lunes, 7 de marzo de 2016

Vallejo(LSoler)

BIOGRAFÍA Y ANÁLISIS DE VALLEJO POR LUIS SOLER.

Publicado por Luis Soler Guevara en el tomo III de la Historia del Flamenco, Ediciones Tartessos. Sevilla.

Mis dos admirados Ramón y Luis Soler. Irrepetible dúo. 
     Su vida
En el barrio de La Macarena un día 15 de Octubre de 1891, nació para el mundo de nuestro arte Manuel Jiménez Martínez de Pinillo "Manuel Vallejo", uno de los grandes del cante flamenco. Sus padres, sevillanos como él, fueron Manuel Jiménez Vallejo y Manuela Martínez de Pinillo y Vara. Sus abuelos paternos Joaquín Jimé­nez y Dolores Vallejo, y los maternos Fran­cisco Martínez de Pinillo y Antonia Vara, según consta en la certificación de partida de bautismo también eran sevillanos'.

Entre los primeros pasajes de su vida artística, su biógrafo, Manuel Centeno Fer­nández recoge', que a los quince años realizó su primer contrato profesional en el Kiosco de Pinto, en donde ya los aficionaos de la época intuían el gran artista que Vallejo llevaba dentro.

De ir y venir en los cafés cantantes y salas de fiestas de la época: "Novedades", "Eden Concert, "Ideal Concert, "Teatro Lara" y otros muchos, y alternado con grandes artistas: Fernando el de Triana, Chacón, Manuel Torre, Cojo de Málaga, Escacena, Pastora, Bernardo el de los Lobitos, La Malena y algunos otros, trans­currieron los siguientes veinte años de su vida. Así hasta lograr en Madrid su primer gran premio, la Copa Pavón. Ello ocurría un 24 de Agosto de 1925.

El 5 de Octubre de 1926 Manuel Vallejo con 35 años, recibía el que con el tiempo sería el más alto galardón para un artista flamenco la "Llave de Oro del Cante".

Durante los años que fueron desde el 1923 hasta 1950, Manuel Vallejo registró toda su producción sonora, más de 140 placas. Formó junto con Pastora, El Mochue­lo y Marchena, el cuarteto que más veces grabaron sus cantes en la discografía de pizarra.

Pasado el ecuador de este siglo, Manuel Vallejo ofreció sus últimos recita­les. En algunos de ellos compartió cartel con Antonio Mairena, Fernanda y Bernar­da de Utrera, El Perrate, Paco Laberinto, La Paquera, Terremoto, Manuel Morao y otros muchos que fueron o son grandes y geniales artistas de una época florida de sones mágicos. Manuel Vallejo años después cerraba su prodigiosa garganta para siempre. Su muerte en el Hospital de la Macarena le llegó con la entrada del mes de Agosto de 1960. Una mañana salió de su domicilio de la calle Amparo, y al igual que otras muchas, a tomar café al bar de Las Maravillas, al que ya no regresaría nunca.
Su figura en la historia del cante
El reconocimiento y testimonio histó­rico sobre un artista jamás desmerecerá objetivamente a ningún otro. Mucho y bien, aunque a veces no tan bien, se ha escrito sobre un cantaor que sin duda ha sido un firme baluarte de nuestra cultura andaluza. En ocasiones el tratamiento de algunos autores y aficionaos, para con este insigne cantaor deja mucho que desear. No ha sido el conocimiento de su gran obra, y mucho menos la rigurosidad sobre la mis­ma la que han originado apreciaciones fecundas en el juicio sobre nuestro artista, sino una cadena de opiniones interesadas que por infundadas, son injustas desde su origen. De tal guisa se ha querido construir no tanto una imagen falsa de Vallejo, como el pretender resituar en su figura la imagen de un pasado no muy glorioso para el mun­do del flamenco, y es ésta, una considera­ción que no se ajusta a la realidad, ya que Vallejo ni fue el único, y mucho menos el baluarte de conductas que atentaban con­tra nuestro arte.

Este mensaje ofrecido con pretensiones de construir una imagen falsa de este insigne cantaor, no ha logrado confundir a una gran masa de aficionaos que sí escu­charon a Vallejo y que saben apreciar las excelsas virtudes de nuestro cantaor.

Ante esta situación de dudas generadas en torno a la personalidad cantaora de Vallejo en los distintos ambientes flamencos, la réplica del vallejismo militante, aun­que se hizo esperar por falta de efectivos, se fue con el tiempo reconstruyendo.
Convengamos en admitir que durante el curso de estos últimos quince años, han hecho notar su presencia en la escena social y cul­tural. Estos, salvo excepciones que admira­mos y compartimos en gran medida, mos­traron su intolerancia e intransigencia, acu­diendo incluso a posicionamientos carentes de argumentos, cuando no a descalificacio­nes y simplismos.

Manuel Vallejo fue simplemente un flamenco cabal, con las virtudes y defectos humanos de cualquier otra persona, pero imbuido de una conciencia flamenca indis­cutible. El gustar más o menos de él es otra historia, pero como flamenco, dio los quilates exigibles. De esto último han dado pruebas evidentes los más grandes artistas de su época. Aquél que naciera con "jechuras" de bailaor, se reveló cantando, al igual que otros muchos en los ambientes flamen­cos de la época. A partir de esos momentos que podemos situar entre los años quince al veinte del presente siglo, se abre otra gran página para nuestro arte. Una página escri­ta con oro del mejor quilate, porque quila­tes en oro fue el peso de un hombre genial poseído de una gran personalidad, y sobre todo de un sentido innato para la medida en el cante.

Su arte lo derramó por cientos de geografías diversas. En todas ellas dejó una muestra inequívoca de su buen hacer y de su gran sentir, el cante, por el que sentía una pasión inconmensurable. Si largo fue por fandangos, aún lo fue más por siguiriyas y bulerías, palo éste último del que ofreció un extenso y personal repertorio. Igualmente sobresalió por granaínas, saetas, malagueñas, tarantas, cantiñas y otros palos. Una gran prueba de cuanto afirma­mos se puede contrastar en su inmensa obra discográfica, de la que más adelante ofreceremos algunos pareceres.

Por ello se puede afirmar sin jactan­cia que Vallejo fue un cantaor redondo, poseía además de otras excelsas virtudes, como el sentido del ritmo y del compás, un gran conocimiento de los cantes, una gran expresividad canora, portentosas faculta­des, velocidad en la voz, y, sobre todo, un tesoro de vivencias acumulado no sólo en su Sevilla natal, sino también en Jerez, Cádiz, Los Puertos, Málaga, Granada, Jaén, Almería, Huelva, Córdoba, Alcalá, Lucena, Utrera y cien pueblos más.

Manuel Vallejo dejó impreso un gran material sonoro. Dejamos por tanto cons­tancia de los distintos palos de cante que interpretó, así como los orígenes y estilos de muchos de ellos. Es obvio que con algu­nas atribuciones y etiquetados, algunos afi­cionaos no van a quedar muy satisfechos. Esa misma sensación la hemos experimen­tado en no pocas ocasiones. No obstante, se deben entender éstas como una aproxi­mación más a lo que pudo ser, aunque ello pueda generar alguna que otra controver­sia, cuestión esta que no podemos evitar.

De Manuel Vallejo se editaron más de 140 discos de pizarra y estos compren­dían un total de 230 grabaciones distintas. Al igual que a otros muchos artistas se le reeditó y repitió con ello algunos cantes, casi 50 en esta ocasión. Estos los clasifica­remos en función del palo cantado, y no del título de la grabación cuando éste aparecie­re equivocado.

Manuel Vallejo grabó más de veinte palos del cante, alegrías, bulerías, bulerías por soleá, campanilleros, cantiñas, fandangos, fandangos por soleá, granaínas, medias granaínas, malagueñas, milongas, mirabrás, pregón, saetas, seguiriyas, soleares, tangos, tarantas, tarantos, verdiales, vidalita, y villan­cicos. Más de mil estrofas dejó impresas.

Cantiñas
Cinco son los discos que por cantiñas de Cádiz nos dejara impresos Manuel Vallejo. En uno de los citados, aparece como título de los cantes, el término de "fiesta gitana" y en los cuatro restantes el de "alegrías". Este último término, en épo­cas pasadas, incluso recientes se aplicaba indistintamente a ambos cantes. Actual­mente su diferenciación fundamental viene definida por sus cadencias y ritmos, ya que la medida de su compás es común.

Con el tiempo se han ido generando notorias diferencias en estos aires de Cádiz y Los Puertos. Tan es así, que lo hoy comúnmente entendido como alegrías deviene de los años cuarenta, ya que con anterioridad a esta fecha no conocemos ni una sola grabación, pese a los títulos de los discos. En gran medida, ello se debe a grandes cantaores gaditanos como Aurelio, Manolo Vargas, Pericón y algunos otros, que fijaron su estructura musical y su línea melódica en aquellos entonces. No fue M. Vallejo, pese a su extensa discografía, un gran impulsor de las cantiñas, pero sí un gran intérprete de las mismas. En sus gra­baciones se pueden apreciar los recuerdos de Rosario Monge "La Mejorana", de Tío José el Águila y Pastora Pavón, así como algunas aportaciones propias, la que expo­ne con la letra "Yo por tu culpa me veo" (Odeón 182.172a) con la guitarra de Miguel Borrull, y otra que obedece a una recreación del cante de La Mejorana cuya letra repite en varios discos, "En el hospi­tal de popa", y que se concreta únicamente en la grabación de Gramófono AE-2.905, en la que al final el maestro Ramón Mon­toya, en uno de sus muy acostumbrados alardes, nos deleita con los recuerdos de la jota aragonesa.

Ponemos fin al comentario sobre las cantiñas advirtiendo, por lo curioso e inédito, de una placa que titulada "cantiñas por bulerías", grabada en 1933 y referenciada en la casa Gramófono GY 135, es acompa­ñada a la guitarra por Antonio Moreno. Este ofrece aires de cantiñas mientras que Vallejo con dicho son interpreta las bulerí­as jerezanas del barrio de Santiago; senci­llamente magistral el sevillano una vez más con la medida en el cante.
Bulerías

En las bulerías no tuvo secreto que no conociera, nos dejó impresa una varie­dad estilística impresionante. Fue muy extenso, algunos de ellos de origen perso­nal; todo un frondoso bosque de recreacio­nes propias localizamos en su discografía. En los aires de Cádiz también nos trae los recuerdos de la inmortal Pastora Pavón, de Diego Antúnez y otros muchos de origen anónimo. De Diego, era aquello del "sim­pático cigarrón", que Vallejo recreó y divulgó hasta el extremo de que hoy ape­nas se recuerda la versión del sanluqueño mientras que cantaores situados en la esfe­ra musical de los cantes de Cádiz, como Manolo Vargas y Pericón, han seguido las formas cantoras del sevillano. Manuel Vallejo en los cantes (esteros fue un excelso dominador del compás, una prueba más de ello se concreta en un cante que por sigui­riya de Curro Durse, "Dicen que duermes", (referencia R-14.850), graba a sus sesenta años, acompañado de la guitarra de Paco Aguilera. En esta placa también deja impreso un viejo cante jerezano que El Cojo de Málaga llevaba en su repertorio allá por los años veinte: "El jardín de mi vecina". Todo una muestra de cómo se ejecutan y recrean sones en unos ritmos y compases que no son sus propios, pero que sujetos a las esencias y raíces flamencas han fecundado como tales. Un gran testi­monio de ello lo tenemos en artistas tan impresionantes como El Chaqueta, Pasto­ra, Bernarda de Utrera y Chano Lobato, entre pocos.7

También de Cádiz eran los viejos sones de "San Francisco se perdió una tar­de". Unas bulerías que grabó, además de Manuel Vallejo, Pastora, ambos con un gusto exquisito. Este cante se le atribuye al padre de Ignacio Espeleta, El Pata, y desde hace algunos años lo ilustra en su repertorio, el hoy gran dueño del compás Chano Lobato.

Con Manolo el de Huelva sólo graba­ron cuatro cantaores: Centeno, Canalejas y Enrique Orozco, además de Manuel Vallejo. Tres placas como tres joyas grabó Manuel Vallejo: los aires festeros de un viejo cuplé, "María de la O", que días antes se la había oído a Carmen Amaya; la copla "María Magdalena" en aires (esteros; el nunca bien celebrado pregón del frutero, pese a su exquisitez; la malagueña que algunos atribuimos al Niño del Huerto; y dos lotes de fandangos.

También dejó impresa la Nochebue­na en los aires jerezanos del Niño de Glo­ria. Aunque algunos han estimado lo contrario, o sea, que la procedencia de estos cantes fueron del sevillano al jerezano; cuestión esta última que no compartimos. Las distintas argumentaciones ofrecidas al respecto y nuestro propio olfato nos salva de duda. Creemos, por ello, que en esta ocasión Manuel Vallejo asumió los cantes del barrio de Santiago. No es ésta la primera vez que ello se da en los artistas del área de influencia sevillana. Por último, y en referencia a la bulería del Gloria, dire­mos que Manuel Vallejo recreó también algunos villancicos adobándolos con aires festeros, muy propio de la época y en la que tanto se significaría Canalejas, deján­donos dos recreaciones propias, una con sus personales "campanilleros", así como sus villancicos.

No acaba con lo expuesto el reperto­rio que M. Vallejo nos dejó impreso en estos aires festeros. El bolero "El Huerfanito" en el que incorpora en algunos de los versos cantados un peculiar aire de milonga en las entradas de los tercios. En mayor medida también ocurre con las tituladas cantiñas por bulerías "Curro Molina", en la que subyace todo una milonga. Tampoco faltaron en su obra discográfica algunas canciones de corte sudamericano que M. Vallejo adobó con cierta maestría, recreán­dolos e impregnándolos de cierta frescura flamenca: su "Canto por no llorar" y su "¡Ay, ay, ay, gitano!"

Creemos también que ofrecen cierto relieve algunos giros melódicos con aires de alboreás. Estos se dan en la placa cuyo título es "Fiesta flamenca", Gramófono AE-2.906, concretamente al final del cante "Mare que el tiempo está malo" o ese otro cante cuya aproximación a la zambra se ofrece en el cuplé trianero que con el título "Fiesta gitana-Corazón de acero" él inter­preta y que más adelante grabaría la genial Carmen Amaya. También en esta última placa que comentamos, el cierre de algunas bulerías nos trae en un sesgo el recuerdo de Rosa la Papera.

En otras grabaciones deja impreso algunos otros sones festeros que bien se le pueden atribuir. Si no son recreaciones del maestro sevillano, sin duda de él somos deudores. Manuel Vallejo realizó más de 30 grabaciones por este palo de bulerías. Junto con Pastora y El Chaque­ta fueron las figuras más sobresalientes en los cantes de compás. El conocimiento de la medida, de los cantes, del ritmo, la velo­cidad en sus voces, la capacidad de ejecu­ción, entre otras muchas virtudes parale­las, les sitúan en los más altos pedestales del arte flamenco.

Entre los muchos estilos grabados no faltaron las recreaciones de El Gloria, Antonio La Peña, La Pompi, de Pastora, El Pata, Diego Antúnez, y de otros muchos de origen anónimo localizados en el barrio de Santiago, de la Viña, de Tria­na, de Utrera. Estos últimos los encontra­mos en la placa titulada "Cantiñas" cuya referencia es GY-155. En la misma, ade­más de los aires de Utrera, se incorporan los sones buleaeros de Cádiz de La Cafete­ra, "Yo no me embarco hoy" y "Anda niña y componte".

Otros aires festeros recreados por Manuel Vallejo además de los ya apunta­dos se hallan en "El Manisero", en las bule rías "María Dolores", en el bolero "María Magdalena", en el Pregón "Llegó el frutero", en el villancico festero "Tocan las zambombas" y sobre todo en la "Fiesta por bulerías-Manolo Reyes". Joya de relojería, nunca más a pelo por la precisión de la medida del compás, casi imposible de mejo­rar. El diálogo de la guitarra del Niño Pérez, perfecto, Vallejo insuperable. Bulerías por soleá

En la bulería por soleá fue Vallejo, junto con Pastora, El Gloria, Tomás, Isabe­lita de Jerez y Cojo de Málaga, uno de sus primeros y máximos divulgadores en la dis­cografía de los años veinte. Este cante, que se gestó durante las primeros veinte años del siglo, apenas lo grabaron otros artistas. Casi todos los que lo hicieron han pasado a la historia como grandes intérpretes de los cantes de compás.

En sus cuatro lotes registrados, grabó los estilos del jerezano Antonio la Peña, "Como los judíos tú eres" y "Hablar quisiera con Dios", los de María la Moreno, "La culpa no la tenía yo" y "Valientemente serrana", y los de Rafael Ramos Antúnez El Gloria, "Que yo contigo no igualo" y "Motivo no le he dao"

Campanilleros

Con el título de "Campanilleros de Vallejo" grabó este cantaor una placa cuya línea melódica esperábamos, cuando hace años la escuchamos, incardinada en los cam­panilleros que Manuel Torre recuperara y que popularizara más adelante La Niña de la Puebla. Sin duda, nos sorprendió los campa­nilleros de Vallejo. Nada tenían que ver con los del genial cantaor jerezano. Eran otro can­te. Posiblemente una recreación más de este monstruo del compás. De este cante haremos comentarios con ocasión de los villancicos.

Caracoles

Aunque en alguna ocasión nos aseguraron que M. Vallejo grabó esta vieja cantiña sanluqueña, nuestras indagaciones no nos han dado el resultado apetecido y seguimos al igual que hace años sin saber si éste la dejó impresa.

Cartagenera

De este cante tampoco le hemos oído a Vallejo ninguna grabación. Pese a ello, sabemos que sí la dejó impresa. Su referen­cia es Odeón 13.667, con la guitarra del Niño Pérez.

Fandangos, fandangos por soleá y verdiales

En los fandangos fue más prolijo que en ningún otro cante- nos dejó impre­sas ciento cuarenta y dos letras, sumando los verdiales, y entre estas: 3 estilos pro­pios, además de 6 variantes, como a conti­nuación señalaremos. Además de estos estilos propios, Vallejo impresionó otros muchos estilos de fandangos de otros grandes cantaores.
1. Gramófono GY 100. Fandangos: "Por­que el querer da experiencia" 
En este disco se encuentran los dos estilos de fandangos más personales de Vallejo "Porque el querer da experiencia" y "Sangre pura gota a gota". Estos estilos los prodigó en muchas ocasiones, incluso estas mismas letras se reeditaron varias veces. El primero de ellos es el clásico fandango de Vallejo. En dicho estilo se han basado muchos cantaores para hacer recreaciones propias.

2. Regal RS-781. Fandangos: "Por ver lo que estaba" (1928).
En esta ocasión graba Vallejo tres letras de fandangos, y la última de ellas, "Olas del mar bravío", es otra variante de su estilo clásico.

3.Gramófono AE-4.226. Fandangos: "Tu querer por un momento" (1933).
Sólo dos letras por fandangos en esta ocasión. Comentamos la segunda, "Que ya una pobre pordiosera", ya que en ella se encuentra una variante del estilo cantado con la letra "Sangre pura gota agota".

4. Odeón 182.190b. Fandangos del Gran Poder (1929).
Tres son los fandangos cantados en este disco, el primero de ellos con la letra "Que dice que tiene mare". Es una nueva variante del que posteriormente cantara con la letra "Oue ya una pobre pordiose­ra". El segundo fandango es el mismo que grabara con la letra "Porque el querer da experiencia". Pone fin M. Vallejo a la tanda de fandangos con un cante que procedente de la geografía onubense él recrea de los estilos de Rebollo.

5. Gramófono AE-1.676. Fandango de Vallejo (1926).
La primera de las estrofas cantadas, "Que tu María no te llamas", es el tercer estilo de fandango que recreara Vallejo. En dicho estilo se observan matices y giros que lo acercan al verdial. La guitarra de Miguel Borrull ejecuta falsetas muy implicadas en los aires abandolaos. Repite este mismo estilo con la segunda letra. En la tercera estrofa, "Que lo nuestro se acabó", ofrece una variante de este último estilo.

6. Gramófono GY-147. "Que no tienes corazón" (1933).
La primera de las estrofas es otra recreación del fandango de Rebollo, si bien difiere del anterior que comentábamos.

7. Gramófono AE-2.944. Fandanguillos: "Aunque tienen un cañón" (1930).
En las dos primeras letras, "Razona­ba en su locura" y "Lloró pa que la quisie­ra", Manuel Vallejo graba uno de los tres estilos del Niño de Gloria. En dos ocasio­nes más grabó el maestro sevillano este estilo de fandango. En esta versión, que le acompaña a la guitarra el maestro Ramón Montoya, lo hace con los aires abandolaos.

8. Gramófono GY 179. Fandangos: "Com­padécete de mí" (1933).
En los aires tradicionales de Huelva dejó impreso Vallejo en varias ocasiones estos sones.

9. Gramófono GY-117. Fandangos de Huelva: "Y que tienes más salero" (1932). En esta ocasión, Vallejo interpreta los fandangos de Alosno. Dos letras: "Está contigo celosa" y "El sol daba en tu venta na". El tercer fandango es una recreación suya anteriormente ya comentada.

10. Gramófono AE-1.678. Verdiales de Vallejo: "De pieras fortalecía", "En criticar y murmurar" (1926).
De procedencia de la rica tierra lucentina es esta propuesta que nos dejó grabada Vallejo. Aunque en la antigua placa se recoge el título de verdiales de Valle­jo, ello no lo estimamos así, ya que el ori­gen de los mismos hay que localizarlo en Lucena. La versión que hace el sevillano es de gran riqueza musical.

11. Regal RS-416. Fandango N° 2 (1923). 
Con otros dos estilos de verdiales nos sorprende M. Vallejo. El primero de ellos, "Si siempre me estás pegando", casi inédito en las viejas placas de pizarra. Estos aires nos traen el recuerdo de aquellos fandan­gos averdialaos que se cantaban en la sierra de Casares. El otro estilo grabado con la letra "Dice que me va a dejar" lo llevaba en su repertorio sobre los años veinte. De hecho, ya los impresionó en las primeras placas con la casa Pathé, allá por Noviem­bre de 1923; por cierto, que el título de esa placa no se corresponde con el cante. A ella nos referiremos a continuación.

12. Pathé 2.262. Fandanguillos alosneros (1923).
En una cara de esta placa, Vallejo interpreta unos verdiales implicados en los aires de los montes de Málaga. Ello ocurre en las estrofas, "Y si usted mi pare fuera", "No tienes más que una rama", y "Espera que el alba venga". En la segunda de las estrofas citadas se pueden precisar matices de los cantes de Alosno, pero ninguno de estos fandangos, pese al título de la placa, se encuentran ubicados en la geografía alosnera. 

13. Columbia R-14.852. Verdiales: "Y te quiero como a ella" (1950).
Aunque en 1951 también se editaron nuevos cantes de Vallejo, éste que comen­tamos fue su última grabación. De nuevo los verdiales, y en esta ocasión el título de la placa es correcto. Interpreta los aires de los verdiales de Coín en los dos primeros tercios. A La Jimena, cantaora de esa loca­lidad malagueña se los hemos oído. En el resto de ambos fandangos se contrastan las influencias de los cantes de Juan Breva, incluso algunos matices del Yerbabuena.

Por último, otros posibles aires de fandangos quizás se localicen en los graba­dos en la casa Odeón 13.666 con el título de "fandangos extremeños", grabados con el Niño Pérez. Es esta una de las pocas pla­cas de M. Vallejo que no conocemos.

Granaínas y medias granaínas

No sólo en fandangos bulerías y sae­tas, también en este cante la personalidad cantaora de Vallejo ha brillado con luz propia. Sus ricas versiones se independizan de lo que hasta ese entonces fue su más gran­de artífice: don Antonio Chacón. Estos cantes, dadas las portentosas facultades de Vallejo, adquieren un recorrido musical que nunca tuvieron. Sin duda, recreó la granaína consiguiendo con ello una identi­ficación cante-cantaor nada común en el cantea. Tan ello es así que la historia de este cante no empieza con Vallejo, pero posible­mente sí acabe en él. Dejó impresa en casi treinta ocasiones estos cantes. Desde aquel entonces la granaína se escribe con M de Manuel Vallejo y casi todos los artistas actuales buscan en él su identificación.
Malagueñas
Diecisiete placas tiene este inmenso cantaor registradas con este cante, cifra sólo superada por D. Antonio Chacón. Y entre estas, dos estilos del propio Chacón, "A que tanto me consientes" y "Del convento las campanas". Uno del Canario entre cuatro versiones, "Voy a dejar tu querer", "Buenos días", "Me lo manda mi conciencia" y "Baje del cielo un castigo". Otro implicado en esta ocasión más en Chacón que en Manuel Torre, "La flor que amaba", y al que no le faltan paternidades diversas como malague­ña-granaína, malagueñas del Canario; con este último título la registró el cantaor Manuel Centeno en 1922.

Otra de las malagueñas que Vallejo cantó en muchas ocasiones era la que se le atribuye al Niño del Huerto, y que tiene su origen en la malagueña del Mellizo, de ahí que en su grabación con la casa Pathé, referencia 2.262, de Noviembre de 1923, titule ésta como "Malagueña estilo Enrique El Mellizo", que es una copia musical de la estructura de otras malagueñas grabadas más adelante por el propio Vallejo y a las que no titula como del Mellizo. Sus letras, " A la mare Mía", "La madre mía", "No te hagas ilusiones", todas ellas en la forma melódica del fuengiroleño Niño del Huer­to. Una de estas letras cantadas por Vallejo y de posible atribución al Niño del Huerto, el perote Pepe Navarro se la atribuye al Marrurro'.

Otra de las malagueñas que grabó Vallejo, es la atribuida al Maestro Ojana, su versión con la letra "Ni mancha ningún linaje", pese a que no la despliega en todo su contenido, le aporta una riqueza musical extraordinaria. En su otra versión de este cante, "He llorao tanto y tanto", ref. AE-2.970, se puede percibir el tránsito a la recreación chaconiana de una de las malagueñas del jerezano, "Del convento las campanas". La coincidencia, tal vez sin quererlo, ha servido en este caso de ilustra­ción, ya que la placa que comentamos Vallejo la abre con ese cante de D. Antonio Chacón, "Ni del convento las campanas". En este palo y al igual que en otros muchos Vallejo poseía un extenso reperto­rio, y lo que es más, una forma de decir el cante que se murió con él.
Milongas

Una sola grabación como muestra nos dejó Vallejo de este cante. Es la versión aflamencada que divulgara años antes D. Antonio Chacón y que extrajo de la recrea­ción de Pepa de Oro.
Mirabrás

Exceptuando el que grabara D. Antonio Chacón, acompañado con la guita­rra de Perico del Lunar, el año 1928, es M. Vallejo quien se asoma primeramente a las páginas de la discografía de pizarra con el cante del mirabrás. Lo dejó grabado en 1932 con la guitarra del Niño Pérez, apor­tándole en el cierre y tras el estribillo de Paco el Gandul, "¡Qué tío, qué tío!", un juguetillo de una riqueza musical muy exquisita y al que no le ha prestado aten­ción ningún otro artista. Como muestra quedó esa única pieza hoy convertida en reliquia de la discografía de pizarra.
Pasodoble

No es éste un palo más del cante, sin embargo, fueron muchos los artistas que lo interpretaron; unos, como introducción a otros palos, como la zambra, el fandango, tangos, etc.; otros, como exigencia de la producción cinematográfica. Estos refritos que proliferaron por los años treinta han sido sumamente criticados por los aficiona­os y últimamente está en desuso, cuestión ésta que mueve nuestro aplauso. Aunque así reza el título de algunos discos de Valle­)o, sin embargo, el ilustre cantaor sevillano no canta el pasodoble, sólo incorpora su música como introducción al fandango. Esto mismo ocurre con algunas otras gra­baciones tituladas como Zambra y en las que el cante realizado es media granaína.
Pregón

Hemos hecho referencia al pregón con ocasión de los cantes festeros, ahora lo retomamos para exponer que el pregón como tal no debiera ser aceptado como un palo del cante. No obstante, el pregón como vieja reliquia popular del folclore antiguo no se ha aflamencado, sino que el artista flamenco se ha servido de esa rique­za lírica del folclore popular para meterlo por tonás, por siguiriya, por bulerías o por cantiñas, entre otros palos. Lo que sí se ha aflamencado han sido trozos de pregones o incluso éstos se han convertido en diferen­tes modalidades de cantes, tales son los casos del mirabrás y de los caracoles. Valle­jo metió por bulerías el pregón del frutero, así también lo hicieron otros como Manolo Caracol, y desde el que se observa su nulo parentesco melódico con el que grabara Manuel Vallejo.

Saetas

Más de veinte placas se localizan en el hacer de M. Vallejo de este cante. Una cifra récord todavía no superada por ningún otro artista. Sin duda, y junto con Manuel Torre, El Gloria, Pastora, Tomás, Isabelita de Jerez, Centeno y algunos otros, fue uno de sus más gran­des intérpretes.

Su primera saeta la grabó en Diciem­bre de 1923 en la casa Pathé, y la última en Columbia en 1950. Durante esas tres décadas Vallejo dejó constancia de su insupera­ble hacer en los registros sonoros de piza­rra. Al menos siete estilos variados dejó impresos, algunos de Triana: Descubrirse hermanos míos" (Gramófono AE- 3.844), "Ahí presente lo tenéis" (Gramófono AE.3.843) y "Enclavao en una cruz" (Regal-312), cuyo tercio final nos acercan matices de viejas tonás trianeras.

De estructura melódica similar a las anteriores, Manuel Vallejo grabó también otras saetas quizás más "sevillanas" y en cuyo tercio final no se aprecia la caída a la toná: "Por un puñao de dinero" (Odeón 182.627). Sin embargo, su gran recreación de saeta no la graba hasta el año cincuenta: "Vamos a hincarnos de rodilla", (Columbia R-14.851), en la que se observa una ligera tendencia al alargamiento de los tercios, así como un mayor reposo en el cante, muy propio de la forma de hacer los cantes en Sevilla.
Por último y de claro sabor jerezano, Manuel Vallejo graba las siguientes saetas: "Se rompió el velo del templo" (Odeón 13.654), además de la toná del Cristo, "Y tú eres Padre de almas", atribuida ésta a Tío Luis el de la Juliana.

Sin duda, la saeta también es un can­te que se escribe con M de Manuel en el hacer de Vallejo. Fue este genial sevillano quien más atención le dedicó en las viejas placas de pizarra.

Siguiriyas

Manuel Vallejo en siguiriya fue un seguidor fundamentalmente de los cantes jerezanos, un 90% de su producción sonora, se encuentra en esta geografía, sobre todo de Manuel Molina y Manuel Torre, de quienes dejó impresos varios estilos en 21 letras, entre ellas algunas repetidas.

Por siguiriyas recogió los cantes de las cuatro grande geografías, Triana, Jerez, Cádiz y Los Puertos. Más prolijo y sobresaliendo en los estilos jerezanos: 31 estrofas interpretadas, y entre ellas dos estilos de Manuel Molina -"La camisa en un año" (Regal RS-803), y "Y vivo yo con pena" (Gramófono AE-1.679)-, uno de Manuel Torre -"Grandes eran mis penas" (Gramó­fono AE-1.679)-, otro del Marrurro -"No llamarme al meico" (Gramófono AE-3.722), de Paco la Luz -"Qué te pasa prima" (Gra­mófono GY 178)-, y de Joaquín Lacherna -"Las doce me dieron" (Pathé 2.260). Un total de 21 estrofas en estos aires.

De la gama de los cantes de los Puer­tos, grabó 3, y en ellos un estilo cuya letra repite en la línea melódica de Curro Durse -"Están tocando a misa" (Regal RS-738 y Odeón 182.172)-, y otro en los aires de María Borrico -"Dice mi compañera" (Gramófono AE-3.868). De Cádiz, sólo un cante, el estilo de Francisco la Perla: "De roilla le pío" (Odeón 182.172). Lo extraño está en Triana, únicamente su versión de la siguiriya de Antonio Cagancho: "Reniego de mi sino" (Gramófono AE-3.868).

Conviene precisar que en algunos de los estilos asignados se vierten matices esti­lísticos de otros cantaores. Ello ocurre con la siguiriya de Francisco la Perla y del Marrurro, que contienen, en la versión de Vallejo, elementos musicales provenientes del Viejo la Islas.

Soleares

En los cantes por soleá sorprende que, siendo Manuel Vallejo un auténtico emperador de la medida en el cante, sólo grabara 5 lotes de soleares, y en ellos doce letras, cinco estilos únicamente; 3 en los aires alcalareños de Joaquín el de la Paula. De uno de ellos ofrece varias muestras, el referenciado en Gramófono GY-159, "Jaleo extremeño", título este contradicto­rio. En dicho lote de soleares se localizan giros melódicos que entroncan con la soleá bailable de la Jilica de Marchena. Los otros dos estilos de Joaquín el de la Paula, los dejó impresos con la casa Gramófono, AE-2.945, "Los pasitos que yo daba" y "Tu cuerpo es una custodia".

Las restantes soleares que graba están en la órbita del gaditano Enrique el Mellizo, "Yo voy por la calle loco" y "Me la tienes que pagá" (Gramófono GY-179). Estos mismos estilos de Cádiz los había grabado con la guitarra de Ramón Monto­ya en el año 1923, cuyo primer verso de las estrofas son "Valientemente serrana" y "Serrana se te ha lograo".

Por contra, ningún cante de Triana, de Jerez, ni tan siquiera de Utrera. Por ello llamamos la atención ya que no tenemos constancia de que grabara los estilos de La Serneta y de Frijones, tan en la moda de aquellos años. No obstante, en los aires de soleá, cantaba por fandangos que era un lujo oírle, dejándonos de éstos, una extensa discografía.

Tangos

En los cantes por tientos ni se estre­nó. No hemos hallado ni una sola graba­ción, y por tangos sólo tres:
sus famosos tangos arrumbaos de La Catalina, "Quítate de mi presencia" y "Ponme la mano aquí Catalina
mía" (Gramófono AE-1.731). Dos estilos distintos y fecundos en la Triana de Vallejo. También Vallejo
grabó otros estilos trianeros de tangos, los del Titi, incluidos en la placa cuyo título es "Tango de la
Caravana": "Se lo peío llorando" (Gramó­fono GY 159), así como dos estrofas más en los aires gaditanos
de Enrique el Melli­zo: "A voces te estoy llamando" y "Y tiene mi serrana .

Pese a que se prodigara poco en este palo, la lectura que sacamos de este genial cantaor es muy positiva, ya que a la interpretación del mismo le imprime un sello muy personal, además de un acabado musical extraordinario. Posiblemente el tango de "La Catalina" sea una recreación de su mejor cuño.
Tarantas

En los cantes de las minas: Jaén, Almería, y Levante, fue largo, sobre todo, en tarantas. De este cante
nos dejó los estilos de Fruto el de Linares, "Las llamas lle­gan al cielo", (parece que fue el primero en
grabarlo y gracias a él no se han perdido). También nos dejó impresos los estilos de La Carolina, "Que
salió un bicho correor" (Gramófono AE-3253). Dos tarantas más al estilo del Cojo de Málaga, "Triste la
marinería" (Odeón 182.167), con sesgos melódicos de murciana, y esta otra versión de Vallejo de la
taranta del Cojo de Mála­ga, "A la que tanto he querío", cuya referencia desconocemos y que
presumiblemente Joaquín Vargas Soto recreara de viejos sones de La Unión y/o Cartagena.

Con una letra muy cantada en la comarca de La Carolina "Si no eres de los laureles" (Gramófono AE
1.675) que no debemos confundir con la versión de Cepe­ro, Vallejo interpreta una taranta que reúne al
propio tiempo cadencias del taranto de Almería en algunos de sus tercios, así como también matices de
los cantes de Levante. Ello otorga a esta grabación el carácter de muy interesante.

De claro cuño cartagenero es la taranta cuyo primer verso apenas hemos podido entender dado el
estado de la grabación; creemos que es "Los ejes de mi tar­tana". En ella Vallejo realiza una rica inter
pretación, provocando unas cadencias musicales extraordinarias y ligando los dos últimos tercios del
cante.

No hemos encontrado en su reperto­rio ninguna minera, ni tampoco las cartage­neras y levantica, aunque en una de sus placas aparece el título de cartagenera, incluso el de taranto. Fue sin duda nuestro cantaor un gran conocedor y dominador de los estilos de tarantas, hasta 14 grabaciones realizó. Su última grabación de 1950 con la casa Columbia, "Tú la joya y yo el joyero" ha quedado como eso, como una joya.
Tarantos

Era este un cante cuya estructura musical y definición melódica se estaba gestando en las primeras décadas de este siglo. Aunque Pastora ya lo dejara impreso en 1910, todos los tratadistas coinciden en Manuel Torre y en el Cojo de Málaga como sus más antiguos recreadores, pese a que lo grabaran algunos años más tarde que la insigne sevillana. Tanto Vallejo como Escacena lo grabaron también después que Pastora.

La versión vallejista del taranto decididamente entronca con los aires almerien­ses, pero también se precisan junto a estos, sesgos melódicos de otras geografías y muy concretamente con la murciana del Cojo de Málaga. Podemos ofrecer como referencia de esta versión la letra “Un sombrero a lo lorquino”, que tiene casi tanto o más de murciana que de taranto6.

Tonás

En las tonás no hemos encontrado ni una sola grabación con la excepción de la que se le atribuye a tío Luis el de la Juliana en los remates de alguna que otra saeta.

Vidalitas

Vallejo dejó muestra de su extenso conocimiento a cuantos palos del cante metía mano. Sin embargo, en los ritmos de ida y vuelta y pese a la moda de los tiem­pos, les prestó poca atención. Tan es así que sólo en dos ocasiones los grabó, el anteriormente apuntado de milonga, y éste que aquí comentamos. 

Villancicos

También en este cante dejó Vallejo su impronta personal. A él se le debe la recre­ación de unos campanilleros. Un cante que realmente reúne más características de villancico festero que de campanilleros. Otro de sus villancicos por bulerías nos lo deja impreso allá por 1943: "Tocan las zambombas" (referencia DA 4.397). Dicha grabación gozó de mucha popula­ridad en los ambientes navideños de la época.

Además de las placas antes comenta­das, también Vallejo grabó en varias oca­siones los cantes de navidad. Su Noche buena en los aires festeros de Jerez ya ha sido comentada con ocasión del apartado de las bulerías.

Cerramos estos comentarios sorpren­diéndonos una vez más del sentido de la medida que en el cante tenía Manuel Valle­jo: impresionante.

A modo de conclusión

Manuel Vallejo ha sido un cantaor que ejercitó su arte en un período al que se ha dado en llamar de Opera flamenca. La proyección de su figura artística quizás nos ofrezca una imagen empañada de tintes operísticos de la moda de aquellos tiempos. Pero no es menos cierto que el gran cono­cimiento que poseía del cante, su extenso repertorio, su impronta personal, su forma de hacer el cante y su flamenquería distan mucho de esa falsa imagen que algunos quieren mantener de éste que fue genial artista.

Si los cantes de compás los dominó casi mejor que todos, en los cantes más libres de medida, fue un auténtico mons­truo. Fiel reflejo de ello se aprecia en sus bulerías, cantiñas y tangos, en los que esta­ba "sobrao de ritmo". Los cantes de levante y malagueñas, los interpretó como pocos. En granaínas y medias fue una figura este­lar. Brilló con luz propia en saetas y fan­dangos. Cantó por siguiriya con suma pre­cisión desplegando la voz y ligando los ter­cios. Fueron notorias las recreaciones per­sonales que nos dejó impresas de algunos de estos cantes y de otros muchos, como villancicos, campanilleros, pregones y coplas (esteras. En estas últimas, alcanzó su más alto cénit. Todo ello hacen de este cantaor uno de los pilares básicos del fron­doso árbol de nuestros cantos andaluces. Su escrupuloso respeto a las raíces queda nítido en su quehacer de artista. También su hostil rechazo a burdas interpretaciones de nuestro arte.

En las grabaciones de su cante lo acompañaron siete grandes guitarristas: Ramón Montoya, Manolo el de Huelva, Niño Pérez, Miguel Borrull (hijo), Antonio Moreno, Paco Aguilera y Niño Ricardo. Sus primeros discos los grabó en el año 1923 con la casa Pathé y con el acompaña­miento de Ramón Montoya, y los últimos en la casa Columbia, con la guitarra de Paco Aguilera, en 1950.

Más de 230 cantes se pueden localizar en sus grabaciones. Todo un ejemplo de conocimiento y magisterio se desprende de su amplia obra discográfica.

LUIS SOLER GUEVARA.

Mi amigo al que quiero y admiro como persona y como flamenco. Fuente de sabiduría y saber estar.

Un abrazo "Don Luis".

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