con otros grupos flamencos. Igualmente actuó en los cafés cantantes de su época, principalmente en el malagueño Café de Chinitas. De amplio repertorio, realizó una abundante discografía, en la que sobresalen los fandangos, estilo que le deparó una gran popularidad. Sobre su personalidad artística ha escrito Angel Marín: «Aunque en su discografía se encuentre con mayor abundancia el fandango natural, con clarísima similitud al estilo de El Gloria, en muchos de ellos, quienes hayan tenido la suerte de oírle personalmente o poseer sus grabaciones, saben que, junto a su poderosa voz, contaba con un gran equilibrio y dominio de formas llenas de luz, a las que aplicaba su perfección tonal y extraordinario compás. Ahí están sus alegrías, sus bulerías y sus siguiriyas, con remate al estilo de Manuel Molina. En las soleares empleaba un poco el gorgoreo y en unos fandangos de Lucena, etiquetados como verdiales, se muestra excesivamente parsimonioso. En granaínas, malagueñas, verdiales y saetas se muestra magnífico». En su pueblo natal existe una peña flamenca con su nombre, entidad que le dedicó, en 1982, un homenaje póstumo a beneficio de su viuda.

Fuente: Francisco Zambrano
NIETO DE ORELLANA, Pepe. Nombre artístico de José Nieto Sánchez. Orellana (Badajoz), 1901. Cantaor. Actuó en cafés cantantes y teatros acompañando al baile de La Macarrona y realizó grabaciones discográficas, acompañado a la guitarra por Sabicas. En el Festival Nacional del Cante de las Minas de La Unión, ha sido premiado en dos ocasiones. En 1962, participó en el Concurso Internacional de Arte Flamenco de Jerez de la Frontera. En 1985, se le tributó un homenaje en Fuente de Cantos, organizado por la peña flamenca de la localidad, consistente en un festival en el que participaron La Kaita, Niño de la Ribera, Pepe Perejil, Joaquín Rojas, Quique Paredes y El Peregrino, con la intervención del flamencólogo Manuel Yerga Lancharro, quien le entregó una placa conmemorativa.




NORA, Curro de La. Nombre artístico de Francisco Valladolid Rebollo, de origen familiar. San Juan del Puerto (Huelva), 1901‑1942. Cantaor. Hermano de Pepe de La Nora. Su trayectoria artística se proyectó en su comarca natal.


Fuente: Diccionario

NORA, Pepe de La. Nombre artístico de José Valladolid Rebollo, de origen familiar. San Juan del Puerto (Huelva), 1903‑Huelva, 1983. Cantaor. Padre de Pepe Briones. Especialista en los fandangos de su comarca natal, grabó en disco en los años treinta y alternó con intérpretes de máxima categoría, entre ellos La Niña de los Peines, Manuel Vallejo, Tomás Pavón, Manuel Torre y Pepe Marchena, entre otros. Estaba considerado el decano y maestro de los cantes de su tierra y su fandango preferido se diferenciaba por su condición de meloso, rítmico y acompasado.
O


Fuente: Cancionero. Internet



ORIHUELA, Niño de. Nombre artístico de Alejandro Cintas Sarmiento. Cantaor, cancionero y letrista. En 1944 actuó en el Circo Price madrileño con el espectáculo Carrusel. Ha formado parte de diversos elencos artísticos y realizado giras por América. Como letrista, sus trabajos más conocidos son las canciones aflamencadas Torre de arena, Rosal de sangre y La Luna y el toro.




Fuente: Juan Rondón
OROZCO FAJARDO, Enrique. Natural de Olvera (Cádiz), 1912. Cantaor. Se inició en Sevilla, donde vivió desde niño. En 1932, realizó su primera gira por pueblos de !a provincia sevillana. Debutó en el Kursaal Olimpia de Sevilla, en 1934. Al año siguiente realizó una gira con Manuel Vallejo por toda España, volviendo de nuevo, en 1936, al Kursaal Olimpia, desde donde se trasladó a Madrid, para participar en el Certamen Nacional de Cante Flamenco, organizado en el Circo Price, donde obtuvo un segundo premio por fandangos, formando parte a continuación de un elenco creado con todos los artistas premiados en el referido certamen, iniciando un recorrido por la geografía española, que quedó truncado en Jaén, al estallar la guerra civil. Retorna a Madrid, en los años cuarenta y frecuenta las reuniones de cabales del Colmao Villa Rosa, con esporádicas actuaciones en público, una de ellas en 1948, en el Teatro Fuencarral, junto a José Cepero y Jacinto Almadén. Viajó a Francia en 1955, donde actuó en los tablaos parisinos La Puerta del Sol y El Catalán, así como en el Teatro de las Naciones y en la Universidad de la Sorbona. Regresó a Madrid y actuó en la Parrilla del Alcázar madrileño, en 1961. Al año siguiente se presenta al concurso del festival Nacional del Cante de las Minas de La Unión, obteniendo el primer premio. También ganó, en 1964, el premio de cartageneras el I Concurso de Cartageneras. Ese mismo año trabajó con Marchena en el espectáculo Alarde flamenco. Después de otra larga etapa frecuentando las fiestas íntimas en las ventas madrileñas, actúa en 1982, en el Café de Cante Silverio de Madrid, significando un descubrimiento para la nueva afición, siendo contratado para la I Cumbre. Flamenca de Madrid y realizando una gira con una representación artística de este festival por varias ciudades españolas y alemanas. E igualmente con el elenco Los últimos de la fiesta, actúa en los festivales andaluces. De nuevo participa, en 1985, en la II Cumbre Flamenca de Madrid, en el Teatro Alcalá Palace, y en las Noches Flamencas del Círculo de Bellas Artes madrileño, como así mismo en la Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, en 1986. Su discografía, aunque no muy amplia, iniciada en 1935, es de interés. Su repertorio es largo, destacando por malagueñas, granaínas, tarantas, cartageneras y fandangos, estilos a los que aporta personalidad y una musicalidad sensible y sumamente bella. En 1987, la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera, le otorgó el Premio Nacional a la Maestría.

ORTEGA, LUISA. NO VIENE

ORTEGA, Mariquita. Cádiz, siglos XIX‑XX. Cantaora. Sobrina de Rita y José Ortega, con los que alternó en las reuniones de los colmaos madrileños Los Gabrieles y Villa Rosa, donde se desarrolló su vida artística entre los años veinte y cuarenta. Acompañada a la guitarra por Manolo de Badajoz, realizó grabaciones discográficas por alegrías y bulerías.

Fuente: Bohórquez
ORTEGA GOMEZ, Luisa. Sevilla, 1936. Cancionista y cantaora. Tataranieta de Curro Durse y Enrique El Gordo Viejo, biznieta de El Aguila, nieta de Caracol, sobrina nieta de Carlota, Rita y Rosario Ortega Fernández y del torero El Cuco, hija de Manolo Caracol y hermana de Lola Ortega Gómez, Manuela La Caracola y Enrique Caracol, casada con Arturo Pavón. Debutó en Madrid, en el Teatro Calderón, en 1951, con el espectáculo La copla nueva, en compañía de su padre. Otros espectáculos suyos fueron Color moreno, Arte español y Torres de España, con los que recorrió toda la geografía española y la América hispana, hasta 1961. De nuevo en España, alternó sus actuaciones junto a su marido, quien la acompaña al piano, por teatros españoles, con las que realizó en el Tablao Los Canasteros, de Madrid, propiedad de su padre, alcanzando una gran popularidad. Ha grabado en discos y participado en películas cinematográficas.

ORTEGA MORALES, Rita. Cádiz, siglo XIX‑Madrid, siglo XX. Cantaora. Nieta de El Gordo Viejo, hija de Enrique El Gordo, hermana de Rosario, Carlota y José Ortega Morales. En 1902, cantaba en el Café Filarmónico de Sevilla, de donde pasó, en 1905, al denominado Novedades de la misma ciudad. Participó en 1912, en el homenaje tributado en Madrid a su hermano José. Permaneció en Sevilla muchos años en los cafés cantantes, figurando en 1921, en el elenco del Kursaal. Se trasladó a Madrid, tomando parte en las reuniones de cabales de los colmaos Los Gabrieles y Villa Rosa. También actuó en teatros madrileños, entre ellos en el Olimpia, en 1925, con motivo del homenaje a La Coquinera. Dos años después lo hizo en el Circo Parish, junto a Manuel Vallejo, y en 1928, en el Cine Pardiñas. Entre sus últimas actuaciones en público, cabe reseñar la gira que realizó, en 1940, por la geografía española en unión de El Sevillano y Manolo Caracol. Fue una excelente cantaora con un largo repertorio, siendo admirable su conocimiento de los estilos, por lo que puede considerársele una de las figuras más destacadas de su dinastía flamenca.

Fuente: Retocada. Internet


OSUNA, Niño de. Nombre artístico de Manuel Torres Torres. Natural de Osuna (Sevilla). Cantaor. Reside en Granada, donde principalmente se ha desarrollado su vida artística, actuando en sus locales y en las zambras del Sacromonte. En 1965, figuró en el ballet de Antonio Gades. Ha grabado en disco y sobresale por fandangos, especialmente por los personales de El Niño de la Calzá. OJO VIENE COMO CHIQUITO DE OSUNA.



Fuente: Internet
OSUNA, Juanito. Nombre artístico de Juan Rodríguez Montero. Osuna (Sevilla), 1927. Cantaor. A los catorce años Pepe Marchena le contrató para su compañía, realizando con ella una gira por Europa. Dos años después trabajó en la de comedias de Rafael Melgarejo, para pasar posteriormente al espectáculo Alegrías de Puerto Lucero. En 1952, actúa en el Circo Price de Madrid, y posteriormente participa en una gira por la geografía española junto a Pepe Pinto. Con el elenco de Concha Piquer, actúa a partir de 1955; después lo hizo en los espectáculos El patio de los  luceros de Juanita Reina y, en 1960, en el denominado Carrusel de España, encabezado por Marifé de Triana. Realizó dos temporadas con La Paquera, Así se canta en Jerez, en 1961, y Ronda de canciones, en 1962. También trabajó con la compañía de Antoñita Moreno. Tomó parte en las películas cinematográficas Un emigrante en España y El alma de la copla.

PACITA TOMÁS. NO VIENE. NO ES CANTAORA

PALACIOS C. NO VIENE

Fuente: Recortada. Bohórquez
PALANCA. Nombre artístico de José Lebrón López. Marchena (Sevilla), 1904‑1976. Cantaor. Se inició en su tierra natal, alcanzando rápidamente gran popularidad en toda Andalucía con su personalísimo fandango. En 1931, toma parte en .un espectáculo encabezado por Jesús Perosanz, en el Circo Price de Madrid, anunciándosele así: «Presentación del as moderno o el divino Palanca». Este mismo año también canta en el Gran Teatro Metropolitano y realiza dos giras por la geografía española, una con el elenco citado y, otra, junto a Angelillo, en la que se le anuncia como «renovador del fandanguillo». Se suceden sus actuaciones, muchas de ellas con Angelillo, hasta 1936. Terminada la guerra civil, vuelve a Madrid, para cantar en el Monumental Cinema, en 1944 y participar en la Semana Flamenca, que este mismo año organiza él en el Teatro Fuencarral. Con Pepe Marchena, alternó en el espectáculo Pasan las coplas, en 1947. Otras de sus actuaciones más significativas, fueron, en 1965, en el II Concurso Nacional de Cartageneras, y su intervención en el elenco Solera, como «invitado de honor», en unión de Porrinas de Badajoz. En su tierra natal le fue ofrecido un homenaje, en 1974, que se celebró en el Cine Planelles, con la presencia de El Rerre de los Palacios, Juan de la Loma, Antonio Canillas, El Perro de Paterna, Diego Clavel y Juanito Maravillas, entre otros intérpretes. Su popularidad en los años veinte, treinta y cuarenta fue auténticamente grande, siendo su fandango muy imitado por los aficionados en fiestas y reuniones. Pedro Camacho dedicó una semblanza a Palanca, en su libro Los payos también cantan flamenco, de la que transcribimos los siguientes párrafos: «Hay cantaores que se hacen famosos por un solo cante... Este es el caso de Palanca. Muchos que no hayan oído a Palanca cantar sus primeros fandangos, allá por los años treinta, no entenderán esta afirmación mía... Yo conozco a Palanca desde que comenzó a hacer sus primeros pinitos en el cante. Casi coetáneo de su paisano Pepe Marchena, tuvo la desgracia de iniciarse cuando estaba en boga el fandango, y sobre todo, el de Pepe Tejada. De haber vivido la época clásica de los cantes fundamentales hubiese sido un impar siguiriyero. Lo escuché cantar en la intimidad, cuando sus correrías de vagabundeo flamenco por tierras de Jaén, Linares, Jabalquinto y Andújar. El jipío con que daba entrada a sus peculiares fandanguillos daba escalofríos de cornada aviesa». Anselmo González Climent, que le ha dedicado todo un capítulo en uno de sus ensayos flamenco lógicos, opina lo siguiente de Palanca: «Trátase de una figura que no está para el primero que pasa. Se mueve dentro de una difícil y personal lógica. Tanto por rechazo como por aceptación, es cantaor absorbente. Se impone apurar lo de un tirón. No es gozable en porciones. Divide en alta escala la mayor o menor tensión flamenca de los cabales... Palanca, sin ser más jondo o importante que Pastora, Aurelio o Chacón, es tan vertiginoso y sintético, verdad de a puño, que exige estar muy metido dentro del cante para disfrutarlo en toda su magnitud. Profundamente imprevisible todo él madrugada para un simple quejido, quizá el verdadero , convengamos que representa una importancia minúscula de lo grande... Exige previas complacencias con un arriesgado sentido de lo jondo. Palanca anuda lo suelto, desampara la filigrana y presenta un cante áspero, tirado. Tira do: hete aquí la palabra, un concepto, un temperamento. ¿Tirar el cante? ¿Abandono, desecho, dispendio? No: riesgo, síntesis, apuro de verdades esenciales». Su discografía es muy interesante y se le considera uno de los cantaores de su tiempo más originales y promovedores de afición.

Fuente: Su familia. Internet.
PALMA DE ORO, NIÑO DE LA. NO VIENE












Fuente: Tartessos
PAQUERA, La. Nombre artístico de Francisca Méndez Garrido, originado por apelativo familiar. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1934. Cantaora. Sobrina de El Pili, hermana de Alonso Méndez y de Margari Méndez y tía de Las Paqueras. Se inició en las fiestas íntimas de su ciudad natal, obteniendo una gran popularidad al grabar su primer disco en los primeros años cincuenta. En 1957, debuta en el tablao madrileño El Corral de la Morería. España por bulerías, es su primer espectáculo, con el que recorre el país en 1959, y en 1960, encabeza el titulado Arte español, junto a El Farruco, Juanito Maravilla y El Chocolate. Este mismo año alcanzó un gran éxito, en la sala de fiestas madrileña York Club. Al siguiente, formó parte del elenco Alegrías de Andalucía presentado en el Teatro Cómico de Madrid, así como el de variedades Así se canta en Jerez, en el que figuraban Juanito Osuna, Félix de Utrera y Pepín Cabrales, que recorrió diversas ciudades españolas. Carrusel de canciones, presentado en el Circo Price, es su espectáculo de 1961. En el tablao madrileño Torres Bermejas y en el espectáculo Ronda de canciones, actúa en 1962, tanto en Madrid como en gira por España. En 1963, es contratada por el Tablao Las Brujas de Madrid, siendo nominada Popular del diario Pueblo, en 1964. Continúa seguidamente sus giras por toda la geografía española, en diversos espectáculos, realizando también salidas a varios países europeos. En 1965, comparte cabecera de cartel con Rafael Farina, en los espectáculos Bronce y solera y Embrujo y tronío. Debuta en el tablao sevillano Los Gallos, en 1968, tablao al que vuelve en 1970. En 1972, se presenta en el madrileño Los Canasteros, y en 1976 en el denominado La Trocha de Sevilla. Otra de sus diversas giras la realiza con Rafael Farina, en 1978, al frente del espectáculo renovado Embrujo y tronío. Desde los años finales de los sesenta, sus actuaciones se ciñen principalmente a los festivales andaluces y sus recitales en penas flamencas, destacando entre estas participaciones su intervención en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, en 1984, y en la III Cumbre Flamenca de Madrid, en 1986, junto a miembros de su familia. Ha obtenido el Premio Niña de los Peines, en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1971 y la Copa de Jerez de la Cátedra de Flamencología. Su discografía es muy amplia y su repertorio igualmente extenso, destacando por bulerías, estilo en el que se revela con toda su dimensión sus cualidades cantaoras y su gran originalidad. Su personalidad artística, que llega rápidamente a toda clase de públicos, ha sido glosada por críticos y flamencólogos, juicios de los que seleccionamos los siguientes: Juan Luis Manfredi: «Ella es la reina de la bulería en el compás de su tierra y posee, como pocas y pocos, el rigor de la medida y el compás. Espléndida de facultades. Francisca Méndez Garrido es capaz de engrandecer, de ampliar, de hallar el más difícil todavía en el más difícil de los cantes. Está de lleno en la línea caracolera que ella no desmiente, ni mucho menos y canta con un nervio singular. La Paquera ha aportado al cante, evidentemente una forma de decirlo, de sentirlo y de interpretarlo. Desde su irrupción en el mundo discográfico ha sido una auténtica bandera de los mejores cantes jerezanos. Primera figura sin discusión, con proyección de espléndida herencia cara al futuro». Juan de la Plata: «Es La Paquera, quien con personal estilo y excelentes facultades llega a ejecutar las bulerías y los fandangos, dándoles neto sabor gitano. Su voz jerezana juega con los melos en forma sorprendente y bravía». Edgar Neville: «Canta las bulerías con el llanto gitano, con ese temblor y ese quejido que sólo tienen los de su raza, con ese fondo de pena y emoción que va unido al cante flamenco puro y que le da hondura». Manuel Ríos Ruiz: «Desde El Gloria no se dio una voz festera de tamaña magnitud, ni tan sugestiva. La Paquera de Jerez es un fenómeno natural, una yema hirviendo que, de siglo en siglo, brota en la cepa del cante: ese eco que se nos queda clavado como una estaca en el entrecejo, una inefable sonería flamenquísima e incomparable, única, en cada salía, tercio y remate. La Paquera de Jerez, tan original por originaria, es la viveza y la bullería de un arte transido por los más ancestrales sentimientos, pues pone bocarriba y bocabajo, revoleando y recogiendo, barajando, en su titirimundi cantaor, todo el ritmo de su ralea. El cante de La Paquera, motivado siempre por los títeres de su sangre y por los aljibes musicales de su raza, es relampaguero y esencial en su contexto, tiene siempre picos y rompimientos, estrépitos y rocío, emoción amasada y chorros luminosos, llega al gentío y lo enardece. La Paquera de Jerez, sigue siendo al cabo de una larga vida profesional, una de las figuras más populares del cante flamenco, ese nombre que arrastra a la afición y cierra o revienta el cuadro, como todos los genios de la jondura verdadera».

PASTORA DE JEREZ, LA. NO VIENE

Foto: Retocada. Cartel


PATROCINIO, La Niña del. Siglo XX. Natural de Sevilla. Cantaora. Casada con Niño Alcalá. Entre sus actuaciones en Madrid, destacan las llevadas a cabo en 1928, en el Monumental Cinema y en el Cine Pardiñas. En 1929, actuó en el Dos de Mayo. Realizó una gira artística con José Cepero y su marido por la geografía española en 1934. En los años cuarenta, con su marido, figuró en un grupo de variedades incluido en espectáculos circenses, hasta su retirada.





Fuente: Manuel Bohórquez
PAVON CRUZ, Tomás. Sevilla, 1893‑1952. Cantaor. Hermano de La Niña de los Peines y Arturo Pavón. Su trayectoria artística estuvo limitada a las reuniones de cabales y a la discografía que realizó, toda ella de suma importancia, en la que dejó un legado magistral y reflejada su original personalidad artística. De carácter retrotraído y aficionado a las manualidades, le gustaba la relojería y la practicaba como entretenimiento escogía detenidamente sus actuaciones privadas. Su muerte, a los cincuenta y nueve años, fue a causa de un cáncer de pulmón que padeció durante años, y que influyó en su disposición para ejercer su arte. A este respecto, dejó escrito Augusto Butler: «Fue proverbial la sempiterna tristeza de Tomás. Se salía por los ojos. Recuerdo su sonrisa, forzada casi siempre, que más que sonrisa parecía una mueca dolorosa». Su repertorio fue muy amplio y sus cantes y sus características personales han sido glosadas ampliamente por los estudiosos, los cuales le consideran casi unánimemente uno de los más grandes artífices del cante flamenco de este siglo: Fernando el de Triana: «En los cantes de Enrique El Mellizo hace verdaderas filigranas, y en los cantes de Jerez, por siguiriyas raya a gran altura, porque además de ser un gran copista los canta con admirables facultades. Es una verdadera lástima que este notable cantador no se exhiba en público, donde aseguro que tendría más porvenir económico y su fama se elevaría al sitio a que a tan buen cantador corresponde». Ricardo Molina: «Tomás vivió ignorado, con su fabuloso tesoro de siguiriyas, soleares, martinetes y sólo reducidas minorías le reconocieron en vida su grandeza y superioridad. Tomás Pavón mantuvo con estilo personal inconfundible las más puras tradiciones flamencas. Hoy sus grabaciones constituyen la mejor escuela de cante para el buen aficionado. De hecho son numerosos los cantaores que, sin saberlo, hacen los cantes de Tomás especialmente soleares y martinetes, pero mal aprendidos y peor asimilados. Perteneció Tomás Pavón al grupo de los raros, al que pertenecieron antes que él los maestros Loco Mateo, Tomás El Nitri y Manuel Torre; raros en el sentido social porque conscientes de su real grandeza artística pasaron por la vida con gallardía olímpica y alma sdegnosa. La época comprendida entre 1930 y 1950 podría ser calificada muy bien como época de Tomás Pavón, porque fue él muerto Manuel Torre el más egregio cantaor de ese período. Tomás Pavón llenó en parte el gran vacío que había producido en el cante la desaparición de Manuel Torre... Aunque lo más popularizado y conocido son las versiones que nos dejó Tomás de las soleares de La Serneta, Enrique El Mellizo y Alcalá, estimamos que su máxima aportación la constituyen los cantes viejos de Triana que él salvó del olvido: las siguiriyas abruptas y profundas del señor Manuel Cagancho, los viejos martinetes, la toná grande y la debla. La escuela sevillana revivió con esplendor inusitado y casi secreto en el arte supremo del gran cantaor sevillano del siglo. Sin pena ni gloria vivió y murió el gran Tomás porque le tocó vivir una época adversa..., y a la medida que el tiempo pasa su figura agigántase y sus cantes empiezan a estimarse por muchos aficionados del mundo entero como la más pura, honda y radical expresión del auténtico flamenco». Antonio Rodríguez de León: «Tomás Pavón no sólo aportaba razones, sino ejemplos. Era el maestro que, a la par que teorizaba, actuaba. Contaba y..., cantaba. Y si cuando vertía discursos, conmovía; cuando vertía cante, convencía... Tomás Pavón era todo un catedrático en materia tan ardua y difusa. Tan seguro estaba de sus conocimientos, que soñó una vez con instalar una academia de cante jondo. ¿Cómo, le pregunté, si estamos convencidos de que el cante jondo no se enseña ni se aprende? Pero se perfecciona, me advirtió. Ciertamente. Como se perfecciona la pintura, como se perfecciona la poesía. Y, sobre todo, lo que Tomás Pavón quería era, con absoluta sencillez y dominio, señalar y establecer diferencias, corregir a los equivocados, enderezar a los perdidos, velar, en suma, por la pureza de arte que, como digo no admite simulaciones, copias y parentescos estrafalarios. O es o no es... Yo tengo la evidencia de que Tomás Pavón era un vestigio pulido por el tiempo de la raza india. Cuando se lo decía, enarbolaba, con sonrisa complaciente un: Pué sé, que partía los corazones. Todos los signos exteriores y característicos de los hijos del Indostán se concretaban en su escultura. Las líneas, los colores, los movimientos. Y, en lo hondo, en lo jondo, su filosofía. Y, desde luego, ya embriagado de nuestro sol y de nuestro misticismo castizo, su cante jondo. Por algo lo instituyó heredero Manuel Torre. ¿Tuvisteis la fortuna de oír a Tomás Pavón? Si lo oísteis alguna vez, podéis afirmar que habéis descorrido el secreto de un mundo inédito. De un mundo en el que no es posible permanecer, por los minutos de una copla, si no es la garganta de uno de estos hombres privilegiados, artífices sutiles de un arte sin parangón posible. Porque, por ejemplo, una siguiriya, cuando la decía Tomás Pavón, era una especie de salvoconducto para que interrumpiéramos, de pronto, en lo intrincado de una raza inquieta e inquietante que lo expresa todo, todo lo suyo, dramático, intransferible y lejano, por los duendes de su garganta... Todo eso y mucho más había en una auténtica siguiriya gitana cuando la florecía Tomás Pavón... Parecía como si la vida toda quisiera cantar, por temor a Dios, la angustia metafísica del amor y de la muerte sin esperanza». José María Porras: «Cuando Tomás Pavón ponía cátedra en la intimidad de sus afectos, un mundo nuevo subyugador y fulgurante se habría ante nosotros. Su voz su media voz, parecía salir de lo profundo de lo jondo de la tierra caliente de fiebre, de superstición y de locura. ¿Qué cante es el cante jondo que tal impresión produce en los que tienen la suerte de presenciarlo?... Es el cante jondo la contraseña de una raza taciturna y errante, por la cual contraseña se comunica y comunica los misterios de su alma, y de la cual raza Tomás Pavón que murió en Sevilla en olor de cante jondo, era uno de sus últimos y máximos pontífices». Finalmente transcribimos una serie de párrafos del más profundo estudioso del cante de Tomás Pavón, Anselmo González Climent: «Esa justipreciación tan corriente que sustenta la fama de un artista según la magnitud de su interés polémico, carece de sentido en el caso de Tomás Pavón. A Tomás nadie lo ha discutido. Crítica, colegas y aficionados le han sido unánimes... Dos circunstancias demasiado simples pretenderían explicar la serenidad de su tránsito artístico: el haber sido hermano de la rutilante Niña de los Peines y el hecho de apartarse del azaroso mundo flamenco. Pues bien; al subir a la fama coincidentemente con Pastora (recuérdese que sus discos eran anunciados literalmente: Por Tomás el hermano de La Niña de los Peines), y el autolimitarse por carácter, y hasta por propia concepción íntima diría yo, a cultivar el cante entre cabales, a puertas cerradas, acaso fueron elementos perjudiciales que le acompañaron durante toda su carrera de libre jipiador. A pesar de todo, estimo que luchando contra tales desventajas póngase cualquiera en su lugar pudo al cabo Tomás imponer el rastro de su personalidad a lo largo del siglo. En última instancia, Pastora y Tomás no configuraron simples variantes sobre un mismo y fraternal estilo flamenco. Las diferencias son apreciables. Además, y en el otro sentido ya apuntado, la actuación minoritaria de Tomás pudo haberle supuesto un total anonimato frente a las dos o tres generaciones de flamencos que llegaron a escoltar su vida. Y ello no ha sido así. Hoy, entre los aficionados de reciente hornada, sigue siendo vivo y ejemplarizante su recuerdo. La nota de pureza que tan esencialmente lo embarga, bastaría para justificar su gravitación en la historia flamenca. Con Aurelio de Cádiz y otros pocos más, Pavón es uno de los cantaores menos influenciados por escuela, generación o maestro alguno. Nada ilustrativo resulta agotar su secreto con una vaga filiación de la escuela de Triana, ni con una desmesurada suposición sobre hermanadas interinfluencias con Pastora. Tan inoficioso sería enjaularlo en una dinastía familiar como en la emboscada de una escuela. Hay quienes ciñen sus siguiriyas por Triana, sus soleares por Cádiz, sus cantes chicos por Jerez... Lo cierto e importante es que todo el manantial de raíces y genealogías que se le atribuyen le han penetrado como una herencia tácita, climática. Por ello, no puede extrañar que en su época haya personificado el sentido (y el sentimiento) de lo que en flamenco todavía podemos entender por tradición viva... Es historia serenando historia. No se trata de un vano enciclopédico, sí de un aficionado a quien le es propio y natural liarse con las influencias más primitivas y palpitantes del cante... Flamenco es para él una prolongación expresiva de su ser, en ningún caso una jugada esteticista... Es inimaginable un Tomás directamente ofrecido al escenario flamenco. Hubiese traicionado su sino unívoco, soledoso... Lo verdadero es que, sin impaciencias, renunciando a explorar nuevas zonas estilísticas, profundizó lo dado, creciendo sobre sí mismo».

Fuente: Manuel Bohórquez
PAVON VARELA, Manuel. Dos Hermanas (Sevilla), 1883‑Madrid, 1967. Cantaor. También conocido en sus principios como Maneli. Se inició en los ambientes flamencos de Sevilla. Estando actuando en Granada, en 1904, en el Teatro Alhambra, coincidió con don Antonio Chacón en una fiesta íntima en la casa de los Rodríguez Acosta, iniciándose entre ellos una gran amistad. Con Fernando El Herrero y Niño de Morón, debutó, en 1907, en el Café de La Marina de Madrid, permaneciendo en su escenario nueve meses. Volvió a Sevilla y pasó a formar parte del elenco de El Café Nevería La Alegría, junto a Antonio Pérez, Niño de Cañete, y El Bizco Pardá, siendo anunciado como «el celebrado y cada día más aplaudido». Seguidamente es de nuevo contratado por el madrileño Café de La Marina. A partir de 1912 se convierte en el artista de confianza de don Antonio Chacón, con el que participó en las más importantes reuniones de los colmaos Los Gabrieles y Villa Rosa de Madrid. En 1927, actuó en Buenos Aires, como cantaor de María Albaicín y con Pepe de Badajoz de guitarrista. Junto a Ramón Montoya, cantó en 1926 en la fiesta de inauguración de la madrileña Casa de Velázquez, en presencia de los reyes, el general Primo de Rivera, el mariscal Pétain, el duque de Medinaceli y el duque de Alba. A la muerte de Chacón, continuó frecuentando las fiestas del Colmao Villa Rosa. Sufrió persecución durante la guerra civil, por lo que fue injustamente apartado por sus propios compañeros, retirándose en 1944, para dedicarse a la venta ambulante de tabaco hasta su fallecimiento. Se le considera un excelente profesional, poseedor de un amplio repertorio.

Fuente: Manuel Bohórquez
PELUSO, EL. Nombre artístico de José Martínez. Sevilla, 191?‑1978. Cantaor y bailarín excéntrico. Solía actuar ataviado como Charlot. Ocupó la parte cómica de numerosos espectáculos flamencos y alcanzó gran popularidad. En ocasiones cantaba por derecho y así se refleja en alguno de sus discos. De su trayectoria artística cabe reseñar las actuaciones siguientes: 1934, en el Circo Price de Madrid y en gira por España, junto a José Cepero; 1935, gira con La Niña de los Peines, interpretando sus creaciones Marinero que se va el vapor y Charlot; 1940, gira con El Sevillano y otra con el espectáculo Cuatro faraones; 1942, nuevas actuaciones con El Sevillano; 1947, gira con Pepe Marchena, en el elenco Pasan las coplas; 1950, gira con Manuel Vallejo y José Cepero, en el espectáculo El sentir de la copla; y 1965, actuaciones con el grupo de El Sevillano.

Fuente: Málaga cantaora
PENA (Padre), El. Nombre artístico de Sebastián Muñoz Beigveder. Alora (Málaga), 1876‑Málaga, 1956. Cantaor. Padre de El Pena (hijo). Se inició en los cafés cantantes malagueños y cumplió su servicio militar en Cuba. A su vuelta formó parte de diversos elencos artísticos en giras por la geografía española y nuevamente cantó en cafés cantantes, junto a Manuel Torre, Niño de la Isla, La Niña de los Peines, don Antonio Chacón y otros destacados intérpretes de su tiempo. A partir de 1938 residió en Málaga, donde estableció un bar. Según la tradición oral fue uno de los divulgadores de la farruca, el garrotín y la asturiana, así como de la malagueña de La Trini.



Fuente: Pepe de Argentina
PENA (Hijo), El. Nombre artístico de José Muñoz Martín. Málaga, 1900‑Mendoza (Argentina), 1969. Cantaor. Hijo de El Pena. Se inició en Sevilla, debutando en el Ideal Concert, para continuar realizando una gira con Manuel Centeno. Tras su presentación en el Teatro San Fernando de Sevilla, junto a José Cepero, Niño de la Huerta y Pepe Marchena, participa, en 1925, en Córdoba, en el concurso Copa de Córdoba y, en 1927, gana en el Teatro Imperial de Sevilla la Gran Copa Andalucía por votación popular. Se presentó en Madrid en 1928, en el Circo Price, donde actuó igualmente al año siguiente, así como en el Monumental Cinema, el Pardiñas y el Teatro Pavón. Vuelve al Price, en 1929, con el espectáculo El mantón español, pasando a los teatros La Latina, Monumental, Pavón con la obra La copla andaluza y Fuencarral con la obra El alma de la copla , realizando finalmente una gira con un elenco del empresario Vedrines. En 1930, realiza una gira con Manuel Vallejo y, en 1931, recorre la geografía española junto a Angelillo, con quien continúa en 1933, en unión de Pepe Marchena. Durante 1934, figura en un espectáculo al lado de José Cepero. Se trasladó a América en 1937, residiendo en Argentina, donde llevó a cabo una intensa actividad artística en teatros y colmaos Mayo, Cómico y Astral, entre los primeros, y El Tronío y El Sevilla, entre los segundos. Sus estilos preferidos fueron las malagueñas, siguiriyas, soleares y fandangos. Su discografía muy amplia, con las guitarras de Niño Ricardo, Manolo de Badajoz, Ramón Montoya, Miguel Borrull y Pepe de Badajoz.

PEÑA, Niño de la. (Véase Apéndice discográfico.)
Fuente: Pepe Claros


PERALTA, José. Natural de San Fernando (Cádiz), siglo XX. Cantaor. Dedicado a los negocios actuó muy esporádicamente en público. En 1944, realizó grabaciones discográficas, entre ellas soleares, alegrías, fandangos y bulerías.







PERICON DE CADIZ. Nombre artístico de Juan Martínez Vílchez. Cádiz, 1901‑1980. Cantaor. Empezó su vida artística cantando en los pescantes de los coches de caballos, a los diez años de edad, dado que en aquella época se estilaba la costumbre de organizar fiestas flamencas recorriendo las calles en los citados vehículos. Su primera actuación fue en Puerto Real. Después actuó en el Café X, de San Fernando, y en una venta gaditana, para pasar seguidamente al Olimpia de Sevilla. Su primera gira artística, antes de 1936, la realizó con la compañía de Pepe Marchena, que terminó con una actuación en la plaza de toros de Cádiz, alcanzando, según apreciación propia, una de las mejores de su vida. En 1936, se presentó al concurso celebrado en el Circo Price de Madrid, obteniendo el premio de siguiriyas y soleares, dotado con mil pesetas. Después realizó una gira por las provincias de Cádiz y Sevilla, con el elenco formado por los destacados en el citado concurso. La guerra civil le sorprendió en su ciudad natal y al terminar la contienda formó parte del espectáculo Las calles de Cádiz, con Conchita Piquer, y junto a La Niña de los Peines, Pepe Pinto, La Macarrona, La Malena, La Ignacia, La Albaicín, Mari Paz, Luis El Compare, Pepe El Limpio, Pablito, Rafael Ortega, Caracolillo, Josele, Melchor de Marchena y Niño Ricardo, entre otros artistas, recorriendo toda España. De regreso a Cádiz, se dedicó a cantar en reuniones y fiestas íntimas, y en el I Concurso Nacional de Alegrías obtuvo el segundo premio. En 1952 se trasladó a Madrid, frecuentando el Colmao Villa Rosa, dedicándose también a cantar en fiestas y reuniones, hasta que firmó un contrato para actuar en el Tablao Zambra, durante un mes, con motivo de su inauguración, pero que se fue extendiendo hasta un total de trece años, realizando con su elenco viajes a diversas capitales europeas. Ganó, en 1948, el premio de siguiriyas del Concurso Nacional de Arte Jondo, que tuvo lugar en el Monumental Cinema, y en 1976, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces le concedió el Premio Nacional a la Maestría. Sus primeras grabaciones discográficas datan de los años cuarenta, destacándose, posteriormente, las que realizó para la histórica antología de la firma Hispavox, siendo su discografía de gran interés en su totalidad. En 1969, organizado por el Ayuntamiento de Cádiz y la Tertulia Flamenca de la Cadena SER, se le tributó un homenaje en el Teatro Municipal José María Pemán, consistente en un festival flamenco, cuya recaudación en un generoso gesto destinó a beneficio de los niños subnormales, en el que actuaron José Menese, El Chocolate, Fernanda y Bernarda de Utrera, María Vargas, Curro Malena, Luis Caballero, La Perla de Cádiz, Merche Esmeralda, El Farruco, Manolo Caracol, Pedro Peña, Manuel Morao y Parrilla de Jerez; realizando la presentación del homenaje el escritor Manuel Barrios, seguidamente se descubrió una lápida en la casa donde nació, en la calle Vea Murguía, 5. La Diputación Provincial gaditana, emisoras de radio y peñas flamencas también homenajearon a Pericón de Cádiz en diversas ocasiones, y al cumplirse un año de su muerte, por acuerdo municipal, se rotuló una calle del barrio de La Viña con su nombre. Sus recuerdos fueron recogidos por José Luis Ortiz Nuevo, en el libro titulado Las mil y una historia de Pericón de Cádiz, amenísimo tanto por la riqueza de anécdotas de su vida en torno a su arte y al ambiente flamenco que siempre vivió con toda intensidad, como por su lúcida y graciosa capacidad de fabulación. Cantaor general, y muy especialmente maestro de los estilos genuinos de su Cádiz natal. Manuel Ríos Ruiz ha escrito sobre su personalidad humana y artística: «Y qué decir de sus cantes, de sus alegrías, de sus cantiñas, sus bulerías, sus soleás, sus malagueñas, sus tanguillos, sus chuflas... Se nos quedan aquí, al menos impresionados en los discos, con su tarareo, su gracejo, sus ayeos, sus respingos flamenquísimos, con sus melos, con su dulcedad, con sus músicas prehistóricas columpiadas, periconeando para siempre la gaditanería intrínseca, ya inmortalizada en su voz... La gracia flamenca, sí, se llama Pericón». Y el poeta Luis Rosales ha escrito el siguiente retrato del cantaor gaditano: «¿Conocéis, en la vida moderna, compostura más grave que la del cantaor que, en el cuadro flamenco, está esperando que le toque su turno? Pues bien, de atrás le viene el pico al garbanzo. Recordamos a uno de nuestros cantaores preferidos. Viste siempre de negro, como vestía la nobleza española en tiempos de los Austrias. Lleva camisa de chorreras y zapato de tacón alto. En su atuendo muestra arcaísmo, señorío y un cierto dejo sacerdotal. Se mueve lento y parsimonioso, y al moverse deja ver sus asomos de camisa en los puños. No hay compostura como la suya. Su gravedad es tal que únicamente al sentarse advertimos que es grueso. Tiene los ojos claros, impasible, semientornados, y aunque le llamen "Arsa, Pericón", no mueve la cabeza, no gira el cuerpo, mueve los ojos solamente. Parece un buda. Canta hierático, quietísimo y garboso, como Si no moviera un solo músculo de la cara. Aun en su mismo silencio hay sorna. Tiene algo de ritual, pero condescendiente, y mueve las manos de una manera tan precisa que nos encanta y nos alegra verle sacar el pañuelo. Cuando se sienta se sienta completamente bien, igual que el agua llena el vaso. "Arsa, Pericón", y entonces, al levantar el brazo para cantar, deja la mano quieta y alta como si le doliera. Tiene un brillo perlado en la piel y el sudor no le moja la cara. De cante en cante, pestañea. Este es su único movimiento. SI, es cierto, en el mundo actual no hay compostura como la suya».

PERLA, NIÑO DE LA. NO VIENE

Fuente: Internet

PERLO DE TRIANA, El. Nombre artístico de Eugenio Carrasco Morales. Málaga, 1925. Cantaor, bailaor, y letrista. Hijo de La Perla de Triana, y ahijado de La Niña de los Peines. Desde un año de edad vivió en Sevilla. Se inició como bailaor, en las compañías de Estrellita Castro, María Rosa, Lola Flores y otras de variedades. Cuando se pasó al cante, actuó con Vicente Escudero y María Márquez, y formó parte de diversos elencos flamencos, en giras por España y el extranjero. Ha publicado un libro con coplas y poemas y ofrecido recitales en centros culturales y peñas flamencas.




Fuente: Retocada. Cartel
PEROSANZ, Jesús. Madrid, 1907. Cantaor. Después de unas actuaciones en Córdoba, fue contratado para estrenar en el Teatro Pavón de Madrid, en 1929, La copla andaluza, anunciado como «revelación» y «divo por fandanguillos», permaneciendo meses en el mismo escenario. También actuó ese mismo año, en el Teatro Dos de Mayo. Viaja a América y a su regreso encabeza un espectáculo en el Circo Price madrileño, actúa igualmente en el Gran Metropolitano y realiza con él una gira por España, actividad que prosigue hasta la guerra civil, para de nuevo viajar a América, fijando su residencia en Buenos Aires. A mediados de los años cincuenta retorna a España, realizando una serie de grabaciones discográficas sobre la obra La copla andaluza y volviendo a actuar en distintos puntos de la geografía española. En 1960, permanece una temporada en el tablao madrileño Las Brujas, y al siguiente año, se integra al elenco del espectáculo Clarines del cante, en unión de Rafael Farina, Porrinas de Badajoz y El Sevillano. En 1962, interviene en el titulado Dos banderas, con Rafael Farina, y canta en el Circo Price de Madrid. Una de sus últimas giras, la realizó con La Paquera y Rafael Farina, con el espectáculo Bronce y solera. En la obra discográfica Cantaores famosos, se inserta la siguiente semblanza artística de Jesús Perosanz, que fue asiduo intérprete de fandangos, guajiras y milongas: «Perosanz, como Angelillo, es una personalidad definida en la generación de cantaores que escenificaron el cante jondo y le dieron una emoción teatral, popularizándolo entre grandes masas de público. En esta nueva escuela, que tiene una extraordinaria importancia en la historia de las derivaciones del cante flamenco, Jesús Perosanz es un artista personal y de una gran sugestión. Ha grabado infinidad de discos y ha cantado con un estilo propio muchos cantes antiguos».

Fuente: Una película
PERSONITA. Nombre artístico de Diego Moreno. Linares (Jaén), siglo XX. Cantaor. Su trayectoria artística tuvo su mayor relieve en los últimos años veinte, destacando entre sus actuaciones las efectuadas junto a Pepe Marchena y Jacinto Almadén, en el Teatro de La Latina de Madrid, en 1929, año en el que también actuó en los madrileños Monumental Cinema y Circo Price, así como en el Teatro Lope de Vega de Valladolid, realizando una gira con el espectáculo del empresario Vedrines. En 1930, volvió a Madrid, para cantar en el Teatro de La Comedia. Creó un estilo de malagueñas muy interesante, que recogido y grabado por Gabriel Moreno, figura en la obra discográfica Magna antología del cante flamenco.


PESCAERO, El. Nombre artístico de Juan Soler, de origen familiar. Linares (Jaén), finales del siglo XIX‑Madrid, 196?. Cantaor. Participó en el Concurso de Cante Jondo de Granada, en 1922, obteniendo un premio de quinientas pesetas. Debutó en Madrid, en 1926, en el Monumental Cinema. En el año 1929, llevó a cabo una serie de actuaciones en los teatros madrileños, actuando en el Teatro La Latina, junto a Pepe Marchena, así como en el Monumental Cinema y el Circo Price. Este mismo año participó en un espectáculo del empresario Vedrines, en gira por la geografía española. Se le consideraba un excelente intérprete, destacando por soleares.

Fuente: Internet
PILI, El. Nombre artístico de Pedro Jiménez. Madrid, 1907‑197? Cantaor. Padre de El Pérez y Adela Jiménez. Se inició en el colmao madrileño Villa Rosa. En 1947 actuó en el Circo Price de Madrid, con El Cojo de Huelva, La Niña de La Puebla y Guerrita, y al año siguiente, compartido con El Manco de Jerez, ganó el primer premio de un concurso de cante organizado en el Teatro Monumental madrileño. Perteneció durante largas temporadas al ballet de Pilar López, con quien debutó en 1946, y con quien seguía realizando giras por España y el extranjero, en 1959, con intervalos en la compañía de Rosario y Antonio, los años 1951 y 1952. También estuvo ligado una temporada al conjunto de Vicente Escudero, con el que actuó, en 196(), en el Teatro La Comedia de Madrid, en unión de Jacinto Almadén, Jarrito, Juan Varea, Pericón de Cádiz, Pepe de La Matrona, Rafael Romero y Manolo Vargas. Formó parte del elenco del tablao madrileño El Arco de Cuchilleros, en 1961, pasando este mismo año al denominado El Corral de la Morería, donde permaneció unos años, primero como cantaor de María Albaicín y más tarde de Lucero Tena. Entre sus actuaciones últimas, hay que reseñar su participación, en 1967, en el grupo de María Rosa. Realizó grabaciones en Francia con Rafael Romero, Juan Varea y Pepe de La Matrona, y también con Sabicas, incluidas estas últimas en la obra La historia del flamenco.

Fuente: Libro de la Historia del F.
PINTO, Pepe. Nombre artístico de José Torres Garzón, Sevilla, 1903‑1969. Cantaor. Casado con La Niña de los Peines. La primera vez que cantó en público fue en el Café Novedades de su ciudad natal, hacia 1917, junto a otros dos jóvenes que luego serían también figuras del cante, El Carbonerillo y Pepe Marchena, de forma casual, pues estaban presentes en el espectáculo como espectadores, y lo hicieron a petición del auditorio. No se dedicó profesionalmente al flamenco hasta el año 1927, realizando a continuación sus primeras grabaciones y sus primeras giras con elencos artísticos, contratándole La Niña de los Peines para un espectáculo que se presentó en el sevillano Teatro del Duque, en el que también participó la pareja de baile Los Chavalillos Sevillanos, compuesta por Rosario y Antonio. Contrajo matrimonio con La Niña de los Peines en 1931, y al año siguiente recorrieron España encabezando un grupo de opera flamenca, organizado por el empresario Vedrines; gira que se repitió en 1935, con la colaboración de Pepe Marchena, y en el siguiente, con otros artífices, entre ellos El Sevillano y Canalejas de Puerto Real. Tras el paréntesis de la guerra civil, en 1939 continuó sus giras artísticas por toda la geografía española con distintos conjuntos, interviniendo en 1940, en la función andaluza Las calles de Cádiz, protagonizada por la cancionista Concha Piquer. A continuación presenta durante varios años su espectáculo Solera de España, en los principales teatros. En 1949, estrena España y su cantaora, en el que reaparece La Niña de los Peines. Otros de sus espectáculos, correspondientes a los años cincuenta, fueron los titulados: Del corazón a los labios, Escalera de canciones y Así canta Andalucía; a los que siguieron nuevos títulos en los años sesenta: Ronda de domingo, ¡Tele y olé! y Coplas y toros, etc., junto a La Niña de Antequera y Juanito Valderrama, en la mayoría de ellos. Falleció el día 6 de noviembre de 1969, de hemorragia intestinal. De amplio repertorio y excelentes facultades, compaginó su conocimiento e interpretación de los cantes básicos, con su fandango personalísimo y con canciones aflamencadas, intercalando en algunas de sus creaciones unos recitados que se hicieron muy populares entre el gran público, ofreciendo así una versión teatral de lo flamenco. A este respecto, recogemos el comentario siguiente, de Anselmo González Climent: «Hizo un abuso de la apoyatura literaria. Su recitación cansina, inarmoniosa y, sobre todo, extraflamenca malbarató lo que realmente interesaba de él, que es el cante puro y sus últimas descargas emocionales. Esta acrobacia lírica, desprovista de todo valor, es una de las tantas preocupaciones creativas de Pepe Pinto, ignorando que lo funda mental de su cante se da cuando prescinde de tales nexos y aparece limpio, directamente ofrecido». Otros comentarios sobre su personalidad artística son los que a continuación transcribimos: Ricardo Molina: «El artista no puede manifestarse muchas veces en la plenitud de su arte, por que las circunstancias adversas a aquél se lo impiden. Por tal motivo, son pocos los que saben el enorme siguiriyero y malagueñero que es Pepe Pinto, y menos aún los que tienen conciencia de su profundo y misterioso conocimiento de las técnicas, de los mecanismos íntimos, de los resortes secretos y de las claves inefables del cante flamenco». Pedro Camacho Galindo: «Adquirió renombre y asimiló acentos al casarse con Pastora Pavón. De ella y de su cuñado Tomás aprendió varios estilos agitanados. Sin embargo, él, por sí mismo, era un artista privilegiado. Sus fandanguillos (en gran número) son auténticas originalidades, que han creado, no sólo escuela, sino una fisonomía especial fandangueril...». Manuel Ríos Ruiz: «Hay artistas que aparentemente no cumplen con su destino. Y en el género flamenco uno de ellos puede ser Pepe Pinto. Escuchándole cantar siguiendo los cánones, las leyes marcadas por la tradición, no parece lógico que con sus conocimientos del can te y sus cualidades cantaoras, se hubiera hecho famoso con sus peroratas en versos narrativos y fáciles entre soleá y soleá o entre fandango y fandango. Pensándolo bien, no le hacía falta ningún aditamento para ser escuchado por los menos iniciados, es decir para tener, como tenía, un gran público, pues su voz melosa y agradable, ofrecía la jondura del cante flamenco de una manera asequible para todos. Tal vez, la raíz de ese empeño por recitar, le viniera de algo intrínseco, de su vocación de actor, lo que de verdad le hubiera gustado ser, según sus propias declaraciones. Y lo que empezó siendo una manía para matar el gusanillo de su auténtica afición, se convirtió en rutina, al tener una gran acogida y alcanzar una enorme popularidad, sobre todo con las sentimentaloides composiciones Trigo limpio, La chiquita piconera y Toíto te lo consiento, grandes éxitos discográficos y radiofónicos, que torcieron el destino de un excelente cantaor, de un cantaor que quedó oscurecido en sus valores legítimamente flamencos, que respondían a unos profundos conocimientos de los estilos, auténtica afición y amplísimo repertorio».

Fuente: Diccionario
PLATERITO DE ALCALA. Nombre artístico de José Vázquez Valls, y apodo heredado de su abuelo, que era vendedor de alhajas. Alcalá de Guadaira (Sevilla), 1912‑1985. Cantaor. Se inició artísticamente en las fiestas y reuniones de cabales de las ventas La Platilla y Buena Vista de su tierra natal, para pasar después a diversos elencos flamencos, junto a La Niña de los Peines, Pepe Pinto, El Sevillano, Niño de la Calzá, Niño de Barbate y otros destacados artistas de su época. En 1929, acompañado por el toque de Niño Ricardo, grabó su primer disco, no volviendo a grabar hasta 1972, con la guitarra de Eduardo el de La Malena. Optó, en 1962, a la III Llave de Oro del Cante, en Córdoba, que ganara Antonio Mairena. Aunque su repertorio fue muy amplio, los estilos que más ejecutaba fueron las alegrías y los fandangos. Meses antes de su muerte, se le tributó un homenaje en Alcalá de Guadaira, organizado por el Ayuntamiento, consistente en un festival celebrado en el Cine Cervantes, con la participación de los siguientes intérpretes: Niño Segundo, J. M. Flores, Niño de Mauro, Manolo Simón, Manuel de Palma, Rancapino, Paco El Clavero, Aurora Vargas, El Nano, Juana la del Revuelo, Miguel Vargas y Manolo Mairena, así como el pianista García Matos y otros artistas locales.

Fuente: Manuel Bohórquez
POMPI, La. Nombre artístico de Luisa Ramos Antúnez. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1883‑Sevilla, 1958. Cantaora. Sobrina de Cabeza, hermana de El Gloria y La Sorda y prima de María Pantoja. Se inició en su tierra natal a los dieciocho años, en el Café Cantante La Primera, junto a Manuel Torre, Niño Medina, Carmelita Borbolla y La Roteña. Pasando después a Sevilla, debutando en el Café La Bombilla, con Chacón, Escacena y La Niña de los Peines. En 1918, trabajó en el Salón Variedades, de Sevilla. Igualmente actuó en el Kursaal Internacional sevillano con su hermano, La Posaera, La Malena, La Camisona, Juanito Mojama, El Cojo de Málaga, El Estampío, Rafael Ortega, Ramirito, Ramón Montoya y Antonio Moreno, entre otros destacados intérpretes. También cantó en Madrid y Barcelona, lo hizo en los locales La Viña P y Villa Rosa. Actuó ante el rey Alfonso XIII, que le hizo repetir varias veces la copla siguiente: «Era mi queré más grande / que la voluntad de Dios, / porque Dios no te perdona /lo que te perdono yo». De amplio repertorio, destacó por saetas y bulerías, como ha quedado reflejado en su discografía.

PORRINAS DE BADAJOZ. Nombre artístico de José Salazar Molina. Badajoz, 1924‑Madrid, 1977. Cantaor. Se inició en el cante desde niño, alternando su oficio de limpiabotas con su interpretación de fandangos en fiestas y reuniones. Debe su nombre artístico al aficionado de su ciudad natal José Porras que fue su protector en sus principios. Su primera actuación en público data del año 1934, en Valverde de Leganés, formando parte de un espectáculo encabezado por Julia La Extremeñita. Hasta los veintiocho años de edad no sale de su región extremeña, para sustituir a Rafael Farina en el espectáculo La copla andaluza, que se ofrecía en el Teatro Pavón de Madrid, aunque ya había cantado en la sucursal que el Colmao Villa Rosa tuvo en el barrio madrileño de Ciudad Lineal. Con motivo de su éxito en el citado teatro, realizó sus primeras grabaciones, que le reportaron una amplia popularidad. Su biógrafo Francisco Zambrano Vázquez, narra lo siguiente en relación con su remoquete de «marqués», que el cantaor gustaba ostentar: «En Madrid sería bautizado nuevamente en una de las tantas fiestas, por el marqués de Villaverde: "si esta noche cantas bien te vamos a hacer marqués", y como era costumbre en las fiestas íntimas dio el "porrazo", otorgándosele entre el delirio etílico el honorífico título de marqués de Porrinas, que desde entonces llevaría con ostentoso orgullo y al que revistieron con toda seriedad con un escudo en el que aparece un telón, un as de bastos, el clavel, las gafas y la columna y el león como recuerdo a Badajoz, y debajo se lee "Gladio Voceque Vivo"». Desde su llegada a Madrid, además de pasar como primera figura por todos los tablaos, participó en espectáculos folklóricos que recorrieron toda la geografía española, junto a Juanito Valderrama, Rafael Farina y Pepe Marchena, entre otros. A partir de sus fandangos sumamente personales, fue ampliando su repertorio, pudiéndosele considerar el cantaor más famoso y completo que ha dado Extremadura al arte flamenco. Gozó del favor de la alta sociedad madrileña, sus extravagancias y su deslumbrante manera de vestir, así como por su intuitiva forma de hablar a pesar de no saber leer, contándose de él un gran número de anécdotas, que denotan los atavismos propios de su raza gitana y una indudable inteligencia innata. Murió tras una larga enfermedad cancerosa. La Federación de Entidades Flamencas de Extremadura, con la celebración de un ciclo de arte flamenco a lo largo de toda la comarca, durante los años 1985 y 1986, le ha rendido homenaje, que culminará con la inauguración de un busto del artista en Ia plaza Alta de Badajoz. En opinión de Francisco Zambrano Vázquez, «Porrinas prácticamente grabó todos los cantes y a todos les quiso dar su sello, que se fundamenta principalmente en una voz acaramelada con unos tonos bajos peculiares, que hacen muy difícil su imitación; quienes lo escucharon en un cuarto, apreciaron a un gran cantaor, imbatible en ese terreno, y que conociendo como debía hacerse el cante, buscó quizá la diferencia que marca la genialidad, por lo que sería conocido por la afición como un cantaor heterodoxo. Porrinas destaca y es conocido sobre todo en el cante por fandangos, que era el cante rey por aquel tiempo, en que el cantaor tenía que cantar muchas veces para demostrar su potencia "palante", sin micrófono y de pie, porque, decía: "si me siento se me arrugan los pantalones". Por fandangos nos legó un estilo propio por las apuntadas características de su voz, y también en los cantes extremeños: jaleos y tangos... Fue un notable intérprete de los cantes de Levante, lo que no deja de ser curioso siendo gitano, ya que son excepciones los cantaores gitanos que suenan bien por estos cantes».

Fuente: Luis Benito
PRIEGO, Niño de. (Véase Apéndice discográfico Niño de Priego.)










Fuente: Internet
PRINCIPE GITANO, El. Nombre artístico de Enrique Castellón Vargas. Valencia, 1932. Cantaor, cancionero, bailaor y actor. Hermano de Dolores Vargas. En sus principios artísticos alternó su dedicación al flamenco con el arte del toreo, presentándose como novillero en la plaza de Zamora, en 1949. Sus éxitos en los teatros le alejaron de su afición taurina, aunque actuó en diversos festivales. En 1946, formó parte del espectáculo Cabalgata, encabezado por Mari Paz. Su primera compañía la formó en 1949, bajo el título de Rumbo español recorriendo España y después América del Sur, actuando en Méjico, junto a Sabicas, en una película cinematográfica. A su regreso a España, estrenó el espectáculo Pinceladas e interpretó el filme Brindis al cielo, y en 1953 presentó a su hermana en los espectáculos De España al cielo y Amor de legionario, partiendo de los teatros madrileños hacia los de toda la geografía española. Interviene en la película Heredero en apuros, en 1956 y en 1960, estrena el espectáculo Embrujo. La sangre morena y El príncipe canta, son sus espectáculos de 1961, año en el que actúa también en París, junto a Pepita de Cádiz, en el Teatro L'Etoile. A lo largo de 1963, estrena los espectáculos Aquí estoy yo, con Lina y Miguel y Rocío Jurado, y Aristocracia del cante, con el que presenta en el Teatro Avenida de Buenos Aires a Marifé de Triana. En 1964, estrena el denominado Señorío del cante, y en 1965, Palmas flamencas, en el que participan Gloria Romero, Argentina Coral y Rocío Aragón. Con Rafael Farina, encabeza en 1966, Solera 1966, y El bronce de Enrique Vargas, titula el siguiente, correspondiente a 1967. Sus actuaciones se hacen más espaciadas y, en 1972, con Carmen Morell y Luis Lucena, actúa en Show 1972‑73, y con Perlita de Huelva, Adelfa Soto, Curro de Utrera, La Niña de La Puebla y Amina, en el Teatro Monumental de Madrid, bajo el título Flamenquísimo, el año 1976. Con la mayoría de sus elencos ha realizado giras por Europa y América, y su discografía, abundantísima, está principalmente dedicada a la canción aflamencada. Además de las reseñadas, interpretó también las películas Veraneo en España, El alma de la copla y El milagro del cante. En el terreno estrictamente flamenco, destaca por fandangos y los estilos festeros, a los que imprime un acento personal.

Fuente: CD
PUEBLA, La Niña de La. Nombre artístico de Dolores Jiménez Alcántara. La Puebla de Cazalla (Sevilla), 1909. Cantaora. Casada con Luquitas de Marchena y madre de Pepe y Adelfa Soto. Ciega a pocos años de nacer, vivió de niña en Madrid y después en Morón de la Frontera, donde actuó por vez primera en público, ganando seguidamente dos concursos de cante, uno en Marchena y otro en Osuna. Debutó en Sevilla, en el Salón Olimpia en 1931, y al año siguiente lo hizo en Madrid, en el Cine Variedades, actuando también en el Salón Olimpia madrileño. Entre sus primeras grabaciones discográficas figura su versión de Los campanilleros que le proporcionó una popularidad verdaderamente inusitada, por lo que en algunos pueblos y ciudades a donde iba a cantar la recibían con bandas de música. Su debut en los teatros madrileños, tuvo lugar en el Teatro Fuencarral, junto a El Carbonerillo y El Corruco de Algeciras, en 1932. En 1933, realizó su primera película, Madre Alegría. Este mismo año presentó en público a Juanito Valderrama. Estrenó obras lírico‑andaluzas, entre ellas Sol y Sombra, de Quintero y Guillén, y Cuando la noche es eterna, de Diego Isern y Lloset, representándolas en toda España. En 1936, recorrió la geografía española, en unión de su marido, ofreciendo recitales en los teatros más importantes. Pasada la guerra civil, participa en los espectáculos flamencos en gira continua por España, entre los que destacan los siguientes: 1947, Opera flamenca, con El Cojo de Huelva, partiendo del Circo Price madrileño; y Pasan las coplas, con Pepe Marchena; 1950, El sentir de la copla, con Manuel Vallejo y José Cepero; 1951, Toros y cante, con Juanito Valderrama; 1953, Noche de coplas, con La Niña de Antequera; 1954, Así canta Andalucía, con La Niña de Antequera y Pepe Pinto; 1955, Herencia de arte, con El Sevillano; 1958, Festival nacional de arte andaluz, con Pepe Marchena; 1963, Noche flamenca, con Juanito Valderrama; 1964, Guitarra y canela, con Rafael Farina; 1965, 1966 y 1967, Así canta Andalucía, con Pepe Marchena; 1970, Fantasía flamenca, con Juanito Valderrama; y 1971, Romance flamenco, con Rafael Farina. En la mayoría de estos espectáculos han figurado así mismo su marido y en algunos de ellos sus hijos. En 1978, ofreció una serie de recitales en localidades de las provincias de Madrid y Ciudad Real, y ha dado otros en centros culturales y peñas flamencas de Cataluña y Andalucía, e igualmente ha tomado parte en algunos festivales, entre ellos en el de su pueblo natal, donde tiene dedicada una calle, y otra en Santa Coloma de Gramanet (Barcelona). En 1986, le fue tributado un homenaje en Málaga, consistente en un festival en el que entre otros intérpretes tomaron parte El Tiriri, Curro de Utrera, Fosforito, Antonio de Canillas, Barquerito de Fuengirola, José Menese, sus hijos, y Manolo Carmona. Una de sus últimas actuaciones, tuvo lugar en el Teatro Alcalá Palace de Madrid, en 1987, dentro de los festivales de la Cumbre Flamenca, acompañada a la guitarra por Félix de Utrera. En opinión del crítico Angel Alvarez Caballero: «La Niña de La Puebla es una buena intérprete de géneros de la gama malagueña y levantina  malagueñas, granaínas, medias granaínas, tarantos, fandangos verdiales, etcétera , sin desmerecer por soleá o siguiriyas, o por peteneras».

Fuente: Retocada. Cartel


PUERTA DEL ANGEL, Niño de la. Madrid, 1913. Cantaor. Su trayectoria artística alcanzó su mayor relieve durante los años treinta. En 1931, junto a Jesús Perosanz, recorrió España con un espectáculo del empresario Vedrines, actuando en el Circo Price de Madrid y en el Gran Metropolitano, así como en la plaza de toros de Granada. Dos años más tarde figura en el elenco de Pepe Marchena, y desde 1934, en adelante en la compañía de Manuel Vallejo. Terminada la guerra civil se retiró de la vida artística.


QUINTERO. NO VIENE NADA

Fuente: Tartessos
REBOLLO PIOSA, José. Moguer (Huelva), 1895‑Sevilla, 1938. Cantaor. Su biógrafo José Antonio Díaz‑Roca, ha glosado así sus características artísticas y su trayectoria: «Varias veces le vieron cantar en el teatro que existió en la calle del Sol, en donde hoy está el taller de tonelería de Los Gallinatos. Otras, en el local que hoy ocupa el Bar Valentín, de la plaza de las Monjas. En la Taberna de Vigilante, en donde se reunían los cantaores del pueblo, su cante por siguiriya y sus fandangos arrancaban los aplausos y los parabienes, tenía temple y madera de cantaor de acero, seguro en el compás y en el tono. Melodioso, ligando tercios y modos con gracia y estilo propio. Creó una escuela difícil de seguir. Se diría que estaba contento de su innovación. Del fandango tradicional y andaluz, del cante popular del siglo XIX, él sacó el suyo propio, el fandango que hoy se conoce con el nombre del fandango de Pepe Rebollo... En Huelva se abre camino y se da a conocer, mas aun, en el ambiente flamenco de la época. Era muy conocido en las tabernas y mancebías. Conoce a los cantaores del momento: Pérez de Guzmán, Antonio Rengel, y todos, dicen, se resistían a cantar estando él presente. .. Visita a Sevilla, la ciudad del embrujo en el cante jondo, y se queda enamorado de la acogida que le brindan. Allí será donde Pepe Rebollo se consagra como cantaor de estilo propio y difícil a quien todos los cantaores del momento intentan imitar. Su pureza y exigencia en la medida, su sentido equilibrado y su tono inigualable hicieron de él el cantaor más cotizado y admirado...». Juan Gómez Hiraldo, ha escrito sobre su personalidad artística: «Hizo una introducción al fandango acompasada y lenta, y sólo ésa salía, imponía respeto por lo larga y acuñada. Con el mismo temple cantó su fandango». La Peña de Cante Jondo de Huelva le dedicó, en 1983, un Festival de Cante Flamenco.
S
SABARETERA, LA. NO VIENE

Fuente: Manuel Cerrejón
SABICAS. Nombre artístico de Agustín Castellón Campos, debido a que de pequeño le aplicaron el apodo de Habicas, porque le gustaba comer habas crudas. Pamplona, 1912. Aprendió a tocar solo siendo muy Niño, debutando ante el público con siete años en su tierra natal, en un festival organizado por el ejército con motivo de una jura de bandera. Con diez años se trasladó a Madrid, presentándose en el Teatro El Dorado, como concertista, y tocándole a la famosa cupletista La Chelito, alcanzando un gran éxito. Pasó a participar en las fiestas del Colmao Villa Rosa, causando el asombro y la admiración no solamente de los mejores aficionados, sino también de los artistas, entre ellos el entonces más prestigioso guitarrista, Ramón Montoya. Entre los años 1920 y 1930, formó parte de diversos espectáculos, recorriendo toda la geografía española, acompañando a Estrellita Castro, Niña de La Puebla, Luquitas de Marchena, Niña de los Peines, José Cepero, El Cojo de Málaga, Guerrita, Pepe Pinto, Mazaco, Niño de Utrera y otras figuras del momento. En la Plaza de Toros de la Maestranza de Sevilla, en 1934, el público le hizo dar la vuelta al ruedo tras su recital. En 1936, se desplazó a América con Carmen Amaya, en una compañía en la que también figuraban Paco, María, Antonia y Leonor Ama ya, Jesús Perosanz, El Pelao Viejo y Diego Castellón, debutando en Buenos Aires y siguiendo por todo el continente americano, en sucesivas giras hasta 1950. Desde este año hasta 1955, permaneció en Méjico ofreciendo conciertos y actuando asiduamente en la Sala de Fiestas El Patio. Instalado seguida mente en Nueva York, desde esta ciudad norteamericana programa sus recitales por todo el mundo, alcanzando una gran fama y una alta cotización económica, así como realizando una discografía tan amplia como influyente en los guitarristas flamencos que le han seguido y que reconocen su indiscutible magisterio. Regresó por vez primera a España en 1967, para recibir la Medalla de Oro de la Semana de Estudios Flamencos de Málaga, el día 9 de septiembre tributándosele con tal motivo un homenaje, con la intervención de los escritores José Luque Navajas, conde de Colombí, Federico Muelas, Antonio Murciano y José Luis Tejada, así como la actuación de los siguientes artistas: Rafael Morales, Manolo Limón, Enrique Morente, Gabriel Moreno, Serranito, Paco de Lucía, Juan Habichuela, Manuel Cano y Mariquilla. A partir de esta efemérides, Sabicas viaja a España con asiduidad, destacando entre sus conciertos los celebrados en 1970, en el Teatro Nacional María Guerrero de Madrid y en el Teatro Lope de Vega de Sevilla; en 1972, asistió al llamado Concurso del Cincuentenario, en Granada; en el Teatro Monumental de Madrid actuó durante una temporada, en la primavera de 1974, en un espectáculo en el que también tomaban parte el Ballet de Arte Español, la cantaora María Vargas y el cantaor Rafael Farina. En su tierra natal, se le ofreció un homenaje en 1982, rubricado por un recital en el Teatro Gayarre, que resultó apoteósico. Igualmente triunfal resultó su concierto en la I Cumbre Flamenca de Madrid, en el Teatro Alcalá Palace, en 1984, y su participación extraordinaria en la IV Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, de 1986, y sobre todo el efectuado en el Teatro Real de Madrid, el 15 de mayo de 1987, después de un homenaje tributado por el Ayuntamiento, en la Sala de Profesores del citado coliseo. Entre los numerosísimos galardones y distinciones que le han sido concedidas, destacan varios discos de Oro, el premio de Radio Nacional de España de 1971 y, principalmente el Premio Nacional de Guitarra Flamenca de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera en 1965. Entre los juicios y comentarios que su personalidad artística ha suscitado tanto como compositor como intérprete, seleccionamos los siguientes: Howard Klein: «Su arte está desprovisto de actitudes superfluas. No da la sensación de que toca, sino simplemente que la música fluye espontáneamente. Es indudable que el gran artista está a la altura de los mejores guitarristas españoles como Andrés Segovia y Carlos Montoya.» Mingus B. Formentor: «Tras abrir brecha Ramón Montoya, vino el sabiquismo, que es lo mismo que decir la maravillosa guitarra gitano‑andaluza de nuestro siglo». Angel Alvarez Caballero: «Leyenda viva de la guitarra flamenca, Agustín Castellón, Sabicas, gitano de Pamplona, tiene un lugar muy singular entre los papas del arte jondo supervivientes. Fue quien transformó el toque, todavía un tanto primario, elemental, de los Montoya y los Molina en música mucho más rica y compleja, al mismo tiempo que abrió el mundo a los sonidos de ese instrumento maravilloso. Ciertamente, sin Sabicas la guitarra flamenca no sería hoy lo que es. En su tiempo hizo una revolución que dejó estupefactos a los entendidos. Aportó soluciones técnicas tremendamente complicadas, de enorme dificultad, jamás inventadas por nadie antes. A la vez, un raro sentido de la capacidad expresiva del instrumento le llevó a componer música de inédita belleza, a la que sus predecesores apenas se habían aproximado. Y de él bebieron todos los jóvenes maestros de hoy, los protagonistas de una segunda revolución que ha llevado a la guitarra flamenca a la explosión de ahora mismo... Composiciones propias, hermosas páginas de la historia del toque flamenco. En cualquier caso, la obra de Sabicas y su manera personal de ejecutarla hay que entenderla en su perspectiva histórica». Manuel Ríos Ruiz: «La historia de la guitarra flamenca, que tiene sus hitos fundamentales, como todo arte en el que la creación es continuamente necesaria, alcanzó con Sabicas la base de su esplendor actual. Por encima de la técnica, que en Sabicas es depuradísima, de su guitarra ha nacido toda posibilidad de evolución. Ha abierto un campo tan sugeridor de música flamenca, que puede adjetivarse de infinito. Su imaginación podría compararse con la de los poetas más lúcidos y con la de los compositores más sabios. Sabicas es posiblemente el creador flamenco más importante de todos los tiempos, en lo concerniente a engrandecer y avivar los estilos y en llevar a ellos aires folklóricos de otras latitudes hispánicas, aflamencándolos sustancial y sonoramente. Su labor es inconmensurable en este sentido y es posible que por ello haya alcanzado la difusión universal que disfruta su música. Por otra parte, no hay que olvidar en sus interpretaciones algo primordial, su sensibilidad. Una sensibilidad que se trasluce, como si lo anímico pudiera verse, en su ductilidad musical y en su dulzura enmagiada. Escuchar su toque viéndole acariciar su instrumento con suma delicadeza y maestría, es lo que se llama un auténtico bien artístico. Y el arte, que no es nada sin alma, se nos aparece en su toque flamenco como algo para ser sentido muy profundamente. El arte flamenco de Sabicas sobresale por lo alto, por lo bajo y por lo ancho de su género, pues es la sabiduría y la donosura enmatrimoniadas como jamás se dio en una guitarra flamenca. La historia de la guitarra flamenca se divide ya en dos épocas: antes y después de Sabicas».

SALAS, Juan. (Véase Cártama, Niño de.) OJOOO ES ESTE EL NIÑO SALAS?

Fuente: Internet
SALERITO, La. (Véase Apéndice discográfico. La Salerito.)










SALMERON, Encarna. (Véase Apéndice discográfico. Encarna Salmerón.)

SANCHEZ, Ginés. (Véase Apéndice discográfico Ginés Sánchez.)

SANLUCAR, Niño de. Nombre artístico de Rafael Gordillo YáÑez. Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), 1901‑1954. Cantaor, Su trayectoria artística se proyectó en diversos elencos artísticos y en las reuniones de cabales. Se le recuerda como un excelente conservador de los estilos propios de su tierra. Realizó grabaciones discográficas.

SCOTTA, Sebastián. (Véase Apéndice discográfico Sebastián Scotta.). PARECE QUE NO ES ETCOSTA.

Fuente: Fernando de Triana
SERRANA, La. Nombre artístico de María Valencia. Jerez de la Frontera (Cádiz), siglos XIX‑XX. Cantaora. Hija de Paco La Luz y hermana de La Sordita. Inició su trayectoria artística en los cafés cantantes sevillanos, actuando en 1900 en el Café Novedades, para pasar dos años después al denominado El Filarmónico, recorriendo seguidamente otros de Sevilla y de distintas ciudades andaluzas. Fernando el de Triana, glosó su figura y su arte: «De pura raza cañí, hija de Paco La Luz; ya esto era una garantía, pues siendo Paco, como era, un notabilísimo compositor, no tuvo necesidad de recurrir a la escuela ajena, con el repertorio de la casa tuvo suficiente para triunfar entre las mejores de su época». Hizo popular la siguiente siguiriya: «Yo le pío a Dios / que tú me mires con los mismos ojitos / que te miro yo». Grabó en discos.

SEVILLA, Marianito. (Véase Apéndice discográfico Marianito Sevilla.)

Fuente: Diccionario
SEVILLA, Niño de. Nombre artístico de Francisco Cantero. Sevilla, 1901‑Madrid, 197?. Cantaor. Se inició en los últimos años veinte. En 1927, participaba en el concurso Copa Monumental Cinema, local madrileño con el que también figuraba al año siguiente, además de en el Cine Pardiñas. Formó parte de los elencos de los siguientes espectáculos en 1929: Málaga tiene la fama, en el Teatro La Latina; La copla andaluza, en el Teatro Pavón, y otra vez en La copla andaluza, en gira por Gerona y otras ciudades españolas. En 1930, alternando con El Niño del Museo, actuó en Guadalajara y otras ciudades. Finalizada la guerra civil, volvió a tomar parte de elencos artísticos, entre ellos el espectáculo encabezado, en 1943, por El Sevillano y El Peluso. En los años sesenta frecuentaba la Peña Flamenca Charlot madrileña, ya retirado profesionalmente. Destacó por malagueñas.

Fuente: Internet




SEVILLA, Pepita. Natural de Sevilla. Bailaora, se inició, en los primeros años cincuenta, en el elenco denominado Los chavalillos de España. A partir de 1954, figuró en el ballet de José Greco.






Fuente: Diccionario
SEVILLANITO, El. Nombre artístico de Manuel Carrera Espinosa. Cantillana (Sevilla), 1898‑Sevilla, 1976. Cantaor. Según sus propias declaraciones a la revista Cante Andaluz, correspondiente a marzo de 1930, en las que confesaba tener entonces treinta y dos años, actuó por vez primera en Sevilla, con catorce, cobrando veinte pesetas. Seguidamente, con la compañía teatral de María Guerrero y Fernando Mendoza, recorrió toda España y América. Más tarde ganó en Málaga la Copa del Príncipe de Asturias, en un concurso al que concurrieron veinticinco intérpretes. Realizó numerosas grabaciones discográficas, principalmente fandangos, algunas de ellas a trío con El Carbonerillo y Pepe Pinto. En 1930, actuó en la obra flamenca Nobleza gitana, en el Teatro Pavón madrileño, con Manuel Vallejo, y el mismo año hizo el papel de Pepe Luis, en la obra de Granada y Sobrevila La hija de Juan Simón, estrenada en el Teatro de La Latina de Madrid, junto a La Andalucita, La Gabriela Niño de Almadén, Niño de la Puerta del Angel y José Ortega. Residió durante bastantes años en Barcelona. En una residencia de ancianos sevillana permaneció hasta su muerte.

Fuente: Libreto
SEVILLANO, El. Nombre artístico de Antonio Pérez Guerrero. Sevilla 1909. Cantaor. Desde los nueve años vivió en Alcalá de Guadaira, donde aprendió a cantar junto a El Curilla y Joaquín el de La Paula, en las reuniones íntimas de las tabernas y la Venta Platilla. Durante los finales años veinte fue el famoso futbolista Pérez, del Real Betis Balompié, actividad que abandonó atraído por el cante. Vivió el ambiente flamenco de la Sevilla de los años veinte y primeros treinta, alternando con numerosos artífices del cante y la guitarra, entre ellos Manuel Torre. En 1935, entró a formar parte del elenco de Manuel Vallejo, realizando su primera gira por la geografía española. Con Pepe Pinto, La Niña de los Peines, Niño de la Calzá y Niño de Barbate, estuvo actuando durante 1936. La guerra civil le sorprendió en Murcia, y acompañado del tocaor Esteban de Sanlúcar, cantó con asiduidad en Cartagena. Reapareció en Sevilla, en 1939, con La Niña de los Peines, Pepe Pinto y Canalejas de Puerto Real. Actuó en Cádiz, en 1940, con Pericón de Cádiz y La Niña de los Peines, y el mismo año figuró en un espectáculo en compañía de Niño de Fregenal, Juanito Valderrama y Pepe Pinto. Con Manolo Caracol, Juanito Valderrama y Pepe Pinto, en 1941, llevó a cabo una temporada por toda España, bajo el título de 4 Faraones. Junto a Paco El Americano y Canalejas de Puerto Real, hizo una gira en 1942, año que cantó en Sevilla, alternando con El Peluso y con Carlos Franco, y en Cádiz, con Caracol, Pepe Pinto y El Peluso. Volvió a la compañía de Manuel Vallejo, en 1943, y este mismo año también estuvo en la que figuraban Niño de Fregenal y El Peluso. Seguidamente pasó al espectáculo Aragón y Andalucía, con La Niña de La Puebla y Jacinto Almadén. Pasan las coplas, se llamó el espectáculo en el que intervino durante 1947, al lado de José Cepero, Paco El Americano y Pepe Marchena. Pasando, en 1948, al denominado Fantasía andaluza, con El Niño de la Huerta y José Cepero. De 1949 a 1951, siguió recorriendo España con los espectáculos titulados Cantares, El sentir de la copla  encabezado por Manuel Vallejo y Arco Iris. Junto al Niño de la Huerta y La Niña de La Puebla, actuó en 1951, en el que se llamó Toros y cante. De 1955 a 1957, nuevamente trabajó con Manolo Caracol, en los espectáculos Herencia de arte y Arte español. También en 1957, estuvo en el elenco Ruiseñores de Huelva. Al año siguiente participó, con Pepe Marchena, en el itinerante Festival nacional de arte andaluz. Con el conjunto de La Niña de Antequera, debutó en 1959, y con Pepe Marchena, Porrinas de Badajoz y Gracia de Triana, formó el cartel de Alarde flamenco, en 1964. En 1965, figuró en dos nuevos espectáculos: Los duendes del fandango, con El Gordito de Triana y Solera 1965, con Porrinas de Badajoz. Otra vez en el elenco de La Niña de Antequera, intervino en los espectáculos Andalucía canta y Tablao flamenco, durante 1967. Los siguientes años de 1968 a 1970 actuó en compañías con Luis Rueda y Manolo El Malagueño. Se presentó en 1971, en el tablao madrileño El Corral de la Morería, de donde pasó a los denominados Las Cuevas de Nemesio, Los Canasteros, y nuevamente a El Corral de la Morería, en los primeros setenta. Intérprete de un fandango personalísimo, que le ha prestado una gran popularidad, es además un cantaor de amplísimo repertorio y muy buen conocedor de los cantes de compás, que llama la atención de estudiosos como Anselmo González Climent, quien en su ensayo Bulerías lo considera uno de sus cultivadores más singulares, y divulgó en unión de Manuel Vallejo los tangos trianeros de El Titi. José Blas Vega ha valorado así la personalidad artística de El Sevillano: «Los buenos aficionados conocen perfectamente, desde hace más de treinta años, la forma flamenca, brillante y dificultosa con que canta por fandangos. Lo que ignoran muchos es que Antonio conoce y domina, a la perfección, el resto de los cantes». Desde hace unos años permanece retirado de su arte por enfermedad.

SEVILLANO, MANUEL EL. NO VIENE

Fuente: Su familia.
SIERRA ELVIRA, NIÑO DE. NO VIENE













Fuente: Cartel
SOLER, Señorita. (Véase Apéndice discográfico.)










Fuente: Su familia. Internet




SOTA, El. Bélmez (Córdoba), siglos XIX‑XX. Cantaor. Destacaba por granaínas, fandangos, serranas y verdiales.








Fuente: Internet
SOTO JIMENEZ, Adelfa. Valencia, 1937. Cantaora y cancionista. Hija de La Niña de La Puebla y Luquitas de Marchena y hermana de Pepe Soto. Vivió desde Niña en Málaga, donde en 1947 obtuvo un premio en un concurso radiofónico. Con once años cantó en el Circo Price de Madrid y, en 1952, figuró en el espectáculo Manojo de coplas, junto a sus padres, en Almería y otras provincias. En 1952, debutó en el Teatro Calderón de Madrid, con el espectáculo Alegrías de Juan Vélez, de Juanito Valderrama. Desde esta fecha se sucedieron sus giras por la geografía española, entre las que destacan los espectáculos siguientes: 1955, Herencia de arte, con La Niña de La Puebla y El Sevillano; 1956, Caras conocidas, con Juanito Valderrama; 1963, Noche flamenca, con Juanito Valderrama; 1964, Guitarra y cancela, con Rafael Farina; 1965,1966 y 1967, Así canta Andalucía, con Pepe Marchena; 1969, Cita flamenca, con Juanito Valderrama; 1971, Romance flamenco, con Rafael Farina; y 1979, Cantares, con Juanito Valderrama y Rafael Farina Al margen de sus continuas giras teatrales, ha actuado en salas de fiesta e intervenido en películas cinematográficas junto a Rafael Farina, Juanito Valderrama y El Príncipe Gitano

SUAREZ, Antonia (Véase Chiva, La.) Nombre artístico de Antonia Suárez. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1923. Cantaora y bailaora. Después de iniciarse en locales de su tierra natal, actuó desde 1935 en las compañías de Concha Piquer, Pastora Imperio, Custodia Romero y Manolo Cara col. A partir de 1950, se retiró profesionalmente, reapareciendo en 1985, para participar en algunos festivales, entre ellos la Cumbre Flamenca de Madrid, en 1986, junto a veteranos artistas de Triana. Destaca por cantiñas y bulerías.

SUAREZ SAYAGO, José. Sevilla, siglo XX. Cantaor. Su trayectoria artística se desarrolló en las reuniones de amigos, donde ponía de manifiesto sus cualidades artísticas y sus conocimientos de los estilos. Fue miembro del jurado del Concurso Internacional de Arte Flamenco celebrado en Jerez de la Frontera, en 1962. Anselmo González Climent, le dedicó un capítulo en uno de sus libros, del que transcribimos el siguiente párrafo: «Suárez viene a corroborar la relación necesaria entre cantaor y aficionado. Aficionado en grande, cantaor en pequeño, rompe los cuadros clásicos y borra el concepto de anonimato que campea en el primero, y el de profesionalidad que priva en el segundo. Si bien nunca existió una escisión cardinal entre uno y otro, Suárez funde en una sola persona inquietudes de artista y de aficionado». Acompañado a la guitarra por Manolo de Badajoz, grabó en discos varios fandangos y bulerías con acento personal.

TALAVERA, Niño de. Nombre artístico de Emilio Ahijado. Talavera de la Reina (Toledo), 191?‑Guatemala, 1968. Cantaor. Su trayectoria artística se realizó principalmente en los años veinte y treinta. Se presentó en Madrid, en 1928, en el Monumental Cinema, para pasar al Cine Pardiñas y volver nuevamente al Monumental. Seguidamente emprendió una gira por la geografía española, en unión de Angelillo, anunciado como intérprete de fandangos y milongas. Al año siguiente recorrió diversos teatros españoles con el espectáculo La copla andaluza, en unión de La Trinitaria y Tóvalo. En el Teatro Fuencarral madrileño cantó en 1932, figurando en el programa como «sin igual por tarantas». Con la compañía Arte gitano y junto a la Niña de Linares, se presentó en el Teatro Cervantes de Sevilla, estrenando la comedia andaluza La zambra de Chorrojumo, en 1935. Actuó en Turquía Alemania y Francia, según Federico de la Cruz, y con motivo de la guerra civil se trasladó a Méjico, donde siguió desarrollando su vida artística. Estuvo de visita en España, en 1961.

TALLERES, Niño de los. Natural de Huelva, siglo XX. Cantaor. Realizó grabaciones discográficas en 1929.

TEMPRANICA, LA. NO VIENE

Fuente: Bohórquez
TENAZAS, El. Nombre artístico de Diego Bermúdez Cala. Morón de la Frontera (Sevilla), 1850‑Puente Genil (Córdoba), 1933. Cantaor. Hijo de agricultores, a los veinticinco años abandonó las labores campesinas para dedicarse al cante, actuando en fiestas y reuniones, principalmente en las provincias de Sevilla y Cádiz. Uno de sus biógrafos, José Blas Vega, reseña acerca de esta etapa de su vida: «De carácter alegre y mujeriego se vio envuelto en asuntos de faldas, saliendo de uno de ellos malparado, pues una puñalada le atravesó un pulmón obligándole a retirarse de la vida artística. Durante años llevó una existencia llena de desengaños y penalidades. Estuvo de criado de la familia de Andrés Segovia y deambuló por los pueblos rifando y cantando, hasta que se fue a vivir a Puente Genil donde hizo amistad con el dueño de la Taberna La Rana, Francisco Campos Jiménez que le ayudó mucho y fue su mejor amigo». Al convocarse el Concurso de Cante Jondo de Granada en 1922, concurrió a él obteniendo el primer premio, compartido con Manolo Caracol, cuando tenía setenta y dos años de edad. «Aunque en varias ocasiones se ha desmentido el que fuera andando hasta Granada  comenta J.B.V. , lo cierto es que toda la prensa de aquellos días resaltó este hecho. ¿Fue tal vez una estratagema?, posiblemente sí, pues lo cierto es que el alcalde don Antonio Romero (de Puente Genil) inició una suscripción para allegar fondos, que le sirvieron para comprar ropa y el billete de ferrocarril. También se quitó años, pues declaró tener sesenta y ocho.» A raíz del concurso granadino, El Tenazas fue contratado, junto a Manolo Caracol, para tres noches en el Teatro Reina Victoria de Sevilla, acompañados a la guitarra por Javier Molina; asistiendo a la última representación los infantes reales don Carlos y doña María Luisa, quienes invitaron al día siguiente a El Tenazas y a Javier Molina, en Capitanía, para escucharlos detenidamente. El día 5 de junio de 1922, volvió a cantar en Sevilla, con Chacón y Caracol, en el mismo teatro, como primera de una serie de actuaciones que continuaron por Andalucía, una de ellas en Cádiz, comentada así por la prensa: «el amigo Bermúdez tiene ya la edad suficiente para un honroso retiro, sabe los estilos de cante antiguo, pero nada más: un futuro y un pretérito». Seguidamente fue contratado para actuar en el Club Parisiana madrileño, en compañía de Chacón, Manuel Pavón, Ramón Montoya y una zambra del Sacromonte. El 11 de agosto participó en otro concurso, celebrado en el Teatro Pavón de Madrid, compitiendo con El Cojo de Málaga, Marchena, Caracol, Niña de los Peines, Niño de La Carolina, Carlos González, Rubia de las Perlas, Niño de Linares Niño de Tetuán y Manuel Pavón, con Ia guitarra de Ramón Montoya. Al poco tiempo, El Tenazas regresó primero a su pueblo natal y después a Puente Genil. Según Eduardo Molina Fajardo: «Murió en una pobre posada de Puente Genil, atendido casi de caridad, junto al bodegón de La Rana. En sus últimos años desgraciados le acompañaban dos diplomas del concurso granadino firmados por don Antonio Chacón. Uno lo conservará El Gallo de la Jara, trajinante quesero que por los cortijos desgranaba, también, todos los cantes. El segundo pende aún hoy en un muro de La Rana». Algunas grabaciones de El Tenazas, fueron reproducidas en microsurco, en 1972, con ocasión del cincuentenario del Concurso de Cante Jondo de Granada, comprendiendo caña, soleares, martinetes y soleares de Paquirri. En la carpeta de esta reproducción discográfica, se comenta: «Con la grabación de cuatro cantos del Tenazas y el acuñado de la Medalla Conmemorativa del Cincuentenario con su esfinge, hemos querido rendir un postrer homenaje al viejo cantaor de Puente Genil que como símbolo del pueblo sencillo, llegó andando a Granada, hace ahora 50 años. Lejos de fantasear con su biografía, de otra parte desconocida y desdibujada por el paso de medio siglo, nos hemos quedado con su figura casi legendaria, con su arte, que emocionó a Falla, Lorca, Cerón y tantos otros, con su gesto de hombre del pueblo que sin intermediarios pregonó su jonda pena estremeciendo a los organizadores y asistentes el año 22. Sirvan pues ambos gestos de respetuoso recuerdo a quien a la plaza de los Aljibes trajo en su voz la pureza y el auténtico primitivismo del canto andaluz. Véase en la tosca fundición de su caricatura, el deseo de los organizadores de esta edición de 1972 de premiar lo sencillo, lo humilde, lo falto de vanidad y de pretensiones, que como siempre radica, nadie lo dude, en el corazón de los hombres del pueblo, como en el de Diego Bermúdez El Tenazas». (Véase Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922.)

TETUAN, Niño de. Nombre artístico de Manuel Lammengrand, originado por el del barrio donde nació. Natural de Madrid. Cantaor, bailaor, malabarista y cómico. También conocido por Lolo. En 1925, actuó en el Teatro Romea de Madrid, acompañado a la guitarra por Sabicas, pasando después al Pavón, con Sabicas y La Argentinita. En este mismo teatro tomó parte en la primera Copa Pavón, compitiendo con Manuel Escasena, Angelillo, Manuel Vallejo, Niño de Madrid, El Macareno, El Cojo de Málaga, El Mochuelo y Niño de Marchena, participando también en Córdoba, en el concurso Copa de Córdoba. Finaliza este año actuando en el Teatro Goya de Vallecas, con la bailaora La Joselito, y ganando el primer premio de malagueñas del Teatro Pavón. Otra de sus actuaciones en Madrid, tuvo lugar en el Gran Cinema, en 1927. Realizó grabaciones discográficas y viajó a América con el bailaor El Sevillanito, formando parte de un elenco como bailaor por chuflas. En Buenos Aires, presionado por necesidades económicas, se presentó a un concurso de resistencia de baile, ganándolo, según sus propias declaraciones, tras mil treinta y seis horas sin parar de bailar y superando la marca del ruso Michelov. En Argentina contrajo matrimonio con Lita, artista de variedades, con quien formó pareja como malabarista cómico, recorriendo todo el continente americano y actuando principalmente en los Estados Unidos, donde con el nombre de Lolo volvió a grabar en disco. En 1962, regresó a España para contratar artistas folklóricos y flamencos para su espectáculo, regresando a Nueva York.

TITI, La. (Véase Apéndice discográfico.)

Fuente: Fonográficas del Sur
TORRE, Manuel. Nombre artístico de Manuel Soto Loreto, heredado de su padre. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1878‑Sevilla, 1933. Cantaor. Hijo de Juan Torre, sobrino de Joaquín Lacherna, hermano de Pepe Torre, unido sentimentalmente durante varios años a La Gamba, padre de Tomás Torre, Tío de Tomás Torre (Tomás Soto Reyes) y de La Tomasa, Tío abuelo de Tomás Torre (Tomás Soto Lahera) y de José de La Tomasa. También conocido en sus principios como Niño de Jerez y Niño de Torres; durante mucho tiempo anunciado y escrito su nombre, en la prensa y en libros: Manuel Torres o Manolo Torres, en la creencia de que Torres era su apellido. Se inició profesionalmente en su tierra natal, actuando en el café cantante denominado La Vera Cruz, y después en La Primera de Jerez, pasando más tarde a Sevilla, donde debutó en el Salón‑Concierto Filarmónico y Oriente de Actualidades, el día 11 de octubre de 1902, figurando en los programas como el «cantaor de tangos Manuel Soto (El Niño de Torres)», y alternando con Salud y Lola Rodríguez, La Sordita, Juana y Fernanda Antúnez, La Serrana, Rita Ortega, María Avila, Joaquín Rodríguez y Habichuela. Sus actuaciones en los cafés cantantes sevillanos y en los de otras provincias andaluzas se sucedieron a partir de la citada fecha, y en 1909 formó parte del elenco del madrileño Café del Gato, volviendo a Madrid en numerosas ocasiones en esta época de esplendor de los cafés cantantes, cantando en muchos de ellos, como el de La Magdalena, y también en el barcelonés Villa Rosa, regentado por Miguel Borrull, combinando estas actuaciones con otras en diversas localidades españolas y su dedicación a las fiestas intimas y reuniones de cabales, durante las dos primeras décadas del presente siglo, consolidando su fama de primera figura en su género. En 1922, participa como figura invitada en el Concurso de Cante Jondo de Granada, ciudad a la que volvió al año siguiente, para intervenir en el festival que se celebró en el Palacio de Carlos V, en compañia de La Niña de los Peines. En este año el empresario Carlos Vedrines pone en práctica la idea de llevar el flamenco a grandes escenarios, utilizando como gancho artistas muy populares. En 1922 y 1924 Manuel Torre realiza una serie de actuaciones en plazas de toros, entre ellas dos veces en la de Huelva, con don Antonio Chacón, El Gloria, Manolo Caracol, Pepe Marchena, Niño Medina y otros destacados intérpretes. En el Teatro Pavón de Madrid, tomó parte en diversos espectáculos en año 1926, entre ellos en el homenaje a Manuel Vallejo, al que entregó el trofeo La Llave de Oro del Cante. Otra actuación suya en Madrid, fue la que tuvo lugar en el Cine Chueca, el año 1929, dentro de un programa de varietés. Seguidamente llevó a cabo una gira por la geografía española, encabezando un elenco flamenco, en el que también intervenía Manolo Caracol, de la que transcribimos el contenido de un programa de mano correspondiente a su actuación en Granada: «Plaza de Toros del Triunfo. El domingo 1º. de septiembre de 1929. A las ONCE de la noche GRAN ACONTECIMIENTO DE OPERA FLAMENCA. En la que figuran los mejores artistas de este género. Sobresaliendo el maestro de maestros, (único que no ha tenido imita dores) Manuel Torres (Niño de Jerez). (EL AUTENTICO), 30 años de consecutivos éxitos en la cúspide del cante. Profesor de dos generaciones de cantaores. ¡Granadinos! ¡No dejéis de ir a escuchar el domingo a el REY DEL CANTE GITANO!». Cuatro años más tarde falleció, el día veintiuno de julio de 1933, a consecuencia de tuberculosis pulmonar, cuan do contaba cincuenta y cinco años de edad. Su entierro fue costeado por su compañero Pepe Marchena. En una entrevista publicada en el diario Nueva Andalucía, el día 21 de julio de 1978, año del centenario de su nacimiento, a través de sus hijas se nos revela las circunstancias de su muerte y otros detalles acerca de la situación en que quedó su familia y el por qué no se conservaron sus restos mortales. « ¿Cómo murió vuestro padre? El murió en su butaca. En aquel tiempo, nosotras estábamos en la Cruz Roja de Capuchinos, en una especie de albergue que existía, pero nada más que por la mañana, porque él que ría siempre que durmiéramos todos bajo el mismo techo. Un buen día, al llegar, escuchamos gritos y carreras y una voz que nos dijo: Papá ha muerto. A nosotras no nos dejaron verlo. Después nos recogió su hermano Pepe, hasta que ya no pudo mantener a sus hijos y a nosotros y nos llevó a nuestra madre andando a Utrera para recogernos en otro sitio. ¿Nadie se preocupó de vuestra suerte después de su muerte? Sí, un hombre que tenia un gran corazón y le hizo un gigantesco festival del que recogió mucho dinero, que fue para nuestra manutención en el tiempo que estuvimos con nuestro Tío. Este hombre se llamó Pepe Marchena, quitándolo a él nadie se acordó de Manuel Torre, tanto como dicen que le querían. Es curioso que nadie se haya interesado por sus restos. ¿Hay alguna explicación? Ninguna. Nosotras éramos demasiado peque rías para saber de aquello. El que debía haberlo hecho era su propio hermano, que fue el que nos recogió, aunque tampoco sabemos los motivos por lo que no lo hizo». Después de muchos años de olvido, aunque siempre se habló de Manuel Torre en términos de admiración, en 1959, a instancias de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces, el Ayuntamiento de su ciudad natal colocó una placa para honrar su memoria en la casa donde nació, sita en la calle Alamos, núm. 22. La Peña Flamenca Juan Breva de Málaga en colaboración con la Cátedra de Flamencología de Jerez, y las emisoras Radio Juventud de Málaga y Radio Guadalquivir de Sevilla, le dedicó un homenaje nacional, en el escenario del Teatro Cervantes malagueño, en el que participaron a lo largo de un festival anunciado con un cartel obra de Francisco Moreno Galván, los siguientes artistas: Diego Clavel, Manuel Mairena, José Menese, El Chocolate, Antonio Mairena, Curro Malena, Antonio Canillas, Pepe de la Isla, El Cartujano, Gitanillo de Vélez, Agustín NúÑez, El Galleta, Angel de Alora, Manuel Cano, Angel Luis Cañete, Chico Melchor, Manuel Liñán, Paco del Gastor y Pepe Habichuela. Al cumplirse, en 1978, el centenario de su nacimiento, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos de Jerez, en colaboración con el ayuntamiento de la ciudad, otros organismos y entidades públicas y privadas, creó una comisión nacional, cuyo comité presidió su director Juan de la Plata, para conmemorar la efemérides con diversos actos, entre los que destacaron los siguientes: conferencias de Juan de la Plata, sobre el tema «Manuel Torre, su vida y su cante», en el salón biblioteca del Museo de Arte Flamenco y en la Peña Flamenca Los Cernícalos, ilustrada con testimonios y documentos sonoros; pregón del centenario a cargo del poeta Manuel Ríos Ruiz, consistente en la lectura de su poema Razón, vigilia y elegía de Manuel Torre, en el lugar denominado La Plazuela, cercano a la casa donde nació el artista, donde, finalizado el acto, fue colocada por el poeta una corona de laurel sobre la placa existente desde 1959; este pregón se repitió en Madrid, en el salón de la Fundación Ruiz‑Mateos, con intervención como presentador de Juan de la Plata, finalizando el acto con un recital de cante y toque por María Vargas, El Sordera y Parrilla de Jerez; en Sevilla tuvo lugar un recital poético, celebrado en la casa donde murió, en la calle Amapola; se rotuló una calle con su nombre; y se celebraron en su honor unos Juegos Florales, consistentes en una ronda poética en la que participaron los poetas Antonio Murciano, José Luis Tejada, Juan de la Plata, Pilar Paz Pasamar y Manuel Ríos Ruiz, ejerciendo de mantenedor Juan de Dios Ramírez Heredia y Pepe Marín como coordinador y presentador, entregándose a continuación los Premios Nacionales de Flamenco correspondientes a 1978. Por su parte, la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla, celebró una misa flamenca por su eterno descanso, en la Basílica de la Macarena, cantada por Manuel Mairena, Luis Caballero y Naranjito de Triana, con el tocaor El Poeta. En 1983, la Junta de Andalucía convocó un certamen periodístico en su memoria, cuyo premio fue otorgado a Juan de la Plata. Acompañado por las guitarras de Miguel Borrull Jiménez y Habichuela principalmente, Manuel Torre grabó en disco veinticinco cantes, sobre todo siguiriyas y soleares, y también fandangos, bulerías, malagueñas, tangos, tarantas, saetas, los campanilleros, zambra, farruca y peteneras, muchos de los cuales han quedado como prototipo de su escuela cantaora, convirtiéndose en ejemplo del estilo para sus seguidores. La personalidad de Manuel Torre, muy especial tanto en lo artístico como en lo humano, ha dado lugar a la creación en su torno de una aureola fascinante, convirtiéndole en una figura mítica del arte flamenco, a lo que han contribuido nombres tan importantes como el poeta Federico García Lorca, quien le dedicó su poema Viñetas flamencas, con las siguientes palabras: «A Manuel Torres Niño de Jerez, que tiene tronco de Faraón». El inmortal poeta también escribió lo siguiente sobre él: «Manuel Torres, el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido». Y: «Cada arte tiene, como es natural, un duende de modo y forma distinta, pero todos unen raíces en un punto de donde manan los sonidos negros de Manuel Torres, materia prima última y fondo común incontrolable y estremecido de leña, son, tela y vocablo». Al margen de las opiniones de los artistas que le conocieron y escucharon, entre ellos Pepe de La Matrona Antonio Mairena, Pericón de Cádiz, Joselero de Morón, Juan Talega y Aurelio de Cádiz, siempre entusiásticas, reproducimos a continuación una serie de comentarios y semblanzas sobre Manuel Torre, el cantaor y el hombre, escritas por poetas, investigadores y críticos: Rafael Alberti: «Manuel Torre no sabía leer ni escribir, sólo cantar. Pero, eso sí, su conciencia de cantaor era perfecta. Aquella misma noche, y con seguridad y sabiduría iguales a las que un Góngora o un Mallarmé hubieran demostrado al hablar su estética, nos confesó que no se dejaba llevar por la corriente, lo demasiado conocido, el terreno trillado, resumiendo al fin, de un modo raro y magistral lo que él se imaginaba que comprendíamos a medias: "En el cante jondo lo que hay que buscar siempre hasta encontrarlo, es el tronco negro de Faraón"; viniendo a coincidir, aunque de tan extraña manera y sin saberlo, con lo que Baudelaire pide a la muerte capitana en su viaje: "Au fond de l'Inconnu pour trouver du nouveau"». Antonio Díaz Cañabate: «Un cuarto de un colmao sevillano. Por los años de mil novecientos treintitantos. Media noche. Acabamos de entrar en la estancia. Ignacio Sánchez Mejías, un par de franceses amigos suyos, Manuel Torre, otro cantaor y una bailaora y un guitarrista. Ibamos a escuchar al famoso gitano Manuel Torres. Ignacio, gran admirador suyo, nos había estado ponderando su arte durante toda la cena: "Es algo que se estremece. Es algo único. Le oyes una siguiriya y ya no te importa morirte. Ya no puede uno encontrar en el mundo una belleza que iguale el cante de Manuel Torres". El cual se sentó en un rincón y empezó a beber vino, callado, como ausente de la reunión. El otro cantaor, cantó. La bailaora, bailó. Manuel Torres ni miraba la danza ni escuchaba el cante. Ignacio nos informa: "Hay que dejarle. Es un gitano puro". Y lo dejamos. El otro cantaor, cantaba. La bailaora, bailaba. Nosotros comíamos jamón y pescadito frito y bebíamos manzanilla. Las tres de la madrugada. Manuel Torres pidió aguardiente. Ignacio nos dijo: "Buena señal. Dentro de poco empezará a cantar". Manuel Torres se bebería sus treinta copas de aguardiente. Empezó... ¿a cantar? No. A hablar. Habló de galgos. Hasta las cinco de la mañana se estuvo hablando de galgos sin parar. Los franceses se durmieron borrachos perdidos. Ignacio y yo, a medios pelos, indignábamos a Manuel Torres con las herejías que decíamos sobre los galgos. Entraron en la habitación las claras del día. Bajito le pregunté a Sánchez Mejías: ¿Tú crees que cantará? Y me contestó muy compungido: "Me temo que no. Cuando la toma con los galgos, a lo mejor no canta hasta las dos de la tarde". Me espanté. ¿Pero nos vamos a estar aquí hasta las dos de la tarde? Ignacio, con toda naturalidad, repuso: "¡Ah, claro! Tú no sabes lo que es una siguiriya cantada por este hombre". Lo supe exactamente a las nueve y media de la mañana. De pronto, Manuel Torres empezó a cantar. Realmente era algo impresionante. Los dos franceses despertaron. Los otros artistas oían como en éxtasis. Ignacio Sánchez Mejías, aquel hombre tan hombre, lloraba. Yo tenia la carne de gallina. Recorría mis nervios el escalofrío de la más intensa emoción. Han pasado muchos años  escribe en 1963  de aquellas horas inolvidables pasadas en el cuarto de un colmao sevillano. Jamás volví a escuchar a Manuel Torres. Nunca artista ninguno logró emocionarme como lo consiguió Manuel Torres. Escuché varias veces a don Antonio Chacón. Muchas más a Pastora Pavón. Alguna a su hermano Tomás. A Cepero. A Aurelio de Cádiz, y otros cantaores de tronío. Ninguno me produjo la honda, la jonda emoción del cante por siguiriyas de Manuel Torres». Fernando el de Triana: «Con motivo de la muerte del llorado Manuel Torres, se habla mucho del no menos llorado Antonio Chacón, y a mí acuden infinidad de aficionados a preguntarme quién cantaba mejor. Yo contesto, con la sinceridad que me caracteriza, que desde hace cuarenta años hasta la fecha el mejor cantador fue Chacón, pero el que más gañafones le tiraba a uno al alma era Manuel Torres. Porque este artista era sencillamente inimitable el día que le echaba carbón a sus duendes y decía como nadie dijo nunca, ni yo creo que se repetirá el caso, esta letra por siguiriya, que parece escaparse de la calcinada boca de la fragua más gitana que soñara Faraón: "Vamo a jincasno e roílla, / que ya viene Dió; / va a recebislo la mare e mi arma / de mi corazón". El arte de Manuel Torres era, sin duda alguna, el más genial desde los tiempos de Tomás El Nitri, y hasta, como aquél, Torres era enigmático y extravagante, por lo cual dejó de ganar mucho dinero, y también por sus aficiones, pues si en el momento en que estaba recreándose en su galga verdina o en su galgo careto le avisaban para ir a cantarle al más acaudalado título, bajo cualquier pretexto dejaba de ir, y, por lo tanto, eran billetes de menos que ingresaban y amistades que se resentían; pero más importantes para él eran sus perros y sus gallos ingleses. En más de una ocasión fue a cumplir contratos a cercanos pueblos de la provincia, caballero en un borriquillo moruno que siempre le gustaba tener, y aunque cuando se montaba en el morunillo le arrastraban los pies, en aquellos momentos no se hubiera cambiado por Cañero ni hubiera cambiado su diminuto jumentillo por las jacas toreras que Cañero usa. ¡Pobre Manuel! A la hora de su muerte le faltaron dos importantísimos detalles: el primero, la cantidad de dinero que pudo ahorrar en su vida artística; y el segundo la cantidad de amigos que no supo conservar para que recogieran a la cabecera de su cama el último quejido de su vida. Y todo por sus rarezas...». Adolfo Real Torregrosa: «En 1922, encontrándome yo en el Pasaje Oriente, a la caída de la tarde se presentó una reunión de grandes aficionados, compuesta por el empresario de la plaza de toros de Valencia, José García El Agabeno (padre), Ignacio Sánchez Mejías y el aristócrata sevillano José Dionisio Fernández, amén de algunos amigos más, todos castizos sevillanos. Los reunidos avisaron a La Niña de los Peines, Manuel Torre y al tocaor Manolo el de Huelva. Pastora no pudo acudir por tener un familiar bastante enfermo. Así que solamente acudieron a la cita los dos últimos. Como aún no hacía muchos días que se había celebrado en Granada el Concurso Nacional de Cante Jondo, cuyo primer premio le fue otorgado a Diego Bermúdez El Tenazas, gitano muy viejo, natural de Morón, la conversación giró alrededor del concurso y sus incidencias. El Algabeño, que apuntaba y conocía bien el cante grande, sacó a Manuel Torre, quien poco tiempo tardó en desbordarse, cantando por todo lo bueno: siguiriyas, soleares, bulerías, tarantas... Manuel, el gitano más grande que ha conocido el cante jondo en lo que va de siglo, cantó aquella noche como pocas, ya que todos sabemos que era muy inseguro. Estaba a gusto y el cante brotaba de su garganta lleno de duende y sentimiento. Partía el alma, escucharle cantar de aquella manera tan emocionante y maravillosa. Estuvo cantando hasta las cuatro de la madrugada. Mientras tanto ¡oh milagro de su eco soberano! , El Pasaje se iba abarrotando de un público entusiasta. Y en la calle, apegotonada a la puerta, una multitud de aficionados escuchaba embelesada la voz gitana de aquel monstruo del cante de Jerez. Yo, que tantas veces había escuchado a Manuel Torre, en La Primera de Jerez, no comprendía cómo aquel portentoso cantaor se había podido superar de manera tan prodigiosa. Han pasado treinta y nueve años  firma su evocación en 1961 . Aún recuerdo aquella noche tan memorable para la historia del cante. Y no se me olvidará en lo que me resta de vida. ¡Era mucho Manuel, cuando él quería!». Máximo Andaluz rememorando un espectáculo de ópera flamenca en la plaza de toros de Cádiz : «Tras incontables fandangos por activa y pasiva, llegaba el turno de Manuel. Cantando intentando cantar, se diría mejor por tientos, comenzaba su actuación. La cosa resultaba menos que regular, pero el público la soportaba, entre sorprendido y comprensivo. El cantaor, que no estaba en vena, pretendió taparse a seguido, echando mano de sus siguiriyas. Vano intento. No se le podía escuchar. Al fin, el público se comportaba como suelen hacerlo todos los públicos de espectáculos similares, poco sensibles y menos respetuosos, metiéndose a placer con Manuel, no dejándole terminar su actuación y obligándole a retirarse. Pero, ¡lo que son las cosas! Poco más tarde, reunido el artista jerezano con un grupo de amigos que habían acudido a abrazarle y consolarle me parece que en un reservado de El Transvaal, cercano al coso taurino , y acompañado a la guitarra por José Capinetti, se desquitaba con creces del anterior contratiempo, y cantaba y cantaba, hasta las claras del día, como sólo pueden hacerlo los elegidos. En duende, tanto más inaprensible cuanto más afanosamente buscado, había hecho su aparición». Ricardo Molina y Antonio Mairena, en su tratado escrito en colaboración: «Manuel Soto Loreto (Manuel Torre) fue el más grande cantaor del siglo... Manuel Torre se formó al calor de los grandes siguiriyeros jerezanos, gitanos todos como él. Aprendió de Manuel Molina, de Diego El Marrurro, Loco Mateo, Joaquín La Serna, y también debe considerársele discípulo directo de Enrique El Mellizo (no sólo en la siguiriya sino en los tangos y soleá). A él confluyen también los cantes de Curro Durse, del Viejo de la Isla y Francisco La Perla. Su conocimiento de las siguiriyas fue extenso y profundo... El arte de Manuel Torre culminó en la siguiriya. No obstante pecaríase de injusticia olvidándose su maestría genial por tangos, tientos, bulerías, soleá, cartageneras, tarantas, farrucas, campanilleros, fandangos, tonás... La siguiriya de Manuel Torre fue una revolución porque nadie antes de él la cantó con voz natural (voz de pecho), ni con su grandeza y pasión. Su arte siguiriyero fue crisol mágico del que salieron convertidas en oro de ley creaciones anteriores que él engrandeció con su cante hecho de nobleza y de duende. Manuel Torre ha sido arquetipo del cantaor inspirado. Su inspiración era arrebatadora y se apoderaba de los oyentes entre los que producía incontenible frenesí. Son numerosas las siguiriyas que hemos heredado a través del gran cantaor jerezano. Modificó, enriqueciéndolas, las de Francisco La Perla, Joaquín La Serna y el Viejo de la Isla. Entre sus creaciones personales está: "A clavo y canela / me hueles tú a mí; / el que no huela a clavo y canela / no sabe istingí", que solía interpretar después de la siguiriya de Joaquín La Serna, "Siempre por los rincones / te veo llorando...". Entre los arreglos de Manuel Torre figura su notabilísima siguiriya de cambio: "Era en el día señalado / de Santiago a Santana...", que conjuga el estilo de Curro Durse (dos primeros tercios) con el de los Cagancho (final) o de Triana». José Blas Vega, que no comparte la opinión de los anteriores autores citados, ha escrito: «lo que hizo fue empequeñecer las siguiriyas, cantándolas más sencillas, lentas, con descansos, sin incidencias ni riesgos. Así hizo con éste y otros estilos. Y podemos comparar su grabación del año 22, en los discos editados con motivo del concurso de Granada, con la versión chaconiana mucho más completa, respetando la línea artística y enriquecida de la melodía. A partir de Manuel Torre casi todos cantaron sus siguiriyas, porque eran más fáciles de interpretar y se olvidaron los estilos grandes, los de Curro Dulce, Silverio, El Nitri y los de Manuel Molina, muchos de ellos conservados y difundidos por Chacón. Otros estilos de Manuel Molina se han conocido a través de Vallejo, La Niña de los Peines y Pepe de La Matrona». Pedro Camacho: «Es bien sabido que Manuel Torres no creó ningún tipo singular de siguiriyas sino que se limitó a tomar modelos de sus antecesores y revestirlos de una nueva dimensión interpretativa. Pues bien, el secreto de su éxito estuvo, precisamente, en que hizo de la siguiriya un cante actualizado, menos bronco, más emotivo y más familiar con lo andaluz. Por eso las siguiriyas de Torres han sido y serán siempre el prototipo preferido por los cantaores y aficionados». Juan de Pineda: «Todos sus contemporáneos, los que tuvieron la gran dicha de escucharlo, coincidían en los mismos puntos: su cante tenia el estigma de algo sorprendente, de algo superior, de algo inexplicable que venia desde más dentro, desde mucha más profundidad que su propio conocimiento o naturaleza cantaora. De ahí porque era imposible cantar detrás de él que Joaquín El de La Paula le pusiera el apodo de Acabarreuniones. De ahí que, en aquella Mairena de los años treinta, después de cantar Manuel y mientras el público se rompía las camisas y tiraba las sillas, llegando a los extremos del tárab, tuviera que salir Antonio Mairena, para decir: Distinguido público, después de la actuación de Manuel Torre, es imposible volver a cantar. El espectáculo ha terminado. De ahí cuentan las crónicas  que, un batallón de infantería, se detuviese en una calle sevillana para escuchar los ecos que salían de una ventana en la voz de Manuel Torre». Luis Melgar Reina y Angel Marín Rujula: «El más firme y primer puntal que sostiene el monumento saetero es, sin duda, Manuel Torre, puesto que a él se deben muchos de los vértices flamencos que se aprecian en la saeta moderna. El cante por saetas de Torre sobrepasó la línea de su personalidad humana y se evaporizó dentro de la mítica flamenca. Las saetas de Torre, son puras creaciones, consecuencia de su intenso y vigoroso fluir flamenco, más que como preconcebida idea. A partir de él, la saeta, se transforma y se reviste con un eco profundísimo, lleno de matices peculiares. Torre marca un hito, y si históricamente no podemos hablar de quien fue el que inventó la primera saeta, si podemos afirmar que el mundo saetero está dividido en dos grandes mitades: antes y después del coloso jerezano». Manuel Ríos Ruiz: «Manuel Torre es el culmen del cante de Jerez, su voz más importante, porque lo es también del cante flamenco en general. Voz que contenía tales ecos, tamañas propiedades jondas, que con ella todos los estilos adquirían una portentosa vibración, unos sonidos estremecedores. Manuel Torre, en su intima humanidad, era un espíritu intrincado, digno de un amplio estudio psicológico, uno de esos hombres que nadie conoce de verdad. Lo creemos así, más que por las excentricidades que de él nos contaron, por el abismo clamoroso de su voz, por el estremecimiento vital que de ella se desprende: el sentir lastimero de toda una raza hecha copla de dolor. Su cante fue el de toda su familia cantaora, pero al ejecutarlo con su voz negra, como salida de un aljibe, adquiría una gran personalidad. Sus soleares, siguiriyas y fandangos han quedado como exacto patrón en vibratos y en melismas, consiguiendo lo que jamás se pudo proponer: crear escuela. Pues Manuel Torre cantaba sin ceñirse a nada concreto; la fuerza, la gran profundidad, la concentración que requerían sus tonos, el ímpetu de sus quejíos, no le permitían otros pensamientos que la valoración de la copla, haciéndola sentimiento presente... Por esa necesidad de transformación, de éxtasis, le costaba cantar, era tardío en la salía y, en muchas ocasiones, abandonaba la juerga por el más mínimo detalle contradictorio, justificando así, con una excentricidad o un desprecio, la indisposición que, a veces, sentía para decir el cante, dado su sentido de la responsabilidad... Bastantes artistas y aficionados coetáneos de Manuel, entre ellos mi tío abuelo materno Francisco Ruiz Holgado, taxista de muchas juergas flamencas el primero que hubo en Jerez , mi padre y su tío Curro El Pavo, José y Manuel Junquera, gitanos de Santiago y buenos soleaeros aficionados, Tío Parrilla, mi pariente Perico Monturque, etc., cuantos le escucharon me dijeron siempre que no me fijara de los discos de Manuel Torre, porque no tenían nada que ver, ni por asomo, con su grandiosidad cantaora en una noche de inspiración. Sin embargo, en algunos momentos de su discografía se vislumbra, al menos para mí, su genialidad, la causa de ser un mito partiendo de la realidad».

TORREJÓN, LOLITA. NO VIENE

Fuente: Internet
TORRERICA, LA. NO VIENE












Fuente: Internet
TRIANA, Gracia de. Nombre artístico de Gracia Jiménez Zaya. Sevilla, 1919. Cantaora y cancionista. También conocida en sus principios como Niña de Triana. Se inició en fiestas particulares y cantando saetas en su tierra natal. Debutó en Madrid, en 1939, en el Teatro de la Zarzuela. Regresó a Sevilla y volvió a Madrid, en 1944, para cantar en el Teatro Cómico, al frente de su propio elenco artístico. Realizó varias películas, entre ellas ídolos, Flor de espino, Malvaloca, La Cruz de Mayo, Escuadrilla y Castañuela, siendo ésta última la que le reporta una gran popularidad, junto a sus primeros discos. En 1947, viaja a América, presentándose en Buenos Aires y recorriendo toda Argentina, emprendiendo seguidamente una gira por el continente que duró siete años, actuando en Chile, Brasil, Venezuela, Colombia, Méjico y Cuba. De nuevo en España, forma en 1955, el espectáculo La guitarra y la copla, con él viaja por toda la geografía española y en 1956, encabeza el titulado Ramillete de estrellas, en el Teatro de La Comedia de Madrid. El año 1961, es la estrella de las salas de fiestas madrileñas Molino Rojo y Cisne Negro. Otros espectáculos en los que ha sido primera figura son Alarde flamenco, con Pepe Marchena, en 1964, año en el que también hizo varias galas en Francia e Italia; y Manojo de coplas, estrenado en el Teatro Maravillas madrileño, en 1965, junto a Gloria Romero, Tomas de Antequera, La Gata y Pastora Quintero. Seguidamente su proyección artística se ha desarrollado en las galas y, en 1981, fue nombrada en Sevilla Trianera del AÑo. De sus últimas actuaciones, cabe reseñar las llevadas a cabo, en 1983, en el tablao madrileño La Venta del Gato. Entre los comentarios que ha suscitado su personalidad artística, escogemos el firmado por el escritor Felipe Sassone: «El agua, del cante flamenco ha de ser tan pura y tan fresca, que no sólo sirva a apagar la sed, sino a despertarla en quien no la tiene. Así el cante de Gracia de Triana. Agua fresca y limpia a veces agua de llanto , en ánfora de barro humano. Sin escuela que es manera aprendida , con estilo y con raza, que es la verdad y la originalidad. A Gracia de Triana le canta su tierra en el alma».

Fuente: Catálogo




TRIANA, Lolita de. Sevilla‑Caracas, siglo XX. Cantaora. Grabó bulerías al golpe y fandanguillos, acompañada de Niño Ricardo, y figura en la primera antología, discográfica de Hispavox, interpretando saetas.





TRIANA, Niño de. Nombre artístico de Rafael León. Sevilla, siglo XIX Madrid, siglo XX. Cantaor. También conocido por El Trianero. Su trayectoria artística tuvo su mayor relieve en los años veinte y treinta del presente siglo. Entre sus actuaciones más significativas, hay que reseñar su participación, en 1924, en un concurso de cante celebrado en el Teatro Novedades de Madrid, junto a Bernardo el de los Lobitos y El Mochuelo. Al año siguiente actuó en el Eden Concert y en el Teatro Olimpia de Madrid con motivo del homenaje a La Coquinera. En 1926, cantó en el Teatro Pavón y, en 1931, en el Teatro Olimpia. AÑos más tarde figuró con La Antequerana y frecuentó las reuniones de cabales en ventas y colmaos madrileños.

Fuente: Papeles flamencos




TRIANITA, La. Natural de Sevilla, siglo XX. Cantaora. En 1925, participó en el concurso Copa Córdoba, y al año siguiente actuó en Madrid en el Monumental Cinema y en el Teatro Pavón, y en 1929 lo hizo en el Circo Price y en el Teatro La Latina.





TRINITARIA, La. Nombre artístico de E. Cabello. Málaga, 190?. Cantaora. Hermana de Lola Cabello y casada con Alfonso Aguilera. En 1929, actuaba en el Teatro Albéniz de Gerona, en el espectáculo La copla andaluza, con Niño de Talavera y Tóvalo. Entre sus últimas actuaciones hay que registrar su presencia en el local Sevilla de Noche de Barcelona, en 1941.

Fuente: Luis Soler
UTRERA, Curro de. Nombre artístico de Francisco Díaz García. Utrera (Sevilla), 1927. Cantaor. Apadrinado por Pepe Marchena, se inició artísticamente con trece años, en 1940, haciéndose muy popular por sus fandangos. En 1944, actuó en el madrileño Teatro Fuencarral. Avecindado en Madrid, frecuentó las reuniones de las ventas, en unión de Pepe de La Matrona, Bernardo el de los Lobitos y David Moreno. En el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, obtuvo, en 1958, el primer premio por soleares, martinetes, polos y cañas. En esta ciudad, donde reside, alternó durante una época con Onofre, Navajitas y otros cantaores de la ciudad califal, de quienes recibió la influencia de los estilos cordobeses. Con La copla morena, espectáculo de Lola Flores, recorrió España en 1961. A partir de 1965, intensificó su etapa artística ligada a las giras con espectáculos flamencos, entre las que destacamos las siguientes: 1965, Coplas y toros, con Juanito Valderrama; 1966, Cante grande y Yo contra todos, también con Juanito Valderrama; 1969, Cita flamenca, con Juanito Valderrama y La Niña de La Puebla; 1970, Fantasía flamenca, con Juanito Valderrama; 1973, Los grandes del cante, con El Sevillano y Juanito Valderrama; 1974, Solera, con Antonio Molina y en 1976, Flamenquísimo, con El Príncipe Gitano. Actualmente participa en festivales y ofrece recitales en peñas flamencas. Ha grabado en disco y en Córdoba existe una peña flamenca con su nombre. Luis Melgar Reina, ha escrito sobre su cante lo siguiente: «Curro de Utrera es de los pocos cantaores profesionales que han grabado los cantes de Córdoba tal como los concibe, con un florido y artístico revestimiento melodial. Hoy dentro de la afición moderna es mucho más conocida la forma de interpretar los cantes cordobeses que hace Curro de Utrera que la originaria de los Onofre. No vamos a discutir esa recreación que hace Curro, va a ofrecérnosla para que quede constancia de ella. El tratar de ignorarla es tanto como me ter la cabeza debajo de un ala. Su calidad artística no se puede poner en duda, su línea tradicional sí. Pero la verdad es que siempre ha querido ofrecer un cante en el que se conserve sólo pinceladas del originario, un cante renovado muy propio e hijo de la gran musicalidad que tiene todo lo de Curro». Ricardo Molina, hizo esta apreciación del arte de Curro de Utrera: «domina un buen repertorio y se interesó por grabar las soleares tradicionales cordobesas. A la vez canta las de Utrera, muy bien las de Juaniquí, al que conoció en persona, y las de Alcalá». Juan Santana ha definido así la personalidad artística de Curro de Utrera: «El cantaor Curro de Utrera, no es una figura de gran relumbrón, pero sí de gran calidad, tiene muy buena escuela y mucha experiencia unida a un conocimiento profundo de los cantes, y los hace con una voz cálida y seria».

Fuente: Manuel Cerrejón
UTRERA, Niño de. Nombre artístico de Juan Mendoza. Utrera (Sevilla), 1907‑Chile, 1964. Cantaor. A los nueve años actuó en la Plaza de Toros de Montoro (Córdoba). Viajó muy joven a Madrid, cantando por las tabernas, hasta que fue contratado para el Coliseo Imperial, con la guitarra de Ramón Montoya. Alcanzó rápidamente popularidad, interviniendo en diferentes espectáculos y comedias líricas tan en boga en su época. De sus numerosas actuaciones en los años veinte y treinta, cabe destacar las llevadas a cabo en el Teatro Pavón, en 1926, año que también trabajó en el Monumental Cinema y participó en la Copa Pavón, ganó un concurso en el Monumental Cinema, en 1927, y alternó con Manuel Vallejo en el Circo Price, presentándose también en el Teatro Fuencarral y en el Cine Madrid. Figuró en la película cinematográfica Rosario la Cortijera y tomó parte en nuevas obras teatrales. Realizó, en 1932, una gira por la geografía española, con uno de los espectáculos del empresario Vedrines, en compañía de La Niña de los Peines, y en 1935, protagonizó, con la cancionista Estrellita Castro, la comedia andaluza La serrana más bravía, en el Teatro Ideal de Madrid. Al siguiente año, estrenó la obra La novia del cante, con El Pena hijo y Sabicas. Pasada la guerra civil, entre sus actuaciones más significativas hay que reseñar su reaparición en el Circo Price, en unión de El Cojo de Huelva y La Niña de La Puebla, en 1947. Dos años después, presenta el espectáculo Luces de España, con Rosa de Andalucía, anunciándose como «creador de La Salvaora y La muerte de Manolete». Viaja a América, recorriendo diversos países, entre ellos Argentina, Cuba y Estados Unidos, donde actúa en la Sala El Chico de Nueva York. En aquel continente estrenó comedias andaluzas y más tarde formó pareja con la vedette Trini Morén. Regresó a España, en 1953, tras varios años de ausencia, presentándose en el Teatro Alvarez Quintero madrileño, con la comedia lírica Busco un hombre, y viajó por distintas ciudades españolas. De nuevo en América, continuó sus giras por diversos países, y otra vez en España, en 1961, ofreció un recital en el Club Taurino de Albacete. La muerte le sorprendió en una de sus giras americanas, durante un ensayo, víctima de un ataque cerebral. Grabó numerosos discos.

Fuente: Juan Rondón
VALDEPEÑAS, Niño de. Nombre artístico de Antonio Moreno. La Solana (Ciudad Real), 1903‑Madrid, 1963. Cantaor. También conocido como Niño de Valdepeñas. Según José Blas Vega: «Fue un excelente intérprete de todo el cante bueno, destacando de forma personal en los cantes por soleá. Su cante y su voz emocionaban a los mismos gitanos, que en admiración hacia este payo decían que cantaba mu gitano. Su vida artística se desarrolló principalmente en reuniones y fiestas privadas». Gozaba de la amistad de don Antonio Chacón, quien lo avisaba para actuar con él en las reuniones de cabales. De sus actuaciones en público, existen algunas referencias, habiendo cantado en el Monumental Cinema y Teatro Pavón madrileños, en 1926, en éste último participando en el concurso Copa Pavón, y en 1928, en el Teatro de La Latina de Madrid, con el espectáculo La petenera. Realizó grabaciones discográficas.

Fuente: Juan Rondón
VALDERRAMA, Juanito. Nombre artístico de Juan Valderrama Blanca. Torre del Campo (Jaén), 1917. Cantaor y cancionero. Se inició muy joven en su tierra natal ganando un concurso. Debutó profesionalmente, en 1931, en el Teatro Metropolitano de Madrid. Al estallar la guerra civil se encuentra actuando en Almería y viaja a Barcelona para realizar sus primeras grabaciones discográficas. En 1939, actúa en el Cine Pardiñas madrileño y, en 1940, estrena la obra flamenca de El pastor poeta, Solera del Sacromonte, en el Teatro Pavón de Madrid. A partir de este año, con su compañía propia, no cesa de presentar nuevos espectáculos en Madrid, con los que recorre toda España y algunos países extranjeros como Francia, Argentina y Méjico. Entre ellos, Coplas y amores, en 1940; Cuatro faraones, en 1941; Los Niños del jazminero, 1943; Caravana, 1944; Currito Cantares, 1947; Redondel, 1948; Pena y oro, 1950 y 1951; Alegrías de Juan Vélez, 1952, con Adelfa Soto; Mi vida es el cante 1954, con Fernanda Romero y Niño Ricardo, presentándose en París, en el Teatro L'Etoile; Caras conocidas, en 1956; en 1960, viaja a América con Cita de estrellas; La rosa y el cante, 1961; Voces de España, 1962, con Angelillo y, en el mismo año, Gala flamenca, con Pepe Marchena; Mano a mano, 1963, con Angelillo, y Noche flamenca, con Los Toronjos, Los Gaditanos, La Niña de La Puebla, Luquitas de Marchena y Adelfa Soto; Retablo flamenco, con Adelfa Soto, Enrique Montoya, Gloria Romero, Lolita Torres, Gracia de Triana y Los Gaditanos, y Tele y olé, con Fosforito, El Güito, y Pepe Pinto, 1964; Coplas y toros, 1965, con Gloria Romero y Pepe Pinto; Cante grande, con Fosforito, Juan Varea y Curro de Utrera, y Todos contra mí, con La Niña de Antequera, Flor de Córdoba, Juanito Maravillas, Curro de Utrera, Jarrito y Jacinto Almadén, 1966; Su majestad la alegría, y Festival flamenco, 1967; Revolera, 1968, con Angelillo; No me quieras tanto y Fantasía flamenca, 1970, con La Niña de Antequera. La Niña de La Puebla, Juanito Maravilla, El Camarón de la Isla y Juan Habichuela; La copla, con Fosforito, y Los mejores, con Pepe Marchena y Manolo El Malagueño, 1971; Los grandes del cante, con El Sevillano, Curro de Utrera, El Gordito de Triana, Manolo El Malagueño y El Perro de Paterna, en 1973; Españolísimo, con Antonio Molina y Porrinas de Badajoz, y Primer festival de ópera flamenca, con Antonio Molina, Amina, Porrinas de Badajoz, Perlita de Huelva y Juanito Maravillas, 1976; y Cantares, con Manolo Alegrías, El Fary, Rafael Farina, María Vargas, Adelfa y Pepe Soto. En 1970, le fue tributado un homenaje en su pueblo natal, organizado por el Ayuntamiento, y en 1981 sufrió un accidente automovilístico que le tuvo apartado una larga temporada de los escenarios. El año 1983, le fue impuesta la Medalla del Trabajo, y entre sus últimas actuaciones cabe destacar su presencia en la Quincena Flamenca de Sevilla, en 1985, y su intervención en la III Cumbre de Madrid, el mismo año, celebrada en el Teatro Alcalá Palace, tras una gira con el espectáculo Casta y solera. Su repertorio es amplio en lo concerniente a los estilos flamencos, que interpreta con un acento muy personal, aunque influenciado por Pepe Marchena, y su discografía sumamente extensa. Ha intervenido en numerosas películas cinematográficas. (Véase Cine flamenco.) En la canción aflamencada, sus éxitos más populares fueron los títulos El emigrante, Diego Piñero, De polizón y Su primera comunión, entre la gran cantidad que ha interpretado, mezclándolas con los fandangos, milongas, malagueñas y granaínas, principalmente.

VALENCIA, Fernando. (Véase Apéndice discográfico.)

Fuente: Una película.
VALENCIA, JUAN. NO VIENE










Fuente: Diccionario
VALENCIA, Pepe. Nombre artístico de José Martín Rivas. Valencia, 1913. Cantaor. De amplio repertorio, perteneció a diversos elencos artísticos, entre ellos a las compañías de Pilar López, Lola Flores e Imperio Argentina. Grabó en París en 1947 y posteriormente se afincó en Buenos Aires, donde también grabó una Antología de cante con Gloria Romero, dirigida por el flamencólogo argentino Fernando López Perea.








VALLADOLID, ANGELILLO DE. NO VIENE. TENGO DUDAS DE QUE SEA PIZARRA.

Fuente: Recortada de cancionero
VALLEJO, Manuel. Nombre artístico de Manuel Jiménez Martínez de Pinillo, originado por el apellido de su abuela paterna. Sevilla, 1891‑1960. Cantaor. Se inició en su ciudad natal, actuando en reuniones privadas y en los cafés cantantes de la época. En 1919, participó en el homenaje que se le tributó en el Salón Variedades sevillano a El Portugués, junto a El Cojo de Málaga, Fernando El Herrero, José Cepero, El Colorao, La Pompi, La Sorda, El Gloria, Antonio Moreno, Pepillo El Jerezano, Manolo El Moreno, Currito el de La Geroma, Niño Ricardo, Frasquillo y Antonio García. Su popularidad la alcanzó a lo largo de los años veinte y treinta, en los que realizó numerosísimas grabaciones discográficas y formó parte de muchos espectáculos en giras por toda la geografía española, actuaciones entre las que cabe reseñar las siguientes: en 1924, actúa en el Teatro La Latina de Madrid; en 1925, obtiene la Copa Pavón, en un concurso organizado por el teatro madrileño del mismo nombre, siendo jurado don Antonio Chacón, acontecimiento que José Blas Vega, tras las lógicas investigaciones, nos narra así: «El grandioso certamen comenzó el lunes 24 de agosto a las 10,45 de la noche. El precio de una butaca era cinco pesetas, el doble de lo habitual. Intervinieron los cantaores inscritos: Manuel Escasena, Angelillo, Manuel Vallejo, Niño de Madrid, Macareno, Cojo de Málaga, El Mochuelo, Niño de Tetuán y Niño de Marchena, y después de ellos y fuera de certamen "El rey del cante jondo" don Antonio Chacón, acompañado por Montoya. Cantó los caracoles, caña y polo. A la hora de deliberar el jurado, estaban las inclinaciones entre Vallejo y Marchena, siendo decisiva en la resolución la opinión de Chacón hacia Vallejo, y sin más comentario le hizo entrega a éste de la Copa en presencia de Ramón Montoya... Chacón le comentaría días más tarde en una de las fiestas que con motivo de la copa tuvieron ambos en Villa Rosa: Te he dao la copa porque la mereces, pero la Vieja por Marchena ganará más dinero que tú. Vallejo siempre sintió una gran admiración hacia Chacón, y como recuerdo de él llevaba consigo una foto y los gemelos de oro que le regalara en una fiesta». Este mismo año cantó en el Teatro Olimpia madrileño, con motivo de un homenaje a La Coquinera, y también en el Romea compitiendo con Manuel Centeno. Al año siguiente, 1926, después de cantar en Barcelona, participa nuevamente en la Copa Pavón, obteniéndola Centeno, pero en desagravio la empresa del teatro organizó una sesión en su homenaje, entregándosele como recuerdo, de manos de Manuel Torre, la Llave de Oro del Cante, el día 5 de octubre. Días más tarde fue contratado para cantar en el Circo Price. Durante 1927, actuó en Madrid en los siguientes locales: Teatro Novedades, Circo Parish, Teatro Fuencarral y Cine Madrid. Después de actuar, en 1928, en los teatros Fuencarral y Pavón y en el Cine Pardiñas, sale de Madrid en gira por toda España en compañía de don Antonio Chacón, a quien seguía en cotización económica cobrando quinientas pesetas diarias, con el espectáculo titulado Solemne fiesta andaluza, en el que también actuaban La Niña de los Peines, José Cepero, Guerrita, El Chato de Las Ventas, Bernardo el de los Lobitos, Ramón Montoya, Luis Yance, Manuel Mertell, Manuel Bonet, El Estampío, Frasquillo, Carmen Vargas, La Quica, Carmelita Borbolla, La Gabrielita, El Tóvalo, Rovira, Lolita Almería, Manolita La Macarena y un grupo llamado Los Seis Gitanillos de la Cava de Triana. La trayectoria artística de Manuel Vallejo, continuó por distintas ciudades españolas y, en 1930, presentó, junto a El Sevillanito, el espectáculo Nobleza gitana, en Barcelona, realizando también este mismo año una gira con El Pena. Encabezó espectáculos de ópera flamenca con los que se mantuvo en los carteles hasta 1936. Pasada la guerra civil, continuó actuando en distintos elencos y, en 1950, encabezó el espectáculo El Sentir de la copla. Su repertorio, muy amplio, ha quedado reflejado en sus discos, y sobre su personalidad artística quien primero se ocupó y más detenidamente fue Fernando el de Triana: «Muy justo en los cantes, su media granaína está bien hecha, y aunque su ejecución no ofrece grandes dificultades, es un cante de mucho efecto y está muy sujeto al compás; por fandango y bulerías canta muy bien, y por siguiriyas muy justo y efectista. Además, me agrada más este artista porque no abusa del Crimen de Cuenca, como yo les digo a esos romances que ridículamente colocan casi todos los cantadores modernos en el lugar que debiera ocupar una bien medida cuarteta o quintilla». Manuel Yerga Lancharro ha exaltado el arte de Manuel Vallejo con estas palabras: «Como cantaor fue preciosista a la vez que grande. Tan grande como el que más. Tanto es así, que si queremos hacer una justa y ponderada valoración del cante flamenco de los años veintitantos, hemos de escoger entre sus máximos y polifacéticos intérpretes a Manuel Vallejo y a La Niña de los Peines. Después de estos dos profesionales, sería muy difícil encontrar otra pareja que la igualase. Como bailaor, junto a Pastora y Juanito Mojama, formó un trío muy exquisito». El cantaor Enrique Orozco ha declarado a José Blas Vega acerca de Manuel Vallejo: «Mejor que ése no ha cantao nadie por bulerías y no digamos bailando, cuando cantaba y al mismo tiempo metía los pies por bulerías  cosa dificilísima con los dos pies, ya que todos incluidos los gitanos sólo meten el derecho». Antonio Murciano ha analizado el cante de Manuel Vallejo con el comentario que transcribimos: «Creo que la vida artística de Manolo Vallejo puede precisarse en dos etapas muy definidas: una hasta 1930, aproximadamente, de cantaor general, a la vieja usanza, como mandan los más recios cánones, y otra, posterior, en la que  desgraciadamente inclinada la balanza del gusto público al operismo flamenco y a la comercialización folklórica, con las excepciones de todos conocidas él intentó honradamente conciliar su clasicismo con lo mejor del movimiento innovador, dosificándolo y adaptándolo a su personal temperamento, cosa que, para mí, consiguió plenamente». Manuel Urbano ha transcrito una serie de letras de saetas autógrafas de Manuel Vallejo, antecediéndolas de un comentario, en el que entre otras cosas sobre el cantaor escribe: «hemos de convenir en reconocerle como uno de los saeteros más apreciados y de mayor categoría de la historia flamenca». En 1982, fue colocada una placa en su recuerdo en la casa donde nació.

Fuente: Juan Rondón
VAREA SEGURA, Juan. Burriana (Castellón), 1908‑Madrid, 1985. Cantaor. Desde Niño vivió en Barcelona y convivió con los gitanos de Somorrostro, iniciándose como artista en el local de Miguel Borrull, hijo, donde le escuchó cantar Angelillo, quien le llevó al Circo Barcelonés para formar parte de la compañía de Manuel Vallejo, elenco con el que actuó también en Madrid. En la capital conoce a Chacón y participa en las fiestas de Villa Rosa. Volvió a Barcelona, para pasar después a Sevilla, donde alterna, cantando con Manolo Caracol y Pepe El Culata, en los locales de la Alameda de Hércules. En 1928, forma parte del espectáculo de Manuel Vallejo, debutando en el Teatro Pavón de Madrid, junto a Pepe El Culata, Bernardo el de los Lobitos y Felipe de Triana, realizando seguidamente giras por toda España. Igualmente participó en los años siguientes en el elenco de Pepe Marchena. Grabó su primer disco en 1930, en un curioso experimento de fandanguillo a tres voces, con Niño de Marchena y Juan El Pescaero, acompañados a la guitarra por Ramón Montoya. Ganó, en 1932, el concurso celebrado en el madrileño Teatro Monumental. Hizo la guerra civil del lado republicano y estuvo preso en Las Navas del Marqués (Avila) y en un campo de concentración de Zamora; su amigo el ex‑novillero Pepe Chalmeta, consiguió a través de un oficial del ejército vencedor que fuera puesto en libertad, sobreviviendo con las fiestas íntimas hasta 1942, año que se integra en la compañía de Concha Piquer. En 1945 figuró en un espectáculo organizado por Juan Aranda, con Marchena, Vallejo, Canalejas, Aznalcóllar, Chiquetete, Ramón Montoya, Niño Ricardo y otros artistas del momento. Volvió a recorrer los teatros españoles en 1947, con la compañía de Juanita Reina, grabando ese mismo año su versión de la zambra La Niña de Fuego. Al año siguiente acompaña con su cante al bailaor Vicente Escudero y realiza una excelente grabación con la guitarra del Niño Ricardo, recogiendo una antología de estilos. Creó después su propia compañía, y en 1952 viaja por Europa con la pareja de baile formada por Rosario y Antonio. A partir de 1954, perteneció a la plantilla del célebre Tablao Zambra de Madrid, dentro del cuadro llamado Antología, con Rosa Durán, Pericón de Cádiz, Rafael Romero, Pepe El Culata, Manolo Vargas y el tocaor Perico el del Lunar. Con este cuadro actuó en la Feria Mundial de Nueva York y en el Teatro Olympia de París. Siguió cantando en el citado tablao hasta su cierre, en 1975. El resto de su vida artística transcurrió interviniendo en festivales y esporádicamente en otros tablaos y en programas televisivos. Su último disco lo registró en Francia, en 1982. La Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera (Cádiz), a propuesta de Manuel Ríos Ruiz, miembro del jurado, le otorgó, en 1983, el Premio Nacional a la Maestría, y al siguiente año se le tributó un homenaje en el Teatro Monumental de Madrid, con la presencia del alcalde Enrique Tierno Galván, quien pronunció unas palabras de ofrecimiento. Murió el 8 de noviembre de 1985. Sus biógrafos, Miguel Espín y Romualdo Molina, consideran que «fue un artista de notable poderío vocal, voz fácil, con velocidad; amplísimos conocimientos; excelente afinación, compás interno ajustado, sin palmotazos; que cantaba cuadrado y que ponía mucho cuidado en acentuar la frase o determinado tercio de la copla, la cual expresaba comprensivo y emocionado». Anselmo González Climent, opinó así de Juan Varea: «practica una concepción dramática y respetuosa del quehacer flamenco. El cante es para él, en lo objetivo, una entidad sacramental, y en lo subjetivo, un instrumento quemante, embriagador. Respeta las formas, pero las introviste, las reaviva, las introduce en la correntada de su individualidad». Manuel Ríos Ruiz, al comentar su grabación titulada Lección de cante flamenco (1973), escribió: «Juan Varea se apoya principalmente en la experiencia. Es un experto en el bien decir la copla. Su dicción es quizá de las más cabales de hoy. Más que con pasión que existe en sus cantes , Juan Varea canta con gusto, con buen gusto y, ya se sabe, al mejor gusto flamenco van ligados ingredientes y condimentos como el garbo, la donosura, la claridad... , de ahí que se nos antoje un sibarita del cante, un cantaor que se amolda a cada estilo a la par de saber llevarlo a su terreno, a la vibración donde él se siente seguro y al tono donde puede mandarlo con tiento y personalidad... Es por encima de todo un cantaor con medida, de esos pocos que supeditan todos los tercios a una adecuada musicalidad, la que sabiamente marca, fija, de salida. En su voz no hay estridencias, ni se refugia en el grito más o menos artificioso, ni busca el apoyo del quejío a ultranza... Lo suyo es el equilibrio, la templanza, la naturalidad... Ha dedicado toda su vida a su vocación, y diariamente da fe del legítimo cante flamenco, sin renegar de ningún estilo, pues los interpreta todos con devoción y maestría». Original de Miguel Espín y Romualdo Molina, el Ministerio de Cultura editó en 1986 una biografía de Juan Varea.

VARGAS, ANTONIO. NO VIENE

Fuente: Luis Soler
VARGAS, Manolo. Nombre artístico de Manuel Vargas Gómez. Cádiz, 1907‑Madrid, 1970. Cantaor. Quiso ser torero en su primera juventud. Su trayectoria profesional se inició en su Cádiz natal, donde en 1952 ganó el primer premio del Concurso de Cante por Alegrías, y al año siguiente el primero de cante andaluz, en el mismo certamen. Seguidamente formó parte del elenco artístico de la bailarina Mariemma, con quien actuó en España y después en Israel, Turquía y en la televisión de Turín. En 1956 estuvo en Méjico, donde los componentes de la Peña Los Veintiuno le despidieron con un homenaje. A su vuelta se incorporó al Tablao Zambra de Madrid, donde actuó durante muchos años, junto a Juan Varea, Rosa Durán, Perico del Lunar, Pericón de Cádiz y Rafael Romero, haciendo con este tablao giras por Francia, Italia, Holanda, Inglaterra, Bélgica, Estados Unidos, etc. Sus últimas actuaciones en público tuvieron lugar en el tablao madrileño de Villa Rosa, teniéndose que retirar del cante por motivos de salud. El mismo año de su muerte, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces le concedió el Premio Nacional de Cante. La Semana Cultural Gaditana Alcances, le rindió un homenaje en 1973. De este singular cantaor gaditano, se han escrito diversos comentarios sobre su personalidad y su arte: Juan de la Plata: «Un hombre sencillo ha vivido entregado, durante muchos años, a la interpretación del cante de su tierra, del que hizo afición y profesión para ganar el sustento. Un hombre bueno, modesto y cabal, cantó magistralmente, con voz muy gitana, todo el cante de Cádiz». Máximo Andaluz: «"Por instinto canta sola / cualquier garganta de Cádiz..." Pero el cante de Manolo Vargas no es sólo instinto: es arte, arte puro y personalísimo, arte de la mejor calidad en el rajo y en la expresión, desde que se entona en la salía hasta que cierra el último tercio de la copla que en sus labios, en sus encendidos ojos y en sus manos gitanas, es inspiración momentánea y compendio y suma de todos los duendes habidos y por haber, que se dan cita en su cante para hacerlo extraordinario y genial... Porque en Manolo Vargas canta todo su ser. No es sólo su garganta la que emite sonidos. Son sus manos ágiles y decidoras, que palmotean o declaman; son sus ojos, ya parpadeantes o desorbitados, según la expresión y la impresión de cada instante; son sus pies, que se mueven y zapatean, pugnando por darse media vueltecita; es su torso, que se contorsiona en reflexiones y desplantes coreográficos; es, en fin, que canta con el alma, cosa que estaba a la sazón casi olvidada, y que los duendes que le saturan el cuerpo gitano afloran por todos sus poros... No; no es suficiente escuchar a Manolo Vargas sus cantes. Hay también que verlo cantar, que así adquieren sus interpretaciones la plenitud de arte auténticamente personal y yo diría que intransferible... De la mejor cepa de cantaores gaditanos, Vargas es lo que el argot llama un cantaor redondo». Fernando Quiñones: «En el denso ambiente flamenco de su juventud y de su ciudad natal, Vargas, inhibido y tímido al principio, se destapa cierta tarde clamorosamente, y de una vez por todas, entre varios y acreditados cabales. Crece y cunde en el cantaor una personalidad sui géneris y una capacidad expresiva riquísima que entusiasmó y exaltó a Federico García Lorca y en la que se barajan, muy gaditanamente confundidas, la pena y la gracia. Manolo Vargas disponía de una serie de apoyaturas técnicas y rítmicas para decir bien sus cantes que, cuando al excederse en ocasiones, no se convertían en gesticulación, encantaron y suspendieron al buen catador. Manolo Vargas es uno de los artistas más específicamente gaditanos, en cuanto a sensibilidad y estilo, que el cante flamenco ha dado... Grabó Manolo Vargas para las primeras firmas discográficas nacionales y extranjeras, centelleando con singular calidad, en algunas de estas grabaciones, sus cantes de soleares, tientos, alegrías y bulerías superlativamente gaditanas... Insistamos en que un inimitable sentido del compás y un cálido apasionamiento expresivo constituyeron las mejores prendas de este intérprete». Manuel Ríos Ruiz: «El compás cantaor de Manolo Vargas es inconmensurable. Se trata de un ritmo extraído de un temperamento sacudido por la lucidez artística. Escuchándole por alegrías, tientos y tangos, por bulerías gaditanísimas, se percibe una jondura en constante movimiento, que eso es la gracia flamenca. Su voz cautiva inmediatamente, tiene algo de magia y en cada giro, incluso en cada recorte, y cuando se queda en silencio todavía vibrando es ejemplo del misterio de un arte atávico por inefable. Manolo Vargas, con estas cualidades intrínsecas, y con todo lo asimilado de los maestros auténticos del cante de Cádiz, ha sabido por intuición y por talante, injertarle a esos estilos festeros y brillantes unos matices tan personales y valiosos, enriquecedores, que pasará a la historia del flamenco como un intérprete tan original como verídico».

VELÁZQUEZ EL GADITANO. NO VIENE

Fuente: Bohórquez
VELEZ, Niño de. Nombre artístico de José Beltrán Ortega. Vélez‑Málaga (Málaga), 1906‑1975. Cantaor. Su trayectoria artística transcurrió desde muy joven en los espectáculos flamencos teatrales, alternando con Manuel Vallejo, El Gloria, Niño de Cabra, etc. Entre sus actuaciones más destacadas, cabe reseñar las efectuadas en 1929, en el Teatro La Latina de Madrid, con el espectáculo titulado Málaga tiene la fama, y las que realizó en el también madrileño Teatro Pavón, el mismo año; al siguiente actuó en el Teatro Madrid; y terminada la guerra civil, reapareció en el Teatro Cervantes de Málaga, alternando con El Sevillano; en Madrid volvió a cantar, en 1944, en el Teatro Fuencarral. Durante largos años residió en Cornellá (Cataluña), regresando a su ciudad natal en 1971. Creó una malagueña personal, cuya letra comienza así: «Caleta y Limonar / viva Málaga que tiene...». En 1971, la Peña Flamenca de Vélez Málaga le ofreció un homenaje, con la intervención oratoria de destacados aficionados y flamencólogos malagueños y los guitarristas Manuel Cano y Carlos Ramos. En el I Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, obtuvo un tercer premio por malagueñas, verdiales, rondeñas y fandangos de Lucena. Según Alfredo Arrebola: «Sus cantes preferidos eran los de su tierra: malagueñas y bandolás. Poseía una clara y potente voz. El ha dejado una forma de malagueña: malagueña del Niño Vélez, cantada por todos los buenos aficionados a este género». Realizó algunas grabaciones discográficas.

VERDULERITO DE MÁLAGA. NO VIENE

VILLAFRANCA, PEPE. NO VIENE

Fuente: Catálogo
VILLANUEVA, Niño. (Véase Villanueva Pérez, Teodoro.). OJO. ESTÁ EQUIVOCADO. SE LLAMÓ ANTONIO LEÓN.










VILLARRUBIA, Eusebio. Villarrubia (Ciudad Real), siglo XX. Cantaor. Su trayectoria artística alcanzó su mayor actividad en los años veinte. En 1924 formaba parte del elenco del Kursaal Imperial madrileño, junto a destacadas figuras. Ofreció un recital en el Cinema Argüelles de Madrid, en 1926. Participó en la Copa Pavón, concurso celebrado en el teatro madrileño del mismo nombre, en 1927. Durante 1928, cantó en Madrid, en los siguientes escenarios: Cine Pardiñas, Teatro La Latina, con el espectáculo La petenera, y otra vez en el Pardiñas. En 1929, lo hizo en el Monumental Cinema y en el Teatro de La Comedia, también de la capital de España. OJOOO NO GRABÓ.


BIOGRAFÍAS DE LOS QUE GRABARON EN PIZARRA Y CILINDROS. 
(Luis Soler y Ramón Soler)

Francisca Aguilera. Ronda (Málaga), 1867 aproximadamente- Madrid, primer tercio del SXX. Eminente cantaora de soleares, seguiriyas, malagueñas y tangos. Grabó en las dos primeras décadas de este siglo. La rondeña fue una gran transmisora de los cantes de la Andonda, La Serneta y La Trini. Su figura ha sido apreciada con el rigor que merece, pese a ser una de las más atractivas del panorama de la prolija Málaga de finales del SXIX y comienzos del SXX.

Jacinto Almadén
Jacinto Antolín Gallego. Almadén, 1899 - Igualada, 1968. Aunque seguidor de la escuela chaconiana, no fue un cantaor sobresaliente. No obstante, ejecutó con gran maestría las rondeñas.

Carmen Amaya
Carmen Amaya Amaya. Barcelona, 1913 - Bagus, 1963. Genial bailaora, de gran prestigio dentro y fuera de España. Su temperamento le llevó a cantar por soleá, fandangos, zambras y garrotín, aunque sin el duende de su baile arrebatador.

Paco El Americano
Francisco Valls Toribio. Buenos Aires (Argentina), 1907 - Madrid, 1987. Especialista en fandangos, cantes de ida y vuelta y canciones aflamencadas.

Angelillo
Ángel Sanpedro Montero. Madrid, 1908 - Buenos Aires (Argentina), 1973. Fue seguidor de la escuela marchenera. Además de cultivar géneros aflamencados, fue un especialista en los cantes de ida y vuelta, caracoles y fandangos.

La Antequerana
Josefa Moreno. Antequera (Málaga), 1899 - Madrid, 1961. Excelente cantaora de los estilos básicos y de los malagueños y levantinos. Seguidora de la escuela de Pastora Pavón. Sus primeras grabaciones las realizó muy joven. Su vida artística se fue apagando lentamente en los cafés madrileños.

Imperio Argentina
Magdalena Nile del Río. Buenos Aires (Argentina), 1910. Una de las mejores intérpretes de canción española, género que combinó con trabajos cinematográficos.

Niño de Aznalcóllar
José Losada Carballo. Aznalcóllar (Sevilla), 1912 - Madrid, 1973. También conocido por El Perea. Hizo una excelente y genial recreación del fandango. También se prodigó en otros cantes con mucho gusto musical, como las soleares, bulerías y alegrías, en los que dejó su singular impronta.

Niño de Barbate
Antonio Melero Castillo. Vejer de la Frontera (Huelva), 1906 - Huelva, 1976. También conocido por el Muela. Cantaor de gran dominio en la ejecución y de extenso repertorio. Pese a ello no brilló a la altura del arte que atesoraba, quizás debido a su rebeldía y exigencias.

Paco El Boína
Sevilla, siglo XX. En su cante se aprecia la influencia de José Cepero.

Niño de las Cabezas
Miguel Gálvez Carrasco. Las Cabezas de San Juan (Sevilla), 1917 - Las Vegas, 1985. Realizó una interesante grabación discográfica en 1958 con el título de Café de Silverio, en la que hizo especial hincapié en la denominación de los diversos estilos de soleares registradas.

Niño de Cabra
Cayetano Muriel Expósito. Cabra (Córdoba), 1870 - Benamejí, 1947. Excelente e impresionate cantaor, sin duda de un conocimiento y ejecución fuera de la común. En algunos de sus cantes sobrepasó a uno de sus principales maestros: Don Antonio Chacónb, junto a Paca Aguilera, El Cojo de Málaga, Isabelita de Jerez, Mojama, Tomás Pavón y El Perrate ha sido uno de los grandes olvidados de la historia del arte flamenco. Parece ser que fue el primero en grabar en disco de pizarra, en los antiguos Berliner.

Niño de la Calzada
Antonio Tovar Ríos. Sevilla, 1913 - 1981. No brilló por soleá con la grandeza que lo hizo en sus impresionates fandangos, cante en el que ocupa un lugar preeminente en la historia del flamenco.

Canalejas de Puerto Real
Juan Pérez Sánchez. Puerto Real (Cádiz), 1905 – Jaén, 1966. Fue un cantaor de extenso repertorio, alimentado del magisterio de El Niño de Gloria y Manuel Vallejo. No obstante navegó entre fandangos y bulerías entre los que insertaba los recitados propios de la época que le tocó vivir.

Juan Ríos El Canario
Juan Ríos. Entre los siglos XIX - XX. También conocido como El Niño Ríos. Realizó algunas grabaciones discográficas de cierto interés.

Manuel Vega “El Carbonerillo”
Manuel Vega García. Sevilla, 1906 - 1937. Pasó a la historia como uno de los grandes estilistas del fandango. En los cantes como las soleares y las seguiriyas brilló también a gran altura, aunque sus fandangos fueron lo mejor de su producción.

Manuel Centeno
Manuel José Jiménez Centeno. Sevilla, 1885 – Cartagena (Murcia), 1961. Seguidor de los cantes de Don Antonio Chacón- Sobresalió por saetas así como en malagueñas y cantes de Levante, si bien en estos últimos nunca a la altura de su genial maestro jerezano.

José Cepero
José López Cepero. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1888 - Madrid, 1960. Cantaor de repertorio amplísimo. En soleares y seguiriyas alcanzó también un buen nivel artísitico. Dotó a sus cantes de una personalidad propia.

Cepero de Triana
J. Jiménez. Sevilla, siglo XX. Seguidor de los cantes de José Cepero.

Cojo de Huelva
Manuel González Lora. Sevilla, 1900 - 1955. Especialista en fandangos.

Cojo de Málaga
Joaquín Vargas Soto. Málaga, 1880 - Barcelona, 1940. Fue el cantaor más extenso y prolijo en los estilos de Levante. Su amplio conocimiento le permitió la ejecución y dominio de otros muchos cantes a los que igualmente imprimió un sello inconfundible. Su figura artística no ha sido suficientemente valorada. Forma junto a Juan Breva, Paca Aguilera y Sebastián El Pena lo mejor del cante de la Málaga del siglo pasado y comienzos de éste.

Cojo Luque
Sevilla, 190?. Especialista en fandangos y cantes de Levante. Realizó escasas grabaciones discográficas.

Corruco de Algeciras
José Ruiz Arroyo. La Línea de Concepción (Cádiz), 1910 - Teruel, 1938. Gran estilista en los fandangos, en los que recreó estilos. Su suerte de cantaor no sólo hay que localizarla en este palo, cantó además seguiriyas, soleares, tarantas, campanilleros, malagueñas, etc., aunque destacó especialmente en los fandangos.

Juan El Cuacua
Juan Jiménez Reyes. Marchena (Sevilla), 1902. Hijo de la Jilica de Marchena y de Juan El Chindo. Extraordinario seguiriyero, seguidor de la escuela de Manuel Torre y de las soleares de su madre. Realizó escasas grabaciones.

Pepe El Culata
José Bermúdez Vega. Sevilla, 1911 - Madrid, 1978. Excelente cantaor trianero de vasto repertorio. Su figura no ha sido valorada en su justa medida. Su cante se alimenta de los ecos de los Puya, antepasados suyos, y los de Caracol, los Pavón, Chacón y Manuel Torre.

Don Antonio Chacón
Antonio Chacón García. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1869 - Madrid, 1929. Una de las figuras fundamentales del cante de todos los tiempos. Sobresalió en todos los cantes, pero sobre todo en las malagueñas, granaínas y cantes de Levante, donde fue realmente insuperable. Aunque jerezano de nacimiento, el universalismo de su arte derribó fronteras.

Chaconcito
José Cabello Luque. Aguilar de la Frontera, 1915. Siendo un niño era imitador de las figuras de su época. Desde el final de la Guerra Civil Española no se tienen noticias suyas.

El Chaqueta
Antonio Fernández de los Santos. La Línea de la Concepción (Cádiz), 1918 - Madrid, 1980. Su gran conocimiento de los cantes y su enorme sentido del compás lo sitúan entre los grandes del SXX. Dominó todos los palos, sobresaliendo en las cantiñas, soleares, bulerías, tangos y seguiriyas. Adobó sus cantes de una impronta muy personal.

Chata de Vicálvaro
Eduardo García Ruiz. Vicálvaro (Madrid), 1893 - 1975. Pese a que su discografía es escasa, contiene cantes de gran interés.

Chato de Valencia
José Escudero. Valencia, fines del SXIX - Buenos Aires, siglo XX. Especialista en los cantes de Levante.

El Diana
Antonio Cordero. Sevilla, siglo XI - Madrid, siglo XX. Realizó a principios de siglo unas interesantes grabaciones discográficas. Después de ellas no tenemos ninguna otra noticia de este cantaor.

Manuel Escacena
Manuel Escacena. Sevilla, 1886 - Madrid, 1928. Seguidor de la escuela chaconiana, y en los últimos años de su vida de la de El Niño de Marchena. Sobresalió por tarantas y cartageneras, aunque también fue un gran ejecutor de otros cantes. Su prematura muerte le impidió difundir el caudaloso conocimiento que almacenaba.

Niño de Fregenal
Manuel Infantes Martínez. Fregenal de la Sierra (Badajoz), 1911 - Sevilla, 1986. Cantaor que volcó parte de su sabiduría en los fandangos, una de cuyas variantes se le atribuye. También cultivó otros muchos palos. Su conocimiento fue muy superior a lo que dejó impreso.

Niño del Genil
Antonio Sánchez. Puente Genil (Córdoba), siglo XIX - Barcelona, siglo XX. Poseedor de una discografía de gran interés.

Niño de Gloria
Rafael Ramos Antúnez. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1893 - Sevilla, 1954. Sentido del compás, gusto y hondura fueron las magníficas virtudes de este gran cantaor. Sus bulerías, saetas, fandangos, soleares y seguiriyas han cautivado a los aficionados y artistas de todas las épocas.

El Gorito de Triana
José Gómez Martínez. Sevilla, finales del SXIX - SXX. Destacado cantaor de saetas.

Guerrita
Manuel González. Cartagena (Murcia), 1905 - Barcelona, 197?. Seguidor de la escuela del Niño de Marchena. Su especialidad fueron los cantes de ida y vuelta y los de Levante.

Fernando El Herrero
Fernando Sánchez Moreno. Las Cabezas de San Juan (Sevilla), 1877 - Madrid, 1941. Se dice que era seguidor de los cantes de La Parrala y El Portugués. En su discografía se aprecia la fuerte influencia de la personalidad de Chacón.

Niño Hierro
Juan García Ruiz. Puente Genil (Córdoba), 1899 - 1987. Discípulo de El Niño del Genil y de Cayetano Muriel. Fue un cautivador de los cantes de su tierra, aunque no se ciñó sólo a estos.

Niño de la Huerta
Francisco Montoya Egea. Lora del Río (Sevilla), 1907 - 1964. Procedente de la escuela marchenera, destacó por fandangos y milongas. El barroquismo de su cante hizo que ganara muchos adeptos en el público de los años 40.

Isabelita de Jerez
Isabel Ramos Moreno. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1895 - Zamora, 1935. Prodigiosa cantaora que derramó un enorme gusto en sus cantes. Nos dejó verdaderas obras maestras en cantes como las seguiriyas, saetas, fandangos y bulerías. Pese a todo no se le ha reconocido la enorme calidad de su arte.

Niño de la Isla
José López Domínguez. San Fernando (Cádiz), 1877 - 191?. Seguidor de los cantes de El Mellizo y de El Viejo de la Isla. También cultivó otros maestros como la Serneta y Chacón. Fue un gran conocedor de los cantes antiguos. Su discografía, en la que registra también cantes aflamencados de su época, es sumamente interesante.

Niña de Jerez
Salud Salam. Jerez de la Frontera (Cádiz), siglos SIX - XX.

Niña de Linares
Hemos localizado a dos mujeres que responden al mismo nombre artístico: Petra García y Carmen Espinosa. Linares (Jaén), 1911. Realizó muy buenas interpretaciones en cantes como las soleares, fandangos y granaínas.

Bernardo de los Lobitos
José Álvarez Pérez. Alcalá de Guadaira (Sevilla), 1887 - Madrid, 1969. En sus comienzos artísticos también era conocido como el Niño de Alcalá. Fue un cantaor larguísimo que atesoró en su memoria y corazón los más variados estilos de cantes. Todos ellos tuvieron en su voz una riqueza y exquisitez dignas de encomio.

Antonio El Macareno
De él sólo sabemos su nombre: Antonio. Sevilla, siglos XIX - XX. Su corta discografía es de gran interés. En ella se aprecia la influencia de Juan Breva y de Chacón.

Niño de Marchena
José Tejada Martín. Marchena (Sevilla), 1903 - Sevilla, 1976. Cantaor hábil e inteligente que supo granjearse una legión de seguidores. Aunque fue un gran conocedor de los viejos estilos flamencos, su apabullante barroquismo y anarquía le impidieron conseguir mayores logros artísticos.

Niño de las Marianas
Luis López Benítez. Sevilla, 1889 - Madrid, 1963. Gran conocedor de una extensa gama de cantes. Tuvo su época dorada en las primeras décadas del siglo XX, si bien no prosperó en su madurez.

Paco Mazaco
Francisco González San Román. Sevilla, 1898 - 1947. Fue un gran cantaor que tuvo en Manuel Vallejo y Tomás Pavón una parte de su guía.

Niño Medina
José Rodríguez de la Rosa. Arcos de la Frontera (Sevilla), 187? - Sevilla, 1938. Excelente cantaor, seguidor de su padre, Medina El Viejo y de Chacón. Su enorme conocimiento le permitió una rica pluralidad de cantes, entre los que no faltaron los más difíciles. Recibió y ofreció influencias a la gran Pastora Pavón.

Antonio Pozo “El Mochuelo”
Antonio Pozo. Sevilla, 1868 - San Rafael (Segovia), 1937. El interés de este gran cantaor reside sobre todo en la extensa discografía que dejó impresa. Es una fuente de incalculable valor para conocer estilos, hoy en desuso, y que gracias a la gran afición de grandes cantaores posteriores se han podido desarrollar.

Juanito Mojama
Juan Valencia Carpio. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1892 - Madrid, 1957. Extraordinario cantaor que conjugó con suma inteligencia e intuición la exquisitez de Chacón y la hondura de Manuel Torre. Sus soleares, seguiriyas, bulerías, tangos y granaínas son verdaderas obras maestros de todos los tiempos.

Amalia Molina
Amalia Molina Pérez. Sevilla, 1890 - Barcelona, 1956. Fue una gran bailaora e intérprete de la canción española. Fueron escasas sus grabaciones de flamenco.

Paco El de Montilla
Montilla (Córdoba), siglos XIX - XX. Apenas sabemos nada de este cantaor. Dejó interesantes grabaciones de soleares, seguiriyas, serranas, guajiras y fandangos de Juan Breva en cilindros.

Niño del Museo
Francisco Rojas Cortés. Adamuz (Córdoba), 1905 - 1947. Fue discípulo de Cayetano Muriel y de El Gloria. Sobresalió en saetas, granaínas y fandangos.

José Palanca
José Lebrón López. Marchena (Sevilla), 1904 - 1976. Cantaor original e inteligente que supo cosechar un impresionante éxito con su fabuloso fandango.

Pastora de Jerez
Jerez de la Frontera (Cádiz), siglos SXIX -  XX. Desconocemos otros datos de esta cantaora.

Manuel Pavón
Manuel Pavón Varela. Dos Hermanas (Sevilla), 1883 - Madrid, 1967. Discípulo y gran amigo de Chacón. Sobresalió en malagueñas y soleares.

Sebastián El Pena
Sebastián Muñoz Beigveder. Álora (Málaga), 1876 - Málaga, 1956. Fue discípulo de Juan Breva y La Trini, y seguidor de los cantes del Canario. Además de ser un malagueñero de excepción cultivó otros muchos cantes, en los que dejó su impronta. Fue uno de los primeros en registrar las cantiñas y las bulerías.

El Pena Hijo
José Muñoz Martín. Málaga, 1900 - Mendoza (Argentina), 1969. Cantaor con tendencia al barroquismo propio de su época. Aunque no supo captar el magisterio de su padre, gozaba de un amplio repertorio.

Pericón de Cádiz
Juan Martínez Vílchez. Cádiz, 1901 - 1980. Aunque fue un cantaor general, sobresalió sobre todo en los estilos de su tierra. Tal vez fue el más largo de los discípulos de Aurelio Sellés, si bien sin alcanzar la profundidad de su maestro.

Jesús Perosanz
Jesús Perosanz. Madrid, 1907 - ¿?. Cantaor típico de la llamada “Ópera Flamenca”. Se especializó en los fandanguillos y en las milongas.

Pepe Pinto
José Torres Garzón. Sevilla, 1903 - 1969. Pese a sus veleidades fue un extraordinario cantaor que conocía el paño, como el que más. Su cante estuvo impregnado de matices de su esposa, Pastora Pavón, y de Tomás Pavón y también de Chacón, Manuel Torre, Cepero y El Carbonerillo.

Platerito de Alcalá
José Vázquez Valls. Alcalá de Guadaira (Sevilla), 1912 - 1985. Gran conocedor de los estilos de su tierra. Compartió escenarios con las mejores figuras de su época. Fue seguidor de los cantes de Joaquín El de la Paula.

La Pompi
Luisa Ramos Antúnez. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1883 - Sevilla, 1958. Cantaora que brilló sobre todo en bulerías, bulerías por soleá, soleares y fandangos. Fue seguidora de las bulerías del jerezano Antonio La Peña.

Niña de la Puebla
Dolores Jiménez Alcántara. La Puebla de Cazalla (Sevilla), 1909 - 1999. Fiel conocedora de viejos estilos, se ciñó especialmente a aquellos que más agradaban al público. Su figura se agiganta con el paso de los años. Los campanilleros, aprendidos de Manuel Torre, los divulgó como nadie.

José Rebollo
José Rebollo Piosa. Moguer (Huelva), 1895 - Sevilla, 1938. Sin duda, uno de los mejores cantaores que ha dado Huelva y su provincia. Su repertorio era bien amplio. Sobresalía en los fandangos de su tierra, a los que  imprimió su impronta personal, consiguiendo verdaderas recreaciones.

Antonio Rengel
Antonio Rengel Ramos. Huelva, 1904 - Sevilla, 1961. En la primera etapa de su vida artística fue seguidor de los cantes de El Portugués. También acumuló en su saber los cantes de Tomás Pavón. Su fuerte fueron los fandangos de su tierra natal, de los que recreó algunos estilos.

Luisa Requejo
Luisa Requejo. Jerez de la Frontera (Cádiz), 189? - 193?. Seguidora de Don Antonio Chacón y Pastora Pavón “Niña de los Peines”. Su corta vida privó a la afición de una extraordinaria cantaora, llena de conocimiento y buen gusto.

Sr. Revuelta
Antonio Revuelta. Siglos XIX - XX. Cantaor que alcanzó su plenitud artística a finales del siglo XIX. Su exigua discografía es de gran interés.

Rubia de las Perlas
Linares (Jaén). Siglos SXIX - XX. Realizó en las primeras décadas de este siglo varias grabaciones de gran interés.

Niño Salas
No hemos encontrado ningún dato biográfico de este cantaor.

Encarna Salmerón
No hemos encontrado ningún dato biográfico de esta cantaora.

La Serrana
María de los Dolores Valencia Rodríguez. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1868 - primer tercio del SXX. Esta gitana de Jerez fue una de las voces más profundas del SXIX y principios del SXX. Seguidora de los cantes de Paco La Luz, su padre, El Loco Mateo, Manuel Molina y La Serneta.

Antonio “El Sevillano”
Antonio Pérez Guerrero. Sevilla, 1909 - 1989. Cantaor especializado sobre todo en los fandangos, del que recreó varios estilos muy personales; asimismo dejó su huella en los cantes festeros.

El Sota
Antonio Vicente Santos Tapia. Bélmez (Córdoba), 1895 - 1979. Gran intérprete de los cantes cordobeses. Fue seguidor de la escuela de Onofre.

Tenazas de Morón
Diego Bermúdez Cala. Morón de la Frontera (Sevilla), 1854 - Puente Genil (Córdoba), 1933. El infortunio impidió que este cantaor registrara más cantes en las sesiones discográficas realizadas en 1922. Con él se fue probablemente el heredero más directo de los cantes de la vieja escuela del gran Silverio Franconetti, y quizás también de la de El Fillo y Paquirri El Guanté.

La Titi
Siglos XIX - XX. Desconocemos datos biográficos de esta cantaora.

Niño de Triana
Rafael León. Sevilla, siglo XIX - Madrid, siglo XX. También conocido por El Trianero. Realizó interesantes grabaciones discográficas en la primera década de este siglo.

Niño de Utrera
Juan Mendoza. Utrera (Sevilla), 1907 - Chile, 1964. Grabó principalmente fandanguillos y cantes de ida y vuelta, los cuales alternó con géneros aflamencados.

Niño de Valdepeñas
Antonio Moreno. La Solana (Cuidad Real), 1903 - Madrid, 1963. Admirador de los cantes de Don Antonio Chacón. Destacó en los cantes por soleá.

Juanito Valderrama
Juan Valderrama Blanca. Torredelcampo (Jaén), 1917. Excelente conocedor de los cantes, de los que posee un extenso repertorio, vinculados muchos de ellos a la escuela marchenera. Ha alternado el cante flamenco con la canción aflamencada.

Manuel Vallejo
Manuel Jiménez Martínez de Pinillo. Sevilla, 1891- 1960. Sobresalió sobre todo en las saetas, granaínas, fandangos y seguiriyas. Dotado de un enorme sentido del compás, pertenece a la nómina de los más grandes cantaores del SXX.

Juan Varea
Juan Varea Segura. Burriana, 1908 - Madrid, 1985. Vivió desde muy niños los ambientes flamencos. Cantaor largo y conocedor de muchos estilos, alimentó su cante de algunos matices de grandes figuras de cómo Caracol, Mojama, Tomás y Pastora Pavón. En los cantes levantinos y malagueños fue un consumado maestro.

Manolo Vargas
Manuel Vargas Gómez. Cádiz, 1907 - Madrid, 1970. En los cantes festeros de su Cádiz natal fue extraordinario maestro. Como la mayoría de los cantaores gaditanos de su generación, fue seguidor de la escuela de Aurelio Sellés.







2 comentarios:

  1. Antonio Márquez, "Niño de Granada" o "El Granaíno" (como se le conocía en la prensa cordobesa de los años veinte) no ganó premio alguno en 1923 en el Barrio de Las Margaritas de Córdoba. Fue Miguel Milena, también conocido como "Niño de Granada". Esa noche le acompañó a la guitarra Antonio del Lunar, padre del actual guitarrista Juanito Serrano.

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  2. La foto que pone de Rosarito García corresponde a una coplera de igual nombre pero posterior a la de Granada. Dese cuenta que cuando grabó Rosarito, la casa Belter no existía.

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